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martes, noviembre 06, 2018

Desamor

Podría pasarme la eternidad que perdurará mi alma intentando comprenderte. Podría rememorar cada segundo, cada palabra, cada gesto, cada escena desde todos los puntos de vista, como en el cine, cuando el director decide poner cámaras en los 360 grados para no dejar nada al descubierto. Podría enfadarme conmigo y contigo. Conmigo por convencerme, ahora, de que no quise mirar, contigo por convencerme, ahora, de que no dijiste.

Podría golpear mi cabeza contra las columnas hasta que el templo se derrumbara sobre ella y los cimientos de lo que soy volvieran a desaparecer, como tantas veces permití que lo hicieran.

Podría llorar océanos de desesperación y tristeza, golpear todos los cojines que encontrase a mi paso, gritar hasta la afonía no sólo de mi voz, sino de mi pensamiento.

Podría hacer todo eso y seguir sin encontrar la calma.

Esta vez, como algo que estreno, simplemente voy a aceptar que ya sé quién soy y qué quiero y el tiempo que nos encontramos duró hasta que logré verlo.

viernes, mayo 13, 2016

Reflexiones de mañana

Soy una persona sencilla. Y normal. De tan sencilla y normal me ha pasado muchas veces que la gente me ha dicho que soy rara. O más bien, complicada. No me gusta que me digan complicada. Para mí tiene implicaciones en exceso negativas y que nada tienen que ver conmigo. Además, no comprendo por qué mi comportamiento directo, claro, expresando lo que siento o deseo en cada momento, lo que podría llegar a esperar de alguien (aunque no suelo esperar nada, me gusta simplemente vivir y ver dónde me lleva la vida, evitando expectativas en la medida de lo posible), puede llevar a que una persona considere todas esas características complicadas.
Tengo la sensación, cuando me ocurre eso, de que vivo en un mundo al revés. Parece ser que estamos absorbidos por una sociedad tan fiel a no mostrarse, que educa tanto a sus mujeres a que callen, que si alguien, yo, mujer, es directa, es precisa, no permite abusos si los detecta (ains, lo que me queda por aprender sobre opresión patriarcal), y dice claramente 'quiero una pareja, pero no vas a ser tú, al menos en este momento', automáticamente me convierto en una persona a la que es preferible mantener alejada. 
Ni siquiera voy a hablar de lo puta que pueden pensar que soy, simplemente porque el sexo no me parece un tabú. Ni que la mayoría de las personas (menos mal que existen minorías), piensan que por no verlo tabú lo practico a diestro y siniestro y con cualquiera (que no estaría mal, pero no es el caso). De hecho, para quienes me consideran una folladora compulsiva eso es lo peor del mundo mundial. 
Pero no, no voy a hablar del sexo. Hablo de ser sincera. De tener muy claro quien soy y no necesitar a nadie que me haga feliz. De caminar por la vida con el convencimiento de que la única persona que no me puede fallar soy yo. Resulta que ser así, que me ha costado muchos años y mucho esfuerzo, se convierte en un peligro para muchos hombres y alguna que otra mujer. 
Se sienten amenazados. Entonces vivimos en un mundo loco en el que la sinceridad da miedo. No se sabe lidiar con ella. No quieren que hablemos de sentimientos, pero es que ya no desean ni contemplar las opciones que nos ofrece el que tenemos enfrente. Intento pensar que no es que nos quieran obligar a hacer simplemente lo que se espera de nosotros (y por tanto, exigen dotes adivinatorias porque véte tú a saber qué tiene cada uno en su cabecita en cada momento). Pero tampoco les parece bien el diálogo, ni el silencio.
Es decir, no está bien hablar de hacia dónde vamos, pero tampoco está bien simplemente ver hacia donde vamos. 
Y, ¿qué queréis que os diga? Si no vale simplemente con ir viviendo y ver si el conocerse se convierte en amistad, la amistad en querencia, la querencia en amor y el amor es eterno (mientras dure), y tampoco vale hablar de qué queremos que sea eso que acabamos de empezar (amistad, folleteo, amor, incógnita); pues me salgo del juego.
Porque, a todo esto, yo a lo que iba, simplemente, es a vivir, conocer gente, disfrutar de compañía cuando me apetece salir de mi soledad, y no comerme el tarro más de lo que lo hice hace unos años, cuando no tenía tan claro quién era.

