domingo, enero 24, 2016

La novia después de tirarte a otra

Sé que es difícil de entender que no necesitar novio no significa que una no quiera tener pareja, ni que tenerla no sea una prioridad. Ya sé que para la mayoría de la población, especialmente los hombres, es imposible que una mujer esté feliz sola y, sin embargo, tampoco cerrada a que pueda surgir algo. 
Pero ocurre. Pasa que existimos un buen montón de mujeres (guapas, inteligentes, graciosas, independientes, cariñosas) que disfrutamos de nuestra soltería pero aún pensamos que pueda ocurrir encontrar un hombre (guapo, inteligente, gracioso, independiente, cariñoso) y que, de repente, entre nosotros pase un no sé qué, que nos haga plantearnos disfrutar de unas historias compartidas. Y que si no se da este caso, tampoco nos cogemos un trauma.
Y, ¿a qué viene todo ésto? Viene a que empieza a ser muy común que mis amigas y yo hablemos de lo raro que es que el hombre dé el primer paso. Y de que si nosotras lo damos suelen darse dos únicas posibilidades: o nos miran como si acabáramos de pedir en matrimonio y salen despavoridos; o se creen que todo el monte es orégano y que hemos venido a bajarnos las bragas y ya.
Y, sinceramente, ya he tenido demasiados 'no quiero novia' para echársela nada más follarme. 
Ahora quiero ser la novia que te echas después de tirarte a otra. 
Muy duro, lo sé. Pero yo lo valgo. 
No es que vaya a estar ausente, el que me busque, me encontrará aunque sea para decirle no gracias, pero una es ya muy mayor para ser la de antes o la de en medio (hay quien lo intenta, al parecer la fidelidad no es un valor en alza) y quiero ser el plato principal y único durante el tiempo que dure (allá sean cuatro días o diez años).
Así, que, señores, si alguna de nosotras (únicas, estupendas, libres y felices) se encuentra con alguno de vosotros, mejor obvien el tan manido 'no, si yo no busco nada serio. Pero si hay sexo tampoco pasa nada' (por desgracia, cita textual), e intenten ser, iba a decir hombres, pero sería machista, intenten ser humanos y vivir, arriesgarse y darse la oportunidad de conocer a una magnífica persona que, tal vez, no se convierta en tu pareja, pero sí podrá ser, al menos, alguien interesante que conociste una vez y que se merece más respeto que una bajada de bragas. 

domingo, enero 17, 2016

Exijo demasiado

Que me mires y sonría.
Que sepas cómo retirar las nubes de mi cabeza con sólo tocar mi pelo.
Que estés.
Que me veas.
Que te quedes tanto como yo quiera quedarme.
Que los silencios tengan el mismo valor que las conversaciones.
Que riamos.
Que entiendas mis lágrimas y las enjugues.
Que me acompañes en las tormentas y me enseñes a huir de ellas.
Que te mojes bajo la lluvia conmigo.
Que veas en el mar lo mismo que yo miro.
Que camines sin rumbo a mi lado y lleguemos a nuestro destino.
Que seas mi hogar.
Que sea yo el tuyo.
Que tu mano pueda sostenerme.
Que nunca necesite que me sostenga tu mano.
Que leas conmigo.
Que me descubras todos los mundos que no conozco.
Que te gusten los míos.
Que me hagas sentir una pequeñita gigante.
Que tengas ese hueco sólo para mí en tu pecho, ése donde puedas acunarme.
Que tus besos me quiten el aliento con sólo rozar mis labios.
Que deshagas mi cama para hacerme el amor.
Que me folles durante horas sin dejarme exhausta.
Que me quieras porque soy yo.
Que me quieras aunque a veces dejo de serlo.

Dicen que pido demasiado, pero a cambio, yo te ofrezco:
Mis noches y mis días, todas las sonrisas del mundo, lágrimas de alegría, penas compartidas, felicidad a raudales, cariño, caricias, sexo sin prisas; largos paseos y tardes de manta, reflexiones y locuras, entenderte aunque no comprenda, verte, mirarte, quedarme, estar, irme cuando haga falta, volver porque me extrañas, juegos sorpresa, seriedad sólo si hace falta, compañía, mi energía.
Y, sobre todo, amarte, no porque me completes, si no porque elijo que compartas mi vida.

sábado, enero 16, 2016

Muerta

Preferir estar muerta. Sentir el cálido abrazo del satén que forra la madera. Mirar desde abajo. Ver desde la tierra cómo los demás se afanan por alejarse de ella. Observar pasos que pisotean el terreno que ahora soy. Menos doloroso que cuando respiraba y era mi apariencia. 
Palpar el vacío, oír el silencio. No hay lágrimas, no hay sonrisas, no hay nada. Sentir nada.
Ausencia. 
Sin presencia no duele. Tampoco hay alegría. Existe la calma. La paz de la inexistencia. 
Si ya no estoy, no preocupa. No molestan desapariciones, no me decepciono, no hay engaños. Hay tierra. No hay yo. Sólo los tú que siempre han sido más importantes. Los vosotros que han plagado mis días para que yo no existiera.
¿Qué hay de malo en la muerte? Mi vida ya es ausencia.

jueves, diciembre 31, 2015

Balance

Es ya una tradición mi balance a final de año. Pero esta vez lo hago de una manera diferente.
Feliz
Después de tres años en los que sólo me apetecía quemar el año que terminaba, o de meterme debajo de la manta y no salir, o de desaparecer, me descubro sonriendo y feliz. 
2015 empezó estando de baja por lesión y continuó de baja por accidente de tráfico. Pero pasó. Mi cuerpo se va recuperando pero, sobre todo y más importante y lo que me hace decir que este ha sido un buen año, mi mente aprende. Y con ella, aprendo yo. A calmarme, a escucharme, a darme mimos, a buscar en mí lo que fuera no encontraré jamás (por mucho que me haya emperrado). 
Y es una sensación maravillosamente nueva y bonita y agradable. Sentirme aquí dentro y saber que, aunque a veces me salgo del camino, ya sé dónde estoy y qué es lo que tengo: a mí. Y, ¿sabéis? Resulta que no hay nada que me haga más feliz que tenerme a mí. Estar y ser. Ser, sobre todo. Ser de una vez. Y sonreír.
Así que, no sé qué me traerá 2016. Sin embargo, tengo muy claro lo que le traeré yo: más pasitos para crecer, más ganas de vivir, más ganas de ser feliz. 
También sé que toda esta felicidad no sería posible sin quienes me quieren. Quienes han estado a mi lado incondicionalmente, incluso cuando no es fácil estar a mi lado porque es difícil comprenderme.
Por tanto tengo amor y voy teniendo salud. Y un trabajo que me da el dinero para darme pequeños caprichos. ¿Se puede pedir más?
De manera que: gracias 2015, por haberme dado doce meses de aprendizaje, de lágrimas, sonrisas, penas y alegrías. 365 días de VIDA.
2016, entro en ti con ganas. No me defraudes.


sábado, diciembre 12, 2015

Estoy

No siempre se puede seguir el camino aprendido. Sobre todo si se aprendió tarde. Sirven los puñetazos a los cojines por no partirle la cara a alguien. Sirven las lágrimas derramadas en silencio sobre el ordenador, los apuntes o una misma. Sirve conocerme. Sirve saber que no es real, que solo está en mi cabeza. 
Pero todo ésto es el camino aprendido. La senda natural tira mucho, para el monte que suele ser un despeñadero con caídas en picado que apenas puedo frenar porque me prohibieron colgarme de los precipicios para no hacerme daño. Las heridas ya me las había hecho yo.
Al menos me quedan las viejas amigas. Palabras que vomito en el teclado para dejar que todo se vacíe. Llevo más de un año dejando espacio. Pues aún queda, por lo visto. No sé disfrutar ni de mí misma, aun cuando fue justo eso lo que dije: me voy a dejar disfrutar un poco. 
Ahora, con los apuntes a mis espaldas, me recuerdo: es divertido. Intento que lo sea de nuevo, porque, si no, la angustia me aprisiona de tal manera el pecho que empiezo a no poder respirar. Recuerda las asanas. Recuerda la consciencia. 
La vida es fácil. 
La vida es fácil y rompo con mi tendencia natural de complicarla. Porque no hay nadie más que yo. Y es bonito. 
Tengo que ser agua y fluir, pero no dejarme llevar, porque me creo que mi cauce son recovecos intrincados, cuando soy yo la que construye los muros altos para saltar. 
Me dejo caer, pero por una vez en la calma. O no, pero escucho la música para dejarme mecer y dejar ir y fluir. Dejar ir.
No sé dejar ir o cómo soy capaz de engancharme a la más nimia cosa que me haga daño. Sobre todo personas. Venga, os abro la puerta. Si hace falta voy a empujaros a patadas. Los puños ya están acostumbrados por aporrear cojines. 

martes, octubre 21, 2014

PANTA REI

Panta Rei.Todo fluye. O la vida es un continuo cambio. Sinceramente, al pensar en esta expresión, nunca había sido capaz de aplicarla más allá de cada individuo. Con nuestras complejidades y personalidad, la vida fluye, cambia, continúa, nos lleva, siempre alrededor de cada uno de nosotros. 

Pero panta rei, todo fluye, tiene para mí, ahora, un nuevo significado. Desde hace algún tiempo he tenido que pararme, mirarme y descubrirme. Lo sé, la mayoría de las personas lo hacen en la infancia, yo he tenido que esperar 37 años para verme y permitir que los demás me vean. Con esta visión propia, o percepción de mí misma, empecé a cambiar. Cambié cómo me relaciono con los demás, cómo entiendo que soy (y entonces habrá quien diga que cambié quién soy), modifiqué esas ideas preconcebidas que me acompañaron hasta abril y aún sigo en un proceso de fluir que me sigue asombrando y que imagino que terminará el día de mi muerte. 

Hasta aquí todo normal para mí, es decir, todo tal y como lo había imaginado cuando una se decide por dejar de hacerse daño y, de paso, evitar daños colaterales. Pero es que resulta que, efectivamente, todo fluye. 
El Panta rei del que hablaron los griegos (la frase se le atribuye a Heráclito) no es una marea que me lleva a mí sola. Yo soy también río. Soy también agua que discurre y moldea, afecta, arrastra o eleva a quien está a mi alrededor. 

Y, para mi sorpresa (quizás soy muy inocente), las corrientes fueron ampliándose hasta crearme un mundo distinto. Porque mi fluir, mi salida del lugar que tenía asignado en mi familia, por ejemplo, concluyó en más corrientes y reubicaciones. Sentí por primera vez que era parte. Ya no era la piedra contra la que el río familiar se chocaba e intentaba tirar abajo para arrastrarme. Soy corriente que fluye con ellos y hace que ellos se integren en mí, dejándome, por tanto, integrarme a mí. 

No es ser océano, es ser agua, y viento y junco que se deja llevar, porque la corriente también me llevó a descubrir los rincones secos de mi alma. Y, arrastrados, salieron a la luz para que yo empezara a bailar claqué y conociera a personas que enriquecen mi mundo, a la vez que yo aporto al suyo. Abrieron mi alma a salir del foco y retornar a las sombras para dejar que el protagonismo lo tuvieran quienes lo merecen (no voy a negar que a veces vuelvo).

