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jueves, febrero 13, 2014

Lo bello

La belleza está en la luz. Y las sombras que se proyectan. La belleza está en una mirada, porque cualquier objeto puede ser bello, cualquier alma conlleva hermosura. Un roce puede ser hermoso. Hasta un grito. Un recuerdo teñido de tristeza. La sonrisa que despierta ese retal que encuentras perdido en un cajón en el que nadie piensa.
Las personas son terriblemente bellas. Todas. Pero no podemos serlo para todos, nos hastiaríamos y dejaríamos de apreciar lo magníficamente singular de cada pequeño o gran encanto. Un detalle o un paisaje completo. La mirada microscópica o el telescopio que enseña una estrella. Formas de mirar, maneras de encontrar. Lo bello.


Hay quien es de amaneceres y quien es de atardeceres. Los hay de lluvia, sol, mar o sierra. De piedras o de arena. También están los que están tan impregnados de ella que en todo descubren la belleza. Y la plasman y nos llegan, a veces como una ola, otras como un golpe seco. Para que paremos y lo reflexionemos.
Luces y sombras. La luz. La belleza.

miércoles, abril 07, 2010

Nueva York como en casa


Quien me lo iba a decir a mí. Jamás habría imaginado que una de las ciudades más grandes del mundo, que más respeto me inspiraban (una es cobardica desde la cuna) me haya hecho sentirme como en casa mucho más que algunas de las ciudades en las que viví.


Pues sí, resulta que mi paso por Nueva York me ha dejado una liviana alegría en el alma porque desde el primer momento en que puse mis pies sobre sus calles sentí la ciudad mía. Mientras mis compañeras de viaje se asombraban de la majestuosidad e inmensidad de la city, yo, aún repitiéndome 'qué fuerte estar aquí', sólo decía que era tan normal pasear por allí, que yo pertenecía a esas calles.


Y no os creáis, no se trataba de un déjà vu porque NYC haya salido en tantas películas. De hecho, apenas reconocí calles de las que había visto en el cine, en la tele... Más bien ha sido un sentimiento anclado en mi corazón extrañamente que, incluso, se ha visto reflejado en mi comportamiento.


Más de uno y más de dos (foráneos y neoyorquinos) me han preguntado en los ocho días que he pasado allí si mi residencia estaba en Nueva York 'porque se te ve tan suelta, tan observadora de lo que te rodea con total naturalidad'. Y yo respondía que no, que nada más lejos, que simplemente me sentía cómoda, segura, confortable... En una ciudad que creí que me alienaría y me haría sentirme pequeñita pequeñita.


Y no sé si querría vivir allí, porque me sigue pareciendo inmensa. Pero sí sé que me pertenece y yo le pertenezco a ella.


Quizás ese sea uno de sus encantos... Que te acoge sin importar de dónde vengas.

domingo, enero 24, 2010

Calma


Y por fin llegó a mi espíritu. La calma, el sosiego, la paz, la tranquilidad. Pocas veces me he sentido tan dueña de mi vida y esa posesión de mi destino es la que me lleva a acompasar mi respiración a un paso tranquilo. Podrá cambiar todo o permanecer inmutable en mis decisiones, pero ya no importa tanto, porque lo que importa es que soy yo, por y para mí, la que ha escogido y está escogiendo. Dan ya igual las miradas ajenas, los deseos externos y la sonrisa salta a mis labios porque es cierto.


Para alguien como yo, siempre en movimiento, lucha, dicotomía..., ser consciente repentinamente (aunque el proceso haya llevado meses) de que ya estoy aquí, quieta pero aún en busca (la inquietud que nunca pare) es un verdaderamente nuevo sentimiento... Terriblemente agradable. Me escucho a mí misma y no me reconozco, aunque también sé que soy más yo que nunca. Como pasar las páginas de un libro nuevo que se te hace increíblemente conocido porque las palabras son tú. Pues ahora, las ideas son yo, los anhelos son yo, las decisiones son yo.




Ahora siento en mi interior la marea calmada del mar que moja la orilla con una caricia cuando las tempestades se han alejado definitivamente... Y no digo que no vendrán otras. Pero la próxima vez ya sabré que estoy en puerto seguro... El mío.

lunes, diciembre 28, 2009

...




