lunes, diciembre 31, 2012

Se termina otro año. Y, la verdad, pensaba hacer un balance más bien negativo de este 2012 que terminará en pocas horas. Pero eso fue antes de pararme un momento a reflexionar. Vale, este año bisiesto no ha sido demasiado bueno para mi familia. Vale, mi salud se ha visto algo mermada en el último trimestre (como siempre nada grave, pero sí engorroso) y, vale, la Navidad vino con una triste noticia para una amiga que me tocó de cerca.
Sin embargo, miro hacia atrás y no puedo dejar de ver 2012 como un gran año para mí. 2012 ha sido el año que me dio la oportunidad de empezar de cero y reconstruirme más fuerte y más confiada. 2012 ha sido el año en el que he conseguido sentirme bien conmigo misma y crecer mucho. Y, sobre todo, este año que termina en breve, ha sido el año en el que han llegado a mi vida personas que la han cambiado a mejor, sin olvidarme de quienes llevan unos cuantos años dándome su apoyo, su alegría y su comprensión.
Pero hoy, por ser momento de balance, quiero centrarme en esas personas que han inundado mi vida llenándola de cosas buenas.
La primera, por orden y por peso, fue Yolanda. Si bien hace unos días le dediqué una entrada con tono triste, de nuevo quiero resaltar lo importante que ha sido ella para mí este año. Y no sólo por ella misma, si no también por las personas que me ha traído.
Porque la segunda persona es Antonio. Compañero de funky, desde el primer día me dio toda su amistad, cariño y bondad. Antonio es de las personas más dulces, sinceras e increíblemente empáticas que conozco. Y siempre nos recuerda a los demás que hay que ponerse en el lugar del otro. 
Gus ya era conocido, pero en 2012 se ha convertido en mi pilar, mi hermano, mi compañero, mi confesor, consejero... Todo. Yo creo que sólo nos faltó hacernos novios, pero lo prefiero de amigo, porque así sé que estará a mi lado siempre, así de egoísta soy con él. Realmente hace un año que nos conocemos y me parece toda una vida buena.
Luego está todo el Yoly's group. A todos y cada uno de ellos les debo grandes momentos de risas, aventuras y disfrute. Pero no puedo evitar destacar a alguno. Mi Davy, mi querido Davy. Sosegado, reflexivo, atento, amigo, siempre amigo. Y Mayte, a veces burbujilla como yo, siempre positiva, aun cuando su alma a veces llore. Amaranta ha sido confesora y amiga. Compañera de gimnasio, salidas, risas y lágrimas. Su peso en oro me vale, y a veces se le olvida.
Asun me vino por el trabajo. Y me llenó con su fuerza y su alegría. No conozco a nadie más capaz de mirarle a la cara a la vida y sonreirle y decirle que es bella, aunque reconozca sus momentos feos. Asun son unos ojos que brillan, una mano que sustenta. 
Jorge, aunque haya decidido dejarlo a un lado de mi vida, en su momento me aportó seguridad. Me dio confianza en mí, me hizo sentir guapa y deseable en un momento en el que me sentía de todo, menos guapa o deseable o segura. Y me hizo reir cuando tanta lágrima casi había ahogado mi risa. Y eso no voy a quitárselo. E incluso el daño que me ha hecho me ha servido para seguir creciendo.
Entonces, gracias a Davy y su manía de hablarlo todo, llegó Pedro. Pedro me trajo la esperanza de que se puede encontrar a alguien, de repente, que te haga sentir en dos frases como si lo conocieras de toda la vida. Me devolvió mi amor por los libros y las palabras, me hizo comprender que sólo yo podía cumplir o no mis sueños. Queriendo o sin querer me dio amor, amistad, esperanza y ganas de intentarlo todo, cuando yo pensaba que no me quedaban fuerzas para nada y que había sueños incumplibles (pues no es así, a la prueba que es mi piano me remito).
Junto a él, mis libreros, Mayte, Quico; mi club de lectura y su gente, especialmente Lourdes, con ese cariño...
Fran, de mi familia funkera, se reveló como mi alma gemela en muchos aspectos. Me aporta lucidez, cariño, mimos y fuerza, porque él es fuerte, aunque ahora haya momentos en los que se haya sentido pequeñito. Pues no, es grande y encontrará a alguien grande como él, estoy segura.
Y sí, mi familia funkera está ahí con Maca, y Juanillo, y Rider y Belén, y todos, nuevas incorporaciones o quienes me vieron bailar por primera vez hace ya más de un año.
Mi curso de profesora también me trajo buena gente. Todos ellos me brindaron risas, amistad, momentos inolvidables, más ganas de crecer, de aprender con y de ellos: Cristina, Antonio, David, Dani, Juan, Auxi, Emmanuel, Victor, Inma, Maricruz.
Así que, mirando a 2012 me encuentro con quienes son mis amigos de hace años y a los que quiero con locura, y a todos esos que son ya mis amigos, y que parecen haber pertenecido a mi vida o yo a las suyas siempre, porque están. Siempre.
Por eso, venga lo que venga en 2013, yo tomaré las uvas con una sonrisa en la boca y el corazón grande, cargado de todo el amor que me brindan todas y cada una de las personas que forman parte de mi vida. Soy afortunada. 2013 sólo podrá traer más felicidad.


viernes, diciembre 28, 2012

Me cuesta aceptar cumplidos. No llevo bien el pensar que alguien me quiere, me aprecia, simplemente porque soy quien soy. Aunque yo los haga, me cuesta creer en la sinceridad de los gestos de buena voluntad desinteresados. Y sin embargo, siempre, siempre, tengo a mi alrededor personas que me demuestran continuamente que la bondad existe, que somos buenos por naturaleza.
Xosé llegó a mi vida por este blog. No recuerdo ya cómo fue que dio con En busca... Pero un día empezó a hacerme comentarios. Creó su blog, nos seguimos mutuamente y, un buen día, las palabras blogueras se transformaron en mails, comentarios de face, y largas conversaciones, siempre con un teclado por delante. 
En los creo que ya más de cinco años que nos conocemos no nos hemos visto nunca, pero hemos compartido buenos y malos momentos el uno del otro.
Y siempre me ha sorprendido. Su bondad, su dulzura, su disposición.
Xosé es un currante, trabaja por él y por un mundo mejor. Pendiente de su mujer, pendiente de sus amigos. Sin haber probado uno de sus platos sé que es un buen cocinero. Que es positivo. Que quiere sinceramente. 
Hoy he recibido un gran regalo de él. Bueno, dos. Uno es puramente material: unos libros que han llegado por correo y que aunque fueron pensados en parte como regalo retrasado por mi cumpleaños, para mí (que no tendré regalos en casa este año), han sido mis presentes navideños. El otro, el que me ha hecho llorar de felicidad, han sido sus palabras. Tanto la dedicatoria del libro que él ha traducido (La cocina de Alice B. Toklas, de Black List, desde aquí lo recomiendo); como lo que me ha escrito en su postal navideña me ha llegado al corazón. Y sí, Galicia y Andalucía están al lado. Y sí, hay quien te conoce sin haberte mirado nunca a los ojos.
Jamás creí en que internet pudiera crear verdadera amistad. Pues Xosé (y mi Anita asturiana; y mi Regi...), son la prueba. De que la gente buena está a tu lado y lejos. Pero está. Así que, gracias Xosé, por devolverme mi fe en la bondad humana. Gracias por ser tú.