Las mareas se llevaron la pena como arma y herramienta para conseguir amor (incierto) y me hicieron ver la que falsamente usaban los demás, lo que me hizo más libre a mí, y espero que algún día lo consiga para quienes dejé de seguir en ese juego maligno de ser una víctima.

 Y las reglas de la amistad no cambiaron, pero me acompañaron o no en mi cauce, y no hubo lágrimas, ni despedidas, sólo pasos por aquellas ciudades, piedras, caminos, o puentes que se me tendieron en su momento preciso y que quedan atrás porque, como los ríos, las vidas y su fluir se bifurcan.

También la marea me retornó a personas y lugares que pensé que no volvería  pisar, que me negaba a retomar. Pero ya no soy la misma. Discurrir agregó a mi ser retazos de cada orilla y al reencontrarme con esas personas que quise borrar, descubrí que puedo perdonar y compartir su felicidad. Y ellas reaccionaron conmigo de manera distinta porque me vieron, por fin, tal cual soy. 

Así que ahora me digo Panta rei. Y sonrío. Atrás quedaron los miedos que me ataban a unas raíces desarraigadas que sólo me hacían perder el equilibrio, engañarme y castigarme con daños inimaginables. Sonrío porque fluyo y dejo a los demás fluir. Porque me uno a las mareas y floto en ellas, dejándome mojar e iluminar por el sol que cada uno aporta a los demás. Incluso con las tormentas, porque ahora sé que sabré llegar a puerto. Y, si no, habrá quien me agarre y me lleve. Porque ya soy parte. Porque la vida fluye.

Dedicada a Carmen, que me acompaña en el camino, me ha permitido crecer hasta este punto y seguirá junto a mí hasta que madure del todo.

domingo, agosto 10, 2014

Encontrar mi mirada.

Quiero empezar a mirarme
y, por fin,
verme,
descubrirme
y ser.
Atreverme a mostrar todas las yo
que bullen en el vacío que ahora me llena.
Quiero encontrar mi mirada en mi propio cuerpo.
Recorrerme y saberme mía,
Aceptarme.
Quiero mirar al mundo,
aprender,
enseñar quien soy sin miedos ni quejas.
Estar aquí dentro y
allá fuera.
Quiero encontrar esa mirada que me diga:
ésta también es tu casa.
Sin que hagan falta palabras.
Quiero mirar adentro
Y saber
que ya no habrá nada que despierte mis miedos
y me devuelva,
descalza, a la Isa insana.

Dedicado a Xose, quien me dijo que escribiera 'la otra parte' y está, siempre, aún en la distancia.

miércoles, julio 09, 2014

Mirada de gato

Hay héroes por todos conocidos y los hay que ni pretendían serlo. Que surgen de las noches con luna, de un gato que se enrosca entre las piernas marcando el aire con su ondulante y erecta cola, y de unas notas de swing al piano que transportan a esos años en los que cualquiera podía ser un héroe, porque todos veían la cotidianidad como una oportunidad para ser mejores personas.
Silcat fue el nombre que decidió darse. Silcat era la firma que dejaba en esos hogares anónimos a los que llevaba una paz y la alegría de recuperar lo más ansiado. Nunca quiso decir cómo había comenzado todo, quizás fue por aquella vez que, simplemente, dejó fruta en la puerta de la anciana vecina a la que escuchó ansiar unos melocotones que no podía permitirse.
Se supone que la magia no existe, pero desde ese momento, desarrolló un sentido que le hacía olfatear, sentir aquello que los demás habían perdido y eran incapaces de encontrar. Y él se topaba con sus deseos. A veces eran cosas materiales (el libro de la infancia, las gafas regaladas por una persona especial que ya no estaba...), otras eran más confusas y sin embargo no complicadas para él. 
Silcat entraba en las viviendas de quienes habían perdido la esperanza y el hogar volvía a llenarse de la calma que da saber que todo saldrá bien. Recorría habitaciones semidesiertas y a oscuras y con sus ojos de gato percibía una tristeza oculta que sólo necesitaba un soplo de alegría, pesares que él cargaba y desaparecían, amores asustados que él llenaba de la confianza para afianzarse.
Al principio era invisible. Es decir, nadie sabía de su presencia y achacaban a la suerte recuperar lo perdido. Pero a raíz de que esa niña de profundos ojos verdes se quedara contemplándolo en medio de la oscuridad de la noche y le preguntara quién era, tuvo que nombrarse. Así que creó su firma. Esa S gatuna que lo significaba todo para muchos y para él no era más que un rastro innecesario. No le pesaban sus noches de insomnio, sus días le daban suficientes motivos para sentirse feliz.

Dedicado a Pedro, un profesor de claqué que inspira no sólo baile



jueves, junio 26, 2014

GRITOS

Chillar, gritar, pegar, empujar, soltar la rabia, la frustración contra personas que me decepcionan, pero en realidad me decepciono de mí por esperar lo que sé que no debo esperar,  ni de mí misma, ni de ellos. Saber que necesito volver a mi hogar (yo) a lamer las heridas, que salí demasiado pronto al mundo, necesitar irme al acantilado perdido y gritar al viento, meterme en el mar y nadar con rabia, correr como una loca con el viento revolviendo mi pelo y el aliento perdido y olvidarme de quien mira y de que hay pensamientos, cantar a gritos para que la música se lleve mi voz y el cansancio interno.
¿Cómo se puede estar enfadada 37 años y cómo se deja de estar? Romper, destruir, pero también crear, vaciar, vaciar completamente con palabras, imágenes, pinturas, garabatos, comidas, nuevos órdenes, nuevos caos, palabras, músicas, destrozar y reconstruir, quedarme en nada y llenarme de todo lo que no sea esta rabia contra el mundo, contra un sistema al que parezco no pertenecer y sin embargo estoy absolutamente imbuida en él y asimilada por elección propia consciente, aunque quizás hablara un inconsciente cargado de miedo a una incertidumbre que en realidad es lo único que podría darme la vida.
Llorar como escape, reír como solución definitiva, que me duela el costado, levantar peso, hacer reír a los demás, escuchar al que lo necesita, ofrecerme, aceptar los regalos, regalar todo lo que son lastres pasados, regalar lo que es presente inútil, vivir ahora, vivir el minuto, vivir. Ser. SER. EXISTIR. YO.

miércoles, junio 25, 2014

La injusticia y yo

El mundo es injusto. La vida es injusta. Lo sé. Las cosas no tienen que ser como yo pienso que deberían, ni siquiera como sería justo que fueran. La vida, el mundo, es como es, porque lo construimos seres humanos imperfectos, con defectos, ambiciones, egos, dudas... Todo eso lo entiendo. Y lo normal y sano sería que pasara por la vida entendiéndolo y dejándolo estar. Debería actuar en mi parcela vital ofreciendo la bondad de la que dispongo, a la espera de ser todo lo justa que pueda llegar a ser, y seguir mi camino.

Sin embargo, mi grado de sensibilidad y empatía rozan al extremo más grande y hay momentos (muchos, aunque espero que cada vez menos), en que esas injusticias me desbordan. Me explotan dentro y salen en forma de lágrimas, o enfado, o rabia... Y, al menos ahora sale, porque peor es cuando se enquista dentro.

Trabajo dentro del sistema. Un sistema que busca el orden. Pero también una organización en la que día a día veo que se busca menos el bien común y más unos objetivos que yo no alcanzo a vislumbrar pero que, desde luego, no me parece que sean el bienestar de la sociedad en general. Ni siquiera el equilibrio de la estructura que lo sostiene. 

Puede que sea que simplemente no lo entiendo, pero, sin ánimo de ofender, debido a mi inteligencia dudo mucho que se trate de eso.

El caso es que, fuera lo que sea, yo no puedo luchar contra el sistema, y menos a base de rabia o lágrimas de impotencia. No puedo dejar que la injusticia me cale de tal manera que me haga daño a mí misma y me bloquee hasta perjudicarme dentro y fuera de mi trabajo.

Porque no es sólo la injusticia global. Acabo empatizando más con la pena y quiero el cambio en el que la siente. Y empiezo a hacerme daño a mí y al de enfrente.

En el trabajo debería ser fácil. Sólo tengo que ser yo. Es decir, no perder la sensibilidad pero no hacerla mi todo. Llegar hasta donde me está permitido y comprender que lo que es, es, y que los cauces de cambio ya los estoy usando, y espero que todos los demás también.

El mundo es injusto, lo acepto, las personas eligen, lo acepto. Ahora tengo que aceptarme a mí, que es en lo que estoy. Mientras yo no me quiera, de nada sirve mirar hacia fuera.
Está claro que necesito un tiempo más dentro. De nuevo, hasta luego. 

martes, junio 17, 2014

I'm a mess

Soy un desastre. Eso es lo primero que se me viene a la cabeza cuando alguien me dice que una foto mía, que a mí no me gusta, 'es muy tú'. No pienso: soy graciosa, soy creativa, soy original o soy una cagaprisas que no se tomó el tiempo suficiente para mejorarla. No. Pienso que soy un desastre.
Y no sólo con eso. Lo cierto es que, después de dos meses de iniciar el camino para quererme, y bien sabe Dios que algo he avanzado, aún no me he desprendido de la sensación de que soy un puto desastre. De que mi vida me arrastra en lugar de vivirla, de que las de los demás son más: buenas, plenas, divertidas, completas, con sentido... Aunque sepa por experiencia que no lo son.
Me quedo con los fragmentos, con fotos fijas de las vidas de los demás, con esos momentos que envidio, pero olvido, consciente o inconscientemente, tanto todo lo de valioso que tengo yo y mi vida como de duro y complicado tienen las suyas.
Esto, aparte de agotador, es inútil.
Aún llegando a ser un desastre: ¿qué habría de malo? Sería yo: encantadora, bondadosa, divertida, a veces alocada, inconsciente muchas veces, con ganas de aprender, curiosa, sexy en ocasiones, inteligente, con carácter, celosa de sus amigos, posesiva de sus pertenencias pero totalmente desprendida si alguien lo necesita, desarraigada en busca de raíces, soñadora, amante de la luna, el mar y los atardeceres, ordenada desordenada... Sería yo y eso tendría que serme suficiente porque soy única y soy lo que tengo.
Por eso ayer me escribí en la piel que soy un desastre, para recordarme que, siéndolo, soy maravillosa. Contradictorio, ¿no? No tanto. Soy un desastre que está recogiendo pedazos y fragmentos y montando las fotografías (literal y figuradamente) para construir mi imagen a través de mis ojos. Verme yo por mí misma.
Porque por mucho que haya rechazado a los demás (no os necesito, no os quiero, no me afectáis), lo cierto es que quiero quererme y que me quieran. Pero de manera natural, sana y sin exigencias. Sin temores. Porque puede que acabe, pero no será un abandono. Y si alguien me abandona, yo ya no lo haré. Me quedo aquí. Mi raíz, ahora lo estoy descubriendo, está en mí, soy yo. Es mi corazón, porque por muy inteligente que soy, es mi alma la que me lleva. Si no siento, no existo. Pero ya no dejaré que mis sentimientos duelan, los cogeré en brazos y caminaré con ellos.
Y seguro que el profesor que me hizo pensar todo esto no sabía que no era fotografía lo que me estaba enseñando.

lunes, junio 16, 2014

¿Crezco?

