Mostrando entradas con la etiqueta tú. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tú. Mostrar todas las entradas

miércoles, junio 25, 2014

La injusticia y yo

El mundo es injusto. La vida es injusta. Lo sé. Las cosas no tienen que ser como yo pienso que deberían, ni siquiera como sería justo que fueran. La vida, el mundo, es como es, porque lo construimos seres humanos imperfectos, con defectos, ambiciones, egos, dudas... Todo eso lo entiendo. Y lo normal y sano sería que pasara por la vida entendiéndolo y dejándolo estar. Debería actuar en mi parcela vital ofreciendo la bondad de la que dispongo, a la espera de ser todo lo justa que pueda llegar a ser, y seguir mi camino.

Sin embargo, mi grado de sensibilidad y empatía rozan al extremo más grande y hay momentos (muchos, aunque espero que cada vez menos), en que esas injusticias me desbordan. Me explotan dentro y salen en forma de lágrimas, o enfado, o rabia... Y, al menos ahora sale, porque peor es cuando se enquista dentro.

Trabajo dentro del sistema. Un sistema que busca el orden. Pero también una organización en la que día a día veo que se busca menos el bien común y más unos objetivos que yo no alcanzo a vislumbrar pero que, desde luego, no me parece que sean el bienestar de la sociedad en general. Ni siquiera el equilibrio de la estructura que lo sostiene. 

Puede que sea que simplemente no lo entiendo, pero, sin ánimo de ofender, debido a mi inteligencia dudo mucho que se trate de eso.

El caso es que, fuera lo que sea, yo no puedo luchar contra el sistema, y menos a base de rabia o lágrimas de impotencia. No puedo dejar que la injusticia me cale de tal manera que me haga daño a mí misma y me bloquee hasta perjudicarme dentro y fuera de mi trabajo.

Porque no es sólo la injusticia global. Acabo empatizando más con la pena y quiero el cambio en el que la siente. Y empiezo a hacerme daño a mí y al de enfrente.

En el trabajo debería ser fácil. Sólo tengo que ser yo. Es decir, no perder la sensibilidad pero no hacerla mi todo. Llegar hasta donde me está permitido y comprender que lo que es, es, y que los cauces de cambio ya los estoy usando, y espero que todos los demás también.

El mundo es injusto, lo acepto, las personas eligen, lo acepto. Ahora tengo que aceptarme a mí, que es en lo que estoy. Mientras yo no me quiera, de nada sirve mirar hacia fuera.
Está claro que necesito un tiempo más dentro. De nuevo, hasta luego. 

lunes, junio 16, 2014

¿Crezco?

Es curioso. De primera ha dolido. Es la verdad. He sentido un dolor de ausencia. De, otra vez, no estar. Quizás algo de rabia también. Porque justo ese día... 
Pero cuando he respirado, cuando me he parado a mirarme dentro me he dicho, ese día, como los demás desde hace dos meses, yo tomé una decisión por mí y para mí. No pretendía una respuesta, no era una compra, no era una llamada de atención. Provenía de un sentimiento de amor que acabará desapareciendo (el amor si no es de ida y vuelta se diluye, como casi todo) pero que aún hoy sostengo.
Precisamente por eso, porque por una vez surgió de un amor que no buscaba aprobación, ni respuesta directa (entregar amor para exigirlo a cambio es el mayor error que he cometido a lo largo de toda mi vida y por el que siempre me he chocado contra el mismo muro), ha dolido tres minutos, y después el nudo se ha deshecho y he pensado: es igual. La realidad es que no quiero estar en esa vida. No es la mía ni es la que me haría feliz. No me gustan las víctimas. Sin ser consciente, yo misma lo he sido durante años y ahora, con mucho esfuerzo, estoy dejando de jugar a ese papel. Así que no voy a caer en el juego de otro. No dos veces.
Ni siquiera es una crítica hacia ti. Cada uno elige sus caminos y yo no soy nadie para juzgarlos, sobre todo cuando yo he tomado tan retorcidas sendas durante 37 años. No puedo criticar a quien es yo y a quien quiero de forma sincera. Ni mucho menos pretender que cambie, porque te quiero como eres y te acompañaría en el camino para mejorar, en el que estoy también yo porque desgraciadamente nuestros problemas coinciden demasiado, pero no te puedo acompañar en el camino de la autodestrucción.
Simplemente constato. Me doy cuenta de que empiezo a sentir que soy yo la que está aquí. Que empiezo a saber lo que quiero y, ante todo, me quiero a mí, feliz y cariñosa conmigo misma. Y si alguien entra en mi vida, quiero que sea igual conmigo: cariñoso y feliz a mi lado. Y que me deje serlo al suyo. Que me busque, como busco yo. Los dramas vendrán solos, no porque los creemos nosotros. Para eso, el teatro.
¿Quizás estoy consiguiendo crecer?

