jueves, enero 09, 2014

El tiempo

Miro fotos mías de hace un año y las de ahora y parece que se me vinieron de golpe los siete años que paso de los 30. No sé si es cansancio o que la edad realmente se te echa encima de forma repentina. La cuestión sigue siendo la de siempre. Mirarme y no reconocerme. Es decir, mirarme y no ver en el espejo la persona que soy dentro de mí. Las ideas, ideales, proyectos, sueños... parecen mucho más jóvenes y prestos de lo que me veo a mí misma. Y me pregunto que si este salto de edad interna y externa será para siempre, porque si es así no sé si Peter Pan debería empezar a pensar en coserse otra sombra, que dé más lustre y vivacidad.
Quizás sólo han sido los últimos meses que me han machacado físicamente, pero, sobre todo, internamente. Puede que sólo se trata de necesitar unas vacaciones, incluso de mi cabeza. Una vez más vuelve a mi mente la anécdota repetida por mi madre: con tres años le pregunté cómo se podía apagar el pensamiento... La verdad es que empiezo a necesitar un botón de Off. 
A ver si consigo retomar mis rutinas y me olvido de mí. Y de mis comeduras de tarro tontas. Porque hay que ser idiota para equivocarse a sabiendas y seguir en ello... Al final, tan ofendida siempre porque alguien insulte mi inteligencia, y la primera que la echa por tierra soy yo misma.