Es curioso. De primera ha dolido. Es la verdad. He sentido un dolor de ausencia. De, otra vez, no estar. Quizás algo de rabia también. Porque justo ese día... 
Pero cuando he respirado, cuando me he parado a mirarme dentro me he dicho, ese día, como los demás desde hace dos meses, yo tomé una decisión por mí y para mí. No pretendía una respuesta, no era una compra, no era una llamada de atención. Provenía de un sentimiento de amor que acabará desapareciendo (el amor si no es de ida y vuelta se diluye, como casi todo) pero que aún hoy sostengo.
Precisamente por eso, porque por una vez surgió de un amor que no buscaba aprobación, ni respuesta directa (entregar amor para exigirlo a cambio es el mayor error que he cometido a lo largo de toda mi vida y por el que siempre me he chocado contra el mismo muro), ha dolido tres minutos, y después el nudo se ha deshecho y he pensado: es igual. La realidad es que no quiero estar en esa vida. No es la mía ni es la que me haría feliz. No me gustan las víctimas. Sin ser consciente, yo misma lo he sido durante años y ahora, con mucho esfuerzo, estoy dejando de jugar a ese papel. Así que no voy a caer en el juego de otro. No dos veces.
Ni siquiera es una crítica hacia ti. Cada uno elige sus caminos y yo no soy nadie para juzgarlos, sobre todo cuando yo he tomado tan retorcidas sendas durante 37 años. No puedo criticar a quien es yo y a quien quiero de forma sincera. Ni mucho menos pretender que cambie, porque te quiero como eres y te acompañaría en el camino para mejorar, en el que estoy también yo porque desgraciadamente nuestros problemas coinciden demasiado, pero no te puedo acompañar en el camino de la autodestrucción.
Simplemente constato. Me doy cuenta de que empiezo a sentir que soy yo la que está aquí. Que empiezo a saber lo que quiero y, ante todo, me quiero a mí, feliz y cariñosa conmigo misma. Y si alguien entra en mi vida, quiero que sea igual conmigo: cariñoso y feliz a mi lado. Y que me deje serlo al suyo. Que me busque, como busco yo. Los dramas vendrán solos, no porque los creemos nosotros. Para eso, el teatro.
¿Quizás estoy consiguiendo crecer?

martes, junio 10, 2014

Caricias

La mano se deslizaba suave, acariciando la silueta de cada letra. Como tatuajes, se había pintado el cuerpo para no olvidar y ahora él susurraba cada palabra, no como recuerdo, sino para conocerla. Los dedos, dulces y ágiles, dibujaban de nuevo lo ya escrito, provocando algún estremecimiento en el cuerpo en duermevela que se dejaba acariciar. 
Ya no esperaba. Había dejado de esperar cuando sintió la yema del índice posarse sobre la P. Perdono, se perdonaba a ella, sobre todo, porque antes no lo había hecho. Escondida casi en el interior del muslo, no preguntó más tarde por qué eligió empezar por esa palabra. Ya no quería preguntar más. No estaba segura si necesitaba saber, porque ahora se sabía a sí misma, y sentía, se dejaba sentir y sentía. Los dedos continuaban su camino de palabra en palabra. Quiero, aprendo, deseo, recibo, amo, puedo... Un cuerpo y cientos de posibilidades para que ella se conociera. Y lo había hecho. Paso a paso. Día tras día. Seguía haciéndolo. 
En realidad, las palabras se habían borrado hacía tiempo, pero seguían allí y él sabía cómo encontrarlas. 

miércoles, junio 04, 2014

Camino

Lo más extraño es descubrir que lo que me pasé diciéndole a otra persona meses es lo que debería haberme aplicado. Quererme, escucharme, pararme, primarme. De repente, comprender que le miraba y me veía a mí, en realidad, en tantas cosas... ¿Somos uno desdoblado? Es extraño. A veces nos daba miedo. Ser tan parecidos. O me lo daba a mí. Lo malo es que verdaderamente lo éramos, no lo sabía yo, en tantas cosas malas. Porque son insanas. 'No sé mantener relaciones sanas'. Esa debió ser mi frase. Esa era mi forma. Está dejando de serlo, pero aún me siento tambaleante en ese campo. Casi me da miedo hablar o callar, porque no sé si estoy equivocando de nuevo el camino. Quiero decir, con tantos años sin darme cuenta de que no me relacionaba bien, a lo mejor acabo haciendo lo mismo de manera contraria, ¿o ya son paranoias?
El caso es que pensaba que había llegado a mi vida por un motivo totalmente equivocado. Aún queda vida y camino por andar, pero empiezo a vislumbrar otras razones. Tenía que aprender. Yo debía atreverme a mirar dentro. Lo estoy haciendo. Ni siquiera lo voy a llamar bajada a los infiernos porque para mí está siendo duro, pero la paz, por primera vez, el conocimiento desde dentro. Paso a paso. Ya no tengo prisa.

miércoles, mayo 28, 2014

Asustada

Estoy asustada. Me gustaría decir que no. Me encantaría no estarlo. Pero estoy asustada. Me da miedo que las decisiones que estoy tomando me aten a un sitio en el que no querría estar siempre, me asusta equivocarme en desprenderme de ciertos lastres que, puede que no lo sean al final. Me da pavor que vuelva al camino que llevaba antes y que me conducía irremediablemente a la infelicidad, que era la infelicidad, que era cruel para mí y la que me hacía daño era yo.
Así que me da miedo avanzar y me da miedo que el avance sea en realidad quedarme quieta. Y me da miedo que avanzando vuelva atrás, al dolor, a la tristeza, a hacerme daño y a hacérselo a los que quiero. Porque la niña enfadada que aún está en mí, aunque cada vez crece más y cada vez está más calmada, se rebelaba contra el abandono dañando y atacando a muerte. Y no quiero volver a eso.
Sin embargo, con miedo, me siento ligera y sonrío. Sonrío porque nunca había mirado tan adentro. Antes no  me había atrevido a querer cambiar tantas cosas que me hacían chocarme contra los mismos muros una y otra vez, por las que elegía personas equivocadas o a las correctas, pero en unas relaciones que yo convertía en insanas y las mataba lentamente o de forma brusca. 
Así que, asustada o no, seguiré adelante. Pisando las piedras y sin miedo a las heridas porque, realmente, la sangre la derramé hace mucho tiempo.

viernes, mayo 23, 2014

Luz

Su entrada en cualquier habitación la iluminaba. Era de esas personas cuya energía conseguía hacer resplandecer todo resquicio de amor circundante. Pura alegría en un cuerpo menudo que ocultaba una grandeza de la que ella misma no se sabía poseedora. Caminó resuelta, por una vez, hacia el fondo de la habitación. Estaba ocupada en sus cosas, y era su inconsciencia acerca de su belleza la que le daba aún más fuerza. Los demás, hasta entonces inmersos en sus propios quehaceres y preocupaciones la sintieron, más que la vieron. Esa oleada de tranquila felicidad fue calándoles de una forma nada sutil y las sonrisas empezaron a poblar la habitación.
Ella seguía sin darse cuenta. Su cabeza estaba en otra cosas. Quizás, incluso tenía la frente arrugada por la preocupación que la hizo levantarse de la cama más temprano de lo habitual. Le rozó el brazo. Ella se giró y la sonrisa le volvió al rostro, haciendo brillar más aún esa luz interior que irradiaba. Se fundieron en un abrazo que duró unos minutos y en el que no hacían falta palabras. Allí estaban. Y eso era lo importante.

A R., porque sé que algún día se dará cuenta de que ella es la luz y porque a partir de ahora va a recibir todo el amor que siempre ha merecido.

martes, mayo 20, 2014

Descenso a los infiernos

Paso a paso y lento bajaba a los infiernos. No iba asustado. El fuego purifica y si es personal, posiblemente más. Era un descenso voluntario, obligado por unas circunstancias externas que no dejaban más opciones a quienes tenían un mínimo de dignidad humana y algo de razón y cariño a la vida. Ya había dejado atrás la mitad de un equipaje que le había estado pesando demasiado desde el momento en que salió del útero materno y sus ojos se posaron sobre una realidad que no parecía hecha para él. No estaba hecha para nadie que mirara. Sólo los ciegos aguantaban esa parcela de sociedad útil que no era más que un espejismo de lo que era verdaderamente ser humano.
Tarareaba. Cualquiera se lo habría imaginado con la vista fija en el suelo, los hombros caídos, el paso arrastrado y los brazos bamboleantes a ambos lados de su robusto cuerpo. Sin embargo, él caminaba erguido, tarareando, la mirada fija en el horizonte en el que, cada vez más cerca, se percibían las llamas, los hombros hacia atrás y la marcha marcada por igual por brazos y piernas rítmicamente. Hay que vivir sin miedo, incluso cuando suponga bajar al abismo que cada uno lleva dentro. 
Esta vez parecía definitiva. Los dedos acusadores, las miradas que gritaban 'loco', las murmuraciones más que a sus espaldas a su cara, mostraban que sus pasos no iban mal encaminados. Pero, sobre todo, era la ligereza cada vez mayor que sentía lo que le hacía reafirmarse en su propósito. Lo iba a conseguir. Así que la melodía iba empapándole y llenando el aire. Sugería espacios, paisajes, palabras y momentos que llenarían una vida, la suya, únicamente con lo que él eligiera. Para bien y para mal.

Dedicado a V. por inspirarlo, por escuchar mi ascenso de mi infierno personal y por compartir.

miércoles, mayo 14, 2014

Cuento de noche

Nada le podría haber augurado un presente como aquel. En la inmensidad de la noche, contemplaba el cielo iluminado por la luna y el pecho se le henchía de felicidad. Toda la vida se había sentido pequeñita. Siempre, menos ahora, bajo la inmensidad del universo. Otra de las contradicciones de su vida, sentirse grande, fuerte, ella, en un lugar, al que algunos llamarían la nada, donde casi cualquiera podría verse diminuto cual hormiga que sale por primera vez de la protección de su hormiguero.
No importaba ya si era el norte, el sur, cerca de la civilización o alejada de la sociedad. Sus ojos habían aprendido a desechar cualquier contaminación y desarrollaba su trabajo de forma diligente. Había quién no le encontraba utilidad. Afortunadamente, el que le había contratado aún creía en la belleza poética, aparte de los usos prácticos y científicos que suponían una rentabilidad más allá de la económica.
Porque ella era contadora de estrellas.
Pasaba las noches en blanco catalogando el cielo y asegurándose de que las pequeñas luces que se apagaban, inmensas en la realidad de la distancia, no indicaban más que la continuidad de la vida. A veces leía los informes que se apoyaban en sus cálculos, sobre todo al principio, pero ahora, simplemente dejaba que su sonrisa y su respiración acompañaran al recuento mental que hacía cada noche. 
Era una vida solitaria. No por ello se encontraba sola. De hecho, no lo estaba. Habría quien se mofaba de ella porque cuando hablaba así pensaban que se sentía acompañada por los rutilantes astros celestes, pero no, estaba arropada por amigos de carne y hueso, habitantes de la noche como ella que se desperdigaban por el mundo, igual que se había convertido en una nómada por obligación.
Al principio le pesaban los continuos viajes. No comprendía que contar estrellas tuviera que hacerse desde lugares distintos y le pesaban las maletas y cargaba con mucho equipaje. Pero descubrió que no necesitaba tanto. Descubrió que se necesitaba a sí misma y las charlas, y las estrellas, y el contacto con otra piel, y comer, claro, pero la comida no tenía que cargarla... Descubrió que era verdad que las cosas importantes no pesan. 
Aprendió a mirar a los ojos para descubrir en ellos las estrellas. Y su sonrisa se hizo más amplia al comprobar que cada uno llevaba dentro una que iluminaba hacia fuera. 
Así que, cada noche, cuando se tumbaba frente al cielo dispuesta a contar, daba vida a cada una de ellas.

martes, mayo 06, 2014

Mar

El rastro firme de los sueños no se diluía al abrir los ojos con somnolencia. La luna seguía brillando para iluminar el rostro sorprendido en una sonrisa. El azul del mar, casi negro, lamía la orilla de sus pies para convertirlos en recuerdos. Los caminos hacia la playa quedaron desiertos. Sólo tú rompías el silencio. Tu presencia marcaba el cielo. 

viernes, abril 11, 2014

A veces, sólo yo

A veces. Sólo yo…
Respiro y siento el aire
que llena mi espíritu de fuego
A veces. Sólo yo…
Huyo hacia esos rincones
donde mi vida desaparece en sueños
A veces. Sólo yo…
No sé dónde esconder la ira,
a dónde mandar el miedo
A veces. Sólo yo…
Grito en un aullido sordo
que inunda lo que deseo
A veces. Sólo yo…
Porque no queda nada,
Ni mis propios restos.
Sólo un latido incesante
que me agita, me revuelve,
me deja exhausta y sin aliento.