miércoles, junio 04, 2014

Camino

Lo más extraño es descubrir que lo que me pasé diciéndole a otra persona meses es lo que debería haberme aplicado. Quererme, escucharme, pararme, primarme. De repente, comprender que le miraba y me veía a mí, en realidad, en tantas cosas... ¿Somos uno desdoblado? Es extraño. A veces nos daba miedo. Ser tan parecidos. O me lo daba a mí. Lo malo es que verdaderamente lo éramos, no lo sabía yo, en tantas cosas malas. Porque son insanas. 'No sé mantener relaciones sanas'. Esa debió ser mi frase. Esa era mi forma. Está dejando de serlo, pero aún me siento tambaleante en ese campo. Casi me da miedo hablar o callar, porque no sé si estoy equivocando de nuevo el camino. Quiero decir, con tantos años sin darme cuenta de que no me relacionaba bien, a lo mejor acabo haciendo lo mismo de manera contraria, ¿o ya son paranoias?
El caso es que pensaba que había llegado a mi vida por un motivo totalmente equivocado. Aún queda vida y camino por andar, pero empiezo a vislumbrar otras razones. Tenía que aprender. Yo debía atreverme a mirar dentro. Lo estoy haciendo. Ni siquiera lo voy a llamar bajada a los infiernos porque para mí está siendo duro, pero la paz, por primera vez, el conocimiento desde dentro. Paso a paso. Ya no tengo prisa.

viernes, abril 11, 2014

Tristeza

Decir hasta luego puede ser tan doloroso como decir adiós. Porque es un hasta luego sin plazos, sin buenos días ni buenas noches, es un dejar de sentir que estás. Y aún sabiendo que si estás duele, el dolor de la ausencia también es complicado.
Preferiría no sentir tanto, pero no se puede negar el amor. No puedo evitar querer más y tener que aprender a aceptar que no puedes dar tanto. El amor no se exige ni se elige. Se siente o no. Aprenderlo cuesta, cuando soy yo la que está al lado de querer más, de que la amistad no llegue a ser suficiente.
Y pasará, todo pasará. 
Ojalá pueda haber un hola.

martes, enero 21, 2014

La vida

¿Por qué parece tan fácil? Miras al otro y lo ves claro. Clarísimo. Las decisiones que debería tomar, los caminos que sería preferible escoger, las paradas que hay que hacer. Todo fácil. Todo sencillo. Todo claro como el agua cristalina para que se mantengan a nuestro lado y estén bien.
Y te miras en tu propio espejo y crees que tu vida es un desastre. Y que todo lo que te dicen de senderos, opciones, descansos... son las patrañas de quienes no están en tu piel.
Así que te das cuenta de que ellos te dicen lo mismo que tú repetías hace un segundo a tu amigo. Te das cuenta de que no aprendemos en vida ajena... Pero da igual, quieres hacerlo. Ayudar. Estar. Apoyar. Abrazar. Dar cariño. Dar paz. 
Sabes que no puedes. Y te callas. Pero razonas, o no, al creer que las injusticias del mundo son demasiadas. 
La vida es fácil. Lo sabes. Pero no logras hacerlo. Sencillo. Ni la tuya, ni la de nadie, porque, en realidad, sólo nosotros podemos dejarnos de complicaciones y ser felices. La felicidad, como la belleza, viene de dentro. Se contagia, pero sólo si está dentro, aunque sea sepultada por años de decadencia y lucha. Hay que tener ganas. De vivir, principalmente. VIVIR,  no sobrevivir. 
Sé que merece la pena intentarlo. Lo hago cada día. Lo aprendo. 
Me toca aprender dejar que los demás lo hagan. Ser felices. Desde lo más profundo de su alma. 

lunes, octubre 21, 2013

Discusión sobre el amor y otras menudeces con mi álter ego masculino

Mi álter ego masculino declara:
Mirad al cielo. Después mirad al mar. Un reflejo. No es más que la luz del sol al reflejarse en un pez plateado. Es curioso, pero cada vez que recuerdo el mar pienso en peces plateados. ¿Dónde están los peces de colores?
Mirad la noche y observad las farolas. A su alrededor, atraídos por la luz incandescente, numerosas mariposas nocturnas vuelan a su alrededor. Es lo único que podemos ver en la ciudad. La luz oculta las estrellas. El reflejo artificial sobre sus alas oscuras es lo más parecido a estrellas fugaces en la  noche urbana.
¿Acaso no es eso el amor? ¿El reflejo esquivo de un pez perdido en un mar transparente en días de verano? O, ¿el espejismo fugaz de la luz de una farola sobre un breve vuelo circular de una polilla en las noches primaverales?
Siempre hay un pez más grande o un murciélago, dispuestos a apagar el circunstancial reflejo.