... La puerta abierta para echar a correr contra el viento

lunes, agosto 24, 2009

Gales





Y volví a enamorarme del verde...

viernes, julio 17, 2009

Frankfurt




En Frankfurt, la cultura y las eurovisitas primaron más que el relax.


sábado, julio 04, 2009

Ibiza






En realidad, no tengo nada más que añadir.

viernes, febrero 06, 2009

Así me siento, así... me peino

Nada, que ya he vuelto a cambiar de color... De pelo. Las mechas fucsia, que tendieron a rosa, empezaban a parecerse peligrosamente al blanco así que me dije 'es hora de volver a la peluquería'. Mi intención inicial fue cambiarlas por el azul, pero como dice mi amigo Javi soy más naranja... Bueno, según él, inevitablemente mi aura es naranja porque (en una de las frases más bonitas que me han dicho) tengo la dulzura y la alegría de la mandarina, con su puntito de acidez de la naranja. Así que, he aquí mi nueva imagen.





Supongo que, pronto, el pelo volverá a aclararse (yo creo que la primera vez se pasaron un poco con el decolorante), pero, por ahora, intento anticipar la primavera con mi pelo, a ver si así se anima y llega de una vez que estoy harta de invierno y de problemas de garganta, y lluvia y tristezas.


Por cierto, me queda una tercera vez para cambiar de color: ¿alguna preferencia?

sábado, diciembre 27, 2008

Mi portal de Belén

Le he dicho a Efter que le enseñaría el Belén que ponemos en casa. Pero tengo que hacer una aclaración. Colaboro en su montaje, pero es mi padre el que se encarga de toda la parafernalia y mis sobrinas y yo colocamos los personajes y demás elementos. En mi casa de Asturias ponía un Nacimiento y adornaba las ventanas con luces y ponía espumillón por las lámparas. Soy una forofa de los adornos navideños, que tiemble mi futuro piso...








Ahora una vista general





Y el Portal de cerca


A mí, la verdad, me mola. Poco a poco vamos acercando los Reyes hasta el Portal, y el día 6 ya están ahí, pegaditos pegaditos para darle al Niño el oro, el incienso y la mirra. No lo puedo evitar, ¡me encanta!

martes, diciembre 23, 2008

Navidad

Llevaba yo un día un poco así... He tenido que salir a hacer unas compras, y aunque apenas hablo ya en las tiendas por mis problemas de garganta (quien me ha visto y quien me ve), sí que digo gracias y deseo feliz Navidad... Y ni Dios me contestaba, creo que sólo una señora me ha respondido a la felicitación. Así que he vuelto a casa pensando que qué le pasaba a la gente, que hay que ver qué pena que nadie felicite la Navidad y que si será que apenas me sale la voz otra vez o qué...

Sin embargo, ha habido una cosa que me ha levantado el ánimo y me ha devuelto la confianza en el espíritu navideño. Normalmente no miro el buzón de mi casa, pero como estoy esperando las notas de inglés, hoy he bajado a abrirlo. Y no, no estaban mis notas de inglés (Dios, qué intriga). Lo que me he encontrado es una postal navideña que mis compañeros de oficina me han mandado para desearme felices fiestas y una pronta recuperación.

Y, vale, ya sé que es que estoy de un sensible que no es normal, y, vale, en realidad no es para tanto, pero casi me pongo a llorar de la ilusión que me ha hecho. Porque, aunque desde que entré en esa oficina (hace casi dos años ya, Dios mío), siempre he pensado que me llevaba más o menos bien con todos los compis y que, quien más y quien menos, todos me apreciaban, recibir esta postal, bueno, que me ha parecido un detalle, porque no tenían por qué hacerlo, porque, incluso los que hayan firmado porque lo hacían los demás, han mostrado un cierto interés.

Así que, recuperada mi alegría navideña, sólo me queda desearos a todos vosotros lo mejor para las fiestas, que os podáis reunir con la gente que queréis y seáis capaces de decírselo, y que seais completamente felices.

¡FELIZ NAVIDAD!

martes, diciembre 16, 2008

Luces de Navidad

Por una entrada de Nils, se me ocurrió proponer que los blogeros interesados colgáramos en nuestras páginas las fotos de las luces de Navidad de cada ciudad en la que estemos. Es que adoro la Navidad, las luces, los adornos, los villancicos, las sonrisas y que, para variar, reciba la misma amabilidad que ofrezco (es que hay gente muy borde suelta, quitando mis amigos, of course, y yo me la suelo encontrar toda).