martes, diciembre 25, 2012

Hay personas que te llegan y no sólo se dan a sí  mismas. Aparecen y se quedan. Y te incluyen en su vida y te hacen sentir amor y te ofrecen infinitas posibilidades y te dan una nueva familia y te enseñan y te animan y te dan felicidad.
Yolanda es una de esas personas. Llegó a mi vida porque decidí que quería intentar bailar. Y de repente, cuando yo estaba tocando fondo, pasó de ser mi profesora a convertirse en mi amiga. Una amiga que me incluyó en su grupo, en ese Yoly's group que es una familia, me integró en el funky, aunque yo tuviera que dejar de bailar, me ofreció una mano y un hombro y un corazón y un alma. 
Me dio amor y me dio pertenencia, a mí, siempre desarraigada, siempre sin 'ese lugar en el mundo'. Me dio fuerza, me enseñó a comer y eso me dio las energías que necesitaba para continuar. Me escuchó y me dio consejos y apoyos; me anima, me consuela y me enseña, día a día. 
Y en estos días que nos ha necesitado, siento que apenas he podido devolverle una pequeña parte de todo lo que he recibido de ella. Me gustaría que sintiera mi abrazo fuerte en estos momentos de tristeza. Que de verdad supiera que estoy aquí, para siempre, para lo que sea. Que nunca estará sola, porque eso sí se lo hemos demostrado sus dos familias: funkeros foreva y el yoly's. 
Porque incluso ahora, en estas tristes circunstancias, Yolanda ha vuelto a enseñarme. Me ha mostrado lo que es amor, cuando todos, da igual si estaban en Sevilla o fuera, han querido mostrarle su cariño, han querido estar a su lado. 
Y yo solo soy una pequeña parte, y apenas puedo ofrecer más de lo que ya he mostrado. Y, sin embargo, aún me parece poco. Porque ella es grande y se merece todo.
Así que sólo me quedan las palabras, que se me quedan también cortas, pero con las que quiero repetirle, una vez más, que es grande, que se merece todo el amor que tenga en su vida, porque siempre será simplemente un reflejo de lo que nos ofrece; que no está sola, que estaremos a su lado y que, pase lo que pase, si llegaran a flaquearle las fuerzas (cosa que dudo que ocurra), aquí tiene un bastón donde apoyarse, una mano que la levante y un corazón para darle aún más coraje.

domingo, noviembre 18, 2012

Estoy nerviosa. Me gustaría decir que no siento nada, que estoy normal. Pero, acostumbrada a cambios, eso da igual porque siempre se me acerca el desasosiego. Yo lo pedí, yo lo quiero. Pero también sé que no siempre lo que he querido ha sido lo que después me ha hecho más feliz.
De manera que, aunque sé que estaré bien, estoy nerviosa.
Y no sólo es el traslado.
Para variar se me juntan cosas.
No pasa nada. Pero estoy nerviosa. De repente he sentido el encogimiento de estómago y he sido más consciente de que sí, tengo temores y dudas.
Pasará, espero que al segundo día. Pero mientras, me queda una semana de organizar y pensar. Mejor no hacerlo.

lunes, noviembre 05, 2012

La paciencia nunca fue una de mis virtudes. Ni la calma. Más bien me precipito, me emociono, me embalo y luego, de repente, me doy cuenta de que tengo que frenar en seco, o me frenan en seco (normalmente esto ocurre más a menudo).
No lo puedo evitar. Como no puedo evitar mostrarme como soy, sentir rápidamente, lanzarme sin pensar, después de haberlo pensado mucho.
Todo ello conlleva sus riesgos, peligros que me suelen dejar el corazón dolorido, la cabeza inundada y pensamientos de estupidez. Riesgos que duelen.
Y, sin embargo, no lo puedo evitar.
Muchas veces pienso que no se trata de no poderlo evitar, si no de no querer hacerlo. Y, quizás, en la mayoría de las ocasiones, sea así. Pero es que creo que la vida está para vivirla y sentirla, en placer y en dolor. 
A pesar de todo, da rabia. Me doy rabia yo. Por equivocarme en mi entendimiento de las personas. Por dudar de forma continuada. Por dejarme llevar, pero no dejarme llevar.
Porque aun sin saber dónde me llevará un camino, puedo dar cinco pasos convencida de su destino, y otros cinco pensando que es el contrario. Porque me dejo llevar, pero me da miedo y husmeo, olfateo el aire como un perrillo temeroso de que la mano que le es tendida para darle de comer esconda un palo. 
Me gustaría ser de esas personas despreocupadas. Pero no lo soy. 
Al menos, voy aprendiendo a fluir, aunque a veces, como esta noche, inevitablemente me pare a pensar y duela un poco, sin saber todavía qué.

domingo, octubre 28, 2012

Pequeñas ilusiones se enroscan en la piel del tosco sátiro. Siempre huyendo de la belleza, aunque parezca siempre buscarla, y, de repente, se ve embebido por ella. Y, pese a su ceño y su empeño, la sonrisa le ilumina la ruda cara que siempre ha pretendido esconder deseos, sueños y temores.
Un resquicio de verdad y esperanza apenas se vislumbra en sus ojos, pero es lo suficiente como para que el lujurioso ser tiemble, espera que imperceptiblemente, ante el temor de ser descubierto. Porque su corazón es blando. Su corazón quiere, late, sufre, desea...
Y se mueve. Se mueve para evitar el contacto de esa otra piel que, cándidamente, lo ha tocado simplemente para decirle que está cerca. Sin intenciones. Sin los dobles juegos a los que él está acostumbrado. Y eso le desconcierta. Y eso le da esperanza. Y le asusta.
Pero, a la vez, se siente tan atraído que se paraliza. Sólo es capaz de alejarse el milímetro necesario para no sentir el roce. Sin embargo, nota la presencia, el otro corazón que palpita suave, en calma, sin la agitación que a él lo tiene de forma atormentada clavado sin escape, porque no es capaz de huir. 
La figura fuerte se convierte en su interior en un pequeño animal asustado. Intenta ocultarlo. Se yergue, intenta ser firme. Y tiembla. Porque sabe que esta vez atravesarán su dura piel y la rendición será su condena.