... Y yo os digo:
Mirad al cielo y luego al mar, y estaréis tan cegados por la luz que sólo veréis el reflejo y no los peces de colores que surcan cada ola, a veces a contracorriente. 
Mirad la noche y las farolas. Y quedaréis encerrados por los muros de una ciudad que no sois vosotros y que no os dejan ver lo que hay en lo más profundo. Allí donde el amor reside.
Porque el amor no son reflejos ni espejismos. El amor es lo que te permite ver la realidad de quien eres y colorea el mundo para que el dolor que otros provocan no te hiera en exceso. El amor es tu refugio a los cielos que ciegan por su claridad y a las calles apenas aclaradas por tristes farolas.
Y puede que haya peces más grandes, murciélagos o incendios y marejadas. Pero el amor seguirá latiendo.

miércoles, septiembre 11, 2013

Redecidir

No sé si es ya la cuarta o quinta vez que tomo la decisión. Que lo siento muy dentro, lo reflexiono y decido. Me doy cuenta de que tener a mi lado personas que no saben apreciarme, que no me ven, en realidad, sólo me trae daño, máxime cuando esas personas verdaderamente me han hecho daño, aunque fuese involuntario.
Y ya, cansada de tanta decisión y redecisión, no sé casi si expresarlo o mejor dejarlo en un recóndito lugar de mi mente para ver si, de forma definitiva, se convierte en realidad, o, más bien, saco la fuerza de voluntad suficiente como para mantenerme al margen. O firme. Alejada.
Porque no valió borrarte, así que lo intenté volviendo a tenerte en mi vida, pero entonces volviste a hacerme daño, pero, sobre todo, me enfadaste. Y me abriste los ojos. Tú mismo. Así que, quizás, está vez sí sea la definitiva. El punto en el que deje de imaginar presentes que no existen ni existirán, porque ni siquiera yo los quiero. Porque no es lo que quiero. Así de simple.
Absurdo cómo personas que no están tan dentro se quedan más enganchadas que las que de verdad fueron amor. Más fuerte que una enredadera. Creo que ha llegado el momento de la poda.

lunes, noviembre 05, 2012

La paciencia nunca fue una de mis virtudes. Ni la calma. Más bien me precipito, me emociono, me embalo y luego, de repente, me doy cuenta de que tengo que frenar en seco, o me frenan en seco (normalmente esto ocurre más a menudo).
No lo puedo evitar. Como no puedo evitar mostrarme como soy, sentir rápidamente, lanzarme sin pensar, después de haberlo pensado mucho.
Todo ello conlleva sus riesgos, peligros que me suelen dejar el corazón dolorido, la cabeza inundada y pensamientos de estupidez. Riesgos que duelen.
Y, sin embargo, no lo puedo evitar.
Muchas veces pienso que no se trata de no poderlo evitar, si no de no querer hacerlo. Y, quizás, en la mayoría de las ocasiones, sea así. Pero es que creo que la vida está para vivirla y sentirla, en placer y en dolor. 
A pesar de todo, da rabia. Me doy rabia yo. Por equivocarme en mi entendimiento de las personas. Por dudar de forma continuada. Por dejarme llevar, pero no dejarme llevar.
Porque aun sin saber dónde me llevará un camino, puedo dar cinco pasos convencida de su destino, y otros cinco pensando que es el contrario. Porque me dejo llevar, pero me da miedo y husmeo, olfateo el aire como un perrillo temeroso de que la mano que le es tendida para darle de comer esconda un palo. 
Me gustaría ser de esas personas despreocupadas. Pero no lo soy. 
Al menos, voy aprendiendo a fluir, aunque a veces, como esta noche, inevitablemente me pare a pensar y duela un poco, sin saber todavía qué.

domingo, mayo 25, 2008

Siete meses después, montones de lágrimas más tarde, multitud de palabras dichas, cantidades de esperanzas rotas, cascadas de sueños perdidos vividos, montañas de nostalgias intentando ser superadas... Hoy, por fin, he quitado de la pared el poster de 'Asturias en la vía de la plata' y el de los cañones de agua.
Poco a poco, doy los pasos.

lunes, mayo 19, 2008

Hoy he visto la luna llena y me acuerdo de ti.

jueves, mayo 08, 2008

Ya tengo todas mis cosas aquí. Y las palabras se han ido.

sábado, marzo 22, 2008

Círculos



Acabo de ser consciente de que la primera vez que fui a Asturias fue en Semana Santa, para ver a J., por supuesto. Y acabo de caer que me he negado a ir esta Semana Santa en la que, seguramente, sería la última vez que iría a esa comunidad para verle. No sé si ha sido el subconsciente, casi siempre más sabio que yo, que ha preferido dejar de hacer círculos en mi interior, ha querido romper la, empiezo a pensar, peligrosa repetición de fechas, sucesos que acaban marcando el final de mis historias.


