domingo, noviembre 17, 2013

Frío

Los restos del hielo salpicaban los pantalones que apenas le dejaban moverse. Atravesar un río helado tiene sus riesgos, pero parecía que avanzar tras haberlo logrado era aún más peligroso. Daba igual que hubiera encendido una hoguera para secar la ropa, o que la rabia que le hacía seguir avanzando lo calentara a él lo suficiente como para no sentir la congelación. Eran sus miembros los que se negaban a ir más allá. Sus piernas las que le decían 'queremos volver a casa'.
Pero no había otro camino. Adelante. Con hielo o sin él. Adelante. El atrás era un oscuro vacío. Le habría gustado que fuera un vacío figurado, pero no lo era. No había atrás. Su mente no tenía más allá de la última hora registrada en su memoria. Cruzar el río y seguir. Era todo lo que veía cuando cerraba los ojos e intentaba averiguar qué llenaba antes esa negrura interna.
Poco a poco empezó a darle igual el vacío. La rabia crecía por oleadas aún sin saber de dónde. Y era bastante. Para apagar el fuego, recoger lo poco que le quedaba y seguir. No había camino, porque sólo había un sendero. El de su memoria inexistente.
Pelear y avanzar. 
Los ruidos pasados habían desaparecido junto a los recuerdos. Pero parecía que el presente se empezaba a empapar del mudo sonido de su cabeza. O se había quedado sordo o el mundo estaba aguantando la respiración para ver adónde le llevaba su rabia.