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martes, octubre 21, 2014

PANTA REI

Panta Rei.Todo fluye. O la vida es un continuo cambio. Sinceramente, al pensar en esta expresión, nunca había sido capaz de aplicarla más allá de cada individuo. Con nuestras complejidades y personalidad, la vida fluye, cambia, continúa, nos lleva, siempre alrededor de cada uno de nosotros. 

Pero panta rei, todo fluye, tiene para mí, ahora, un nuevo significado. Desde hace algún tiempo he tenido que pararme, mirarme y descubrirme. Lo sé, la mayoría de las personas lo hacen en la infancia, yo he tenido que esperar 37 años para verme y permitir que los demás me vean. Con esta visión propia, o percepción de mí misma, empecé a cambiar. Cambié cómo me relaciono con los demás, cómo entiendo que soy (y entonces habrá quien diga que cambié quién soy), modifiqué esas ideas preconcebidas que me acompañaron hasta abril y aún sigo en un proceso de fluir que me sigue asombrando y que imagino que terminará el día de mi muerte. 

Hasta aquí todo normal para mí, es decir, todo tal y como lo había imaginado cuando una se decide por dejar de hacerse daño y, de paso, evitar daños colaterales. Pero es que resulta que, efectivamente, todo fluye. 
El Panta rei del que hablaron los griegos (la frase se le atribuye a Heráclito) no es una marea que me lleva a mí sola. Yo soy también río. Soy también agua que discurre y moldea, afecta, arrastra o eleva a quien está a mi alrededor. 

Y, para mi sorpresa (quizás soy muy inocente), las corrientes fueron ampliándose hasta crearme un mundo distinto. Porque mi fluir, mi salida del lugar que tenía asignado en mi familia, por ejemplo, concluyó en más corrientes y reubicaciones. Sentí por primera vez que era parte. Ya no era la piedra contra la que el río familiar se chocaba e intentaba tirar abajo para arrastrarme. Soy corriente que fluye con ellos y hace que ellos se integren en mí, dejándome, por tanto, integrarme a mí. 

No es ser océano, es ser agua, y viento y junco que se deja llevar, porque la corriente también me llevó a descubrir los rincones secos de mi alma. Y, arrastrados, salieron a la luz para que yo empezara a bailar claqué y conociera a personas que enriquecen mi mundo, a la vez que yo aporto al suyo. Abrieron mi alma a salir del foco y retornar a las sombras para dejar que el protagonismo lo tuvieran quienes lo merecen (no voy a negar que a veces vuelvo).

Las mareas se llevaron la pena como arma y herramienta para conseguir amor (incierto) y me hicieron ver la que falsamente usaban los demás, lo que me hizo más libre a mí, y espero que algún día lo consiga para quienes dejé de seguir en ese juego maligno de ser una víctima.

 Y las reglas de la amistad no cambiaron, pero me acompañaron o no en mi cauce, y no hubo lágrimas, ni despedidas, sólo pasos por aquellas ciudades, piedras, caminos, o puentes que se me tendieron en su momento preciso y que quedan atrás porque, como los ríos, las vidas y su fluir se bifurcan.

También la marea me retornó a personas y lugares que pensé que no volvería  pisar, que me negaba a retomar. Pero ya no soy la misma. Discurrir agregó a mi ser retazos de cada orilla y al reencontrarme con esas personas que quise borrar, descubrí que puedo perdonar y compartir su felicidad. Y ellas reaccionaron conmigo de manera distinta porque me vieron, por fin, tal cual soy. 

Así que ahora me digo Panta rei. Y sonrío. Atrás quedaron los miedos que me ataban a unas raíces desarraigadas que sólo me hacían perder el equilibrio, engañarme y castigarme con daños inimaginables. Sonrío porque fluyo y dejo a los demás fluir. Porque me uno a las mareas y floto en ellas, dejándome mojar e iluminar por el sol que cada uno aporta a los demás. Incluso con las tormentas, porque ahora sé que sabré llegar a puerto. Y, si no, habrá quien me agarre y me lleve. Porque ya soy parte. Porque la vida fluye.