Porque marzo siempre fue un mes que me trajo muchas cosas (amor, desamor, trabajos, despedidas, bienvenidas), porque los relojes de pulsera se empiezan a convertir en regalos de los que recelar, porque las cámaras de fotos protagonizan extraños sucesos en mis relaciones, porque no podría soportar rememorar la esperanza con la que hice ese primer viaje en estas fechas en una mente llena de la desilusión y la amargura con la que repetiría esos mismos kilómetros ahora.


Y ha sido una foto en el viento, en el monumento 'Solidaridad' de Gijón, tan cerca de él, lo que me ha traído a la memoria algo que hubiera preferido mantener en el dulce olvido que empieza a curar mis heridas. Pero si yo misma no soy capaz de mantenerme alejada de los rincones que sé que debería dejar de visitar, el azar no va a dejar de jugarme estas pasadas, malas o buenas, ya ni lo pienso porque me temo que deberé empezar a acostumbrarme a los encuentros con alguien que, en realidad, no quiero borrar, porque ha sido demasiado. Sin embargo, debo impedir que se me cuele demasiado.


Viento, lluvia, museo de la minería, amigos nuevos, familia nueva, sonrisas llenas, llenas, llenas: caricias furtivas, deseos expresados, anhelos callados, sueños que se iban acercando... En aquella ocasión fui de una punta de España (La Línea) a otra punta (Gijón) en un viaje de ilusión. De un mar a otro, de un viento a otro, porque no importaban los kilómetros, no importaban los obstáculos, sabría que los salvaría todos, porque te quería, porque quería que fueras mi vida.


Esta vez iría desde mi tierra hasta la suya, ahora más mía y más suya porque hemos dejado de compartirlas, como la casa, la vida, los sueños, las alegrías y las tristezas... Quizás la tristeza la compartamos, pero de formas distintas que más nos alejan, porque la mía es porque somos nosotros y el entendimiento es ya un imposible; y la suya es por no comprenderlo.


Quizás sí que debería haber ido en Semana Santa. Quizás habría cerrado la espiral y no habría más círculos que me arrastraran sin dejarme huella.

martes, marzo 18, 2008

Saber que es el final, que fue el final y no poder evitar mantener un hilo que nos ate a una relación que en realidad está muerta, aunque uno de los dos intente revivirla, aunque al otro le esté costando la misma vida cortar el vínculo. Porque no puedo dejar de pensarlo y pensarte. Porque la última vez fui demasiado clara y no es que me arrepienta, es que hay cosas que no se pueden decir con palabras escritas que no se suavizan por una voz que dice mucho más que esas mismas palabras. Cansada sigo, y sé que no quiero volver, pero no tengo tan claro qué estoy haciendo en este camino de soledad que yo he elegido sino soy capaz de explicártelo.
Supongo que te lo puse demasiado difícil y la moneda me está siendo devuelta en forma de intenciones que no llego a comprender porque se mantienen expresadas a medias, no sé si por tu incapacidad a desnudar tu corazón (pocas veces lo hiciste delante de mí y me costó la misma vida lograrlo) o por, una vez más, tu temor absurdo ante una situación en la que no se puede tener temor, sino lanzarse a ella.
Un lema. Eso es lo que más me cabreó. Porque han dado igual seis años, la convivencia, la oportunidad que te di, las veces que te dije 'pero, ¿tú ves una solución que no sea que ambos dejemos de ser nosotros mismos?'; las conversaciones posteriores, largas, fáciles incluso; no ha importado el amor que nos profesamos, el que te profesé y te profeso (sí, te sigo queriendo, pero no es el amor de quien quiere compartir toda una vida). Nada de eso ha importado, ha sido una frase de quien no sé, ni me importa la que te llevó a dirigirte a mí para demandarme, además, algo que nunca te negué fuera a darte.


Porque, ¿cómo pudiste pensar que se acabaría sin vernos? Sólo porque te dije que ahora no podía hacerlo. Volviste a malinterpretarme o me entendiste como te dio la gana. Y es que empiezo a pensar que vives en tu mundo de Yupi en el que nunca tuve cabida porque capto la realidad desde otra perspectiva. Que no digo que la mía sea la real, pero es que está claro que cada vez se parece menos a la tuya.


Y eso que ya decidí hace semanas que no esperaba más. O quizás fue por decidirlo y casi decírtelo con mi decisión de retrasar mi viaje. Pero es que no se puede esperar eternamente, y menos cuando lo que se espera es un imposible, que lo sé, es un imposible, pero que se me queda clavado en un rincón de mi corazón del que soy incapaz de desprenderme. Lo más difícil fue darme cuenta. Seguía esperando, como una tonta, algo que no fue nada, que sabía que no iba a ser nada porque eres tú. Claro, yo también soy yo y espero, bueno esperé.


