sábado, septiembre 16, 2017

El coño y el corazón palpitan juntos, es la cabeza la que nos putea

Pensativa. Analiza una y otra vez. Empieza de nuevo. No es que sus ojos no vean, no están mirando. Ha permitido que desaparezca el latido unívoco y al unísono. Se está alejando de sí misma sin darse cuenta, mientras cree firmemente que es ella más que nunca. Porque piensa. Se piensa. Da vueltas y revisa mentalmente cada ángulo. Incluso los suyos propios. No lo nota. Pierde el contacto y el ritmo se diluye en una cuenta atrás que será sin retorno. Le va a quedar una única baza y la vida no es eso. Son muchos fragmentos caminando sobre el mismo pentagrama. Porque hay un ritmo. Acompasado. Ahora distante, pero tan fuerte que no nace de una única entraña. Se aleja. No se ha movido ni un milímetro del lugar y casi está extraviada. 

Por un instante, se despista. Ahí vuelve. Ese palpitar conjunto intenta revivirla. Su coño se moja y su corazón le grita desde el pecho para ser oído. Ha bastado un roce. Agita la cabeza ensimismada. Intenta dejar de oír. Dejar de sentir porque es lo aprendido. Apreciar, percibir, malo. Analizar, ser lógica, bueno. 

Grito: ¿qué lógica hay en perder lo que nos hace humanas? ¿Lo que aúna alma y cuerpo en una sinfónica y placentera vivencia que estalla en el coño, corre al corazón y explota en mil pedazos en la cabeza, convirtiendo un pensamiento en un universo en expansión?

Está mal. Eso es lo que piensa. Está mal porque es demasiado bueno y prefiere irse al carajo antes de que se vuelva daño y queden esquirlas sangrantes durante años. La mente vuelve a la carga con más fuerza. 'Sufrirás, llorarás, querrás estar muerta'. 

Está muerta ahora si se queda quieta. Porque hay muchas formas de escuchar y la única que habla no es la cabeza. 

Cabizbaja, reflexiona. Y palpitan más fuerte desde el pecho, desde la entrepierna. Los demás tienen que oírlo, se dice. Pero es sólo ella. Y no quiere escuchar. Llegar al cielo no es suficiente cuando aprendió un silencio extendido a su cuerpo, que también debe callar. No compartirse, ni con ella. Ser inmaculada, impoluta, fría, distante, razonable, protegida por el muro de la indiferencia. 

No ser humana. O ser la humana que otros decidieron que fuera. Caminar por una sola ruta marcada por las pisadas de millones de mujeres que antes que ella se dejaron arrastrar por considerar que no tenían más remedio.

Otro roce y vuelven a la carga. No se van a callar tan fácilmente. 

Se quedan. 

A Á. cuya frase dio pie a este texto.

1 comentario:

maliae dijo...

En el filo, siempre que te leo te veo en el filo de la navaja, y ahí te sostienes, con todo el dolor de la conciencia despierto, sangrando, viva y despierta.

un abrazo, hermosa.
Nati