La verdad es que no me gusta demasiado la iluminación de este año, y, para colmo, la cámara que uso no es que sea de las mejores para fotos nocturnas. Total, que aunque estén un poco borrosas, intentaré derrochar espíritu navideño con mis postcards luminarias... Al menos aquí no parecen un comecocos...

La calle Tetuán.





Esta es la Plaza Nueva, o la de San Francisco, que con el rollo de que el Ayuntamiento está en medio nunca he sabido aclararme, manía de dividir las cosas...



La avenida de la Constitución, con la catedral al fondo...


martes, diciembre 09, 2008

Mis regalos de NYC

No sé si lo sabéis, pero mi hermana, la que se casó, difrutó de su luna de miel en Nueva York. Esta es una de mis ciudades imprescindibles, es decir, uno de esos lugares a los que espero ir algún día antes de que esté demasiado desmejorada como para disfrutarlo. Y como mi hermana no puede pagarme el viaje, decidió traerme un trocito de la Gran Manzana, que me ha encantado.



Pienso lucir esta pedazo de camiseta pero que YA y desayunar cada día con la taza... Porque, digo yo, que si la foto del mar me ayudó a aprobar la oposición (mi objetivo era poder vivir en una casa frente a la costa asturiana), tomar mi té (muy británico por cierto) cada día viendo NYC será un empujoncito para lograr ir este año a 'the USA' (bueno, o el que viene, que la economía anda mal).

Ah, y si consigo descubrir a que altura debo ponérmelos, os pondré una fotita con los vaqueros que también me ha regalado... Pero es que estos americanos tienen el cuerpo raro, os digo yo que los pantalones tienen un corte un pelín especial...

viernes, octubre 10, 2008


Pues sí, la diversión había terminado. A pesar de que llevaba cuatro años en Londres casi no había logrado que su mente pensara en su segunda lengua. Aunque, bien mirado, en realidad el sentido inglés también le venía al dedo. El rodeo que había supuesto su vida en los últimos tiempos había acabado. La realidad había vuelto a hacer acto de presencia golpeándole en la cara con los viejos miedos. No sabía cómo había logrado encontrarle, ni quería saberlo. Sólo sentía la necesidad de volver a huir, de escapar, escapar y escapar hasta que se terminara el mundo y él no pudiera alcanzarla, con sus amenazas, con sus llamadas, con sus miradas encontradas en cualquier lugar donde no debían estar.

No era cuestión de enfrentarse a temores absurdos. Era cuestión de que alguien se había introducido en su vida hasta robársela y obligarla a reinventarse. Y ahora volvía para intentar acabar con todo lo que había vuelto a construir. A arrancarle a sus amigos, a alejarla de su familia, a quemar cualquier rastro de amor que pudiera estar cerca de ella, con el único objetivo de intentar vaciar su corazón para dejarlo como el suyo. Sólo una vez se atrevió a preguntarle qué pretendía: 'si eres como yo me querrás'. Una única frase jamás había conseguido dejarla tan helada y asustada en su vida. La sonrisa con la que vino acompañada estremecieron su rostro y sólo acertó a echar a correr.

Y había corrido mucho, en tiempo, en espacio, en pensamientos. Y, sin embargo, todo eso parecían haber servido para nada, porque ahora volvía a sentirse aquel pequeño ser asustado, aquel ratoncito que apenas se atrevía a asomarse a la puerta de casa por temor a volver a encontrarse frente a quien llenaba sus noches de pesadillas. No quería volver atrás y, sin embargo, aún quedaba en lo profundo de su alma el pequeño rescoldo del miedo, puro y simple miedo.


De lo que no era consciente es que, junto a ese temor absolutamente irracional, el tesón de su huida, pero también su batalla interna, habían germinado en una minúscula luz de esperanza y coraje. No fue consciente hasta unas horas después, cuando había dejado de temblar en casa y se tranquilizaba con una infusión frente a la ventana, por la que apenas se atrevía a mirar. Sin embargo, de repente fue consciente de que por primera vez desde aquella primera vez hacía ocho años, había sido capaz de mantener su mirada al menos un instante. Apenas unos segundos que había olvidado porque rápidamente se giró para alejarse de quien tanto odio le profesaba amándola. Pero ahí estaban, unos segundos que la hicieron erguirse y mirar hacia afuera.