Dedicada a Carmen, que me acompaña en el camino, me ha permitido crecer hasta este punto y seguirá junto a mí hasta que madure del todo.

miércoles, junio 25, 2014

La injusticia y yo

El mundo es injusto. La vida es injusta. Lo sé. Las cosas no tienen que ser como yo pienso que deberían, ni siquiera como sería justo que fueran. La vida, el mundo, es como es, porque lo construimos seres humanos imperfectos, con defectos, ambiciones, egos, dudas... Todo eso lo entiendo. Y lo normal y sano sería que pasara por la vida entendiéndolo y dejándolo estar. Debería actuar en mi parcela vital ofreciendo la bondad de la que dispongo, a la espera de ser todo lo justa que pueda llegar a ser, y seguir mi camino.

Sin embargo, mi grado de sensibilidad y empatía rozan al extremo más grande y hay momentos (muchos, aunque espero que cada vez menos), en que esas injusticias me desbordan. Me explotan dentro y salen en forma de lágrimas, o enfado, o rabia... Y, al menos ahora sale, porque peor es cuando se enquista dentro.

Trabajo dentro del sistema. Un sistema que busca el orden. Pero también una organización en la que día a día veo que se busca menos el bien común y más unos objetivos que yo no alcanzo a vislumbrar pero que, desde luego, no me parece que sean el bienestar de la sociedad en general. Ni siquiera el equilibrio de la estructura que lo sostiene. 

Puede que sea que simplemente no lo entiendo, pero, sin ánimo de ofender, debido a mi inteligencia dudo mucho que se trate de eso.

El caso es que, fuera lo que sea, yo no puedo luchar contra el sistema, y menos a base de rabia o lágrimas de impotencia. No puedo dejar que la injusticia me cale de tal manera que me haga daño a mí misma y me bloquee hasta perjudicarme dentro y fuera de mi trabajo.

Porque no es sólo la injusticia global. Acabo empatizando más con la pena y quiero el cambio en el que la siente. Y empiezo a hacerme daño a mí y al de enfrente.

En el trabajo debería ser fácil. Sólo tengo que ser yo. Es decir, no perder la sensibilidad pero no hacerla mi todo. Llegar hasta donde me está permitido y comprender que lo que es, es, y que los cauces de cambio ya los estoy usando, y espero que todos los demás también.

El mundo es injusto, lo acepto, las personas eligen, lo acepto. Ahora tengo que aceptarme a mí, que es en lo que estoy. Mientras yo no me quiera, de nada sirve mirar hacia fuera.
Está claro que necesito un tiempo más dentro. De nuevo, hasta luego. 

jueves, mayo 17, 2012

La pesca del salmón en Yemén

La historia de un sueño, de una locura, de la fe, del amor, de embarcarse en los imposibles. No termina mal, porque si no no sería una película, pero es que hay veces que necesito la esperanza por encima de todo.
Cumplir anhelos. Seguir adelante pese a la sorna y todo acompañado con unos diálogos cuidados, a veces irónicos, a veces directos. 
Quizás éste ha sido el momento para ver esta película. La esperanza y la fe. Seguir adelante. Ahora que me he decidido por no frenarme a mí misma, por intentarlo, al menos, por iniciar el camino, aunque se bifurque más adelante. 
Y la fotografía, la música me han traído la paz. Destila paz que se me ha transmitido más allá de la pantalla. Para reflexionar sin pesar, dejarse llevar, y, a la vez, ir a contracorriente, como el salmón. Porque sólo tengo que seguir mi camino, no el de nadie más.

jueves, mayo 19, 2011

Orgullo patrio

Jamás pensé que esas palabras se formarían en mi mente. ¿Sentirme orgullosa de mi país? ¿Yo, que jamás he sentido ningún lugar como mi patria? Y, sin embargo, aquí me tenéis, con orgullo patrio por mi gente, por la gente que estamos en la calle, que nos hemos decidido a quejarnos de forma PACÍFICA, que nos hemos lanzado a pedir el cambio que tanta falta hacía.


Sinceramente, había perdido la esperanza. Desde hace mucho tiempo sentía el espíritu enrabietado porque yo sola no sabía como moverme, qué hacer. Y reiteraba la necesidad de salir a las calles, y hacía campaña para ello en casa, en el trabajo, con los amigos, con cualquiera que me preguntara. Pero no supe organizarlo.


Han sabido hacerlo por mí y me siento orgullosa. Orgullosa de que no seamos políticos, pero pidamos un cambio en la política y sobre todo en las personas que se dedican a ello.

Orgullosa de que no seamos economistas, pero intentemos plantear opciones.