Puede ser que las mujeres pensemos demasiado, o seamos masocas, o yo sea todo eso y más. O que seis años pesen demasiado. O que las decisiones son duras si afectan a dos y uno no las comprende. O que al final me incapacité para tomar ciertas decisiones sin pensar en otra persona y ahora me veo en el desamparo de algunos momentos.


Que va. Me siento bien. Me gusta estar sola y por primera vez en trece años me siento dueña de mi vida totalmente. Nunca me coartaste, no quiero decir eso. Pero si quiero a alguien no puedo evitar poner por delante, en ocasiones, su felicidad a la mía, vinculada a la suya... Error del que debo aprender para no reiterarme. Porque resulta que uno se acomoda a eso y yo me canso de que no se me tenga en cuenta.


Sin embargo no puedo ser injusta. Me tuviste en cuenta. Pero no me pensaste. No te pusiste en mi lugar cuando me entregaste lo que me dabas. Puede que pida demasiado. Es lo que pido y ya sé que no me lo puedes dar, así que, se acabó porque no puede seguir.


Es duro. Saber que la causa de mi mal en realidad soy yo, porque busco una felicidad completa. Lo mismo ni existe, pero es que prefiero morir en su busca que agonizar en la mediocridad de una vida que empezaba a ahogarme. Porque está claro ya que nunca nos comprendimos del todo, que nos engañamos, ambos, a más no poder, fruto de un enamoramiento extraño, porque ambos somos extraños el uno para el otro, porque pocas cosas en común teníamos, salvo la de querer estar juntos. Esa magia se rompe si empiezo a pensar que estar a mi lado no es tu prioridad, que tiene narices que no quisieras pasar aquí quince putos días pero luego me vinieras con que tenías un traslado solicitado. A buenas horas mangas verdes y luego me voy a creer que te ibas a quedar a gusto aquí.


En realidad lo que me pasa es que estoy cabreada, conmigo sobre todo. Porque hay que ser capulla para ser yo. Joder.

jueves, febrero 21, 2008

Es extraño las cosas que me pueden hacer pensar en ti. Lo que me puede llevar a la añoranza. Es curioso cómo entrar en una tienda de decoración, pasear mi mirada por los escaparates de muebles, me provoca un pinchazo tenue en el corazón. Cuando me paro a elegir velas perfumadas, contemplo la ropa de hogar que quiero tener, me fijo en un cuadro..., no puedo evitar pensar en ti (aunque suene a canción). Me golpea entonces nuestro placer por pensar qué vestiría nuestra casa, qué colores darían alegría a nuestras habitaciones. Tampoco se me va de la cabeza cómo convertimos un pequeño espacio en nuestro a base de detalles que aportamos tú y yo, divergentes en gustos, como en casi todo, pero, en ese caso, capaces de encajar estilos, acordar lo que daría calor a nuestro hogar.


Claro, y todo eso me lleva a recordar tu manía por los adornos: el autobús inglés, la moto, el duende, los marcos de foto, nuestra oveja ... A los que, al final y a pesar de lo que te dije, yo les quitaba el polvo, con lo que odio ir quitando adornitos de las estanterías. Pero la mayoría te los regalé yo, como los peluches, nuestros osos que marcaron una época cada uno. Ahora ni siquiera sé si los conservarás, los mantendrás en casa de tu madre hasta que sus nombres se te borren de la cabeza y tu sobrino los maltrate (como todos los niños maltratan a los peluches a su forma cariñosa) y, quizás, dejen de ser lo que un día fueron... Como yo espero que el corazón deje de latir entre mis manos cada vez que lo coloco sobre la cama... Cada vez lo hago menos para no pensar cómo me lo compraste mientras yo te gritaba por teléfono y mi cara cuando llegué a casa y me lo diste...


El caso es que no sé pensar en crear un hogar porque no sé cómo lo haría si no tengo tu opinión al lado. Y la cosa está en que no quiero tener tu opinión porque quiero ser yo la que decida cómo va a ser mi hogar, en esto como en el resto de cosas, en esto como en el lugar en el que decidiré vivir, el ocio que querré disfrutar, los viajes que haré.


Como todo, dejaré de recordarte. Más bien, recordarte no será un pesar, sino un recuerdo. Sólo eso. Y el tiempo dejará de hacérseme tan largo.

sábado, febrero 16, 2008

Me he vuelto a equivocar. Esta semana de sueños agitados ha provocado otro error a cometer contigo. Y no paro. Debe ser que no aprendo a cerrar bien las puertas y tampoco sé seguir mis propios consejos. Ahora sé que no te tenía que haber llamado. Menos mal que luego no te localicé.