miércoles, junio 25, 2014

La injusticia y yo

El mundo es injusto. La vida es injusta. Lo sé. Las cosas no tienen que ser como yo pienso que deberían, ni siquiera como sería justo que fueran. La vida, el mundo, es como es, porque lo construimos seres humanos imperfectos, con defectos, ambiciones, egos, dudas... Todo eso lo entiendo. Y lo normal y sano sería que pasara por la vida entendiéndolo y dejándolo estar. Debería actuar en mi parcela vital ofreciendo la bondad de la que dispongo, a la espera de ser todo lo justa que pueda llegar a ser, y seguir mi camino.

Sin embargo, mi grado de sensibilidad y empatía rozan al extremo más grande y hay momentos (muchos, aunque espero que cada vez menos), en que esas injusticias me desbordan. Me explotan dentro y salen en forma de lágrimas, o enfado, o rabia... Y, al menos ahora sale, porque peor es cuando se enquista dentro.

Trabajo dentro del sistema. Un sistema que busca el orden. Pero también una organización en la que día a día veo que se busca menos el bien común y más unos objetivos que yo no alcanzo a vislumbrar pero que, desde luego, no me parece que sean el bienestar de la sociedad en general. Ni siquiera el equilibrio de la estructura que lo sostiene. 

Puede que sea que simplemente no lo entiendo, pero, sin ánimo de ofender, debido a mi inteligencia dudo mucho que se trate de eso.

El caso es que, fuera lo que sea, yo no puedo luchar contra el sistema, y menos a base de rabia o lágrimas de impotencia. No puedo dejar que la injusticia me cale de tal manera que me haga daño a mí misma y me bloquee hasta perjudicarme dentro y fuera de mi trabajo.

Porque no es sólo la injusticia global. Acabo empatizando más con la pena y quiero el cambio en el que la siente. Y empiezo a hacerme daño a mí y al de enfrente.

En el trabajo debería ser fácil. Sólo tengo que ser yo. Es decir, no perder la sensibilidad pero no hacerla mi todo. Llegar hasta donde me está permitido y comprender que lo que es, es, y que los cauces de cambio ya los estoy usando, y espero que todos los demás también.

El mundo es injusto, lo acepto, las personas eligen, lo acepto. Ahora tengo que aceptarme a mí, que es en lo que estoy. Mientras yo no me quiera, de nada sirve mirar hacia fuera.
Está claro que necesito un tiempo más dentro. De nuevo, hasta luego. 

jueves, mayo 29, 2008

Síndrome de Estocolmo


I won´t stand in your way
let your hatred grow
and she´ll scream
and she´ll shout
and she´ll pray
and she had a name
yeah she had a name
and I won´t hold you back
let your anger rise
and we´ll fly
and we´ll fall
and we´ll burn
no one will recall
no one will recall
this is the last time I´ll abandon you
and this is the last time I´ll forget you
I wish I could
look to the stars
let hope burn in your eyes
and we´ll love
and we´ll hope
and we´ll die
all to no avail
all to no avail
this is the last time I´ll abandon you
and this is the last time I´ll forget you
I wish I could
this is the last time I´ll abandon you
and this is the last time I´ll forget you
I wish I could
I wish I could
Stockholm Syndrome, de Muse
Muchas gracias, A.

lunes, enero 07, 2008

Retrospectiva

No estaba muy por la labor de hacer un balance de 2007. Mis ánimos preferían seguir anclados a este presente al que me estoy aferrando con las dos manos porque pasado y futuro se me difuminan en la mente y me dejan los pies colgando. Pero Unaexcusa me hizo cambiar de idea, al comentarme, básicamente, que aunque un suceso haya eclipsado a otros, realmente he vivido muchas cosas que merecen recordarse.