Orgullosa de que hablemos, dialoguemos, escuchemos y nos respetemos estando en la calle como hay gente que piensa desde la izquierda, quienes piensan desde la derecha, apolíticos, creyentes y no creyentes, heterosexuales y homosexuales, jóvenes y mayores, trabajadores y parados...

Ahora nos queda, de todas formas, una tarea igual de dura que la de lanzarnos a la calle:

No cansarnos después de este domingo;

no dejarnos politizar, por muchos intentos que hay ahora mismo;

no parar hasta que, de verdad, se vea que algo se mueve por arriba, que es de dónde debería haber venido la responsabilidad y el cambio.

lunes, agosto 16, 2010

Realmente llega un momento en el que piensas que nunca te volverá a pasar. Pero, entonces, en el momento más inesperado, llega también la persona menos esperada y la sonrisa tonta se te cuelga de la cara y ya no hay forma de borrarla.
Un roce adquiere un significado gigantesco, una mirada llena un mundo y una palabra acaricia los oídos como si fuera la más bella canción.
Y el mundo vuelve a hacerse pequeño porque no te cabe tanta felicidad en el corazón.
Dan igual todas las cosas, porque me lanzo, me lanzo, me lanzo y sólo me dejo sentir, porque sentir amor es lo más bonito del mundo.
Y sí, me estoy enamorando como una tonta.

miércoles, abril 07, 2010

Nueva York como en casa


Quien me lo iba a decir a mí. Jamás habría imaginado que una de las ciudades más grandes del mundo, que más respeto me inspiraban (una es cobardica desde la cuna) me haya hecho sentirme como en casa mucho más que algunas de las ciudades en las que viví.


Pues sí, resulta que mi paso por Nueva York me ha dejado una liviana alegría en el alma porque desde el primer momento en que puse mis pies sobre sus calles sentí la ciudad mía. Mientras mis compañeras de viaje se asombraban de la majestuosidad e inmensidad de la city, yo, aún repitiéndome 'qué fuerte estar aquí', sólo decía que era tan normal pasear por allí, que yo pertenecía a esas calles.


Y no os creáis, no se trataba de un déjà vu porque NYC haya salido en tantas películas. De hecho, apenas reconocí calles de las que había visto en el cine, en la tele... Más bien ha sido un sentimiento anclado en mi corazón extrañamente que, incluso, se ha visto reflejado en mi comportamiento.


Más de uno y más de dos (foráneos y neoyorquinos) me han preguntado en los ocho días que he pasado allí si mi residencia estaba en Nueva York 'porque se te ve tan suelta, tan observadora de lo que te rodea con total naturalidad'. Y yo respondía que no, que nada más lejos, que simplemente me sentía cómoda, segura, confortable... En una ciudad que creí que me alienaría y me haría sentirme pequeñita pequeñita.


Y no sé si querría vivir allí, porque me sigue pareciendo inmensa. Pero sí sé que me pertenece y yo le pertenezco a ella.


Quizás ese sea uno de sus encantos... Que te acoge sin importar de dónde vengas.

domingo, enero 24, 2010

Calma


Y por fin llegó a mi espíritu. La calma, el sosiego, la paz, la tranquilidad. Pocas veces me he sentido tan dueña de mi vida y esa posesión de mi destino es la que me lleva a acompasar mi respiración a un paso tranquilo. Podrá cambiar todo o permanecer inmutable en mis decisiones, pero ya no importa tanto, porque lo que importa es que soy yo, por y para mí, la que ha escogido y está escogiendo. Dan ya igual las miradas ajenas, los deseos externos y la sonrisa salta a mis labios porque es cierto.


Para alguien como yo, siempre en movimiento, lucha, dicotomía..., ser consciente repentinamente (aunque el proceso haya llevado meses) de que ya estoy aquí, quieta pero aún en busca (la inquietud que nunca pare) es un verdaderamente nuevo sentimiento... Terriblemente agradable. Me escucho a mí misma y no me reconozco, aunque también sé que soy más yo que nunca. Como pasar las páginas de un libro nuevo que se te hace increíblemente conocido porque las palabras son tú. Pues ahora, las ideas son yo, los anhelos son yo, las decisiones son yo.