Porque en el fondo, aunque sea MUY en el fondo, sé que, digas lo que digas, nada va a cambiar, porque tú, que tanto me repetías que no me decías 'te quiero' porque lo demostrabas, no actuaste, no lo demostraste, porque una pareja somos dos y yo ya había tomado una decisión, según tus palabras, o así lo entiendo yo. Y, esto, ¿nunca se te ocurrió pensar que, precisamente, porque una pareja son dos tú podías haber hecho algo? Debe ser que no, que una pareja somos dos que están dentro de mí, porque si no, no se entiende.

Pero te llamé, y me volví a equivocar. Porque te volví a hacer un daño innecesario, y es que ninguno sabemos explicarnos el uno al otro, y porque el teléfono no es el mejor método para algunas cosas. De otro lado, no puedo evitar, a veces, ese regusto amargo de algo que quedó por hacer o por decir o por explicar. Porque te diría muchas cosas, pero puede que sólo sirvan para hacer daño, y te aclararía qué no debes hacer nunca para no dañar a otra persona, pero otra persona será distinta a mí y, espero que esta vez, más parecida a ti y no te ocurra otra vez lo mismo, no nos ocurra otra vez lo mismo.

Debe ser que repito problemas, y me vuelvo a emperrar en cosas por las que debería haber pasado de puntillas, una vez marqué firme mis pasos. Aunque puede que esta vez haya aprendido, haya conseguido marcar a fuego en mi piel que las imágenes de mis noches, vívidas y tan claras como las reales, no pueden ser la guía de mis palabras diurnas, porque son precisamente y nada más que imagénes provocadas por mis sentimientos, es verdad, pero también por el remolino de sucesos que me ocurren cada día, por el cansancio, el resto de preocupaciones, las palabras oídas antes de dormir...

Así que creo que no volveré a hacerlo. Que se acabó tanto juego macabro que sólo consigue hundirme un poquito más en un barro del que estoy intentando salir desde hace ya demasiado tiempo como para no darme cuenta de que no me puedo equivocar tantas veces seguidas. Prefiero ni pensar qué puedo estar haciéndote a ti.

Esta semana me acostaré relajada. Me pondré música alegre y suave que calme mi cabeza y le diga a mi cerebro que el mundo es de colores, para que mis sueños se tiñan con ellos.

Imagen obtenida en www.bocadosderealidad.files.wordpress.com

lunes, febrero 04, 2008

Recuperar

Tengo fecha para recoger mis cosas. Podría ser ya, pero no interesa, malas fechas para ambos. Será más tarde, mucho más tarde, la excusa está en un examen. Tengo fecha para recoger mis cosas porque dices que ahora puedes enfrentarte a que nos veamos, guardaste casi todo en cajas (creo que yo no habría podido si hubiera sido al revés), sólo resta repartir baratijas, despreocuparnos de algunas cosas. Menos mal que ninguno quiere peleas, tenemos claro lo que es de cada cual, lo que puede quedarse el otro.


Tengo fecha y la he retrasado. Por un examen, sí, pero cuando me miro dentro no sé si es una mera excusa para no ir y volver, para no cerrar la puerta que ahora parecía semiabierta. Es absurdo, sé que no quiero retomar una relación que estaría condenada al fracaso, pero siento que rodearme en Sevilla de mis cd's, mis libros, mis libretas, ropa, zapatos, fotos... Es alejarme un paso más de ti, del nosotros que fuimos. Y cuesta. Todo parece tener un precio en este final que se me está haciendo largo.


Te dejo ir, pero por momentos me ato a un recuerdo que no casa totalmente con la realidad, y lo sé, y por eso al instante me suelto y sigo libre y disfruto por ser una ahora, por gobernar mi propia vida ahora más que nunca, al no tener que pensar en que alguien debe ser tan feliz como yo con mis decisiones.


Llevo meses diciendo que quiero mis cosas. Que lamento ir a buscar algo y recordar que no está aquí, si no en la que fue mi otra casa, mi única casa, mi hogar y no el de mi familia. Y surgió una sonrisa en mis labios cuando recibí tu llamada y escuché el motivo. Pero hay momentos en los que me golpea de nuevo esa puerta que se cerrará.


Y hablas de venir y quedarte aquí, en casa, en unos meses. Una visita no por mí, pero que pareces querer compartir conmigo. Y te brindo mi casa... Sin embargo, me parece que ambos sabemos que ese encuentro será un imposible en poco tiempo. Porque día tras día mi vida es más mía que nuestra, tu vida es más tuya, que nuestra, afortunadamente.