Veamos, la Nochevieja de 2006 estaba en Asturias, tras un viaje en bus de doce horas, y con una gripe que me impidió ir a celebrar el Año Nuevo con amigos. Los mocos y la tos también me impidieron tomarme las doce uvas, por primera vez en años, por lo que quizás ese fue el motivo de que mi deseo (que mi destino fuera en Asturias) no se cumpliese.


De manera que me las deseaba yo muy felices por haber aprobado la plaza con un buen número y el uno de enero me imaginaba con este trabajo estable, con un piso en propiedad (del banco, ya saben), elegido con mi pareja y con el amor rebosando por los poros...


Pero llegó febrero, y me mandaron para Sevilla. Y aquí que me vine más triste que la mar (definitivamente 2007 ha sido un gran año de lágrimas) y sin parar de moverme para poder volver a mi 'tierra querida', para estar al lado de la persona por la que dejé mi ciudad natal con la idea de que fuera para siempre. Esta vez decidí que, a pesar de la distancia, las condiciones, la putada de estar de nuevo separados tras dos años de convivencia; sería feliz mientras estuviera en Sevilla... Y resultó que empecé a serlo tanto, a sentirme tan libre, a agobiarme tanto por pensar en la que se suponía que iba a ser mi vida futura, que llegaron las dudas.


Dudas, silencios, discusiones, malos entendidos, malas explicaciones (supongo, porque aún no se me entiende), el peor verano de mi vida y la conclusión fue que se terminó. Que seis años de amor pasaron a ser un cariño que no dejo de sentir, pero que no es suficiente para aceptar compartir el resto de mi vida con una persona.


Y todo esto en una cabeza, la mía, como siempre llena de contradicciones. Porque he sido y soy muy feliz y muy triste a la vez; me siento querida y abandonada; segura y perdida; decidida y con la insoportable duda de hacia dónde me dirijo...


Mientras tanto, me reencontré con amigos, disfruté de viajes continuamente aplazados, descubrí que a veces, felizmente, me desbordo, hice cosas que jamás pensé que haría sin ningún remordimiento, conocí a personas maravillosas (a ver si se quedan por algún tiempo), aprendí capoeira (poquita, lo sé), me quité lastres que sólo yo me había impuesto y descubrí que la edad no es un impedimento para vivir la vida, que me puedo cuidar mucho y bien y que es estupendo ser como soy.


Y está claro que la tristeza sigue rondando mis ojos, y las dudas. Pero también sé que, en un tiempo, veré 2007 como un año tremendamente positivo sin ningún asomo de duda. Porque, en todo, lo he vivido apasionadamente, que es como me gusta.

martes, diciembre 04, 2007

Supongo que algún día dejaré de llorar. Bueno, lo sé. Sin embargo, no hago más que encontrar retazos de ti que llevan las lágrimas a mis ojos de manera incontrolable y en los sitios más insospechados. Me gustaría que fueran las hormonas, pero sé que ninguna regla dura tanto, sé que es lo que toca porque, como me dicen por ahí, me ha llegado el luto y hay que pasarlo.

No sé qué ha sido más difícil, pero está claro que mi situación no lo está siendo, porque nunca me ha gustado ser la mala (que me da igual lo que digan muchos, que lo soy, lo sé, lo asumo), porque no soy mala y todo lo que hago es por intentar que ninguno sufra, que las cosas sean fáciles.

Y olvido fechas por no recordarlas, y evito mensajes por no hacernos más daño, y dejo a un lado el teléfono para que las voces no se quiebren.

Sigo, continuo, levanto la cabeza, me visto de sonrisas y aparco los pensamientos que me golpean porque sigues ahí y tendré que hacer más pequeño mi espacio hasta que sea capaz de no temblar sólo por ver tu nombre.

Y dudo de todo, sabiendo que no dudo, que estoy firme en mis convicciones (Alaska me ha enseñado mucho), pero que duele, duele, duele, duele y el corazón se encoge dentro del pecho, y las noches se vuelven a hacer largas, y los días pasan eternos, y la desesperanza acampa a sus anchas, aunque cada vez le dejo menor espacio porque amar es demasiado grande como para que se acabe en una persona.