Ahora siento en mi interior la marea calmada del mar que moja la orilla con una caricia cuando las tempestades se han alejado definitivamente... Y no digo que no vendrán otras. Pero la próxima vez ya sabré que estoy en puerto seguro... El mío.

domingo, enero 04, 2009

Cosas en las que pensar

El cd edición de lujo de esta chica ha sido uno de mis regalos de Navidad. Ya lo tenía descargado y, como me gustaba mucho, lo pedí (este año he pasado de contentarme con los experimentos familiares, porque 32 años después por lo visto no me conocen en mi casa, e hice una lista) y la verdad es que lo estoy disfrutando mucho.

El caso es que, como otros muchos artistas o sus discográficas, en el álbum no han incluido las letras de las canciones, con la rabia que me da. Porque una de las cosas por las que opto por los originales y no el pirateo es para poder cantar las canciones (vale, ahora no puedo, pero me encanta cantar a voz en grito a dúo con mis cantantes preferidos). El caso es que como no venían, pues me he puesto a buscarlas por internet y, de paso he visto alguno de los vídeos de esta chica.

Y, precisamente, el ver los vídeos es lo que me ha hecho plantearme algunas cosas. Aquí tenemos el primero.

Como habéis visto va monísima de la muerte, con ese aire 50/60 que me encanta, y bastante recatadita con su falda bajo la rodilla... Entonces, si es de las más escuchadas en su país y en el resto del mundo, vende a punta de pala, y, en fin, que no es que necesite muchísima publicidad, ¿por qué narices se pone a enseñar cacho en su último vídeo, una canción inédita incluída en la edición de lujo?

Entendedme, creo que las artistas tienen que vestirse como mejor les apetezca, y luzcan todo lo que quieran de su cuerpo si así se sienten mejor o les gusta. Pero ya sabéis que el sexo vende y mostrar se utiliza para ganar más perras. En su caso, con la pasta ya ganada, pues no lo entiendo... ¿Se habrá hecho algún retoque y querrá lucirlo? Se abren las apuestas.

sábado, diciembre 27, 2008

Sam Sparro

A este artista lo descubrí gracias a un amigo, que me lo ponía cada vez que iba a su casa. Me gusta porque casi todas sus canciones son bailables, tiene una voz que me gusta y, cuando no le da por caer en una estética horrorosa, tiene su 'je ne sais quoi'.
A ver qué os parece a vosotros.


...Y que yo no pueda cantar, no quiere decir que vosotros os tengáis que estar calladitos. Aquí va la letra.

Black and gold

The fish swam
Out of the ocean
And grew legs
And they started walking
And the apes climbed down
From the trees
And grew tall
And they started talking

And the stars
Fell out of the sky
And my tears
Rolled into the ocean
Now i'm looking
For a reason why
You even set my world
Into motion

'Cause if you're not
Really here
Then the stars
Don't even matter
Now i'm filled
To the top with fear
But it's all
Just a bunch of matter
'Cause if you're not
Really here
Then i don't want
To be either
I wanna be next to you
Black and gold
Black and gold
Black and gold

I looked up
Into the night sky
And see a thousand eyes
Staring back
And all around
These golden beacons
I see nothing but black

I feel a way of something
Beyond them
I don't see
What i can feel
If vision
Is the only validation
Then most of my life
Isn't real

'Cause if you're not
Really here
when the stars
Don't even matter
Now i'm filled
To the top with fear
But it's all
Just a bunch of matter
'Cause if you're not
Really here
Then i don't want
To be either
I wanna be next to you
Black and gold
Black and gold
Black and gold

sábado, septiembre 27, 2008

London, I like you!



Londres, ciudad de contrastes, multiculturalidad, cosmopolitismo, arte... Y, sobre todo, ¡compras! (aunque me he controlado, que conste, y mucho). Llegué a Londres con el corazón algo encogido por el idioma, la soledad (que no ha sido tanta, eso merece entrada aparte), mi pésimo sentido de la orientación... Pero el primer día, cuando cojo el metro en hora punta, se estropea y logro llegar a mi destino gracias a la amabilidad de un chico, descubrí que me iba a sentir más o menos cómoda.