Tristeza

Decir hasta luego puede ser tan doloroso como decir adiós. Porque es un hasta luego sin plazos, sin buenos días ni buenas noches, es un dejar de sentir que estás. Y aún sabiendo que si estás duele, el dolor de la ausencia también es complicado.
Preferiría no sentir tanto, pero no se puede negar el amor. No puedo evitar querer más y tener que aprender a aceptar que no puedes dar tanto. El amor no se exige ni se elige. Se siente o no. Aprenderlo cuesta, cuando soy yo la que está al lado de querer más, de que la amistad no llegue a ser suficiente.
Y pasará, todo pasará. 
Ojalá pueda haber un hola.

jueves, marzo 20, 2014

Sueños

Se giró para descubrir, sorprendido, que no había nadie. Era la almohada la que daba calor a su espalda. Intentó comprender. Abrió algo los ojos y volvió a mirar. Sí, es cierto, no había nadie. Pero, ¿lo había habido? ¿Había sido un sueño? Acostumbrado a esos paseos nocturnos tan reales que confundía recuerdos con meros mundos oníricos no conseguía desperezarse de la somnolencia para centrar su mente y recordar. ¿Había estado ella a su lado esa noche? Quizás se hubiera ido hace mucho tiempo. Quizás ese amargor que le quedaba no ya en la boca, incluso en su estómago tirando hacia abajo del corazón, le indicaba que había sido un sueño. Que las caricias que había prodigado sobre ese cuerpo delgado no eran reales. Que los besos húmedos que lo habían dejado sin aliento sólo habían sido espejismos de la noche. 

No lo sabía. No quería saberlo. Se debatía con las sábanas como su mente se debatía con el despertar. Prefería seguir dormido. Prefería seguir en ese mundo en el que ella seguía allí, en el que la cama parecía un país infranqueable que sólo les pertenecía a ellos, donde las preocupaciones tenían fácil solución porque el remedio era conjunto. 

La realidad- los motores de los coches en la calle, los gritos de los adolescentes que iban al instituto cercano, los vecinos en la ducha- insistían en que saliera de su sopor. Y él se resistía, y apretaba los párpados violentamente, y los puños, y todo su cuerpo se encogía más y más, intentando desaparecer en sí mismo para desaparecer en ella, cada vez más sueño y menos real, cada vez más alejada y dolorosamente solo. ¿Podría abrir los ojos y conseguir que todo fuera real como lo había sido en la oscuridad?

Pasarían horas antes de averiguarlo. Cuando ellos entraron en la casa, gritaron su nombre por todas las habitaciones hasta llegar al dormitorio, al fondo. Lo encontraron hecho un ovillo, agarrado a una almohada que aún conservaba el olor de ella. Con una sonrisa. Y un corazón parado.

domingo, marzo 09, 2014

Silencio

Si tú te quisieras... Si tú te quisieras también yo podría quererte. Dijiste mirándote al espejo fijamente para intentar descubrir el fondo de tu alma. Pensabas que así desaparecerías, tú. Un imposible, sigues ahí. En el espejo y en lo profundo de tus ojos.
Yo me quedé quieto. Y callé.

domingo, marzo 02, 2014

Al menos, esta noche, la lluvia empapó junto a mi cuerpo, mi alma.

sábado, marzo 01, 2014

Aquel segundo en el que lo comprendes y no queda nada. Y ese es el todo con el que tienes que volver a cargar y seguir adelante.

viernes, febrero 28, 2014

Otra vez

Sólo puedo decir que espero, algún día, aprender de verdad. Quererme. Y no repetir una y otra vez los mismos errores. Empieza a ser doloroso y cansino.

miércoles, febrero 26, 2014

Sabor salado

Hay ocasiones en que, aún estando feliz, las lágrimas se quedan en el borde de mis ojos. Hago el esfuerzo por contenerlas, y lo logro, mientras su pesar se mantiene en el centro de mi pecho, como una señal de que aún están, de que siguen agazapadas por si la ocasión les permite escapar de mis párpados abiertos y correr libres por mi cara hasta mis labios, donde sentir su sabor salado volverá a hacerme parar y respirar profundamente, una, dos, tres veces.

Puede que sepa por qué están ahí, o que no tenga ni idea, pero ellas son testarudas y se mantienen. Desafiantes las siento mirarme desde lo más profundo de mi ser y decirme ¿ahora qué? Ahora nada. Ahora, como siempre, seguir. O quedarme quieta, con la ilusión de que las comprenderé y, entonces, se transformarán en cristalinas gotas que escurren entre mis risas.

Las lágrimas me hacen ponerme mimosa. Echaros de menos. Tener ganas de abrazos, de esconderme en vuestros brazos, en vuestros cuerpos, y dejar que vuestro olor me recuerde que el mío es otro y que sola también sé caminar y sonreír al sol o las nubes.

El viento las secará. Pero, sobre todo, las dejaré ir yo. 

martes, febrero 25, 2014

Now

No podía. No quería dejarlo atrás. En realidad, ya lo había hecho, pero pensaba que cargar con esa cruz era su sacrificio para lograr la felicidad ajena. Se equivocaba. Era su felicidad la que podría generar alegría alrededor. Las cruces se plantan y se quedan allí, igual que el presente se convierte en pasado en el momento que ha sido vivido. No hay más. Ni siquiera el futuro. Las posibilidades son tan infinitas (siempre hay otra opción) que considerar si quiera que será puede ser un absurdo.
Mejor estar. Ahora.

jueves, febrero 20, 2014

Primavera

Me gusta salir a la calle y encontrarme el anuncio de la primavera: esa brisa que más que fría es fresca, esa flor que empieza a mostrar sus colores, tímida, el sol. La luz que se mantiene más allá de las primeras horas de la tarde para alargarse y animarme a seguir el camino. Hasta el corazón se aligera, deseoso de un verano cada vez más cercano y que augura sonrisas, pies mojados por el mar, compañías felices y ganas de vivir.
La primavera me hace florecer como a las plantas. Me saca de mi letargo y me renueva la energía para mantener la sonrisa y tender la mano. 
Y el olor a azahar, que pronto inundará las calles y me hará recordar otros momentos felices, no con melancolía, si no con la suave ligereza de sentirme bien. 
Sonreir, de nuevo, a la vida. 

jueves, febrero 13, 2014

Lo bello

La belleza está en la luz. Y las sombras que se proyectan. La belleza está en una mirada, porque cualquier objeto puede ser bello, cualquier alma conlleva hermosura. Un roce puede ser hermoso. Hasta un grito. Un recuerdo teñido de tristeza. La sonrisa que despierta ese retal que encuentras perdido en un cajón en el que nadie piensa.
Las personas son terriblemente bellas. Todas. Pero no podemos serlo para todos, nos hastiaríamos y dejaríamos de apreciar lo magníficamente singular de cada pequeño o gran encanto. Un detalle o un paisaje completo. La mirada microscópica o el telescopio que enseña una estrella. Formas de mirar, maneras de encontrar. Lo bello.


Hay quien es de amaneceres y quien es de atardeceres. Los hay de lluvia, sol, mar o sierra. De piedras o de arena. También están los que están tan impregnados de ella que en todo descubren la belleza. Y la plasman y nos llegan, a veces como una ola, otras como un golpe seco. Para que paremos y lo reflexionemos.
Luces y sombras. La luz. La belleza.

martes, febrero 11, 2014

Creer

Descubrir poco a poco nuevas formas y caminos. Dejar la mente abierta para encontrar que me hallo en senderos antes desconocidos. Sonreír ante esa belleza que era ajena hasta hace poco. Contemplar nuevas formas de expresión de lo bello, de lo poético, del sentimiento puro. Una imagen, pocas palabras, unos versos. 
Llenarme de alegría, aunque destile tristeza. Compartir una soledad que es nostalgia. Aprender. Aprender sin darme cuenta. Recordar, que supe, que sabía, que sé. Redescubrirme en esa joven que fui, la niña que sigue latiendo por la ilusión, pero con el conocimiento que dan los años.
Ser feliz. 
Ser feliz. 
Ser feliz, aún en la tristeza.
Ser feliz, en la melancolía.
Ser feliz, aunque sepa que duela.

domingo, febrero 09, 2014

Palabras que nacen

Abismo estela luna camino subida lágrima destino sueño despertar ansia deseo voluble pasión amor dolor sangre herida respuesta incógnita duda aventura sentido lucha derrota voladura respiro oculto claro directo sencillo complicado duro suave pequeño abrazo mano roce caricia beso roto espejo luna brillo estrella sol alegría luz nacido barco mar

martes, febrero 04, 2014

Camino

Los caminos se bifurcan, se enredan, se dividen. En algunas ocasiones se encuentran, siguen juntos, se separan. Hay caminos muy anchos, por los que gusta caminar, y otros estrechos, que asustan para luego resultar ser lugares acogedores por donde pasar se convierte en una aventura risueña. Hay piedras en las sendas, o puentes caídos, castillos que acechan en sus lindes, lagos tranquilos.
Hubo quien dijo que se hace camino al andar, pero la mayoría miramos primero para saber si hay baldosas amarillas que nos marquen la marcha. En ocasiones, simplemente para saltarlas y pasar a su lado hacia otros espacios que nada tienen que ver con el que parecía nuestro sueño. Porque seguimos soñando mientras caminamos y cambiamos de idea, y volamos, saltamos, nos tropezamos.
Existen rutas hacia el horizonte, otras se desvían para tropezar con lo que nunca pensarías. Hay senderos secretos que descubres por suerte y te adentras, para saber si allí a lo lejos, hay duendes. A veces crees haberte caído sobre brujas y sólo ha sido una gran pendiente, o te deslizas feliz y olvidas que adelante no hay nada perenne.  
Lo elijas o te escoja, caminas por rutas. Avanza sin miedo para no perder el sendero. Adelante. Siempre.