Miró hacia afuera con un gesto apenas imperceptible de desafío, porque allí estaba ella y esta vez empezaba a dudar de que irse fuera la solución. Nada más rondar esa idea su mente, acostumbrada a la comodidad del miedo y de la retirada, la hicieron encogerse un poco. A pesar de esa duda, algo seguía empujando para salir, algo quería alzarla y el estremecimiento de su cuerpo no era esta vez síntoma del miedo, sino muestra de la lucha entre el pasado y el futuro que se estaba convirtiendo en presente.


Depositó la taza sobre la mesa, incapaz aún de tomar una determinación, pero con la mirada más resuelta de lo que estuvo horas antes en el tube, años antes en su ciudad natal. Respiró como se le había olvidado hacer durante cuatro años. Sólo cogió aire, y, sin embargo, esa vez, llenar sus pulmones fue algo más que inspirar.

miércoles, octubre 01, 2008

London: people I've met

Mi viaje en soledad a Londres no fue tan en soledad, afortunadamente. Tengo amigos que no sé si me los merezco y entre los que ya estaban allí y los que me fueron a visitar, al final mis días sola fueron nada más que cuatro.


Mi primer encuentro fue con Kupe. Ha sido el primer blogger al que he conocido personalmente y sencillamente me ha confirmado que hay mucha gente por aquí que merece la pena. Kupe es como su blog, pero mejor. Encantadora, agradable, y muy muy inteligente. Me explicó un montón de cosas de Grenwich (ahora ya sé que se pronuncia Grinich) que bien me la habría llevado por todo Londres para que me ilustrara, me llevó a mi primer mercadillo londinense y disfruté de una charla de lo más amena. Porque ver a Kupe fue como estar con una vieja amiga. Total confianza, complicidad... ¡Y su hijo es mucho más mono en la realidad (que ya parecía difícil)!, aunque estaba malín el pobre. Ahora espero que ella pueda devolverme la visita, porque imperdonablemente no conoce mi querido sur y, vamos, no se puede vivir en Londres y no haber visitado Sevilla, digo yo. Así que, nada, desde aquí le repito mi invitación.




Después de ella, Antonio tuvo más tiempo del que yo pensaba con su curso allí y me acompañó gustoso al mercadillo de Portobello (donde encontré mi primera ganga londinense, un vestido precioso que supongo que ya luciré por aquí). Luego nos fuimos a Kensington, Hyde Park, la zona de los museos, el Soho para cenar... Y otro día lo volví a arrastrar de tiendas (pobrecito). La verdad es que me encantó encontrarlo en Londres. Llevábamos unos siete meses sin vernos (eso que vivimos a dos horas de coche en España) y lo echaba de menos. Fue muy agradable pasear con él, de tiendas, por la orilla del río, por los parques de Londres. Me encanta hablar con él, porque es fácil, porque le saca punta a casi todo, porque tiene toda la vida por delante y comparte sus planes, lo que me devuelve a mí la ilusión y las ganas también de hacer planes y de saber que queda toda la vida por cumplirlos... La pena fue que no pude acompañarlo en una de sus juergas nocturnas... Para la próxima no me lo pierdo.




El mismo día de Portobello estuvimos con Anthony, que días después me llevó a visitar Oxford. Pensaba que al final no coincidiríamos en ningún sitio, pero me dio una agradable sorpresa, así que disfrutamos de paseos, vistas y, por supuesto, dulces (si no ni él sería él ni yo, yo), pero esta vez en un entorno completamente distinto... Además de enseñarme Oxford y permitirme un cierto relax (fue él, el que se encargó de preguntar esta vez, ya tenía la cabeza yo para explotar de tanto inglés), cenamos con unos amigos suyos encantadores, que fueron mi prueba de fuego, más bien no superada. Está claro que de uno en uno vale, pero hablar con tres británicos a la vez sigue siendo todo un reto para mí: cuando mi cerebro ha procesado la información hacer cualquier comentario está fuera de lugar... Pero me lo pasé estupendamente bien, no voy a negarlo. Aunque siempre le echaré en cara que no me animara lo suficiente para comprarme otro vestido que vi. Claro, él tan contento con su camiseta...


