miércoles, enero 01, 2014

Año Nuevo

Al principio pensé que necesitaba que terminara el año para que acabara lo malo. Esa idea esperanzadora que todos tenemos de que 'Año Nuevo, vida nueva'. Pero lo cierto es que es más una esperanza que otra cosa.
No necesito que acabe el año. Necesito que acabe mi forma de ver las cosas. Hay sucesos inevitables, o que fueron evitables en su momento y una vez hecho el desaguisado no se pueden cambiar. Esa es la realidad. Y también es la realidad que el mundo no es justo, que pasan cosas malas, que la salud (la mía en este caso) no es de hierro. Todo eso es cierto. Como también lo es que tengo que quererme. Perdonarme.
Una de las cosas que me resulta más difícil es centrarme únicamente en mí. No es pose. Incluso puede ser una huída adelante. Fijarse en los demás, ayudar a los demás, para no pararme a pensar que todas esas cosas que llevo dentro y me lastran; para no tener que tomar las decisiones y dejarme llevar por las mareas de otros.
Sin ser propósito de Año Nuevo, porque como he dicho antes no creo que un 1 de enero vaya a cambiar algo, he tomado una determinación. Porque se me olvidan algunas cosas demasiadas veces. Y porque por mucho que me quieran los demás, la que me tengo que querer soy yo. Y perdonarme. Y quererme.
Hoy me han vuelto a dar una noticia que se desvelará si mala o mantenida la semana que viene. Hace tres semanas vería esto como 'no entrar limpia' en 2014. Hoy lo veo como la vida. Simple y llanamente. La vida. 
Y prefiero mil veces vivir que dejarme arrastrar a la muerte, incluso a la que sería en vida si no levantara cabeza y permitiera que las cosas que no van a acabar conmigo me dejaran triste y melancólica. La melancolía que sea de cosas buenas y la tristeza que dure lo que tiene que durar para que sea consciente de la alegría.