martes, diciembre 17, 2013

Madrugada

Salir a la calle cuando aún es de noche. Cuando la luz no es luz todavía y las calles parecen mojadas con las legañas de noches apenas descansadas entre sábanas que nos rechazan por solas. Miras al cielo en busca de ese sol que indica que el día es nuevo, y trae esperanza, pero las nubes que percibes ni siquiera dejan ver las estrellas. Das pasos indecisos, que no inseguros, porque la niebla que te rodea no es externa. Y el corazón se empapa de esa lúgubre opacidad por la que no se filtra ninguna claridad. Parece que no habrá día. Te encierras entre cuatro paredes y no es hasta muy tarde que descubres que sí que hubo sol. Pero no lo suficiente como para acabar con las sombras que han salido de los rincones de tu alma expandiéndose y conquistando el terreno que intentaste abonar infructuosamente de certidumbre. Da igual si brilló deshelando las estalactitas que las lágrimas habían formado en las caras de los inocentes. Tú te has quedado en esa madrugada que te abrazó al poner el primer pie fuera de casa.

2 comentarios:

Fran dijo...

En la noche surgen las lagrimas mas reales, esas que nadie ven y que por nadie tienen que ser vistas. Las de impotencia, o las de rabia, las de risa absurda o desamor.
Pero el sol sale y nos vuelven a ver y las lagrimas vuelven a esconderse como la luna.

Arwen dijo...

Bienvenido, Fran. Echaré un ojo a tus blogs.