martes, julio 10, 2012

Por mucho que me emperre a veces en lo contrario, sólo puedo sentirme feliz y afortunada. Solitaria como soy por naturaleza (o por imposición), me doy cuenta ahora de que, de sola y soledad, nada. Siempre he tenido la suerte de tener quien me quisiera, pero nunca hasta ahora me había sentido tan arropada ni mi amor se ha multiplicado tanto. Siempre han dicho que no se tienen más amigos que los que podrías contar con una mano. Y siempre he dado por válida esta premisa. Hasta ahora. Porque ahora me siento rodeada de personas a las que quiero, que me gusta tener a mi lado, con las que comparto alegrías y penas, pero sobre todo buenos momentos.
Con total sinceridad me entrego y recibo. Y por extraño, o triste, que parezca, por primera vez me siento segura en esta entrega y en lo que se me ofrece. Desconfiada también por naturaleza, prevenida siempre a recibir daño, como un perro abandonado que se rebela incluso contra quien intente acogerle; ahora me dejo querer y quiero. Sin más condiciones que las de ser libres. Sin más premisas.
Es bonito saber que los amigos están ahí. Es bonito querer y saberse querida.

lunes, junio 18, 2012

Cuando el cansancio pesaba sobre sus párpados, sus dedos se volvían veloces sobre el teclado. Su cerebro, por una vez, vencía sus propias trabas y se dejaba mostrar convertido en palabras a veces hiladas, a veces inconexas, que mostraban significados tan dispares como la mente que las producía.

No lograba vencer el sueño a tantas ansias por salir como el espíritu tenía. Aunque los ojos sí se cerraban, sí parpadeaban cada vez de forma más pesada, mientras existía una lucidez distinta, otro despertar, dentro del duermevela.

Nunca leía lo que sus manos escribían en esos momentos de intimidad profunda. Se atrevía a lanzarlo al mundo, pero jamás lo leía. No porque tuviera miedo de descubrirse a sí misma. Sino por el temor a dejar que los demás la encontraran. A censurarse de nuevo. Así que se dejaba llevar y dejaba que sus letras volasen libres. Quien las entendiera, que lo hiciese; quien se viera reflejado, que lo fuera; quien simplemente leyera, libre era.

lunes, junio 04, 2012

El placer de cocinar

Nunca he sido capaz de hacer bien nada manual: las actividades de la antigua 'Plástica' del colegio eran un suplicio que marcaban mi nota más baja; no sé hacer punto, ni coser, ni hacer ganchillo y ni siquiera fui capaz de terminar un cuadrito de punto de cruz que empecé con 9 años y que sólo requería poner los hilos del color del dibujo que venían en la plantilla, ya agujereada para hacerlo más fácil.

Pero, entonces, me hice adulta y descubrí la cocina. No me gusta comer. Sin embargo, cuando, por las circunstancias de la vida (vivir sola) tuve que empezar a cocinar, descubrí que sí hay una tarea que requiere destreza manual y que soy capaz de hacer: transformar ingredientes en comida. 

Me encanta buscar la receta o pedirla y apuntarla. Buscar los ingredientes, lavarlos, cortarlos con mimo, porque 'Como agua para chocolate' me marcó de por vida, cocinarlos primero por separado e ir añadiendo el resto de ingredientes, creando una amalgama de sabores. Oler lo que corto, retocar la receta (soy incapaz de seguir una receta al pie de la letra, salvo, quizás, las de una de mis hermanas); experimentar con las especias o con las combinaciones de sabores, texturas, ingredientes...

Me relaja todo el proceso. Hasta el de ir a hacer la compra. Me gusta pensar en que no sólo seré yo la que disfrutaré la comida. De hecho, cuando cocino suelo perder parte de mi apetito, no así las ganas de ver a alguien saboreando lo que he cocinado. O no verlo, pero saber que alguien podrá decir si le gusta.

Soy extremadamente perfeccionista y sé que mi cocina podría mejorar. Pero ahora me quedo con el placer de verme entre cuchillos, sartenes, cacerolas y fogones. Estar atenta, tener la paciencia de cocinar durante tres horas un arroz con leche; o mimar mis albóndigas; o probar a hacer un pisto con nuevos ingredientes. O casi inventar recetas.

martes, mayo 29, 2012

No me gusta cuando la melancolía se posa sobre mi alma y me oprime el corazón.

Preferiría que no volvieran viejos fantasmas que convierten mi soledad buscada en una soledad repleta, en la que me es difícil moverme.

Me cuesta salir de esos estados en los que la compañía no existe porque mi mente está demasiado ocupada en no estar y buscar lo que parecía haber encontrado.

No puedo explicar la sensación de vacío, porque realmente lo que hace es llenarme, saturarme, impedirme pensar con claridad y convertir cada tarea en un mundo, porque no parece haber forma de salir del círculo.

Porque es eso, ciclos que vuelven y van y, al menos, ya no me amargan ni entristecen. Sólo me dejan como la flor mustia en el calor del mediodía, el árbol que pierde las hojas y dobla las ramas para taparse, la marea que parece que no va a volver nunca porque baja y baja (aunque sea para subir en otro sitio).

Y mis raíces tiran de mí hacia dentro, porque necesito parar, tomar aliento, respirar y elegir de nuevo la dirección, porque me gusta seguir sola, pero extraño el cariño.

Se juntan las ansias y los anhelos con la realidad y todo parece confuso, aunque los ojos lo vean nítido. Y sólo me apetece dejarme llevar, pero por nadie más que por mí misma y mis pensamientos, aún a riesgo de volver a perderme en mi interior.

Me gusta saber que conozco el camino. Al menos así, el ciclo parecerá más corto.

jueves, mayo 24, 2012

El color se convirtió en luz y desapareció entre lo pliegues de su falda. Ahora el único brillo que iluminaba la habitación provenía de su sonrisa, que ocultaba la tristeza de los ojos, felizmente. Porque no quería confesar que el penar le pesaba en el alma y no podía desprenderse de esa sensación de vacío e incomprensión, porque no lo entendía.