Pues sí,el primer día, y la primera en la frente. Como llegué prontito me fui a dar un paseo andando, desde mi hotel hasta St Paul's Cathedral, primero por el borde del río y luego callejeando. Cuando se empezó a hacer tarde decido coger el metro sin saber que esa es la hora punta de allí... Entrar en el vagón tuvo su punto de dificultad, pero cuando tres estaciones más allá se estropea y no me entero del todo de la parrafada que sueltan me puse un pelín nerviosa, no lo voy a negar. Pero, claro, de alguna forma había que salir de allí, así que me dirigí a un chico guapo (ya lo tenía pillado del vagón) y le pregunté qué es lo que habían dicho. 'Que no pueden arreglar el problema y que busquemos transportes alternativos'. Ahí ya sí que me acojoné y le dije que no sabía cómo llegar a mi siguiente destino... 'Voy para allá, ¿vienes conmigo?'. Y sí, me fui con él... Junto a otra italiana que se nos unió en las escaleras mecánicas. Total, que allí íbamos un francés, una española y una italiana por las calles de Londres, hablando en inglés y francés que habría dado para un chiste, aunque para lo que dio fue para un paseo agradable. El chico me dejó incluso en la parada de autobús, unas cuantas manzanas más allá... Aunque se equivocó, llegué bien a mi hotel. De la italiana no he vuelto a saber nada...



A partir de esa aventurilla, las cosas fueron mejorando. Al día siguiente, además de patearme la National Gallery y la National Portrait Gallery (gran error verlas una detrás de otra); y pasear... Me fui a ver 'The Sound of Music'. Pillé las entradas bastante baratas en Leicester Square esa misma mañana, y desde la octava fila, al lado del pasillo, me emocioné, flipé con la potente voz de los actores, aplaudí y disfruté como una verdadera enana. Lesley Garret, como la madre superiora, me hizo llorar con su voz, porque era sencillamente increíble.

El British Museum, Westminster Abbey, la torre de Londres, la Tate Modern, British Library, la casa de Dickens... Hice un recorrido bastante amplio por los tesoros artísticos e históricos que guarda Londres, hasta que acabé un poco cansada.



Y entonces llegaron los días de paseos más tranquilos (¡ya casi no me perdía!) y las compras. Londres está pensada para gastar. Eso está claro. Y aunque es cara, conseguí algunas gangas en Portobello Market, Candem Market y alguna tienda de la ciudad... Y los libros, ahí sí que he tenido que controlarme. Son más baratos, sin embargo tuve que ser razonable porque no podía cargar con ellos y sólo compré los dos siguientes de la saga Potter (ahí queda mi foto en el andén 9 y 3/4), un minidiccionario inglés-español y un libro de Tim Burton... Pero me habría traído al menos cuatro o cinco más...



De todas formas, lo que más me ha gustado de Londres es vivirla.

domingo, septiembre 07, 2008

Hope there's someone



Siento la mano resbalar de la mía y la distancia se hace palpable. Miro hacia un lado y el vacio es lo que encuentran mis ojos. Sin dejar sentir penar a mi corazón recuerdo y miro al futuro. Vivo el presente y sé quien soy y casi estoy segura de hacia donde me dirigo. Y siento.


Siento que habrá alguien. Siento que me gustaría que hubiera alguien.

Compartir paseos para que la sonrisa que la luna provoca sea vista, compartir viajes para que las palabras que nacen en lugares desconocidos retumben en otros oídos que comprendan, descubrir nuevos sabores que otra boca haya probado, recorrer una piel nueva porque en cuanto mis manos se posen en ella se borre el recuerdo de las anteriores manos.

Espero que haya alguien, que me cuide el día que muera. A pesar de saber que ese día estaré sola y caminaré sola.

Espero que haya alguien que libere mi corazón, que me sujete cuando esté cansada; aunque sepa que no hay mejor apoyo que el mío.

No quiero ser el único abandonado aquí.

Espero que haya alguien que me cuide, el día que muera.

Canción 'Hope there's someone' de Antony and the Johnsons, inspiradora de este texto.

jueves, mayo 29, 2008

Síndrome de Estocolmo


I won´t stand in your way
let your hatred grow
and she´ll scream
and she´ll shout
and she´ll pray
and she had a name
yeah she had a name
and I won´t hold you back
let your anger rise
and we´ll fly
and we´ll fall
and we´ll burn
no one will recall
no one will recall
this is the last time I´ll abandon you
and this is the last time I´ll forget you
I wish I could
look to the stars
let hope burn in your eyes
and we´ll love
and we´ll hope
and we´ll die
all to no avail
all to no avail
this is the last time I´ll abandon you
and this is the last time I´ll forget you
I wish I could
this is the last time I´ll abandon you
and this is the last time I´ll forget you
I wish I could
I wish I could
Stockholm Syndrome, de Muse
Muchas gracias, A.

