sábado, diciembre 01, 2007

Costumbres

Es curioso cómo nos acostumbramos a las cosas y no nos gustan que cambien. Nos fastidia que cierren nuestra cafetería habitual, que trasladen nuestro kiosco, que reorganicen las tiendas y supermercados a los que acudimos normalmente... Y si se trata de personas, peor todavía.
Últimamente se están yendo de mi vida, o alejando algo, bastantes personas. Algunas muy cercanas, a las que me está costando mucho decir adios.
Otras, son conocidos, pero con los que he conectado, que se han hecho parte de algunas de mis rutinas. A estos los echaré mucho de menos, aunque ellos no se den cuenta o no lo entiendan, porque nuestros contactos hayan sido esporádicos. Pero son personas que han hecho por mí algo muy importante, y no se han dado cuenta. Sólo por estar ahí y ser como son han contribuido bastante a mi reconciliación con mi ciudad, con mi pasado, para hacer posible y más fácil mi presente.
La gran mayoría de ellos se han ido porque han encontrado algo mejor, para su vida personal, profesional o ambas, y me alegro muchísimo por ellos, pero eso no resta que sienta algo de pesar en mi corazón, porque sé que, aunque se queden cerca, no será lo mismo.
Además, a ellos se unirán pronto otros, no por su partida, si no por mi traslado. Y sé que algunos quedarán y seguiré viéndolos, pero el resto se perderá entre aquellos que un tiempo vi a diario...
No me gustan las despedidas y no me acostumbro nunca a que personas que aprecio desaparezcan de mi vida. Sé que cada uno debe tomar su camino, pero me resisto a convertir a personas en meras paradas de descanso, ojeadas al interior de la casa cerrada.
Sé que no puedo hacer nada, pero lo intento todo, a veces funciona, a veces consigues seguir la pista y que te la sigan a ti. Porque no me gusta poner fecha de caducidad a las amistades, porque amigos de verdad hay muy pocos, pero hay muchos que podrían llegar a serlo si nos diéramos mutuamente la oportunidad. Pero es duro arriesgar cuando sabes que te marchas.
Supongo que es la vida. Pero no por eso va a dejar de fastidiar. Supongo que no me acostumbraré nunca. Y, que no lo haga, será una buena noticia.

9 comentarios:

Ulyanov dijo...

A veces la vida nos recupera a personas que pensamos que se habían ido. Lo importante no es sólo procurar seguir sabiendo de ellas, sino que ellas sepan de ti, aunque lamentablemente, en bastantes ocasiones eso no depende de nosotros...En cualquier caso, lo importante es como esa gente nos marca de manera más o menos grande nuestra vida. Y ahí seguirá, en cierto modo. Aunque no obsta para la tristeza cuando se van. Un beso

goldengate(d) dijo...

te entiendo a la perfección, este también ha sido un año de muchas despedidas para mi. es bonito agradecer lo vivido juntos, eso te permtie dar mejor la bienvenida a lo que esté por acontecer.

besos.

Nils dijo...

Al menos estás en la parte ventajosa de toda despedida, pues siempre al que se marcha le va mejor. Él deja atrás gente que seguirá ahí y conocerá gente nueva, pero el que se queda solo donde ya estaba lo tiene más difícil para hacer nuevas amistades.

Arwen dijo...

Ulyanov, a veces es díficil seguir sabiendo de todos los que se van alejando, o de los que te alejas, pero desde luego, no será por mí que quede intentarlo.
Goldengate(d), tienes razón que luego estás abierto a quienes vendrán, pero hace años que pensé que dejaría de haber holas y adioses y no hay forma, oye.
Nils, pues sí, me ha tocado la parte fácil en algunas cosas, pero lo difícil fue la decisión, y te aseguro que aún lo es. Quedarse es complicado, irse para mí lo está siendo. En cuanto a los demás, quizás mi apego a las personas es mayor del que tienen otros...

Kupe Karras dijo...

Yo dejé a todos mi amigos atrás cuando emigré, amigos en la universidad, los justos, pero nunca de esos con los que te ríes hasta que se te saltan las lágrimas. Me he sentido desencantanda con la amistad británica,esa de pasarse a por un te y hablar de cosas superficiales. Los únicos británicos que he encontrado súmamente interesantes siempre han tenido transtornos mentales, que los hacían sinceros y artísticos.

Ahora, contemplando la vuelta, sólo tengo a una amiga y a su familia, con la que siempre he estado en contacto. Otros amigos siguen en ciudades remotas, sólo nos unen unos recuerdos de risas y degracias, siempre hay tiempo para nuevos amigos, pero ya no es lo mismo.

Yo también odio las despedidas, nunca he profundizado con mujeres aquí, y desgraciadamente hombres con los que he estado muy conectada dieron el paso en falso de querer acostarse conmigo, cosa que me fastidia porque acabó todo en lágrimas. Tuve un gran amigo en la infancia, hombre, que cuando nos hicimos mayores se creyó que podíamos estar juntos, en secreto, como todos, siempre en secreto, y de que cuando lo veo, sólo el y y sabemos de nuestras tardes.

La amistad que más valoro es la del sagutxo, nunca me ha juzgado, nunca ha competido conmigo por un chico, ni hemos intercambiado malas palabras, ni nos hemos enfadado nunca, le daría un riñón si lo necesitase. Siempre me ha esperado en vacaciones, siempre ha buscado tiempo para mí, como si nunca me hubiese ido.

Arwen dijo...

Kupe, lamento que no hayas encontrado a nadie allí, porque aunque tengas a Sagutxo, todos necesitamos tener cerca a alguien con quien reir hasta llorar,y con quien llorar hasta reir, como dices.
Al menos, esta vez tu despedida de allí no se te hará tan dura,porque sabes que vas a encontrarte con algo mejor, con gente mejor (tu familia, tu amiga, su familia... Bueno, y los demás que podamos encontrar).

anthonytowers dijo...

Las verdaderas amistades perduran en el tiempo, el resto son personas a las que conociste, te cayeron bien y conectaste; pero al irse realmente no las echas en falta.
Puede irse la persona, pero si realmente merece la pena sigue estando ahí.

Arwen dijo...

Desde luego, tú vas a ser de los que permanezca. Veremos los demás, pero me da cierta pena.

Suntzu dijo...

Unos se van y otros vendrán. Además, tú no tienes dificultades para hacer amigos o por lo menos, para conocer gente, que eres un solete.

Un beso:)