martes, enero 21, 2014

La vida

¿Por qué parece tan fácil? Miras al otro y lo ves claro. Clarísimo. Las decisiones que debería tomar, los caminos que sería preferible escoger, las paradas que hay que hacer. Todo fácil. Todo sencillo. Todo claro como el agua cristalina para que se mantengan a nuestro lado y estén bien.
Y te miras en tu propio espejo y crees que tu vida es un desastre. Y que todo lo que te dicen de senderos, opciones, descansos... son las patrañas de quienes no están en tu piel.
Así que te das cuenta de que ellos te dicen lo mismo que tú repetías hace un segundo a tu amigo. Te das cuenta de que no aprendemos en vida ajena... Pero da igual, quieres hacerlo. Ayudar. Estar. Apoyar. Abrazar. Dar cariño. Dar paz. 
Sabes que no puedes. Y te callas. Pero razonas, o no, al creer que las injusticias del mundo son demasiadas. 
La vida es fácil. Lo sabes. Pero no logras hacerlo. Sencillo. Ni la tuya, ni la de nadie, porque, en realidad, sólo nosotros podemos dejarnos de complicaciones y ser felices. La felicidad, como la belleza, viene de dentro. Se contagia, pero sólo si está dentro, aunque sea sepultada por años de decadencia y lucha. Hay que tener ganas. De vivir, principalmente. VIVIR,  no sobrevivir. 
Sé que merece la pena intentarlo. Lo hago cada día. Lo aprendo. 
Me toca aprender dejar que los demás lo hagan. Ser felices. Desde lo más profundo de su alma. 

viernes, enero 17, 2014

Quietud

Pararse. Pensar. Pararse. No querer mirar al pasado. Pararse. Imaginar un futuro. Pararse. Soñar con el presente ideal. Te quedas quieta y descubres que ni en sueños te crees el presente perfecto, siempre le encuentras los fallos: las esquinas dobladas, el borde algo roto, el suelo gastado, la tela ajada. Te paras y piensas. Que sería mejor no pensar. Ya puestos, ni sentir. Que dejarse llevar es lo que haces siempre y acabas en el mal camino. O la mala corriente que da al mar agitado de las tormentas. Soñar... Es bonito hasta despierta. Lo malo es que siempre termina... ¿Mal? Puede. Seguro. No lo sé. Frenar. En seco. Con los frenos chirriando y las ruedas echando humo. Para evitar estrellarse. Pero ya te habías chocado hace tiempo. Sólo que no te habías dado cuenta. Ahora sólo constatas las heridas que sangrarán en un futuro no muy lejano.

jueves, enero 09, 2014

El tiempo

Miro fotos mías de hace un año y las de ahora y parece que se me vinieron de golpe los siete años que paso de los 30. No sé si es cansancio o que la edad realmente se te echa encima de forma repentina. La cuestión sigue siendo la de siempre. Mirarme y no reconocerme. Es decir, mirarme y no ver en el espejo la persona que soy dentro de mí. Las ideas, ideales, proyectos, sueños... parecen mucho más jóvenes y prestos de lo que me veo a mí misma. Y me pregunto que si este salto de edad interna y externa será para siempre, porque si es así no sé si Peter Pan debería empezar a pensar en coserse otra sombra, que dé más lustre y vivacidad.
Quizás sólo han sido los últimos meses que me han machacado físicamente, pero, sobre todo, internamente. Puede que sólo se trata de necesitar unas vacaciones, incluso de mi cabeza. Una vez más vuelve a mi mente la anécdota repetida por mi madre: con tres años le pregunté cómo se podía apagar el pensamiento... La verdad es que empiezo a necesitar un botón de Off. 
A ver si consigo retomar mis rutinas y me olvido de mí. Y de mis comeduras de tarro tontas. Porque hay que ser idiota para equivocarse a sabiendas y seguir en ello... Al final, tan ofendida siempre porque alguien insulte mi inteligencia, y la primera que la echa por tierra soy yo misma.

martes, enero 07, 2014

Familia

Nunca me sentí en familia en la mía. Antes ni siquiera me sentía parte. Con los años, hubo momentos en que tuve la esperanza de que lo seríamos, una familia. Pero luego la ilusión se deshace. Están ahí, mis hermanos (algunos más, otros menos), mis padres (en acuerdo o en desacuerdo). Y yo estoy, cuando me necesitan. Pero no los siento familia.
Tuve la mía propia. Una vez. Éramos dos, pero éramos familia. Y la de él se convirtió en la mía. Bueno, eso me ha pasado siempre. Las familias de ellos me adoptan como una más. La gente pensaba que yo era hija de mi primera suegra porque hasta nos parecíamos físicamente o eso decían (Freud seguro que habría tenido mucho que decir al respecto).
Cuando no tengo pareja, muchas veces me siento huérfana. Parece que, aunque siempre lo niego, sí soy familiar, y que cuando no tengo esa minifamilia que yo misma creo, estoy algo perdida. Aunque me repongo rápido. Porque cuando me pasan esas cosas que la mayoría corre a contar a su madre, o a su padre, o al hermano mayor, yo tengo a quien llamar. A varios a quien llamar. Y sé que responderán. Y estarán. 
No sé por qué hay personas que me hacen sentir en casa y personas que no. Ni por qué con algunas me pasa al instante y otras tardan un tiempo en convertirse en hermanos. Pero me ocurre. Sucede que me siento niña protegida y me relajo al lado de unos; que con otros me parece ser la hermana mayor y me gusta serlo; que me dejo cuidar y cuido, sin juzgar, sin pedir nada a cambio, incondicionalmente. Como con la familia de sangre.
Una vez una psicóloga me dijo que no tengo que querer a mis hermanos sólo porque lo son. Me dejó anonadada. Pero es cierto que podemos tener hermanos que tengan aquellas cosas que nos sacan de quicio y nos repelen. Podemos estar porque son de nuestra sangre, pero no tenemos que quererlos ni llevarnos bien.
Por eso mis amigos son mi familia. A ellos los quiero. Son afines, aunque tengan cosas muy distintas a mí, son mi refugio, mi hombro en el que llorar, con quienes compartir la risa. Nos elegimos.
Y, aunque sé que mi familia de sangre está y yo estoy para ellos, me he dado cuenta de que necesito crear la mía propia. Y ni siquiera quiero hijos. Supongo que, simplemente, añoro un hogar que sea el mío.

jueves, enero 02, 2014

Gracias

Ayer quemé 2013. Literalmente. Cogí el calendario y hoja a hoja fui quemándolo. Quería que desapareciera en cenizas todo un año que me ha resultado horrible por diversos motivos. Pero, esta tarde, una amiga a la que quiero con locura y que me enseña muchas veces, Yolanda, me ha recordado que no sólo hay que acabar con lo malo. Hay que agradecer lo bueno. Y pedirlo. Así que, aquí va mi lista de agradecimientos. 

Gracias porque soy consciente. Y la consciencia es el primer paso para cambiar lo que me lastra y me atranca en malos pensamientos y momentos.
Gracias porque empecé 2013 riéndome y en buena compañía y ese no fue el único momento en que fui feliz.
Gracias porque tengo un sitio en el que podría vivir todo el tiempo que quiera y la posibilidad de irme cuando me dé la gana.
Gracias, porque tengo un trabajo que me permite conocer diferentes puntos de vista, aprender de quienes plantan cara a la adversidad y mantener la esperanza en la bondad del ser humano.
Gracias, porque logré que mi cuerpo aguantara mi ritmo y me hiciera sentir fuerte por una vez en mi vida.
Gracias porque Yolanda, Amaranta, Antonio, Tamara, Asun, Javi, Xenia, Olga, Jesús y Cristina siguieron a mi lado. Me dieron apoyo, cariño, amor y risas. Y abrazos, algo que necesito mucho.
Gracias porque Davy, Fran y Tony se convirtieron en mis niños, mi pilar, mis pepitos grillos, consejeros y almas gemelas.
Gracias porque mis hermanas, Judit y Mica, me mostraron que ya me ven como soy, que no me juzgan y que saben escucharme y callar, porque yo necesito los silencios.
Gracias porque llegó Charo. Y me riñó. Y también me abrazó, lloró conmigo, me dejó escucharla y guiarla y me sirvió de guía. Me enseñó mi miedo y me animó a superarlo.
Gracias porque Rafa apareció. Y me tendió la mano. Y me dejó entrar en su vida y quiso ayudarme y me permite ser yo, a pesar de ir tan en contra de su propia naturaleza muchas veces.
Gracias porque tengo unos padres que me quieren, aunque no me comprendan ni compartan mi forma de vida.
Gracias porque sigo viva. 

Ahora me queda lo que pido. Es tan complicado como sencillo: Quiero que todo el amor que ahora tengo siga en mi vida, que aprenda a aceptarlo y que sepa devolverlo.
Pido aprender a no asustarme y a saber quererme, pero sobre todo, perdonarme.
Pido conocer mis errores para no repetirlos.
Pido dejarme ser feliz y saber estar triste, porque ambas cosas son parte de la vida.

No sé cómo será 2014. Sólo sé que no estaré sola. No más de lo que yo quiera. Y que si tengo que superar nuevas pruebas, lo haré. Ya no me da miedo. 

miércoles, enero 01, 2014

Año Nuevo

Al principio pensé que necesitaba que terminara el año para que acabara lo malo. Esa idea esperanzadora que todos tenemos de que 'Año Nuevo, vida nueva'. Pero lo cierto es que es más una esperanza que otra cosa.
No necesito que acabe el año. Necesito que acabe mi forma de ver las cosas. Hay sucesos inevitables, o que fueron evitables en su momento y una vez hecho el desaguisado no se pueden cambiar. Esa es la realidad. Y también es la realidad que el mundo no es justo, que pasan cosas malas, que la salud (la mía en este caso) no es de hierro. Todo eso es cierto. Como también lo es que tengo que quererme. Perdonarme.
Una de las cosas que me resulta más difícil es centrarme únicamente en mí. No es pose. Incluso puede ser una huída adelante. Fijarse en los demás, ayudar a los demás, para no pararme a pensar que todas esas cosas que llevo dentro y me lastran; para no tener que tomar las decisiones y dejarme llevar por las mareas de otros.
Sin ser propósito de Año Nuevo, porque como he dicho antes no creo que un 1 de enero vaya a cambiar algo, he tomado una determinación. Porque se me olvidan algunas cosas demasiadas veces. Y porque por mucho que me quieran los demás, la que me tengo que querer soy yo. Y perdonarme. Y quererme.
Hoy me han vuelto a dar una noticia que se desvelará si mala o mantenida la semana que viene. Hace tres semanas vería esto como 'no entrar limpia' en 2014. Hoy lo veo como la vida. Simple y llanamente. La vida. 
Y prefiero mil veces vivir que dejarme arrastrar a la muerte, incluso a la que sería en vida si no levantara cabeza y permitiera que las cosas que no van a acabar conmigo me dejaran triste y melancólica. La melancolía que sea de cosas buenas y la tristeza que dure lo que tiene que durar para que sea consciente de la alegría.