Si el amor tiene fecha de caducidad, deberían ponérsela también al desamor, al menos así tendría el consuelo de un día concreto en el que me despertaré y sabré que pasará el día y no pasará nada, que leeré tus palabras y ya no serán afiladas, que pensaré en lo que sea y no vendrán las lágrimas.

Foto de Joana Miranda, extraída de http://www.olhares/.com

domingo, diciembre 02, 2007

Añoranzas


Te echo de menos. Aunque haya sido yo la que ha decidido salir de tu vida, aunque sepa que es lo que tenía que hacer. Te extraño. Extraño tus miradas de enamorado, que se habían perdido en los primeros días de estos años y que añoraba antes de dejarte atrás, de dejarme marchar.

Echo de menos tus caricias. Esas en las que cogías mis manos, jugabas con mi pelo, me hablabas sin palabras... Me pregunto por tus sonrisas, las que contestaban a las mías o las que me arrancaban de mi abatimiento, las que dejaste de prodigarme porque nuestra vida se convirtió en recriminaciones, porque tampoco yo sonreía.

Añoro tus palabras, las que me hacían reír, las que me hacían pensar, las que me acompañaban en mis dudas, las que daban consejos sin darlos. Extraño nuestros silencios, los que decían tantas cosas, los que nos hacían sonreír porque estábamos al lado.

Echo de menos todo tú, porque marcaste mi camino, porque tiré de tus pasos, porque caminamos juntos y construimos algo.

Pero no extraño las diferencias, ni las discusiones, ni las desilusiones por esperar algo que nunca tendría, que no llegaría jamás porque nunca te has dado cuenta, porque no supe explicarlo, porque lo expliqué y no supiste verlo.

Te añoro y sé que dejaré de hacerlo, porque engrandeciste mi corazón, pero también lo dañaste como solo quien ama puede ser dañado.

Pero ahora te extraño, y el nudo que ata mi garganta sube como lágrimas hasta mis ojos y me gustaría que este tiempo acabara, porque dura demasiado para permitir que mi alma pueda reconciliarse con todo lo que de ti amo y seguir el camino en el que algún día podamos encontrarnos sin recriminarme lo que ahora hago.

domingo, noviembre 25, 2007

Resignación

No puedo entender a los que se resignan. No hablo de los que se resignan frente a enfermedades horribles (a esos todavía se les puede entender en determinado momento). A quienes no entiendo son a los que se resignan en su vida, los que por 'no molestar' se callan, se agazapan, se esperan. Y más rabia me dan los que se resignan, pero luego pretenden luchar, a destiempo, cuando te pillan ya de espaldas y lo único que hacen es tirar de la punta de tu ropa para no dejarte ir, pero tampoco te puedes quedar porque ya está todo dicho.

¿Ahora me vienes con esas? ¿Ahora que está todo expresado una y mil veces, explicado, reexplicado, quizás no entendido, pero sí asumido? No lo voy a permitir, esta vez no. Se acabaron las oportunidades y las manos tendidas, se acabó pensar en ti, porque me toca pensar en mí más que nunca, se acabó la resignación porque nunca me he resignado. Y si lo hiciste cuando no debías, ponte las pilas y asume ahora que es lo que toca, o no te resignes, pero déjame respirar y abrir los ojos, y dejar de llorar, y partir, y sonreír, y gritar, y volar, y correr, y caerme si es lo que toca, porque me da igual destrozarme las rodillas si es exclusivamente por mi culpa. Y te pareceré dura, y seré dura. Pero es que yo no me resigné.

No comprendo la resignación, porque es tirar la toalla, porque es no pelear, morder, batallar, patear por lo que quieres, por lo que anhelas por lo que es parte fundamental en tu vida. Si alguien se resigna me hace pensar que lo perdido no le parecía tan importante. Y si soy yo, el dolor puede llegar a ser insoportable, aunque se pasa, claro, como todo, porque lo valgo.