Mantuvo su atención en la conversación, a pesar de que su pensamiento una y otra vez intentaba alejarse y volar. Pero no podía olvidarse de que ahora las lágrimas que tocaba enjugar eran de otra persona. Cogió la mano y la mantuvo suavemente acariciada para ofrecer el apoyo que ahora se le requería.

Y, poco a poco, su luz se fue haciendo más brillante y comenzó a convertir en arco iris multicolor las lágrimas que tocaban a su fin, porque con aquella luz, la oscuridad, incluso de espíritu, huía con el rabo entre las piernas para no volver en mucho mucho tiempo.

Tres horas después, en la soledad que siempre le acompañaba, reflexionó sobre la ligereza e insustancia que podría tener una vida si sólo se derramaban lágrimas por los motivos equivocados. Lo difícil era encontrar el motivo correcto, pensó. E, inmediatamente, dejó de llorar. No iba a ser ella la que llenase los vacíos con la salada agua que los ojos derramaban. No iba a ser ella la que penase por cuestiones irrelevantes, sobre todo cuando la luz le devolvía, una y otra vez, a ese punto inicial en donde la ilusión se mantenía viva y no se dejaba avasallar por la rutina diaria.

Y el alma dejó de pesar tanto. 

Aunque aún le quedaban tormentas por capear.

jueves, mayo 17, 2012

La pesca del salmón en Yemén

La historia de un sueño, de una locura, de la fe, del amor, de embarcarse en los imposibles. No termina mal, porque si no no sería una película, pero es que hay veces que necesito la esperanza por encima de todo.
Cumplir anhelos. Seguir adelante pese a la sorna y todo acompañado con unos diálogos cuidados, a veces irónicos, a veces directos. 
Quizás éste ha sido el momento para ver esta película. La esperanza y la fe. Seguir adelante. Ahora que me he decidido por no frenarme a mí misma, por intentarlo, al menos, por iniciar el camino, aunque se bifurque más adelante. 
Y la fotografía, la música me han traído la paz. Destila paz que se me ha transmitido más allá de la pantalla. Para reflexionar sin pesar, dejarse llevar, y, a la vez, ir a contracorriente, como el salmón. Porque sólo tengo que seguir mi camino, no el de nadie más.

sábado, mayo 12, 2012

Siento los dedos y la mente inquietos. Con ganas de escribir, pero sin encontrar las palabras. Parezco saber lo que quiero soltar, pero entonces, dudo, y no sé si es eso lo que quiero que el texto haga visible o simplemente son pensamientos sin hilos que corren por mi cabeza y me sobresaltan.
No sé si es la sensación de que me equivoco, o de no entender algunas cosas y frustrarme por no entenderlas.
O es las ganas de llorar que parece que no me abandonan, porque las lágrimas suben rápidas a mis ojos, a veces sólo con una nota de una canción, con ver de refilón un nombre, o simplemente, porque sí.
Se puede estar feliz y triste a la vez. Más que tristeza es un pesar, una sensación de volver a fallar, aunque no sea yo.
No se puede esperar todo, pero lo espero. 
No se puede soñar, pero sueño y con el sueño vuelo, y en el sueño, me elevo.
Se puede todo, porque se quiere. Pero sigo sin tener claro que lo que escribo es lo que quiero decir. Puede que sí. Tal vez, no. 
Pero no desespero.

lunes, mayo 07, 2012

Encajar en mi sitio

Durante toda mi vida me he sentido fuera de lugar la mayor parte del tiempo. Ni en mi propia familia me sentía integrada. Es inherente a mí sentir, en un momento u otro, qué hago en un sitio, dónde está mi lugar entre las personas que me rodean.

Mi desarraigo no me ha ayudado. Si no te sientes de ningún lugar, difícilmente puedes pensarte colocada dentro de este puzzle que es el mundo. Si no tienes vínculos con los sitios, no puedes sentirte parte de las personas que los habitan.

Al volver a Sevilla por ¿cuarta vez? en ocho años, los sentimientos de no pertenencia, de necesidad de escape me hicieron difícil sentirme integrada en la ciudad.
Poco a poco las personas, mis amigos, una vez más, me enlazaron a un lugar, me hicieron sentirme pasito a pasito como en casa.

Pero aún había momentos en los que me creía ajena, descolocada, fuera de sitio.

Y me pasaron muchas cosas. Y fui feliz y también sufrí mucho. Sufrí tanto como para plantearme quién era yo y cómo podía dejarme de tal forma hasta transformarme en alguien en quién no me reconocí. Sufrí hasta que me dolió el alma y se me rompió en millones de pedazos el corazón.

Y fue lo mejor que me podía haber pasado.
Mi corazón roto me hizo levantarme de nuevo y mirar alrededor.

Y encontré que a mis amigos y compañeros, que me sostuvieron en esas semanas de locura, se habían unido otros, ahora ya mis amigos, ahora mi familia.

Y encajo. Por primera vez en mi vida soy la pieza que le faltaba a mi puzzle para sentirme parte de algo. De vosotros. TODOS vosotros, los que me acompañastéis desde el principio de mi caída y resurgir; y quienes habéis llegado para tenderme esa mano y hacerme sentir parte del todo.

Y ENCAJO.

Y, de repente, ser parte de algo me hace saberme alguien, y sentirme querida por tantos me hace comprender que todo el amor que siempre di y quise dar y sigo dando da unos frutos inesperados.
Porque ENCAJO. Y ahora sé que mi sitio, está a vuestro lado.

sábado, mayo 05, 2012

La Marilyn que hay en mí

Voluptuosa y sensual, carnal, sexy, extrovertida para esconder la timidez, insegura, icónica.
El rubio trae algo más que pelo claro.
La imagen proyectada varía.
La seguridad ¿ayuda?
Las ganas de cambio.
La vuelta de la energía.
Las ganas de vivir, vivir, vivir hasta el tope, porque siempre ha sido así.
Las noches que activan el cerebro.
El cuerpo que siente, vibra, quiere, pide, da, acaricia, abraza.
La sonrisa perenne, que puede con la tristeza.
Las lágrimas de alegría.
La risa contagiosa que tira al suelo.
Gustar.
Que guste.
Curvas inexistentes que están ahí.
Gesticulación.
Expresividad.
Miradas.
Decisiones.
Y por un compendio de circunstancias y pensamientos, Audrey cede el paso a Marilyn, sin abandonar del todo la escena.

sábado, abril 21, 2012

Odio comer, pero adoro cocinar. Me dan miedo las alturas, pero sueño muchas veces que vuelo. La monotonía, rutina, la estabilidad me matan, pero escogí un trabajo prácticamente inamovible. Hablo sin parar, pero sé escuchar. Tengo mucho genio, pero soy dulce. Soy asocial, pero muy sociable. Estoy desarraigada, pero las personas me atan a los lugares.

