jueves, enero 18, 2007

Lunática

Siempre he sido una lunática. En todos sus sentidos, en el de la Real Academia de la Lengua (padecer locura a intervalos) y en el figurado de atraída por la luna. Hasta hay quien me llama selenita por mi gusto por el satélite que acompaña nuestras noches.
No sé si será porque soy cáncer, o porque lo mismo nací un día de luna llena, pero me es imposible no otear el cielo de noche para encontrarla en cualquiera de sus fases, para buscar sus cráteres, descifrar su color (el amarillo, el casi blanco, el rojizo) e imaginar mil y una historias protagonizadas por la luz blanquecina que nos brinda. La luna me atrae porque atrajo a los druidas y a los magos, porque da luz a la noche y porque, si es capaz de mover las mareas y provocar partos, qué no será capaz de hacer.
Y es que yo creo que el poder de la luna se ha visto devaluado. Desde el siglo de las luces hemos caído en la oscuridad de pensar que de noche todos los gatos son pardos y creer que las ideas que surgen bajo la luz de la luna no son más que sueños, ideas de lunáticos. Nos olvidamos de la magia que despide, de la atracción que tiene hacia la tierra y la que provoca en ella, quizás por el miedo a creer que los pensamientos que nos surjan bajo su influjo serán meras sombras a la luz del sol.
Sin embargo, para mí la luna siempre fue motivo de inspiración. No hay nada más romántico que un paseo a la luz de la luna, y nada más esclarecedor que dejar vagar nuestros pensamientos por encima de una luna llena, sonreir a la sonrisa de gato que nos enseñó Alicia en el país de las maravillas y dejarse llevar por una noche que no es tan oscura si un cruasán pende del cielo.
Siempre tuve miedo a la oscuridad, de manera que la luna fue siempre mi aliada, de mis locuras y de mi lucidez, de mis bailes y de mis escritos, de mis lágrimas y de mis risas.
Quizás sea algo bruja, y realmente me gustaría volar hasta la luna y tocarla, junto a las estrellas, para saber que es posible. Quizás sea mi inevitable tendencia de soñadora la que me lleva a mirar cada noche al cielo. Quizás sea que sí que estoy loca... Pero prefiero mi locura a la que descubro si sólo miro hacia la Tierra.

2 comentarios:

suntzu dijo...

Pues cuando crees que conoces a una persona y ya sabes que tienes un montón de cosas en común con ella, vas y descubres otra. Yo empecé a escribir unas Cartas a la Luna (no os riáis del nombre, tenía 15 años)y todas eran reflexiones sobre mi vida, pero que me inspiraba especialmente la Luna,sobre todo si estaba llena. Pocas cosas ahay más extasiantes (para mí, por lo menos) que una Luna llena. Yo me lo noto en el carácter, lo noto en el aire. Cuando me siento especialmente alerta, con mis sentidos agudizados, "intensa" podríamos decir, miro al cielo y no falla. Luna llena.

arwen dijo...

El mundo está lleno de lunáticos, afortunadamente. Y, efectivamente, la luna llena nos atrae sin ser hombres lobos...Seremos algo mucho mejor...