lunes, diciembre 30, 2013

Balance

Al final no me resistí. Aunque mi balance de 2013 será breve.
Vete. Vete y no vuelvas, pero déjame aquí a dos personas muy especiales que han llegado, curiosamente cuando empezaste a ir muy mal. Y deja a las que ya estaban y han seguido a mi lado.
Llévate todo lo demás.

viernes, diciembre 27, 2013

Vida

La vida es aquello que ocurre y que casi nunca es como espero. Los segundos que se escurren entre las manos y son, repentinamente, años que han pasado y no me he dado cuenta. 
Sin embargo, lo peor no es esa mirada al presente que se ha convertido en pasado antes de que haya podido reaccionar. No. lo peor es cuando estoy parada frente a mi vida, la miro y me doy cuenta de que no sé qué decisión tomar. Lo que más temo es la indecisión. 
La duda puede empezar por algo sencillo: no sé si salir o quedarme en casa. Y elegir algo tan simple empieza a convertirse en un lastre que se une a otras muchas indecisiones (callar o hablar; ir o quedarme; cambiar o seguir...) hasta que empiezo a sentir, de nuevo, el nudo en la boca del estómago y el pánico empieza a apoderarse de mí.
Sé que ese miedo es más porque vuelvo a estar indecisa que por la misma necesidad de decidir, pero ahí está y parece que le coge el gustillo a mi cuerpo. Porque deja de ser una cuestión de cabeza para ser una cuestión de entrañas. Que se revuelven y se rebelan contra mi propio ser (si entendemos el ser como aquellas palabras con las que nos pensamos y configuramos en nuestra mente). Pero soy consciente de que esa no soy yo, y pataleo en mi interior cual araña flotando a la deriva en un charco que no son más que cuatro gotas escurridas de nuestra barbilla. Me debato peleona hasta que logro parar. El truco es parar. Dejar de decidir. Porque mi decisión pretende ser un análisis de cada pequeño detalle e ínfima posibilidad presente y futura como algo fundamental que podría cambiar mi vida hasta el punto de llevarla a lo más bajo.
No controlar. No querer controlar hasta el mínimo pormenor de lo que ocurre a mi alrededor. 
Volver a arriesgar. 

martes, diciembre 24, 2013

Invierno

Cada copo es distinto. Los rozaba. Cada persona es única. Miraba alrededor, extrañada. 
Había tantas posibilidades. El viento arreciaba.
Existían tan pocas respuestas. La escarcha helada.
Montañas de nieve y tormenta de palabras que se amontonaban sin parar.
Aceras desaparecidas por un blanco manto, mientras el negro llena la página.
Frío, ¿en el alma? Fuerza que se desata y clama.

martes, diciembre 17, 2013

Madrugada

Salir a la calle cuando aún es de noche. Cuando la luz no es luz todavía y las calles parecen mojadas con las legañas de noches apenas descansadas entre sábanas que nos rechazan por solas. Miras al cielo en busca de ese sol que indica que el día es nuevo, y trae esperanza, pero las nubes que percibes ni siquiera dejan ver las estrellas. Das pasos indecisos, que no inseguros, porque la niebla que te rodea no es externa. Y el corazón se empapa de esa lúgubre opacidad por la que no se filtra ninguna claridad. Parece que no habrá día. Te encierras entre cuatro paredes y no es hasta muy tarde que descubres que sí que hubo sol. Pero no lo suficiente como para acabar con las sombras que han salido de los rincones de tu alma expandiéndose y conquistando el terreno que intentaste abonar infructuosamente de certidumbre. Da igual si brilló deshelando las estalactitas que las lágrimas habían formado en las caras de los inocentes. Tú te has quedado en esa madrugada que te abrazó al poner el primer pie fuera de casa.

lunes, diciembre 16, 2013

Me gustaría decir que no habrá más. Pero suelo equivocarme de forma irremediable.
Me gustaría pensar que no me equivoco. Pero lo hago.
Parece ser que nunca salgo del mismo camino, que acabaré horadando. ¿Llegaré al otro lado?

viernes, diciembre 13, 2013

Vendrás

¿Vas a venir o no?
No sé si me apetece.
Pero, ¿vas a venir o no? 
Ya te lo he dicho. Estás empezando a alterarme los nervios. Estoy cansado.
No quieres venir... ¿No quieres venir? (entre susurros) No entiendo por qué.
No te he dicho que no quiera ir. He dicho que no sé si me apetece.
¿No te apetece? Pero, ¿entonces no vienes?
No sé, me cansa.
¿Te canso?
Me cansa. Me cansa la vida, me cansa ir, me cansa hablar sobre si voy a ir.
¿Te canso?
No
¿De verdad?
Sí
Entonces, ¿vas a venir o no?

martes, diciembre 10, 2013

#FreeJavier_Ricardo #FreeMarc

Conocí a Javier Espinosa en Melilla. Ya casi ni recuerdo si vino por las crisis política de Melilla o por los problemas con las oleadas de inmigrantes. Sí me acuerdo de que yo era una cría y de que sentí reverencia por él y su forma de trabajar desde el minuto uno. Me lo presentó otro de los periodistas que más me enseñó de la que fue mi profesión, Miguel Gómez Bernardi. Me dijo que acogiera a Javier y compartiese mi despacho con él, que siempre podría aprender algo y que es bueno que los periodistas se apoyen. Yo lo habría hecho igualmente, nunca desarrollé esa faceta competitiva en el periodismo.
Así que Miguel me presentó a Javier y yo le ofrecí nuestros ordenadores, teléfonos, línea de internet y las pocas explicaciones que yo podía darle sobre lo que estaba pasando. Fue fácil. Me pasa a veces que conecto con algunas personas que parecen totalmente ajenas a mí, y con él fue así.  Me escuchaba y preguntaba y, a la vez, me explicaba a mi la situación que yo llevaba contando hacía meses. Me la explicaba enseñándome cómo mirar las cosas de otra manera. 
Me admiraba la facilidad con la que se hacía con la gente. Cómo conseguía que, incluso los más reticentes a hablar, se sintieran cómodos con él y le narraran. Cómo se movía en un sitio desconocido igual que si llevara allí toda la vida. Sus conocimientos y capacidad de interrelacionar sucesos, para mi a veces independientes unos de otros por lejanos, para explicar las causas de lo que sucedía en el ahora.
Recuerdo su risa y su forma de quitarle importancia a las cosas, a sí mismo, para dársela a quienes consideraba que tenían que ser oídos. Recuerdo su paciencia conmigo, con mi insolente, aunque temerosa y reverencial forma de preguntarle por su secuetro en Sierra Leona, porque no me cabía en la cabeza que después de esa experiencia alguien quisiera seguir contando las cosas y arriesgándose para contarlas con todas las perspectivas posibles. Sí, fui tan absolutamente cría de preguntarle.
Compartimos tardes de trabajo en los que yo me peleaba con las palabras y él me ofrecía una charla más útil que algunos de mis años de facultad. Me enseñó a que confiara en mi forma de ver las cosas y de querer contarlas, que yo siempre había deshechado porque soy rara, porque me interesan las cosas de una perspectiva que consideraba excesivamente personal. Él me hizo ver que mi forma de mirar (ajena a la de políticos, desde mi posición de ciudadana de a pie que no comprende) era válida porque era la misma que la de la mayoría de los que me iban a leer. 
En aquellos días, cuando casi le interrogaba sobre su vida profesional, me preguntaba cómo podría llevarlo su pareja. Porque aunque una sea también periodista, hay peligros que asustan a cualquiera. Y hoy, cuando he sabido que lleva tres meses secuestrado, he vuelto a pensar en ella. Y si admiro la valentía de Javier por querer estar y contar, hoy me maravilla la fuerza de Mónica García Prieto, que tambien está y cuenta, pero que, además, hoy comprende y sigue trabajando sin perder sus ganas de contar la verdad, a pesar de saber que él está secuestrado por quienes deberían estarle agradecido. Por contar la realidad.
Desde aquí no pido, EXIJO la liberación de Javier, y de Ricardo y de Marc. Por sus familias. Y porque ellos son los que se atreven y cuentan. Los que hacen visibles a los que nadie quiere ver. Los que nos explican a personas como yo, que nada sabemos, qué ocurre para que nos impliquemos y queramos cambiar este mundo tan estúpido en el que secuestran a personas como ellos. 
Un abrazo Mónica, aunque espero que sea el de Javier el que recibas pronto.

domingo, diciembre 08, 2013

El té

Hay cosas que empezamos a hacer por motivos extraños, y acaban casi definiéndonos. Como el té y yo. El té, las infusiones y yo. Ahora casi retiro a un camarero de la barra para enseñarle a prepararlo. Y nunca me gustó. Sólo me recordaba a cuando estaba enferma.
Pero tuve un novio, muy cafetero él y su familia. Yo no tomo café desde la carrera. Lo cambié por el cacao o el eko o cosas así. Y, al parecer, a él lo del cacao no le parecía guay, o le parecía raro, o algo. Así que, cuando empezamos a visitar a su familia, y sin que yo dijera esta boca es mía, empezó a decir que yo tomaba té. No sé de dónde se lo sacó. Nunca lo había bebido delante suya. Pero soy excesivamente educada (o era idiotamente tímida) y no me atrevía a contradecirle, así que tomaba té. Que no me gustaba. Le echaba un chorrito de leche. Como tampoco me gusta, era apenas una gota para quitarle parte del sabor a la infusión... Y sin saberlo, empecé a beber el té a la manera británica...
Y, tampoco es que me pasara la vida en la casa de sus familiares, pero empezó a convertirse en una costumbre. Y comencé a comprarlo. Luego probé infusiones de frutas, a ésas no necesitaba ponerles leche, y vi que estaban bien.
Y resultó que, en mi propia casa, dejé de tomar cacao. Tomaba té.
Ahora, si le preguntas a mis amigos, te dirán que soy de té. Muy british.
Hoy, si vienes a casa y abres mi armario de la cocina encontrarás unos cuatro tipos distintos, tres rooibos y alguna que otra infusión de frutas.
Nada de cacao, salvo el reservado para la repostería.
Y él ya no está en mi vida. pero el té sigue conmigo.

jueves, diciembre 05, 2013

Oleadas

Arrastraba los pies. Como metáfora del peso de su alma, dirían algunos. Pero no, sólo arrastraba los pies. Estaba cansado de sentirse cansado. Así que arrastraba los pies. Y no pensaba. Ese habría sido el logro del día si no fuera porque haberse dejado las gafas sobre la mesa lo había superado. Dejarse las gafas era importante. Así no pudo ver lo que se le venía encima.
En realidad daba igual verlo o no, se le iba a venir encima de todas formas, no se puede huir de un tsunami. Pero no verlo le daba una cierta ventaja: la de la ignorancia. El saber está sobrevalorado.
Pero ahora él no estaba en eso. Estaba en arrastrar los pies camino de ningún sitio. Es un buen lugar, ese ningún sitio. Pero a veces está petado. Mucha gente se siente en casa allí. O no se siente en casa, pero acaba allí igualmente. Cosas de la vida. 
Así que andaba, arrastrando los pies, hacia ningún sitio y rodeado de gente. Sí, había mucha gente ese día. Él lo habría pensado, pero no pensaba. Entonces le dijeron hola. Vaya, eso le obligó a usar la cabeza. Podría haber contestado mecánicamente, pero entonces no habría pasado todo lo demás, así que su mente se activó. Miró y vio esa nebulosa que da el ir sin gafas. Pero sonrió. Y se puso a hablar.
Esa conversación que fue el inicio del dejar de arrastrar los pies, de no pensar... Afortunadamente las gafas seguían en la mesa... Donde las encontró la catástrofe.