jueves, marzo 20, 2008

La colina

Once es una película que me ha encantado. Caulfield ya habló de ella, pero yo la conocía por recomendación de la chica inglesa con la que quedo para charlar. Primero me hice con su banda sonora, porque Heather tenía razón, la voz del protagonista es preciosa. Y ayer por fin vi la película. En versión original y con subtítulos en francés, porque no conseguí los subtítulos en español, pero la entendí y me encantó. Me encantó a pesar de su final agridulce, porque deja la sensación de que hay historias sin vivir que podrían haber sido mejor que la elegida. Sin embargo, los dos protagonistas se ven felices. Quizás sea por eso, porque se trata de elecciones y una vez hechas puedes ser feliz... No lo sé, pero me encantó.
Por eso os dejo aquí una de sus canciones que más me desgarraron y me gustaron. Primero os dejo la escena donde aparece. Hablan del piano para que luego él le pida que toque una de sus canciones, después de días sólo escuchando su propia música, sus letras. Ella canta un tema que le dedicó a su marido y que él no entendió...


Y ahora os dejo la canción entera, con la letra debajo, para que os estremezcáis, lloréis, o la disfrutéis tanto como yo.


The Hill (Markéta Irglová)

Walking up the hill tonight
and you have closed your eyes
I wish I didn't have to make
all those mistakes and be wise
Please try to be patient
and know that I'm still learning
I'm sorry that you have to see
the strength inside me burning
Where are you my angel
now don't you see me crying?
And I know that you can't do it all
but you can't say I'm not trying
I'm on my knees in front of him
but he doesn't seem to see me
But all his troubles on his mind
he's looking right through me
And I'm letting myself down beside this fire in you
And I wish that you could see that half my troubles too
Looking at you sleeping I'm with the man I love
I'm sitting here weeping while the hours pass so slow
And I know that in the morning
I'll have to let you go
And you'll be just a man once I used to know
And for these past few days
someone I don't recognise
This isn't all my fault when will you realise
Looking at you leaving, I'm looking for a sign

domingo, febrero 03, 2008

Expiación

Ha sido la última película que he visto. Keira Knightley no es una actriz que me guste especialmente, pero los comentarios que había oído sobre la película y el trailer (sabéis que a veces son engañosos) me habían llamado la atención, hasta tal punto que, incluso, intenté verla en versión original. No pude por cuestiones de horario. Así que ayer fui a verla, doblada. Y no me defraudó.


Me senté en la sala a la espera de una historia romántica de 'amor pese a todo', y percibí un drama que te hace reflexionar sobre la ligereza con la que tomamos determinadas decisiones sin pensar que pueden afectarnos a nosotros y a otras personas de manera definitiva. La causa de tanta desgracia, de un amor jamás vivido, es la inconsciencia de una niña que se escuda en su juventud para haber mentido, cuando, como le espeta otro de los personajes, para diferenciar entre el bien y el mal no hay que tener dieciocho años.

Visualmente me pareció preciosa y, aunque en algunos momentos se ralentiza demasiado, el ritmo marcado por la música, en la que insistentemente se repite el repiqueteo de unas teclas de máquina de escribir, consigue aligerar la trama. También quiero destacar el encuentro amoroso entre Cecilia y Robbie, una de las escenas más bonitas que he visto en mucho tiempo, que sin enseñar apenas nada refleja abrumadoramente bien la pasión y el deseo, en mi opinión.
El final quizás fue excesivamente abrupto, después del detenimiento en la historia de, especialmente, dos personajes: la niña que lo provocó todo (Brione Tallis- Saoirse Ronan), y el principal perjudicado por su mentira (Robbie Turner- James McAvoy), aunque también es cierto que tras ese argumento no podría haberse explicado mejor la conclusión del drama.

Pero, después de este análisis, debo caer en la frivolidad y hablar del protagonista masculino. James McAvoy era un total desconocido para mí hasta ayer, y debo confesar que me ha gustado. No es una belleza universal, pero entre el personaje que interpretaba y esos planos de sus ojos salí del cine prendada de él. Así que me permito la pequeña licencia de dejaros aquí algunas fotos suyas para que os alegren la vista. Y si sabéis algo más de él, ya sabéis, contadlo.



sábado, diciembre 15, 2007

Cosas por hacer

Éste se está convirtiendo en el año de hacer muchas cosas por primera vez, o de convertir en realidad todos los proyectos que siempre fui retrasando en mi vida. No es que tenga una lista, ni siquiera un propósito claro de acabar con las tareas pendientes, pero el caso es que pasan los días y veo con felicidad como supero retos o cumplo sueños tantas veces relegados.