Voy a recoger mis cosas. Pero cierro desde ahora esa puerta.

sábado, febrero 02, 2008

Incomprensión


Ha tenido que pasar tiempo, ha tenido que romperse para constatar que lo que pensaba, creía, manoseaba y no quería hacer valer como cierto era la pura realidad de quiénes somos. Por mucho que pudiera prever muchas respuestas, muchas actitudes y situaciones, no dejo de asombrarme por no comprender la reacción ante una separación que podría ser diferente.

Aunque en el fondo se trata de eso, de que sería exactamente igual. Más tarde o más temprano, porque dicen que no cambiamos, pasa que no cambiamos. O sí, pero no hacia los destinos que preferiríamos, porque cada cual debe elegir su camino y su forma y, precisamente por eso, es difícil conjugar dos pensamientos, dos rutas, dos visiones.

Pero sigo sin entender nada. De verdad. No es que no pare de darle vueltas, pero es que cuando creo que lo entiendo me vienes con algo, o descubro algo y ya soy incapaz de encajar las piezas. Porque no se trata de que mi puzzle sea diferente, más bien parece que es tu cabeza la que diverge hacia zonas desconocidas o recovecos que sólo tú llegas a entender para seguir adelante. Porque tienes que seguir adelante y eso lo puedo comprender. Lo que no comprendo son unas palabras que parecen no compenetrarse con las acciones que las siguen.

Y me da pena. No puedo evitarlo. Por mucho que mi corazón poco a poco se vaya desprendiendo de los pesares que lo ataban a ti y a un pasado que se empieza a convertir en eso, por mucho que las lágrimas comiencen a secarse poco a poco y den paso a más sonrisas, por mucho que sepa que es lo que hay y habrá. Es triste, si bien queda la esperanza de que seremos amigos... Cuando no duela.

Porque podemos hablar, y contarnos, y reírnos, y saber lo que pensamos porque estuvimos muy cerca. Sin embargo, habrá que esperar a que nos olvidemos de las caricias, de la sensación de tu cuerpo junto al mío, tus labios besándome, la mirada de desarme...

Y, tal vez, en ese tiempo ya no necesite comprenderlo. O lo haya comprendido. O dé todo igual porque habremos logrado abrirnos caminos divergentes, pero que nos harán todo lo felices que merecemos. Porque, juntos, no podemos.

viernes, febrero 01, 2008

Desayuno


Echo de menos los desayunos del fin de semana. Cuando eran compartidos y nos sentábamos tranquilamente, y tú te habías levantado antes (el resto de días siempre madrugué más) y estabas trasteando en la cocina para preparar el zumo, tostadas o habías bajado para sorprenderme con algún dulce que sabes que me encantan. Tardaste mucho en llevarme el desayuno a la cama. Cinco años. Siempre fuiste de ritmos tranquilos, especialmente cuando se trataba de mí, cuando se trataba de nosotros.


Incluso ahora has sido, estás siendo de ritmo tranquilo. Demasiado tranquilo, porque de tanto esperarte al final te perdí de vista en el camino y tuve que continuar, sigo sola por estos senderos que no sé adónde me llevan. Casi de un día para otro miro hacia delante y no percibo esa mano en la mía, esa casa que iba a ser frente al mar costase el tiempo que costase, esa compañía que serías tú para siempre... El amor es eterno mientras dura, es lo que siempre supe después de mi primera desilusión con alguien. Sin embargo, había creído, estaba convencida de que esta vez iba a durar eternamente.


Y ahora hecho de menos los desayunos, la preparación de un fin de semana que escasas veces estaba exento de planes. Alguna excursión, visita a la familia (la mía quedaba demasiado lejos), comidas o cenas con amigos, charlas interminables porque, eso sí, contigo pocas veces hubo baile. Pero no importaba, o trataba de que no importase hasta que eso también comenzó a pesar demasiado como para dejarlo de lado.


¿Era nuestra vida o era la tuya vivida por dos personas? Eso es algo que no he podido dejar de comenzar a plantearme cuando he empezado a descubrir que la mía, mi vida, está llena de muchas cosas que durante años han estado relegadas a un punto oculto de mi ser para no recordarlo demasiado, para no echarlo de menos.


Debe ser que no se puede tener todo. Y ahora me elegí a mí. Porque por mucho que intentemos huir, nunca podremos hacerlo de nosotros mismos, y porque por mucho espacio que pudiera tener dentro de nuestra pareja, en realidad dejé de tener el sitio que quería.