miércoles, diciembre 04, 2013

El precio

Me cuesta desprenderme de ciertos pesares, de ciertos comportamientos y de algunos defectos.
Tardo en dejar de exigirme o de sentirme culpable.
Reacciono a destiempo y con retraso, por lo que a veces gano algún que otro sufrimiento.
Me paralizan las cosas que no me salen tan bien como sé que podría hacer.
Me cabreo conmigo misma cuando sé que lo que hago sólo conseguirá alejar a personas. Me cabreo y no dejo de hacerlo.
Reacciono mal cuando pierdo.
Hablo fatal cuando me tenso. De hecho, me convierto en un camionero.
Pero lo que menos menos menos quiero es seguir sintiendo esto.

domingo, diciembre 01, 2013

Extraño

Los bordes se habían difuminado. No quedaba nada de la realidad que esperaba. Abrir los ojos y ver que no era nada. Que nada era lo que era. Quiso alargar la mano, pero tuvo miedo... De sí  mismo. Las palabras se le amontonaban en la mente y dejaron de tener coherencia, igual que le había ocurrido al mundo que le rodeaba. No había cama, ni ventana, ni paredes, ni ¿vida?
No estaba seguro. De nada.
Pensó que quizás no había abierto los ojos. Pero eso daba más miedo. ¿Soñar con que no había perfiles ni finales? O saber que no los había en el subconsciente... Eso parecía más terrible que alcanzar con su mano y sentir el desvanecimiento de su realidad.
Se creyó quieto. Aunque quizás ya se hubiera levantado y hubiera empezado a andar. Sin contornos no estaba seguro. Puede que caminara inseguro por un pasillo sin finales, aunque con un límite claro. Una puerta bastante difusa.
Entonces, empezó a girar sobre sí mismo. ¿Estaba cayendo? Sólo sabía gritar, silenciosamente, con una mueca terrible por angustiada. A lo mejor alguien vendría a rescatarle.

miércoles, noviembre 20, 2013

Vocación

El 27 de Abril de 2005 (si mi memoria no me falla demasiado) apagué el ordenador de mi despacho, cerré la puerta y dejé atrás y, hasta hoy, de forma definitiva, la que es mi profesión vocacional desde los 10 años. Escribí las últimas palabras que saldrían publicadas firmadas con mi nombre y seguí mi camino sin mirar atrás.
La excusa fue que estaba cansada de vivir lejos de mi pareja de aquel entonces (el que pensaba era el hombre de mi vida). La excusa era que quería tener una vida en común y familia (de dos, pero familia). Y no fue una mera excusa... Del todo.
Porque esta decisión, que me costó tomar unos ocho meses de dudas, de decidirlo y echarme atrás, de estrés, fue principalmente tomada porque no pude. No pude con la profesión que amo, por la que estudié, viví en cuatro ciudades distintas, aprendí cosas que nunca me interesaron, pero que tenía que saber para poder escribir de ellas; superé una timidez brutal que me hacía ponerme enferma cada vez que tenía que enfrentarme a desconocidos, por la que perdí muchos kilos, muchas ilusiones y más de una esperanza.
No pude con escribir día tras día sobre política autonómica (tema nada más lejos de mis intereses pero al que llegué porque los avatares profesionales se emperraron en llevarme a él). No pude con no entender, y muchas veces no querer entender, los entresijos de una política que no me gustaban. No pude con un periodismo que en mi medio, que me dejaba bastante independencia en general, todo sea dicho, pretendía obligarme a titular antes de conocer (para mí el mayor delito del periodista, porque de esta forma obligamos a la realidad de lo que nos cuentan a transformarse en la realidad que queremos contar).
Muy pocas personas saben esto. Muy pocas saben de verdad cómo me sentí y lo que me costó tomar esa decisión.
Pero hoy, al acudir a una charla de corresponsales de guerra, de escuchar a una amiga hablar de su trabajo, y a grandes periodistas de sus vidas profesionales, me he dado cuenta de que mi fracaso, afortunadamente, fue mío. Porque a pesar de todo, a pesar de que el periodismo cada vez es menos periodismo y más entretenimiento porque es lo que quieren vender las empresas, hay muchos (cerca y lejos, en guerra o en paz) que siguen siendo periodistas, es decir, transmisores de la realidad, analistas de las causas y consecuencias, testigos, gracias al cielo no totalmente imparciales, de lo que el ser humano hace cada día con él mismo y el mundo.
Y no me arrepiento, para nada. Tomé una decisión dura y dolorosa que me ha llevado a una vida en la que soy básicamente feliz. Seguramente si hubiera seguido siendo periodista, a parte de que es altamente probable que hubiera acabado ingresada en algún hospital por colapso físico y mental; no sería feliz. Porque dejé de ser capaz de convencerme que hacía todo lo que podía todo lo bien a lo que yo llegaba.
Pero sin arrepentimientos, hoy sentí esa punzada en el corazón del amor perdido. Aunque, afortunadamente, quienes seguís luchando día a día por contarnos la realidad hacéis que esa punzada se transforme en calma. Lo que amo sigue vivo. Y que sea para siempre.

domingo, noviembre 17, 2013

Frío

Los restos del hielo salpicaban los pantalones que apenas le dejaban moverse. Atravesar un río helado tiene sus riesgos, pero parecía que avanzar tras haberlo logrado era aún más peligroso. Daba igual que hubiera encendido una hoguera para secar la ropa, o que la rabia que le hacía seguir avanzando lo calentara a él lo suficiente como para no sentir la congelación. Eran sus miembros los que se negaban a ir más allá. Sus piernas las que le decían 'queremos volver a casa'.
Pero no había otro camino. Adelante. Con hielo o sin él. Adelante. El atrás era un oscuro vacío. Le habría gustado que fuera un vacío figurado, pero no lo era. No había atrás. Su mente no tenía más allá de la última hora registrada en su memoria. Cruzar el río y seguir. Era todo lo que veía cuando cerraba los ojos e intentaba averiguar qué llenaba antes esa negrura interna.
Poco a poco empezó a darle igual el vacío. La rabia crecía por oleadas aún sin saber de dónde. Y era bastante. Para apagar el fuego, recoger lo poco que le quedaba y seguir. No había camino, porque sólo había un sendero. El de su memoria inexistente.
Pelear y avanzar. 
Los ruidos pasados habían desaparecido junto a los recuerdos. Pero parecía que el presente se empezaba a empapar del mudo sonido de su cabeza. O se había quedado sordo o el mundo estaba aguantando la respiración para ver adónde le llevaba su rabia.

jueves, noviembre 14, 2013

Sentado en el parque

Cuando llegó ya estaba sentado en el banco. De negro, con un libro entres sus manos, la cara concentrada, y una gran bolsa de deporte a su lado. No le extrañó. No iba a ser ella la única que decidiera dedicar su media hora de desayuno a leer tranquilamente en el parque. De hecho, sonrió. Escogió un banco un poco más allá entre el sol y la sombra y leyó mientras pelaba y comía sus mandarinas.
Al irse, apenas 20 minutos después, volvió a mirarlo, aún concentrado en su lectura, y volvió a sonreír.
Al día siguiente, cuando retornó con pasos seguros y lo encontró en el mismo banco tampoco le dio demasiada importancia. Ella llevaba varias semanas yendo, invariablemente a la misma hora (a la hora que podía salir de su oficina según los turnos), a ese lugar a leer. Le llamó algo la atención que estuviera en el mismo banco, misma postura, misma bolsa de deporte al lado, pero, ¡qué demonios!, los seres humanos somos animales de costumbres.
Sin embargo, cuando pasó una semana, y un fin de semana y percibió que la bolsa parecía menos voluminosa, mientras el banco empezaba a amontonar libros alrededor de este hombre, sintió curiosidad. ¿Llevaba la misma ropa? Nunca había querido mirarlo muy fijamente por no importunarle, pero ese día no pudo evitar hacerlo. La cara de él seguía concentrada en la lectura, pero parecía distinta. La barba ya estaba presente, algunas ojeras circundaban sus ojos, ¿estaba algo demacrado? No quiso pensar más.
Pero una semana después, él seguía allí. Y allí estaba la tarde que, en uno de sus paseos vespertinos, ella decidió encaminarse hacia ese parque, tranquilo, bastante céntrico y a la vez como alejado de todo. Ya no lo evitaba. Llegó a saludarle con la cabeza. Él tardó días en responder a ese saludo, apenas levantaba los ojos del libro, los libros, porque ya era evidente que los devoraba compulsivamente allí sentado.
Sin atreverse a decir palabra, pero cada vez más preocupada por cómo lo veía demacrarse día tras día, ella empezó a dejarle comida, alguna bebida, incluso un paraguas, porque un día cayeron unas absurdas gotas que sólo sirvieron para mojar los libros que empezaban a ocultar parte de su cuerpo.
En la cama, de noche, ella se imagina la figura de él, enjuta, encogida, quizás aún intentando leer. Y sólo podía darle vueltas a por qué esa terquedad en permanecer allí, no hablar con nadie, apenas mirar a nadie, ni a ella cuando le dejó algo de comida... Quizás ni siquiera la comía él.
Ya llevaba un mes viéndolo a diario. El frío había empezado a hacerle molesto quedarse sentada leyendo y, algunos días, pese a su curiosidad, iba a desayunar a un bar cercano, acompañado de sus compañeros, intentando olvidarlo a él.
Y llegó el día que hizo el 36 desde que lo vio aquella primera mañana. Y no pudo más. Se acercó sin dudas. Retiró un poco una de las montañas de libros, la que estaba más cerca de él. Se sentó a su lado y mirándolo fijamente, lo que hizo que él se girara, le dijo: ¿qué haces aquí? Él parpadeo un poco al retirar los ojos del libro, intentando enfocar su cara correctamente. Y empezó a hablar.

lunes, noviembre 11, 2013

Rozó la barandilla y sintió el frío de la noche que recorría sus dedos, su mano y subía por el brazo, en contraste con la calidez de la mano que reposaba en su hombro. Se giró levemente para asegurarse de que ese peso no era el recuerdo de un cuerpo, y la vio allí, mirando exactamente igual que él, al horizonte infinito.
¿No crees que el invierno está tardando?
Ya sabes que siempre piensas lo mismo para, en dos días, arrepentirte de que el frío cale tus huesos.
Ya, pero me gusta acurrucarme en ti.
Él no le dio importancia. Nunca se la daba. Eso habría significado un signo de debilidad.