No me resigno porque no me sale. Me convierto en pesada, cargante, molesta... Pero no me resigno y ahí sigo, siempre, hasta el final, incluso más allá, cuando mis manos se quedaron sin uñas de tanto arañar el suelo para encontrar las gotas de agua que hagan crecer los brotes.

Pero te resignaste, y ahora los esfuerzos no valen. Se pasó la oportunidad, es posible que nunca la hubiera habido porque hay ciertas cosas que no tienen marcha atrás, volver e intentar retomarlo llevaría a un fracaso mayor.

Sólo queda la esperanza, puede que algún día empezemos algo nuevo.
Foto extraída de http://www.igooh.com.ar

jueves, noviembre 15, 2007

Saudade


El problema de que las raíces sean personas radica en que, cuando te alejas de la que es la principal, el desarraigo es profundo. No se trata de un pequeño trasplante a tierras más cálidas, ni buscar un nuevo injerto que te mantenga en tu sitio. Se trata de ubicarse en una nueva situación, un nuevo lugar, una nueva vida que, además y a pesar de lo que tardaste en decidirte, nunca creíste que pudiera llegar.

Nunca me he sentido especialmente de ningún sitio, me he sentido de personas, de abrazos, de conversaciones, de sonrisas, de compañías que se me han brindado. Y ahora, al perder a la que marcó mis decisiones, mis pautas, mis lugares, no es que sienta el suelo desaparecer bajo mis pies, es que ha desaparecido literalmente. Hacia donde dirigir mis pasos se convierte en un juego de miles de posibilidades que me hacen estirarme, aguzar la vista, sonreírme a mí misma.

Pero, entonces, cuando menos lo esperas, llega la saudade. Una carta enviada a destiempo, más bien, unas palabras inesperadas, unidas en un sin sentido, una sinrazón para mí, porque aún no puedo creerlo, porque me parece imposible que haya vuelto a caer en la desilusión de esperar lo esperado y encontrarme con lo inesperado.

La saudade de la distancia, de la pérdida, de la añoranza, esta vez más que de una persona de la vida compartida que soy consciente de que no volverá, porque mi capacidad para tirar de mis raíces se agotó cuando comprendí que ellas nunca se alargarían para buscar el agua que me diera la vida.

Porque puedo vivir muchas vidas pero al final sólo me queda la mía y, entonces, prefiero vivir ésta, aunque me entristezca comprobar que no supe, no supimos conjugar ambas para que ninguno de los dos perdiera.

Y sé que la saudade me durará. Y sé que pasará, como pasa la vida, aunque el amor permanezca. Porque esta vez no quiero olvidar, sólo seguir adelante y reconocer, recordar, que fue hermoso, que fui querida, que amé, que aún amo y que ojalá no sea una pérdida, ojalá pudiera ser una transformación, aunque sepa que no lo será, aunque sepa que dejaré de oír tu voz, de descubrir tu mirada, de sentir tus caricias... Porque aunque todo esto cueste, sé que tengo que vivir mi vida.
Foto extraída de http://www.allposters.es/

miércoles, noviembre 07, 2007

Decisiones

Y ocurre muchas veces que, en el momento que tomas una decisión, todas las razones por las que la tomaste no parecen tan importantes. No es tan malo que sea así, ni son tan terribles las desilusiones. Lo malo se difumina y lo bueno hace acopio de mayor lugar en tu mente para que las dudas que has conseguido erradicar tras, quizás, meses de lucha vuelvan a ocupar un sitio que te hace temblar sobre tus propios pies.


Es en esos momentos cuando las fuerzas parecen querer abandonarte y es en esos momentos cuando la soledad del alma es más necesaria para atarse al suelo y no dejar volar una mente que prefiere retornar a tierra segura, al hogar conocido que da la tranquilidad de saber dónde se está, pero quita la sal a la vida y, sobre todo, acabaría por enterrarnos en una situación que no es la que queremos, ni merecemos ni hemos soñado.


