domingo, septiembre 04, 2016

Polvo

Ando perdida en ti, que no apareces. Reflejo difuminado en una foto a color. Puedo ser muchas cosas, pero no soy si no me encuentro. Alargo la mano hacia tu fantasma, porque no te dejo existir. Retuerzo el papel mojado en el que te convierto y se arruga mi alma con el anhelo de lo irreal.

Pesa la maquinaria que nos mueve, el ancla me acerca y aplasta contra el suelo. Lucho con salir de la red en la que yo misma me he metido. No recuerdo que agitarnos en arenas movedizas sólo provoca el efecto contrario: hundirnos más y más.

Manos y pies enredados en el tejido frío y cortante. Agarro los barrotes de mi cárcel, que soy yo. Me resisto aún y el nudo se estrecha en lo profundo. Aparece el agujero negro que todo lo engulle. El universo implosiona para dejar a oscuras la mente. Vacío repleto de pensamientos en vorágine huracanada.

Hambre exacerbada de ti, nostalgia de lo que sólo yo puedo darme. Retortijones de ausencia que son presencia ineludible del error que corrijo. Marco de rojo los fallos y cambio el azul por el negro para no olvidar. Escribo en mi piel los regalos que me hago.

Ojos ciegos marcan el camino. No es futuro, es presente lo necesario. Arraigan raíces que trepan por mis piernas para mostrarme. Me tambaleo para no caer desde el suelo. Postrada como estoy en mí, erijo una estatua de sal de mi herida.

En suspensión el polvo, dejará paso al paisaje dibujado. Será la acuarela de una batalla. Ganada o derrotada, no podré adivinarlo. Por tanto, me dejo.