Y para rematar mi visita, cuando ya no me esperaba quedar con nadie más y empezaba a pararme a hablar con las viejas de los parques (tened en cuenta que me gusta hablar, mucho, y viajar sola lo que tiene es que no tienes interlocutor fijo), J. me llamó porque tenía una entrevista en Londres y me llevó a probar la comida hindú (lo sé, lo sé, soy lo peor por no haberla probado antes) y dar un paseo por Candem Market... Eso sí, al final ella se fue y me dejó a mí entre las tiendas, necesité unas cuantas horas más para recorrerlo entero.


De manera que Greenwich, Portobello, Hyde Park, el Museo de Ciencias Naturales, Carnaby Street, Oxford, Candem Market, el paseo del río... Tuvieron para mí el encanto añadido de compartirlos, de reencuentros con personas que hacía bastante que no veía o que quería conocer. Porque estar sola no me habría importado, pero tener con quien sonreír por algo que me sorprende, con quien comentar la última pinta rara que pase por la calle o consultar si esta o aquella compra puede estar bien dieron más valor a mi viaje. Y me encantó comprobar las buenas personas que me rodean, porque realmente significó mucho poder verlas a todas ellas (que sabían mis nervios previos al viaje por ir sola y quisieron estar ahí para decirme 'ves, no pasa nada, al final tienes apoyo').

sábado, septiembre 27, 2008

London, I like you!



Londres, ciudad de contrastes, multiculturalidad, cosmopolitismo, arte... Y, sobre todo, ¡compras! (aunque me he controlado, que conste, y mucho). Llegué a Londres con el corazón algo encogido por el idioma, la soledad (que no ha sido tanta, eso merece entrada aparte), mi pésimo sentido de la orientación... Pero el primer día, cuando cojo el metro en hora punta, se estropea y logro llegar a mi destino gracias a la amabilidad de un chico, descubrí que me iba a sentir más o menos cómoda.


Pues sí,el primer día, y la primera en la frente. Como llegué prontito me fui a dar un paseo andando, desde mi hotel hasta St Paul's Cathedral, primero por el borde del río y luego callejeando. Cuando se empezó a hacer tarde decido coger el metro sin saber que esa es la hora punta de allí... Entrar en el vagón tuvo su punto de dificultad, pero cuando tres estaciones más allá se estropea y no me entero del todo de la parrafada que sueltan me puse un pelín nerviosa, no lo voy a negar. Pero, claro, de alguna forma había que salir de allí, así que me dirigí a un chico guapo (ya lo tenía pillado del vagón) y le pregunté qué es lo que habían dicho. 'Que no pueden arreglar el problema y que busquemos transportes alternativos'. Ahí ya sí que me acojoné y le dije que no sabía cómo llegar a mi siguiente destino... 'Voy para allá, ¿vienes conmigo?'. Y sí, me fui con él... Junto a otra italiana que se nos unió en las escaleras mecánicas. Total, que allí íbamos un francés, una española y una italiana por las calles de Londres, hablando en inglés y francés que habría dado para un chiste, aunque para lo que dio fue para un paseo agradable. El chico me dejó incluso en la parada de autobús, unas cuantas manzanas más allá... Aunque se equivocó, llegué bien a mi hotel. De la italiana no he vuelto a saber nada...



A partir de esa aventurilla, las cosas fueron mejorando. Al día siguiente, además de patearme la National Gallery y la National Portrait Gallery (gran error verlas una detrás de otra); y pasear... Me fui a ver 'The Sound of Music'. Pillé las entradas bastante baratas en Leicester Square esa misma mañana, y desde la octava fila, al lado del pasillo, me emocioné, flipé con la potente voz de los actores, aplaudí y disfruté como una verdadera enana. Lesley Garret, como la madre superiora, me hizo llorar con su voz, porque era sencillamente increíble.

El British Museum, Westminster Abbey, la torre de Londres, la Tate Modern, British Library, la casa de Dickens... Hice un recorrido bastante amplio por los tesoros artísticos e históricos que guarda Londres, hasta que acabé un poco cansada.