No sé por qué muchos piensan que sólo puedes ser una cosa. Quizás porque siempre estuve llena de contradicciones me siento en casa con quienes están en un torbellino de movimiento o son diversos dentro de sí mismos.

martes, abril 17, 2012

Se acabó. Terminé. La felicidad arrambló con todo y ya no necesito seguir regulando mi serotonina de forma artificial. Después de cinco meses duros, de dudas, de no saber si podría volver a no necesitar tomar nada (porque sí, la duda llega), de trabajo conmigo misma, de pelearme y de ganarme, soy libre.

Soy perfectamente consciente de que hay personas que necesitan estar toda su vida en tratamiento. Y no me parece mal.

Pero yo lo empecé por cosas tan externas a mí que me negaba a que pudieran conmigo. Acepté la ayuda, pero ahora me toca a mí tomar totalmente las riendas. Puedo. Lo hago. Lo haré.

lunes, abril 09, 2012

La suave brisa levantaba el polvo de la arena. El desierto, aún en la quietud del día calmo, palpitaba, tenía vida propia y cambiaba, siempre cambiaba.

Ella había dejado sus huellas tras sí al salir del oasis, a la espera de que permanecieran inmutables, como sabía que no ocurriría con su memoria. Pero en el desierto nada permanece demasiado tiempo mas que él mismo. De manera que, a los pocos segundos de haber marcado su pie, la tierra borraba la huella en dunas que se movían, susurraban los tesoros escondidos entre sus recovecos, con una riqueza que sólo unos pocos saben apreciar.

Poco le importó al comprobar, tras girarse una última vez hacía lo que dejaba atrás, que sus pasos habían desaparecido. Al fin y al cabo era lo que deseaba. Desaparecer de la faz de la tierra para todos aquellos que la conocían y para todo aquello que conocía. Olvidarse en sí misma como nunca se había atrevido hacer y encontrar lo que hacía que su corazón vibrase.

Seguía caminando. Respiraba y contemplaba la luna que iluminaba con una luz blanquecina y viva cada rastro de vida del desierto. Sentía los pequeños lagartos, las plantas que buscaban su hueco en cada mínimo resquicio de agua que podían hallar, las aves rapaces sobrevolando las arenas para encontrar alimento...

Pero, sobre todo, se sentía. Sentía sus pies, los granos de arena que se adherían a ellos; sentía la brisa, acariciando su piel y revolviendo la ligera tela de su vestido. Y sentía, se sabía ella misma. Empezaba a reconocer cada milímetro de su ser y de su mente que habían sido relegados. Despertaba en ella su vida real, su pensamiento libre, tantos años desplazado a un rincón recóndito para poder plegarse a una vida sedentaria que nunca fue la suya.

Y así, por última vez, la vieron los guardianes del desierto. Alejándose con paso tranquilo hacia la inmensidad del desierto, a donde siempre había pertenecido.

lunes, abril 02, 2012

Hay momentos y momentos. Instantes en los que el silencio suena más que el mayor de los estruendos. Donde la lluvia parece caer hacia arriba. Cuando el viento sopla quieto. El corazón late deprisa y suena despacio.
Se palpa crecer la piel y estirarse y desenredarse para alcanzar al otro.
Te escudas en sentimientos para no llegar a la acción. Y la acción es sentimiento.
Segundos en los que los sabores se mezclan y desconciertan. Quieres oler y apenas olfateas. Caes, para quedar erecta.
En un círculo sin fin, acelerado, loco, desenfrenado y agotador, para caer a los pies de ti misma.

domingo, abril 01, 2012

La sensación de pasar las manos por las páginas de un libro que vas a empezar sólo podría comprenderla quien siente lo mismo. El sentimiento que provocan las primeras palabras que empiezas a leer podría compararse con las mariposas del enamoramiento.
Para mí cada libro es un mundo. No sólo una historia, un mundo en el que perderse, reencontrarse, buscarse o reinventarse. Un lugar en el que olvidarse para no ser encontrada, o un camino para salir hacia donde no sabías que querías dirigirte.
Da igual que pase temporadas de apenas leer o que lea de forma convulsiva o compulsiva.
Las palabras siempre me esperan, las palabras siempre están ahí como refugio.
Como leí hace poco: "Cansado de no entender la soledad que le rodeaba, se refugia en la lectura como si fuese el hogar que nunca tuvo". Pero con una pequeña diferencia. Para mí los libros siempre fueron mi hogar, siempre lo tuve.

jueves, marzo 29, 2012

La verdad es que siento decepción. Y no he visto ni un solo medio de comunicación, es decir, no estoy mediatizada. Pero me he decepcionado. No me ha gustado el ambiente de fiesta en una manifestación que yo considero muy seria. No me ha gustado que, como siempre, se intentara impedir trabajar a quien quería hacerlo, no me ha gustado que sólo hayamos hecho cosas unas horas y ¿el resto del día?
No sé, sabía perfectamente que el miedo a los despidos tal y como está la cosa podría hacer que no hubiera un seguimiento bestial. De hecho, eso lo comprendo perfectamente. Una de las razones por las que he hecho huelga es por darle voz a quienes no podían estar. Pero aún así, no sé, me ha faltado gente. Me ha faltado algo.
Quizás sea yo, que al final sigo siendo una ilusa.

lunes, marzo 26, 2012

Un paso y luego otro. Opciones, caminos, bifurcaciones, laberintos de pensamientos. Errante o seguro de su andar. El verde de la hierba, el olor de la primavera, las flores que enseñan sus colores al borde de la senda. La mirada, en el infinito, donde termina la vereda. Los pasos con ritmo. Una cadencia. Brisas juguetonas y nubes de algodón. Sonidos vibrantes. Aliento acompasado. Frufru de telas.
No había pensamiento en su cabeza, porque finalmente había logrado vaciarla de tanta necedad que la rodeaba. Se había decidido a marcharse, porque quedarse significaba una muerte lenta que la dejaría sin el espíritu que había reinado en su vida y había llenado el espacio.
La decisión había llegado reposada, como si siempre hubiera estado ahí, dormida y expectante. Por eso se había dejado llevar por su razonamiento. Al fin y al cabo, sólo ella podía saber lo que había pasado. La felicidad que había venido tras el sufrimiento. La angustia de un mundo que la oprimía porque no era el suyo. Las renuncias que ya no tenían sentido.
Ahora, en su cabeza, sólo quedaba aquella canción...