Sin embargo, sigue existiendo un coste que se hace demasiado pesado muchas veces, y es difícil mantener, no ya elevar, el ánimo para seguir sintiéndose feliz y seguir, al menos seguir adelante, que es justo lo que hace falta, lo que pretendimos con nuestra primera decisión.


Es importante, entonces, mantener el teléfono alejado, para no caer en las mil y una tentaciones que nos asaltan a cada instante y que ni siquiera la más continua actividad consiguen erradicar de estos días que parecen eternos, estas semanas que no tienen fin, esperemos que no meses de corazones encogidos y ojos llorosos aunque estén secos.


Porque llorar alivia, hasta que deja de hacerlo para convertirse en un habitual de nuestras horas. Pero no hay que permitirlo, porque la decisión la tomamos conscientemente, seriamente valoradas todas las opciones y para no hacer daño y no hacerse daño, no ser herida una vez más, aunque no hayamos salido indemnes.

domingo, octubre 28, 2007

Soñar de nuevo

De nuevo con los ojos empañados de las ansias de vivir contempla una vez más el mundo bajo una luna que se entretiene en depositar su tenue luz sobre la tierra adormecida y mecida por los suaves cantos de la voz que surge de la boca bajo esos ojos que brillan y aún se sorprenden ante sí mismos.
Le gustaría mirar al lado y encontrar a quien debería estar allí, pero hace tiempo que dejó de saber quién es esa persona que acompañaría sus pasos trémulos, firmes, deseosos, rápidos o lánguidos según el momento. Aunque parece que ya no le preocupa porque prefiere mirarse dentro y descubrir otros sentimientos escondidos bajo el manto de la preocupación externa hacia todos los que quiere y quiso.

Aprender a leerse de nuevo, a entenderse en la soledad de sus pensamientos y vuelos siderales por mundos que no se habían perdido definitivamente, si bien se habían marchado hacia recónditos lugares desde los que palpitaban cada vez con más fuerza, hasta explotar en mil colores y sonidos que no consiguen acallar las miradas empañadas de pasión, si no reprimida, sí adormilada.

Pero las segundas oportunidades existen y no siempre tienen que fallar, aunque el suelo bajo los pies no parece dar la seguridad que se esperaba de él en momentos como este. Toquetea, da vueltas, resume y reitera palabras, pasos, caricias, sueños, miedos, sensaciones, dudas, pensamientos y caminos que no sabe si son uno solo o son todos los que podría haber tomado, los que puede tomar y que permenecen a la espera mientras la indecisión se hace fuerte en la superficie y en la profundidad del alma bate un mar cada vez más poderoso que quizás salga por donde menos se espera, para desbordar los cauces que todos debemos habernos marcado para sobrevivir a nosotros mismos.
Imagen del Pedro Casquilho extraída de www.olhares.com

jueves, mayo 24, 2007

Pensamientos

Ayer estaba escuchando U2 y me dio por pensar. No es raro ni que escuche a U2, mi grupo favorito, ni que piense, pero hacía tiempo que unas canciones no me hacían descubrir ciertas verdades que me he querido esconder a mí misma.
Para las mentes morbosas escuchaba el último recopilatorio de los irlandeses (¡si ellos supieran cuánto les quiero!) y, de repente, me dí cuenta de que una persona a la que se la tenía medio jurada me dio mucho más de lo que fui capaz de reconocer después de que me hiciera daño. La herida me hizo tapar ciertos detalles, ciertas actitudes que hicieron a esa persona desnudarse delante de mí, darme algo que yo, en ese momento, no supe apreciar porque no le dí importancia.