Y entonces llegaron los días de paseos más tranquilos (¡ya casi no me perdía!) y las compras. Londres está pensada para gastar. Eso está claro. Y aunque es cara, conseguí algunas gangas en Portobello Market, Candem Market y alguna tienda de la ciudad... Y los libros, ahí sí que he tenido que controlarme. Son más baratos, sin embargo tuve que ser razonable porque no podía cargar con ellos y sólo compré los dos siguientes de la saga Potter (ahí queda mi foto en el andén 9 y 3/4), un minidiccionario inglés-español y un libro de Tim Burton... Pero me habría traído al menos cuatro o cinco más...



De todas formas, lo que más me ha gustado de Londres es vivirla.

lunes, septiembre 08, 2008




Aparcada en una pared. Como una vieja bici oxidada y olvidada por quien ya no quiere pedalear más lejos, ya que prefiere una cercanía que le resulta conocida. Solitaria entre la mugre que se abre camino paso a paso, pero erguida frente a la belleza absoluta que es un hogar. Así se sentía ella en el momento que cerró la puerta tras de sí para dejar paso al resto de su vida. Porque en ese momento no sabía que le quedaba mucha carretera que disfrutar, muchos paisajes cambiantes que se reflejarían en sus ojos y se plasmarían en su mente, al revés, porque es así como el cerebro logrará entenderlos luego.

Llegarían días que la pintarían de rojo, naranja, verde esperanza, azul cielo... También negro, porque sin lo oscuro nunca se percibiría la luz que abre caminos, despeja puertas, amaina tempestades y logra la paz de espíritu que permite dejarse llevar por el oleaje, cada vez más lejos, cada vez más dentro, cada vez con más ansias por la luz que ya no querrá abandonar el alma.

Romperán sueños y renacerán palabras para no quedarse colgadas en la boca, sino que escaparán de las lenguas para encontrarse con otras y transformarse en besos, miles de besos y abrazos que repartir para no cansarse nunca de amar y ser amada.

Porque ser dulce siempre será un arma si no se descubre que sólo supone el roce de unas manos sobre las teclas de un piano silencioso durante largas etapas, el vuelo raso de un pájaro que pretendía alcanzar el alba, la brisa que vibra entre las ramas, el agua que moja los pies y despierta al alma, la canción tanto tiempo callada, la sonrisa inesperada.

Entonces, ya no importa haberse quedado quieta, sólo fue el instante para que la pierna avanzara.

Imagen de Berlín. Canción 'Glosoli' de Sigur Ros (Gracias ozkelui por descubrírmelos e inspirarme).

miércoles, septiembre 03, 2008





Odio los días nublados que me entristecen y consiguen que las nubes se instalen en mi alma.



Odio los dentistas que dicen que no te ponen anestesia porque, total, no vas a sentir nada.



Odio los días de mucho trabajo en los que llego a casa y parece que todo no sirvió para nada.



Odio las frases que desilusionan y dejan un sabor extraño en la boca, aunque sean tontas.



Odio los pensamientos recurrentes, absurdos, pero que descolocan.



Odio los dolores de espalda por dormir acurrucada.



Odio que el peso en el espíritu me dure días...



Afortunadamente, en ocasiones consigo sacudirme la tristeza, el pesar, la congoja y el humor espeso y negro que se enroscan en mi alma y, con mucho cuidado y buena letra, empiezo a enderezar la espalda y a sonreirme a mí misma.



Ayudan conversaciones entretenidas con amigos, unos largos en la piscina, unas palabras escritas recibidas, las vacaciones que se acercan y las malditas ganas de no volver a dejar que sólo el cielo consiga nublar mis ansias de disfrutar de mi semana.

jueves, agosto 21, 2008

Palabras

Hay palabras que se quedan en los labios, prendadas de ellos para siempre, nunca dichas. Hay palabras que rondan los oídos, siempre esperadas. Hay palabras que son solo pensamientos que se transforman en ideas y que cambian al mundo. Hay palabras escritas que apenas permanecen en el tiempo. Hay palabras dichas que se marcan a fuego y ya nunca te abandonan. Hay palabras deseadas y de deseo.