Espero que el sol que he ganado con la mudanza acompañe mis sábados y me permita disfrutar de mis mañanas sola, sin extrañar nada, y sin olvidarlo tampoco.
Imagen de blogdecocina.com

domingo, enero 20, 2008

Dormir

Cuando entro en la cama y la encuentro fría me acuerdo de ti. De cómo me calentabas las sábanas para que no sintiera pereza de dejar la manta acogedora que me tapaba en el sofá. De cómo me abrazabas o me abrazaba a ti para sentir la piel y el calor y la cercanía y el amor. Conversaciones en mitad de una oscuridad iluminada por palabras balance del día, propuestas de futuro, sentimientos compartidos o solitarios. Los sueños eran otros, en ocasiones los mismos que cuando soy yo la que remueve el edredón hasta encontrar ese pequeño hueco que todos buscamos para guarecernos de la oscuridad y sentir que podemos cerrar los ojos tranquilos porque nada va a pasarnos.

Y nada me ocurre, salvo el suave balanceo de los sueños que me despiertan a veces con una sonrisa en los labios, porque son esos mundos que tantas veces visité y se convirtieron en reales por haberme acompañado más noches de las que llego a recordar. La ausencia no es tan palpable entonces, porque descubro que siempre se duerme solo. El sueño es nuestra parcela individual preludio, quizás, del sueño que será más largo. No dejaríamos a nadie descubrir los caminos por los que nuestra mente vaga de noche, cuando por fin tiramos todas las barreras que protegen lo más recóndito de nuestro ser frente a la hostilidad de lo externo, lo que no alcanzamos a interiorizar para convertirlo en nosotros.

Siempre soñé sola. Es quizás la certeza de esta frase lo que me hace comprender que camino ya con pies firmes sobre suelo que pensé mojado. Quizás porque no quise incorporar a nadie, quizás porque nadie supo añadirse a mis sueños, quizás porque es lo que prefiero pensar ahora, cuando entro sola en la cama y descubro que mi propio calor también es capaz de dibujar en la noche todo aquello que puede ser, será o pretendo.

lunes, enero 07, 2008

Retrospectiva

No estaba muy por la labor de hacer un balance de 2007. Mis ánimos preferían seguir anclados a este presente al que me estoy aferrando con las dos manos porque pasado y futuro se me difuminan en la mente y me dejan los pies colgando. Pero Unaexcusa me hizo cambiar de idea, al comentarme, básicamente, que aunque un suceso haya eclipsado a otros, realmente he vivido muchas cosas que merecen recordarse.


Veamos, la Nochevieja de 2006 estaba en Asturias, tras un viaje en bus de doce horas, y con una gripe que me impidió ir a celebrar el Año Nuevo con amigos. Los mocos y la tos también me impidieron tomarme las doce uvas, por primera vez en años, por lo que quizás ese fue el motivo de que mi deseo (que mi destino fuera en Asturias) no se cumpliese.


De manera que me las deseaba yo muy felices por haber aprobado la plaza con un buen número y el uno de enero me imaginaba con este trabajo estable, con un piso en propiedad (del banco, ya saben), elegido con mi pareja y con el amor rebosando por los poros...


Pero llegó febrero, y me mandaron para Sevilla. Y aquí que me vine más triste que la mar (definitivamente 2007 ha sido un gran año de lágrimas) y sin parar de moverme para poder volver a mi 'tierra querida', para estar al lado de la persona por la que dejé mi ciudad natal con la idea de que fuera para siempre. Esta vez decidí que, a pesar de la distancia, las condiciones, la putada de estar de nuevo separados tras dos años de convivencia; sería feliz mientras estuviera en Sevilla... Y resultó que empecé a serlo tanto, a sentirme tan libre, a agobiarme tanto por pensar en la que se suponía que iba a ser mi vida futura, que llegaron las dudas.


Dudas, silencios, discusiones, malos entendidos, malas explicaciones (supongo, porque aún no se me entiende), el peor verano de mi vida y la conclusión fue que se terminó. Que seis años de amor pasaron a ser un cariño que no dejo de sentir, pero que no es suficiente para aceptar compartir el resto de mi vida con una persona.


Y todo esto en una cabeza, la mía, como siempre llena de contradicciones. Porque he sido y soy muy feliz y muy triste a la vez; me siento querida y abandonada; segura y perdida; decidida y con la insoportable duda de hacia dónde me dirijo...


Mientras tanto, me reencontré con amigos, disfruté de viajes continuamente aplazados, descubrí que a veces, felizmente, me desbordo, hice cosas que jamás pensé que haría sin ningún remordimiento, conocí a personas maravillosas (a ver si se quedan por algún tiempo), aprendí capoeira (poquita, lo sé), me quité lastres que sólo yo me había impuesto y descubrí que la edad no es un impedimento para vivir la vida, que me puedo cuidar mucho y bien y que es estupendo ser como soy.


Y está claro que la tristeza sigue rondando mis ojos, y las dudas. Pero también sé que, en un tiempo, veré 2007 como un año tremendamente positivo sin ningún asomo de duda. Porque, en todo, lo he vivido apasionadamente, que es como me gusta.