domingo, noviembre 03, 2013

Sueños

A veces da miedo cumplir los sueños. O, a veces me parece que me da miedo cumplir mis sueños. No sabría escoger entre la opción de que sea cierto que da miedo o que parece que da miedo. Escucho a Debussy y pienso que siempre quise tocar el piano para tocar cosas como Claro de Luna. Escucho a Debussy y pienso en mi piano, en la habitación contigua, silencioso hace ya demasiados meses (¿quizás un año?). Mi libro de solfeo cerrado sobre él, mis lecciones manuscritas por mi profesora cogiendo polvo, igualmente calladas. Quedas en un clamor que retumba en mi corazón y mi cabeza. Un griterío que dice que no soy capaz, enfrentado a otro que dice que no lo intento. 
Tengo manos de pianista, dicen. Me coloco perfectamente frente al teclado, con mis dedos perfectamente alineados y absolutamente correctos... Pero quietos y sin rozar las teclas... 
Pero cuando toco, cuando recorro las octavas, aunque sean meros ejercicios repetitivos (el portato, los hombros...) soy la música. Me diluyo, desaparezco, más que cuando canto. Cuando toco el piano me disuelvo y vuelo, viajo como las notas, como la melodía, aún en mecánicas escalas repetidas una y otra vez. 
No quiero tener miedo.
Quiero tocar.
Quiero saber tocar y saber leer las partituras que tengo sobre mi piano. Supe hacerlo. Ahora sólo tengo que aprender. A dejarme ser piano. A dejarme ser música. A no soñar, porque ya sea cierto. 

martes, octubre 29, 2013

A la vejez, viruela

Soy una lectora compulsiva. Desde que sé leer. De pequeña, los libros pensados para mi edad me parecían cortos y, muchas veces, carentes de interés por sencillos. De adulta, he leído todo lo que caía en mis manos. Apenas selecciono, porque no leo con ningún otro objetivo que disfrutar la propia lectura, evadirme, a veces; vivir otras vidas. Leo lo que me llega por recomendaciones de amigos, oído al pasar, una portada o título que me llaman la atención o temáticas o autores que me gustaron en el pasado. 
He leído de todo pero nunca leí poesía. A pesar de haber tenido mi época de escribirla como cualquier adolescente hijo de vecino, salvo los poemarios impuestos por el sistema educativo, jamás me atreví a acercarme a ella. Me asustaba. Me asustaba no entender el trasfondo, me asustaba que me aburriera, simplemente pensaba que había demasiado por leer para complicarme la vida.
Hasta ahora. No sé por qué, un amigo pensó que yo podía ser carne de poesía. Y acertó. No voy a nombrar autores porque aún estoy temerosa de mi desconocimiento de este mundo nuevo que se ha abierto ante mis ojos. Sólo puedo decir que, por muy mayor que sea, me alegra haberme encontrado con estas nuevas palabras, esta forma de escribir que me atrapa por sus ritmos, sus rimas existentes o no, sus cadencias, sus tempos y temas...
Me asombro de mí misma pidiendo más, buscando, ávida, esos versos que, más vale tarde, he descubierto hablan de mí, me cuentan a mí, me llenan, vacían, sacian y hacen sonreír o reflexionar.
Debo confesar que para mí es fácil sentirme atrapada. Mi amigo me selecciona. Pero también, estas selecciones, me llevan a desear investigar, probar nuevos caminos, nuevos autores. Descubrir que hay más 'yos' esperándome en verso. Y me gusta sentirme adoptada. Ahora soy una niña caminando por sendas desconocidas, pero que sabe que, quien tiene al lado, conoce el camino. Y ya no es uno, son muchos mis amigos que me enseñan.
Y, sí, alguien dirá por ahí que, a la vejez, viruela. Pero me encanta proclamar que, por fin, soy una conversa.


lunes, octubre 21, 2013

Discusión sobre el amor y otras menudeces con mi álter ego masculino

Mi álter ego masculino declara:
Mirad al cielo. Después mirad al mar. Un reflejo. No es más que la luz del sol al reflejarse en un pez plateado. Es curioso, pero cada vez que recuerdo el mar pienso en peces plateados. ¿Dónde están los peces de colores?
Mirad la noche y observad las farolas. A su alrededor, atraídos por la luz incandescente, numerosas mariposas nocturnas vuelan a su alrededor. Es lo único que podemos ver en la ciudad. La luz oculta las estrellas. El reflejo artificial sobre sus alas oscuras es lo más parecido a estrellas fugaces en la  noche urbana.
¿Acaso no es eso el amor? ¿El reflejo esquivo de un pez perdido en un mar transparente en días de verano? O, ¿el espejismo fugaz de la luz de una farola sobre un breve vuelo circular de una polilla en las noches primaverales?
Siempre hay un pez más grande o un murciélago, dispuestos a apagar el circunstancial reflejo.

... Y yo os digo:
Mirad al cielo y luego al mar, y estaréis tan cegados por la luz que sólo veréis el reflejo y no los peces de colores que surcan cada ola, a veces a contracorriente. 
Mirad la noche y las farolas. Y quedaréis encerrados por los muros de una ciudad que no sois vosotros y que no os dejan ver lo que hay en lo más profundo. Allí donde el amor reside.
Porque el amor no son reflejos ni espejismos. El amor es lo que te permite ver la realidad de quien eres y colorea el mundo para que el dolor que otros provocan no te hiera en exceso. El amor es tu refugio a los cielos que ciegan por su claridad y a las calles apenas aclaradas por tristes farolas.
Y puede que haya peces más grandes, murciélagos o incendios y marejadas. Pero el amor seguirá latiendo.

domingo, octubre 20, 2013

Lluvia

La primera gota cayó sobre el cristal.
La segunda golpeó el suelo.
La tercera y la cuarta mojaron la ropa tendida hacía unos instantes, al sol, para secarse.
La quinta marcó el inicio de un chaparrón que no dejó seco ningún rincón de la calle.
El chaparrón, con sus infinitas gotas rebotando en todas partes, dio pasó a la tormenta.
Tormenta que arreció con el viento y salpicó los bajos de los pantalones del hombre que paseaba.
No llevaba paraguas. Dejó que el agua le calara hasta el alma.

viernes, octubre 18, 2013

Mujeres

Nunca entenderé por qué no os dais cuenta. Por qué no sois conscientes de toda la belleza que se vierte desde dentro y desborda vuestro ser hasta alcanzar a todos los que os rodean. Cómo no veis la fuerza que late inmensa en vuestro corazón.
La inteligencia no sirve de nada si las lágrimas rezuman desde lo más profundo. Y no lo entiendo. No entiendo que no os sepan querer y vosotras no os queráis lo bastante como para que el amor lo pueda todo, porque lo puede todo.
No llego a comprender que ese sentimiento de no valer, de no vivir, de no saber si se está viviendo sea mayoritariamente femenino (o eso me parece). Porque no he conocido personas más fuertes que vosotras, mujeres que me rodeáis y seguís adelante.
Y lloro con vosotras. Pero mis lágrimas son de impotencia. Dolor puro por no ser capaz de mostraros, en el reflejo de mis ojos, en mis palabras, en mis actos hacia vosotras, quienes sois, quienes verdaderamente sois, porque parece que vosotras os perdéis en imágenes irreales salidas de un imaginario colectivo que, en demasiadas ocasiones, ha restado valor a lo femenino.
Y es el sexo, y la pasión, y el trabajo y la belleza y el placer y el dolor y el duelo y la violencia.
Es todo, porque para mí que perdéis el norte, y yo lo pierdo junto a vosotras, porque no lo entiendo.
Y no me bastan los abrazos con que os intento trasmitir esa fuerza que me explota dentro y que vosotras también lleváis, pero dormida por vuestras propia lógica irracional.
Ojalá consiguiera que despertarais. Ojalá lo entendiera.

miércoles, octubre 16, 2013

Por qué me llaman Bridget Jones V

Soy ciclista. Mi medio de transporte para ir a trabajar, para salir por ahí, para moverme, es la bici. También hago rutas por el campo.
Y en eso, y en el trabajo que me quedaba por hacer, venía pensando esta mañana al volver a la oficina del desayuno. Pensaba, al acercarme al carril bici 'qué bien que como soy ciclista siempre tengo cuidado al cruzar'. Pensaba, hay que mirar a los dos lados... Pensaba, y mientras pensaba miraba al semáforo que se ponía verde para mí, a un lado del carril bici y avanzaba segura para cruzar mientras giraba la cara al otr... Y ahí se quedó mi pensamiento porque me arrolló una bici. El pensamiento se quedó allí, mi brazo derecho y luego tras él, mi cuerpo, andaron un metro y algo arrastrados por el ciclista. Mi rebeca anduvo por el suelo...
Y yo, en shock, pedí disculpas...
El chico se paró a saber si me había hecho daño y ahí si atiné a contestar que claro... Pero yo seguía pensando en mi trabajo y me dirigí veloz a la oficina.
Allí mi jefe y compañeros no se creían que me hubiera pasado, me llaman ya la pupas... Eso sí, ¿y lo que se ríen conmigo y de mí? Eso, eso no tiene precio.

sábado, octubre 12, 2013

Quisiera

Sólo quisiera encontrar la forma de echarlo todo fuera.
De quitármela de encima y el corazón no estuviera encogido.
Echarlo fuera y que mis músculos se estiraran.
Sólo quisiera saber cómo echarlo todo fuera.

domingo, octubre 06, 2013

Fotografías

Es increíble cómo una imagen te puede golpear en la cara, hacerte tambalearte y llenarte de rabia. Es increíble cómo personas nos hacen tanto daño que da igual el tiempo que pase, cómo cambien, qué es lo que veas de ellos, que sabes que son ellos.
Hoy me tropecé con un pasado que creía haber superado en una exposición de fotografías. Ahí, entre otros cuantos, en una pose que casi no se le veía la cara, pero que a mi no me impidió reconocerlo, estaba el gran hijo de puta que amargó los inicios de mi carrera laboral, que me hizo víctima de moobing.
Ha sido como una hostia. Al menos no ha sido dolor. Ha sido rabia. Una rabia que me ha noqueado, que me ha dado ganas de coger la puta foto, romperla, pisotearla y vengarme en ella de todo lo que no pude hacer con mis 23 años, asustada y descolocada.
Menos mal que aún tengo amigos que me saben recordar que ya no soy aquella y que hay personas por las que no merece perder más tiempo de mi pensamiento.
Espero que esta vez, con la rabia se haya ido, por fin y definitivamente, todo.

sábado, octubre 05, 2013

Imagen proyectada

Sería bonito, aunque quizás fuera más acertado decir curioso, vivir por un día viéndote con los ojos que te ven los demás. Descubriendo esas sutilezas propias que a uno mismo se le escapan y que, sin embargo, parecen claras como cristales limpios para el resto del mundo.
Quizás así podría averiguar cómo o cuándo mi cara dejó de reflejar mi alma. O si mi cara ve más allá que yo y es ese claro reflejo de mi espíritu, que yo no consigo percibir del todo. Porque no deja de asombrarme cómo, cuando peor estoy, cuando más enrabietada, triste, perdida, angustiada o sollozante me siento por dentro, más bien me ven por fuera. 
Después de casi dos meses de desesperación, quizás haya llegado a una calma que no me atrevo a creer, pero que mi cara sí cree y muestra día tras días, ganándose los cumplidos y la felicidad por mí de los que me rodean.
No me importa desprender ese algo que los demás advierten. Lo que me extraña es que yo tenga que pararme a pensarlo, por no sentirlo así, por no sentirme así.
Quizás el destino pretende que aprenda a través de las palabras ajenas, o más bien, de los ojos ajenos, que ya he llegado a ese punto de sosiego al que, en mi opinión, me debería conducir toda esta serie de calamitosas desdichas que me han tenido asustada y en tensión en las últimas semanas.
Quizás debería mirarme en otro espejo. Tus ojos.