domingo, marzo 18, 2012

Intensa

Soy muy intensa. Apasionada. No sé cómo no serlo. No puedo ser apasionada para unas cosas y para otras no. Ni dejar de darlo todo en lo que me interesa, me gusta, me engancha. Esto podría parecer bueno. Pero no lo es siempre. Canso. Canso a las personas que me quieren y me rodean. Asusto a los que no me conocen.
Pero soy así. No quiero dejar de ser así. Quizás me consuma rápido, como las cerillas. Pero no puedo dejar de ser lo que soy.
Si quieres mi pasión, acostúmbrate a mi intensidad.

martes, marzo 06, 2012

La frustración hervía en su sangre. Haberlo tenido tan cerca para luego verse sin ello la dejaba con un picor en la punta de los dedos y una rabia interna que no sabía por dónde escapar.
No había dónde agarrarse, así que se armó de valor y usó su propio cuerpo de amarre a la dureza que la atenazaba.
Podría haber optado por usar improperios, pero esta vez decidió sacar pecho y dejarlo pasar.
Ya habría momento para la venganza.

lunes, marzo 05, 2012

Ahí estaba. Corriendo subida a unos tacones de doce centímetros, más segura que nunca, aunque dudosa de no acabar en el suelo, cual larga era, retrasándose en su carrera y quizás, perdiendo la única oportunidad que ahora veía clara.
Así que, sin apartar su principal pensamiento de su mente, miraba cuidadosamente donde ponía los pies en la irregular acera por la que corría, observada por los transeúntes que no dejaban de darse codazos y preguntarse adónde se dirigiría aquella melena al viento, aquellos tacones resonantes, aquella falda que flotaba.
Nadie se imaginaba que detrás de aquella carrera alocada estaba la mayor tranquilidad y sosiego, que habían sido alcanzados por la absoluta certeza. La RAZÓN, así, en mayúsculas, que definía una vida había sido desvelada a la corredora en estiletos.

sábado, marzo 03, 2012

Las risas resonaron en toda la sala. Eran como el cristal que brilla, deslumbra, ilumina y estalla en mil destellos de luz brindando la más absoluta belleza.
No podía evitar la sonrisa perenne ni las carcajadas, cuando quienes la rodean la quieren y la muestran, la hacen lo que es, porque ellos reflejan ese cristal exquisito.
Cristal como diamante. Con el calor del fuego que talla el cristal.

martes, febrero 28, 2012

Nunca me ha importado la distancia. Es decir, al cabo de los años me he acostumbrado a dejar a mis amigos, a quienes me importan, en otras ciudades, en otros lugares lejanos. Y no me importa. El teléfono, alguna visita, los mails... suavizan esa distancia y lo cierto es que, con los amigos de verdad, da igual si te viste ayer o hace años. La sensación es la misma que cuando nos veíamos a diario: la misma confianza, el mismo cariño, la misma complicidad.
Pero hay momentos en que esa distancia se me hace años luz y no soporto el no poder abrazar, tocar y dar un beso sincero a mis amigos. Cuando los siento penar, cuando les ocurre algo en su vida que yo no aliviaría, pero que estando allí, al lado, me permitiría intentar suavizar; no puedo dejar de lamentar las vueltas de la vida, la distancia y no estar ahí, a la vuelta de la esquina.
Porque las palabras se me hacen vanas si no las acompaño del abrazo que me gustaría dar, la mirada que me gustaría compartir.
Pero no me queda otra, no me quedan más que las palabras para intentar hacerte comprender que aquí estoy, para lo que sea. Y se hace falta, allí estaré. Tenlo claro, no estás solo.

lunes, febrero 27, 2012

Los restos de la comida dibujaban un paisaje extraño y difuso sobre la mesa. Aún frente al desorden seguía sentada mirando al infinito que se esconde detrás de los objetos.
Se podría llamar sueño, si no fuera porque esos ojos abiertos y vivos, a pesar de la inercia de su propietaria, reflejaban demasiada agitación interna como para confundirse con el mundo onírico en el que la mente, aun en movimiento, reposa mientras dormimos.
Nada hacía prever si la mesa sería recogida en breve o las horas pasarían igual que la luz desdibujaría y jugaría con los objetos en ella dispuestos, abandonados a la suerte del tiempo y las moscas que, golosas, miraban desde fuera de la ventana el festín que podrían darse con las sobras.

domingo, febrero 26, 2012

Los pasos quedos resonaron en sus oídos, sacándola de su ensoñación. No sintió temor. Conocía qué preludiaba ese ritmo cadente que se acercaba y decidió abandonar por unos instantes los planes que le hacían volar hacia lejanas tierras perdidas.
En unos pocos minutos, la realidad le hizo comprender que las vueltas en su cabeza no la harían acercarse más a su sueño.

sábado, febrero 25, 2012

Sentir el viento en la cara. Pedalear, fuerte o con calma. Acelerar. Olvidarse. Olvidarte. Que la sonrisa llegue con el olvido. No hay nada. No estás. Sólo el viento en la cara. Sólo el ritmo que marcan las piernas. Sólo el corazón que marca la meta.

viernes, febrero 24, 2012

Hay mañanas que el sol se levanta más animado y el primer rayo despierta la tierra con un beso apasionado que le da calor y quita el frío incluso del más crudo invierno.
Avance de un día en el que el brillo de oro ofrece mejores caras y suaves manos que despiertan el cariño con el mínimo roce.
Preludios de una sonata que estallará en primavera, con colores vibrantes y risas descontroladas que incitan a ser feliz.
Porque sólo queda corazón para la felicidad.

martes, febrero 21, 2012

Escribir para liberarse. Para dejar la cabeza vacía y las palabras llenas. Ensuciar las hojas.
Dejé de escribir porque creía que así viviría más.
Dejé de escribir porque no quería volcar siempre pensamientos tristes.
Pero si escribir es el consuelo, dejar de hacerlo puede llegar a oprimir el pecho.
Adoro las palabras. Desde siempre.
Me acompañan, me definen, me construyen y construyen mi realidad.
Voy a volver a ellas.
Ellas nunca me dejaron.

