lunes, agosto 15, 2016

Podríamos correr juntos varios cientos de lunas que dieran a nuestro camino esa irrealidad sobre la que se pueden construir todas las certezas. Podría agarrar tu mano y sentir la fuerza que late en ambos y que sube hasta nuestra sonrisa por sabernos capaces de derrumbar los muros que estrechan un mundo demasiado pequeño para que quepamos en él.
Echaríamos raíces que se moverían cada vez que hiciera falta, para tener un arraigo, nosotros, los desarraigados.
Contaríamos días de pereza y noches en vela con muchos dragones internos que explotarían hacía fuera para dejarnos exhaustos. 
Sería ese el planeta, donde lo inhóspito da pie a lo que hayamos estado buscando.