martes, mayo 29, 2007

Votar


Este domingo he estado en una mesa electoral. He sido representante de la Administración, figura que no sabía que existía hasta este año (así me va la vida). Me ofrecí voluntaria porque pagaban y mi sueldo es un asco (no voy a engañaros), pero también,y aunque parezca extraño, porque me atraía la idea de ver unas votaciones desde el otro lado, ya que, por suerte o por desgracia, cubrí varias elecciones mientras ejercí de periodista.

El día antes tenía unos ciertos nervios en el estómago porque pensaba en mi responsabilidad (adelantar el escrutinio de mi mesa para que, junto los del resto, el ministro o el personaje de turno los anunciara), y porque tenía deseos de ver cómo es una democracia por dentro. Para mí (recalco ese mí) el voto es el primer y más importante paso para que tengamos democracia, para que podamos ser libres, para que podamos expresarnos sin cortarnos por nada que no sea el derecho del de al lado.

Mis nervios crecieron al día siguiente, cuando llegué al colegio que me habían asignado y había otro chico con mi mismo número de representante, en mi misma mesa, y desde nuestro teléfono de incidencias nos decían que eso era imposible, por más que le explicáramos que imposible no era porque había pasado, más bien improbable. Se solucionó al aclararse que fue un fallo humano al pegar etiquetas en los sobres, pero no me imaginé que ese era el preludio del despropósito que es el más básico derecho de la democracia.

Sinceramente pensaba, o tenía la secreta esperanza, que la desorganización, la dejadez de este país no llegaba hasta el pilar de su sistema político, pero es así. Me encontré que, siendo la primera vez en ser representante de la administración y con tan sólo una charla básica sobre lo que no debíamos hacer (organizar la mesa, ayudarles, contestar a sus preguntas, sentarnos en la mesa electoral), lo que me pedían el presidente y los dos vocales eran precisamente todas esas cosas, ante su total desconocimiento de lo que se pretendía de ellos y su fastidio más que visible por perder su domingo dentro de un colegio (les faltó decir que bastante tuvieron de pequeños en semejante lugar de tortura).

Pues sí, resulta que ser miembro de una mesa electoral es una obligación penada con cárcel si se incumple sin motivo, pero para tan importante tarea sólo se entrega un folleto de más de treinta páginas y el encargo de estar allí o tener claro que uno se mete en un lío. Y nada de esquemas explicativos (salvo uno con unos relojes para que se sepa cuándo entrar y cuándo salir) o aclaraciones comprensibles para alguien que lo más que lee es el marca o el hola (porque, no nos engañemos, eso es lo que pasa en este país en una mayoría aplastante de hogares).

A pesar de mi desconocimiento, el ánimo de mis tres compañeros de domingo, que se ganaron el dinero que les pagaron por su gracia, por su interés creciente y por su humor; y la ayuda eventual de algún interventor político permitió que la votación saliera adelante, que impidiéramos algún voto de más (¿la gente no se entera o es que prueba a ver si cuela y vota dos veces a su partido?), y que el recuento fuera rápido y eficaz.

Es decir, una vez más, las cosas salieron adelante por el ánimo de las personas, no por las facilidades que da el Estado. Porque ¿cómo es posible que no se dé ni una mínima charla a quien debe garantizar el ejercicio democrático? ¿Cómo se pretende que alguien que va con desgana a un colegio electoral se empape con 30 páginas de, en ocasiones, farragosas explicaciones sobre temas que desconocen? Supongo que para eso ponen a los representantes de la Administración... Ah, tampoco, que es que no nos dejan decir ni mú para aclarar las cosas.

Sin embargo, pese a este relato, la jornada me pareció provechosa. Primero porque conocí a gente muy maja que no pensaba como yo y que me hizo reflexionar. También me permitió descubrir que hay demasiadas personas que no acuden a votar simplemente porque no piensan que cambie algo, un tema en el que deberían pararse nuestros políticos a ver si caen que los que fallan son ellos.

Igualmente, me permitió ver al emocionado 'votante por primera vez' que casi no sabe si meter el DNI en la urna y darnos el voto o al revés; el señor mayor que insiste en votar, aunque no lleve el carné original y vuelve a casa por él, porque nadie puede impedirle elegir a quien quiere que le represente; quienes te enseñan la papeleta antes de introducirla en el sobre, no sé muy bien si para que le apruebes su comportamiento o para dejar claro que hacen lo que quieren; los niños que piden a sus padres introducir el voto en la urna porque piensan que es algo mágico; y las reflexiones de un compañero que, cabizbajo, reconoce que nunca va a votar pero que hoy lo hará, puede que en blanco porque le has explicado que tú lo haces porque desconfías de todos y piensas que, si todos los descontentos lo hiciéramos, los políticos tendrían que darse cuenta de que les estamos tirando de las orejas.

Es cierto que en este país no hay tradición democrática, y que muchos no saben lo importante que es ejercer este derecho. Es cierto que se debería preparar a la gente que va a las mesas porque, seguramente, así entenderían la relevancia de su presencia. Pero también es cierto que, afortunadamente, seguimos siendo muchos los que creemos en este sistema, incluso con sus fallos, y que hay otros tantos que sólo necesitan que se lo expliquemos para que lo entiendan y tiendan hacia las urnas sus manos.

5 comentarios:

UnaExcusa dijo...

Jandro me lo dijo una vez. Que el voto en blanco puede ser una buena opción crítica...

Arwen dijo...

Yo creo que es la única verdaderamente plausible que nos queda. No ir a votar supone que todos los partidos digan que hizo buen tiempo, o malo, o que la gente estaba de puente o cualquier vana excusa para no reconocer que algo falla en un país democrático cuando a la gente ni le interesa saber quién le gobernará o un cambio tan trascendente como un estatuto de autonomía.
Por eso llevo años con el voto en blanco, y cuando opté por alguien, me equivoqué.

Ilse dijo...

No sé, yo es que soy muy crítica con los políticos, pero también me parece fácil criticar. Yo es que nunca entraría en política y los que están pues en cierto modo me parecen un poco héroes (algunos villanos, claro). Y sí, ya sé que esto es impopular, pero creo que les pagan poco.

Antonio Torres dijo...

La verdad que a mí me gustó la experiencia como representante de la administración. Yo, a pesar de lo que dijeran, ayudaba llamando al teléfono del INE.
Lo de votar en blanco, siempre acabo teniendo problemas con el voto por correo, una vez que me empadrone en Sevilla empezaré a hacerlo.
PD: Poco a poco iré leyendo tus blogs, que son un montón.

Arwen dijo...

Bienvenido, Antonio, aunque ya lo sabes. Me gustará leerte por aquí y por tu 'pequeña casa en internet'.