sábado, febrero 04, 2012

Por qué me llamaron Bridget Jones IV

En mi oficina utilizamos sellos. No de esos modernos de los que tienen 'autotinta' o como se diga. Los tradicionales que, primero mojas, y luego estampas. Y, claro, algún día, el tampón se queda sin tinta y no se ve el sello.
Eso me pasó la semana pasada y fui al armario de material a coger un nuevo tampón. Pero no había. Y mi jefe, que a veces parece que paga él el material, me dijo: 'No voy a pedir uno nuevo, rellena el tuyo con los botes de tinta'.
Y allí que fui yo a mi mesa, con mi tampón, mi bote de tinta y mi buen espíritu. Y allí que estoy con el bote de tinta boca abajo y aquello que no mancha nada, ni rellena nada ni nada de nada. Hasta que me dice un compañero 'tienes que apretar un poco el principio del bote, que tiene como una almohadilla para empapar el tampón'.
Claro, y a mí se me olvida que ahora voy mucho al gimnasio. Y que las cosas con suavidad salen mejor, y que la tinta y yo juntas nunca ha sido buena idea....
Conclusión: plástico del bote destrozado, tinta azul que salta por todas partes: mi mesa, mi jersey, mi ordenador, el suelo, el reposa muñecas... Ni os cuento cómo estaban mis manos y mis uñas (ni cómo siguen ahora, días después).
Pero eso no fue lo peor. Lo único que había en mi oficina para recoger el desastre era lejía... Mis manos destrozadas por la lejía, mi mesa oliendo como la más relimpia del mundo mundial y yo colocada todo el día por el olor...
Si es que es lo que tiene volver a mi ser...

sábado, octubre 29, 2011

La verdad es que no puedo seguir así. No puedo seguir pensando que cambiarás de idea, que qué será mejor que haga para que cambies de idea, no puedo seguir llorando de tristeza que me hunde y no me lleva a ningún lado.
No quieres estar conmigo. No puedo estar contigo. Punto. No hay más.
El dolor que siento ahora, pasará. Las cosas que echo de menos, dejarán de ser tales; los planes que sólo me salen pensando en tu compañía, cambiarán por otros; volveré a ser feliz estando sola, como lo estuve antes y, quizás, hasta me vuelva a enamorar, y se enamoren de mí y no repita los errores tan absurdos, tan dolorosos y tristes ahora, que he cometido contigo.
Pero, por favor, que se me pase la angustia, las ganas de llorar, las dudas, la necesidad de tus abrazos que no tengo.
No puedo seguir así. No voy a seguir así. Es absurdo, es doloroso, es destructivo y no me sirve de nada más que para hundirme más.
No voy a seguir así. Me niego. Tengo una vida. Tuve una vida antes de ti y la tendré después de ti. Una vida que me gusta, que es plena, que está llena de objetivos y felicidad. Esa es mi vida. Plena y feliz.

jueves, octubre 27, 2011

La vida es aprendizaje. Y yo intento aprender de esta situación. Han pasado pocos días. Me duele todo, me duele aún, me duele mucho. Y sé que vendrá más llanto. Pero quiero suavizarlo.
Soy yo la que tiene la llave para que el duelo no se prolongue hasta el sufrimiento extremo. Soy yo la que puede normalizar o intentar normalizar el hecho de que trabajemos juntos y ser adulta. Soy yo la que puede intentar sonreír más que llorar, disfrutar de cada nimia cosa buena que la vida me dé cada día.
Dios siempre me rodeó de buena gente. Ahí están mis amigos. Cuidándome, mimándome, no dejándome sola. Les quiero.
Y mis hermanas, pendientes a pesar de que su vida es ahora complicada. Les quiero.
Soy querida y quiero.
No puedo estar con quien me parece que podía ser el compañero de mi vida.
Pero puedo aprender de todos los errores. Puedo sacar lo bueno que me ha dado él y lo bueno que he descubierto yo por todo lo malo que he hecho.
Y tengo que convencerme, tengo que saber, que no lo volveré a hacer. Que no volveré a ser presa del miedo hasta el punto de perderme en el extremo contrario del que estaba huyendo.
Sé que lo haré. Esa es una de las pocas virtudes que me reconozco. Tropiezo mucho, pero casi nunca con la misma piedra.
Y ahora, que el tiempo cure mi dolor y mi alma pueda descansar.
Negar tres veces, es negar para siempre. No me quieres a tu lado. Así de simple. Y por mucho que digan, no puedo dejar de sentirme responsable de gran parte de ese sentimiento. ¿Es culparme? Teniendo en cuenta que me fui al extremo que no pensé que tuviera jamás (impositivo, controlador), pues no sé si es culparme o ser razonable.

El caso es que todo eso da igual ahora. No me quieres a tu lado y tengo que levantarme cada mañana con ese conocimiento. Y salir de la cama, venir a trabajar, a verte, ir a comer, intentar no pensar e intentar dormir.

E intentar comer.

Intentar seguir con mi vida.

Y dejar que se sequen las lágrimas. Por favor, que dejen de salir las lágrimas. Y el nudo en el estómago, la opresión en el pecho, las ganas de salir corriendo hasta el final del mundo y desaparecer allí. Para que deje de doler.

Pero no va a pasar nada de eso, como no va a pasar que te despiertes una mañana y digas, 'ups, me equivoqué'. Lo que va a pasar es que seguirá mi vida. Y aprenderé. Sabe Dios que aprenderé. No hay nada mejor que una buena ostia para aprender de una vez por todas. O esa es la única esperanza que me queda.