Esta semana le ha tocado el turno a los patines. Desde pequeña quise patinar. Soñaba con esos patines blancos de bota y cuatro ruedas que tenían muchas de mis compis de colegio y que jamás logré. De hecho, la única vez que salí a patinar de niña llevaba unos cacharros antiguos de metal que hacían más ruido que deslizarse y con los cuales me caí (a pesar de su poca rodadura) como diez veces de culo, suficientes para decir 'nunca mais'.

Pero gracias a mi hermana pequeña (que ha cedido sus patines gustosamente) y un amigo que ha insistido hasta lograr sacarme a la pista (después de decirle yo '¿patinas?, me tienes que enseñar' hace semanas, pero luego, como siempre, no decir ni mú), el pasado jueves decubrí que hay otro deporte más que me gusta (debo reconocer que ésto ha asustado a más de uno que conozco).

¡Como me mola patinar! ¡Cómo disfruto dando vueltas tontas! ¡Que me encanta la sensación de comprobar que voy controlando los patines, que me puedo emocionar y acelerar un poco más y mirar al frente! ¡Cómo me he reído!

En tres horitas pasé de ir 'madre que me la pego, yo mejor no me deslizo, apoyo los patines' a '¿y si pruebo a dar la vuelta hacia el otro lado?; ¡uy, voy a mirar para el frente que estos vienen muy acelerados y mis pies no me avisan de que se acerquen!'. Es ¡tan divertido!

Sólo me caí dos veces, una porque descontrolé un poco y posé mi culo en el suelo con cierto estruendo (mis huesos, que suenan mucho y no tengo tanta amortiguación desde que adelgacé) y la segunda porque mi amigo insistió en que me tirara para quitarme el miedo (que es verdad, que no duele, que no pasa nada si te caes).

Así que tengo tarea nueva: encontrar un día entre semana para dedicarle al patinaje y no dejarlo, porque, como dice mi amigo (un sol, dijo asombrarse de mi rápida adaptación a patinar), en un mes quiero unos patines de los buenos y empiezo a probar ¡¡con las volteretas!!!!

A este paso, voy a tener que buscarme nuevos sueños y retos, porque no pienso volver a aplazarlos.
P.D.: Gracias a mis compis de desayuno que aguantan mis subidones y mis paranoias cada vez que descubro otra cosa que me hace disfrutar. Son muy pacientes y lo mismo hasta se animan a venir conmigo.

jueves, enero 25, 2007

Nevar



Es curioso cómo la vista de la nieve nos lleva, a la mayoría de las personas, a pensar en cosas felices. Incluso con una nevada en la ciudad, que supone problemas de tráfico, posibles resbalones y un frío que pela, en cuando se ven los primeros copos no puedes evitar que tu cabeza se llene de sonrisas, juegos, ideales infantiles y algo de felicidad.
A mí, al menos, eso es lo que me pasa. Hoy ha sido la tercera vez en mi vida que veía nevar, y no he podido evitar sentir la misma sensación en el corazón. Casi me dejo la crisma en una cuesta, pero no podía parar de sonreír y he llegado a casa tan excitada que he llamado a todos mis familiares para contarle que me ha nevado, que había habido un tormenta terrible y que qué chulo estaba todo.
Es verdad que el haber visto nada más tres nevadas en mi vida puede ser parte de la causa de esa sensación, sin embargo, creo que pasarán 200 nevadas y no podré dejar de sonreír, como tampoco desdeñaré la tranquilidad que emana de una plaza nevada, o de un parque blanco.
Porque aquí anoché lo que cayó fue una granizada, con todo su estruendo, para dar paso, esta mañana, a la languidez de los copos al precipitarse al suelo y encima de los paraguas. La lluvia tiene su sonido, pero la nieve también, un sonido como de silencio que ensalza el espíritu y te hace olvidar que la blancura que te embarga el alma se convierte en un lodazal al paso de los coches.
No sé, ver la nieve me da por pensar que, si nevase más en determinados sitios, quizás el mundo iría mejor, porque me resulta imposible pensar en violencia ante un paisaje blanco.