
Por fin vuelvo de una gripe espantosa. 39 y medio de fiebre durante tres días, la cabeza a punto de explotar, los huesos doliéndome (oye y ni crecí ni nada), los mocos asfixiándome, la tos ahogándome también... Y mis cuatro últimos días de vacaciones a la mierda (o a la cama), en una convalecencia que, ¿qué es lo único que me ha permitido hacer? Pensar, con lo malo que sabéis que es para mí.
Pero esta vez no voy a volver a la misma historia, no. Os voy a plantear mis conclusiones más lúcidas, logradas a pesar de la fiebre. Y es que, veréis, he hecho un pequeño balance médico. A ver, estuve en Oviedo dos años, durante los cuales me quedé dos veces afónica, cogí una gripe (importada de Sevilla) y tuve mis habituales jaquecas de mudanza (cada vez que me mudo de ciudad el primer mes es horroroso porque, como suelen estar a diferentes alturas las ciudades a las que me traslado, las migrañas se me acentúan hasta que me adapto a las nuevas presiones atmosféricas. Suena raro, pero me pasa).
En Sevilla llevo diez meses. He sufrido dos gastroenteritis víricas, dos gripes (en las tres últimas semanas), una caída que me provocó tendinitis 'pata de ganso', las habituales migrañas de mudanza, varias épocas de afonía y he perdido unos cuatro kilos (que os parecerá poco, pero es que vuelvo a estar por debajo de los 50 y eso no es bueno).
Visto todo, las cuentas no me salen... Vamos, que creo que Sevilla intenta decirme algo y me temo que es que no me quiere... Si ya sabía que la reconociliación con mi ciudad no iba a ser tan fácil, que diez años de querer vivir en otro sitio a toda costa iban a tocar su pobre corazón que, ahora, parece clamar venganza de la más cruel: atacando mi salud.
Porque no me negaréis que tal racha de enfermedades, accidentes y demás (que no pongo las caídas sin daños exagerados, porque total...) no parece casualidad, hay una mano negra detrás...
Pues que sepáis que no me voy a dar por vencida. Que a Dios pongo por testigo que recuperaré toda mi salud, disfrutaré como una enana de mi tierra y recuperaré el peso perdido... Aunque sea lo último que haga.











Mira que no suelo estar de acuerdo con los premios del público y que no me identifico especialmente con lo que opinan los demás de ciertas cosas, pero, creo que lo hemos logrado (lo digo por mis compis de festival de cine y la que escribe). Ha-Buah, 'La burbuja', de Eytan Fox, película israelí sobre la situación palestino-isrealí y la homosexualidad en semejante contexto, se ha alzado con el gran premio del público en el Sevilla Festival de Cine que me ha traído loca en los últimos ocho días.




