Hay mañanas que el sol se levanta más animado y el primer rayo despierta la tierra con un beso apasionado que le da calor y quita el frío incluso del más crudo invierno.
Avance de un día en el que el brillo de oro ofrece mejores caras y suaves manos que despiertan el cariño con el mínimo roce.
Preludios de una sonata que estallará en primavera, con colores vibrantes y risas descontroladas que incitan a ser feliz.
Porque sólo queda corazón para la felicidad.



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