Esa idea me hizo reconciliarme por fin, pero también me llevó a darme cuenta de la cantidad de cosas que se nos ofrecen por parte de los demás y no somos conscientes de lo importantes que son. Minucias para nosotros que suponen mucha entrega para el que las ofrece, que son parte fundamental de la persona que humildemente, o de forma pretenciosa, nos las entrega para demostrarnos lo importantes que somos en sus vidas.
Porque una canción puede no ser nada o puede serlo todo, e, igual que la música, puede serlo un verso, un libro, una flor, una sonrisa, un roce, una mirada.
He tardado unos seis años en descubrir que no odio a alguien, que soy capaz de perdonar y olvidar, que ya no me importa si le vuelvo a ver o no para recochinearle su forma de tratarme,y ha sido por unas canciones que me recordaron muchas cosas. Hubiera preferido ser alguien que no necesitó esas canciones para recordar y sonreír, en lugar de llorar de rabia.


domingo, enero 07, 2007

La fortuna de seguir siendo romántica

No hay nada mejor como criticar al mundo (o parte de él) para acabar quedando como un idiota. Hace muy pocos días eché pestes sobre el romanticismo, aunque luego me confesé una romántica impenitente. Critiqué mi suerte por no vivir en un cuento de hadas y hoy voy a tener que rectificar.
No me he convertido en princesa, pero, gracias o sin tener nada que ver con seguir soñando y creyendo en el romanticismo, los Reyes Magos me han traído este año un viaje a Roma. Debo decir que mis Reyes Magos ha sido sólo uno, y que vive conmigo, así que más mérito tiene aún un regalo que no me esperaba para nada.
Definitivamente, ser romántico tiene sus ventajas, porque te quedas con las ganas millones de veces, pero la vez que tu vida se empieza parecer a las películas supera con creces cualquier sueño que hayamos podido tener. Así, sí, voy a seguir siendo una romántica de por vida.

martes, enero 02, 2007

Ventajas e inconvenientes de ser una romántica redomada


Siempre he sido una gran defensora de los cuentos clásicos. Nunca he soportado las versiones políticamente correctas de unas narraciones fantásticas que, en mi opinión, servían para dar alas a la imaginación y no para marcar los roles sociales de mujeres y hombres. La bruja de Blancanieves sólo servía para que los niños no se fiaran de cualquiera, las hermanastras demostraban que no solo hay personas buenas y la belleza de las protagonistas eran reflejo de su virtud y bondad interior...
Sin embargo, ha llegado el momento de reconocer la dura realidad: ¡quiero a mi príncipe azul! Toda la vida he trabajado por ser una mujer independiente, trabajadora, dueña de su vida, que quiere un compañero y no un príncipe y lo he logrado. Pero cuando ya tengo una pareja a la que quiero y me quiere, un trabajo estable y una vida de la que soy dueña descubro que lo que quiero es romanticismo en mi vida.
Efectivamente, los cuentos y Walt Disney han logrado su macabro objetivo: quiero a mi príncipe azul, al señor Darcy, al señor Rochester, a un primer ministro británico que rompe sus relaciones con Estados Unidos para defender mi honra, quiero el beso que derrite antes de ser recibido, lo quiero todo.
Eso sí, con todo, me refiero a todo, porque quiero el hombre romántico que me trate como a una princesa, pero que sepa que sólo yo soy mi reina y señora, el amante incansable que me deja tranquila cuando yo esté cansada de él; el temblor ante el roce de la piel y el espacio para respirar.
¿Veis el daño que hacen las historias para niños, y las autoras románticas y las películas de Hollywood, y todos los finales felices que vemos y leemos a lo largo de nuestra vida? Porque da igual la felicidad que alcance, es posible que siempre suspire por ese caballo blanco sobre el que vienen a salvarme, incluso cuando no necesite rescate.
Ante esta situación, sólo me queda una salida. JAMÁS leeré a mis sobrinas ningún cuento, ni le contaré ninguna historia, y cultivaré en ellas el gusto por el cine de autor francés (en el que todos suelen ser unos desgraciados de principio a fin) para librarlas del mal endémico de este planeta.
Aunque, por otro lado, soñar nunca ha sido tan malo y despierta el ingenio: llenas la casa de velas para una velada inolvidable (aunque luego lo sea por motivos distintos a tu intención), te compras esa ropa sexy que no te pondrías ni loca y hasta te acaba gustando, recibes alguna sorpresa como un desayuno perfecto inesperado y, sobre todo, imaginas, imaginas, imaginas... ¿Y, no es eso lo que da alas al amor?
Está decidido, seguiré siendo una romántica.