En ocasiones queda la sensación de que se debió decir algo y se sabe que nunca será dicho. Y pesa hasta que deja de hacerlo porque nos convencemos de que no debían pronunciarse. O nos conformamos. O descubrimos que hay cosas que, simplemente, hay que dejar pasar porque agarrarlas no llevaría a ningún sitio, al menos no mejor del que estamos.

Casi nunca nos damos cuenta de que las palabras son importantes: las dichas, las omitidas, las ignoradas, las silenciadas, las gritadas, las susurradas, las escritas, las borradas. Suelen serlo porque son las que conforman nuestro mundo, las que nos definen y marcan nuestro camino, porque ya somos incapaces de pensar en algo que no sean palabras, aunque a veces las imágenes también nos sirvan para ubicarnos.


No sé por qué no nos damos cuenta de lo que valen. Puede que porque las usamos tan a menudo que pierden su valor, como lo perdería el oro si rondara por la calle como los guijarros. O porque pensarlo nos volvería locos, mudos, incapaces de emitir un sonido, escribir una letra, temerosos de sus consecuencias.


Ese es mi problema, pocas veces soy temerosa y hablo demasiado. O soy tan temerosa que dejo en el tintero lo que debería salir de él.


Aún así, sé que me quedan palabras por descubrir y espero no tener que callar muchas. El silencio me acaba pesando demasiado.

sábado, agosto 09, 2008

Cae la noche



Cae la noche y se difuminan los contornos de mis pensamientos para perderse en la oscuridad que envuelve a las almas deseosas de reencuentros. Cae la noche y las estrellas no son suficientes para iluminar los cuerpos que yacen perdidos entre las marañas de sombras rojizas, retratos del mal que persigue a los condenados.


Cae la noche y sólo el refugio de las cuatro paredes que nos cobijan, salvan nuestros sueños de perderse en la realidad tenebrosa, cruel algarabía de risas estridentes que asustan al más valiente y lo hacen correr hacia caras conocidas... Porque no saben que la noche borra los perfiles y deja escapar los deseos.


Sólo la pálida luz de unos ojos enciende las almas delicadas, que se dejan arrastrar porque se sienten seguras. Sólo las caricias de un amor anhelado parecen alejar los monstruos que nos persiguen entre los escombros de la vida que creímos real durante el día.


Cae la noche y nos dejamos seducir por ella. Cae la noche y olvidamos si habrá un alba que recupere los pedazos de las historias marcadas a fuego en la piel, borradas con saña por nuevos recuerdos.

Foto de J.

miércoles, agosto 06, 2008

Se sentó frente al mar, tanto tiempo añorado, y dejó vagar su mente, como tantas otras veces, sobre la espuma que las olas levantaban, arrastrándose con las corrientes que agitaban la superficie del océano para darle esos brillos de luz de luna que había buscado en tantos ojos. Pensó en los torbellinos de agua como si de los nudos de su vida se trataran, desarmados por la propia fuerza de la marea que los creaba y no pudo evitar esa media sonrisa de esperanza.

Cerró los ojos. Entonces, el olor y el ruido del oleaje cobraron protagonismo en su cabeza, como ecos de otras voces y transportadores hacia otros lugares, otras vidas vividas por ella misma pero que ahora le parecían demasiado lejanas como para pertenecerle.


Se dejó acunar así un rato, acariciada por la brisa marina que puso sus vellos de punta, más que por frío, por el placer recuperado de saberse rodeada, presente en su mar. Se abrazó a sí misma, porque era ése y no otro el abrazo cuya ausencia le había pesado. Se había olvidado de ella y ahora se recuperaba, sentada en la arena, bajo la luna que nunca le abandonó y la música que el agua hacía al llegar a la orilla.

Y volvió a abrir lo ojos para verse en la inmensidad de una playa ahora vacía de los gritos, las risas, los juegos que durante el día la habían plagado. Como ella misma, el litoral descansaba a la espera del sol que acariciará a ambos con una luz naranja, brillo de los nuevos días que se le presentaban cargados de mareas, idas y venidas, calma y tormentas, los días que había buscado y se había negado, al mismo tiempo, por un continúo temor a su propio miedo.

Sin embargo no quería pensar. Y no lo hizo. Se quedó allí, contemplando su mar, como lo son todos, dejándose acunar por los sonidos de la marea, disfrutando de la brisa y de aquellos olores que tanto le decían.