lunes, mayo 09, 2016

Un juego

Con la ilusión de un niño con zapatos nuevos. Así se había dirigido, raudo, hacia el puente que le llevaría a una nueva vida. Así lo había bautizado. Pensaba que dejar atrás todo suponía ir hacia delante. Estaba convencido de que para hacer el verdadero camino no se podían cargar los pesares del tiempo pasado. Como si la memoria del teléfono estuviera llena y ninguna aplicación funcionara correctamente. Como si el espacio disponible en el disco duro del cerebro fuera tan limitado como la ram de un ordenador y para poder seguir trabajando hubiera que hacer limpieza.
Para él, los recuerdos eran archivos para borrar. No tenía en cuenta que detrás de cada uno de ellos, formando aún parte de su vida presente, había personas. Algunas lo habían amado, otras lo seguían queriendo, otras eran esas piedras en la calzada que nos hacen mirar en perspectiva y tomar decisiones.
Daba exactamente igual quiénes fueran y qué le aportaban o si lo necesitaban o querían junto a ellas. Eran elementos a eliminar, porque el futuro era un presente lejano que se le planteaba mucho más brillante que su día a día actual. Hay quién dice que cualquier tiempo pasado es mejor, porque olvida que en la memoria los oscuros se difuminan. Para él, esta frase hecha era una mentira más de las que rodeaban su existencia. Lo real, lo verdaderamente bueno, siempre estaba adelante. Y estaba tontamente convencido de que lo alcanzaría y podría parar de correr. Mañana. Quizás pasado.
Iluso. Cegado como tantos por la fantasía de que existe el futuro. Engañado por un sistema que lo quería lejos del ahora que existe para poder timarle con sus patrañas de felicidad para el día siguiente. 'No te pares ahora', le decían, 'no mires cómo te apaleamos', susurraban. 'Fíjate únicamente en lo que deseas más allá de hoy, porque es allí donde reside la verdadera felicidad'.
Tan convencido estaba de que las risas, los abrazos, las caricias, el amor, la dicha, estaban allí, lejos, en un día que no era hoy, en una época que sería futura y mejor y tangible, que aceptaba sin dudarlo el borrado de una historia que era él, que le había llevado allí, que le unía a personas con quien había reído, amado, acariciado. Nada de eso parecía tener ya valor o importancia. Sólo quería sentir, sólo sabía que cada mañana se despertaba a la misma hora, las 7.02, que cada día terminaba de trabajar a la misma hora, las 19.18; que cuando llegaba a casa vegetaba en un sillón mirando una pantalla distinta a la de su trabajo pero igual de alienante, y que ése era su momento de gracia porque allí, en esos reflejos, estaba el puente hacia la felicidad. No veía las llamadas de amigos que rechazaba, los abrazos de quien le quería que se encontraban con el muro de frío hielo en que se convertía al contemplar el futuro que le presentaban. No era, al fin y al cabo. No estaba.
Sin darse cuenta, se había convertido ya en esos días por venir que tanto ansiaba. Esto es: era ya un espejismo. Él mismo era tan real como lo era la vida que se le había vendido. Por tanto, no era. Acercarse a él era como sentir la presencia de un fantasma helado que eriza la piel y provoca, más que miedo, tristeza. Alma en pena sería la mejor definición que se le podría dar.
Sin embargo, en su fuero interno se veía como una luz brillante y sonriente. Sus vacíos ojos no eran conscientes de lo que el espejo le devolvía cada mañana. Porque no se miraba. Sólo observaba la pantalla que le contaba lo que había más allá del triste hoy. Vivía en la nada. 

4 comentarios:

Jaume Vicent dijo...

Hola, hola!

Bueno, pues no podía dejar de leerte, así que tenía que comentarte también :P

Para no estar inspirada te has marcado un relato buenísimo, me ha gustado muchísimo, en gran parte porque me he sentido muy identificado en cada palabra. Has definido muy bien cómo me siento en muchos momentos, has definido con bastante exactitud cómo me he llegado a sentir cuando la vida te arrastra por esos cambios y dejas cosas atrás que, con el tiempo, olvida.

Muy buen relato, me alegra que hayas sacado esto así! Buena señal!
Un abrazo! Y sigue escribiendo ;)

Arwen dijo...

¡Ey! Me has puesto muuuuy colorada. Por leerme (gracias) y por verlo así. Me gusta que mis textos le lleguen a quién lo lee, le diga algo de ellos mismos o de su vida. Si he logrado eso contigo sin conocerte, jops, hace ilusión. Aunque siento que sea con algo un poco triste.
Seguí tu consejo: varias palabras en un papel y escogí cinco. Y salió esto. Así, de repente. Quizás sólo necesitaba un empujoncito como el que me habéis dado esta mañana, así que, muchas gracias! Intentaré seguir escribiendo.

Ismael dijo...

El ser y el no ser; el disco duro de la mente lleno y vacío el del alma...
Me alegro mucho de que te hayas decidido a arrancar motores; es evidente que has escrito aquello que te ha salido de dentro, lo transmites en cada frase. No lo dejes, sigue por ese camino y estoy seguro de que te llevarás (y nos darás) muchas alegrías.
Buen relato, por cómo está escrito y porque logras que el lector se vea reflejado en él. Porque al fin y al cabo todos hemos pasado por momentos de zozobra, y el que diga lo contrario miente.
¡Sigue escribiendo!

Arwen dijo...

Ismael, absolutamente de dentro. Es que ha brotado no sé muy bien de dónde. Gracias gracias