martes, octubre 25, 2011

Mañana voy a verte. Se acabaron las vacaciones y vuelvo a la oficina. Vuelvo a verte y no sé cómo lo voy a llevar. Y tampoco sé si querrás hablar conmigo, y yo necesito hacerlo, y cuanto antes mejor. Necesito darte tus cosas y que yo me lleve las mías porque eso será un paso más para hacerlo real, para no volverme al espejismo. Porque a veces entro en ese espejismo mentiroso de que te voy a llamar o me vas a llamar en cualquier momento y quedaremos para dar una vuelta, o para hacer algo o simplemente nos contaremos algo tonto, como que cambié las ruedas de la bici, o que ayudé a Antonio con su obra.
Con lo fácil que es entrar en algunas rutinas, salir de ellas es muy difícil, doloroso, frustrante, engañoso.
Y tu eras una rutina que me tiene aún encandilada. Pero no voy a pensar esto. Se acabó. Ya no habrá más tú y yo, yo y tú, más paseos por la ciudad que me has descubierto, mientras me descubrías tu alma. Ya no hay más, ya no hay más, ya no hay más.
Mañana te veo. Solo espero poder dormir. Necesito verte tranquila.
Otra noche que se escapa y apenas he dormido. Otra noche de dar vueltas en la cama y vueltas en la cabeza, aunque intento pararlas. No lo he conseguido con ninguna de las dos.
¿Por qué duele tanto? ¿Por qué no se me va la opresión en el pecho y el estómago, la garganta cerrada, los ojos húmedos? ¿Por qué no puedo dejar de pensar en lo feliz que podría haber sido, aunque la conclusión hubiera sido la misma, y lo triste que es darme cuenta ahora que me he impedido ser feliz?
Luché tanto por no dejar de ser yo que me fui al extremo contrario. Y ahora no sé cuánto tiempo me costará volver a mi ser en ese sentido. Cuándo dejaré de convertirme en una maniática controladora que se controla incluso a sí misma de tal manera que derrapa, y mucho.
Aún no me cabe en la cabeza cómo alguien me pudo hacer tanto daño como para llegar aquí. Cuatro años después descubro que me jodió nuestra relación y esta otra, con alguien que no tenía nada que ver contigo, pero que muchas veces aparecía en mi mente con tu mismo nombre.
Me cago en ti y en tu puta forma de ser, que me arrastró hasta años después de haberme alejado. Y tú eres la víctima.
Pero no tienes toda la culpa. Soy especialista en no creerme merecedora de felicidad ni amor. Así es. Es genial, ¿verdad? La forma en la que podemos llegar a jodernos la vida y seguir tan panchos. Hasta que nos quitan lo que queremos. Y entonces es cuando me doy cuenta de que he perdido dos cosas, a ti, al hombre al que quiero, y mi capacidad para dejarme ser feliz.
Lo bueno es que ahora la he encontrado. Pero no la voy a poder disfrutar contigo. Ni yo misma querría volver con la yo en la que me había convertido. Y digo bien, convertido. Porque he sido y soy muchas cosas, pero no en la que había derivado por unos miedos que me han atenazado más de un año.
Un miedo a estar así y una lucha por intentar evitar que doliera así. Pero, ¿sabes qué? Que duele exactamente igual que si me hubiera dejado llevar y ser feliz y no volverme loca, ni paranoica ni desconfiar hasta de mí misma.
No me estabas dejando. No me estabas relegando. No me estabas echando de tu vida.
Sin embargo, todo eso lo he comprendido cuando me has abandonado de verdad. Cuando no has podido más.
Y sé que no he tenido toda la culpa. Los dos la tuvimos por no darnos cuenta que nuestros momentos vitales eran distintos. Si fueras mayor no me habrías permitido tanto tiempo de ida de olla. Aunque también me habrías explicado mejor lo que ocurría y, quizás, habrías tenido las herramientas para mostrarme crudamente lo que veo ahora.
Y no estábamos preparados ninguno de los dos. Eso tampoco ayuda.
No lo sé, en realidad no sé más que no puedo seguir teniendo esta puta esperanza porque lo que está haciendo es dolerme más. Pero es que si no la tengo el dolor se me hace tan insoportable que no puedo ni pensar, ni razonar, ni hacer nada más que vejetar, que mirar al vacío y esperar, no sé el qué.
Necesito dormir. Necesito desconectar de mí misma. Necesito que todas estas palabras me vacíen y dejen espacio a un poquito de risa. A un poquito de poder. A un poquito de tiempo que me cure las heridas.
Por favor, abrazadme mucho. Necesito saber que todo saldrá bien.

lunes, octubre 24, 2011

Me gustaría que ya hubiera pasado el tiempo. Que ya lo tuviera asumido, no doliera y siguiera con mi vida. Pero aún me queda tiempo. Me queda perder toda la esperanza, porque aunque sepa que no hay, me cuesta perderla, siempre me cuesta perderla (y una de las cosas por las que me dejaste es porque no soy positiva, ironías de la vida).
Me gustaría que ya no saltaran las lágrimas a mis ojos en momentos que me pillan totalmente por sorpresa. Me gustaría que ya te recordase con el cariño con el que se recuerdan las cosas que son buenas y ya están atrás.
Me gustaría saber que podré verte y no se me partirá el corazón, que seguiré hablándote y no dolerá, pero aún me queda tiempo. Y voy a tener que seguir hablándote y tú a mí, porque trabajamos juntos.
Me gustaría tener completamente claro que ya acabó y no va a volver. No sentir en ese pequeño rincón de mi corazón que 'podría, podría, podría', porque todo el resto de mi ser está gritando NOOOOOOOO, pero esa pequeña pieza está ganando por goleada.
Me gustaría haber aprendido antes. Pero soy de mollera dura. Y hay pasados que pesan demasiado, me cago en ellos.
Y me gustaría, de verdad que me gustaría, saber que alguna vez saldrá bien. Del todo. Que tendré una seguridad certera. Que me volveré a dejar llevar y que no cometeré los mismos errores.
Pero ahora sólo puedo esperar. Esperar e intentar no llorar, porque duele demasiado.

miércoles, octubre 19, 2011

Estoy cansada. Da igual que intente protegerme, que no lo haga, que sea yo, que no lo sea, que luche o que me deje llevar. La conclusión al final es la misma. Que duele. Mucho. Y que sé que pasará, porque siempre ha pasado, y luego sigo con mi vida, y no está mal estar sola, y que todo tiene un principio y un final y que no pasa nada.
Pero sí pasa y sólo puedo pensar joder joder joder joder joder joder
¿Nunca voy a aprender? o ¿acertar? O las dos cosas.
Y estoy cansada, y dolida y no sé si debo perder la esperanza o conservarla, porque en realidad ya no está en mi mano, y porque la he cagado yo, y esta vez es así y no hay más vueltas. Y sí, y vale y no me machaco y ¡joder!
En fin, la vida sigue, ¿no? Siempre sigue.

domingo, octubre 16, 2011

Al final estudié. No tanto como hubiera debido, como se han visto en los resultados. O hay una hecatombe y todos los que se presentaron estudiaron menos, o este año, por tercero consecutivo, me quedo con las ganas.
Como quiero ser positiva, diré que, al menos, he notado mi estudio: mucho mejor resultado que el año pasado y más tranquilidad al responder.
Pero, sinceramente, empiezo a cansarme. Aún me queda aprobar esta promoción, esperar dos años y aprobar otra más para poder tener un sueldo decente y poder salir de mi organismo, que me tiene frita (por muchas razones, algunas de ellas relacionadas con quienes conviven en mi oficina día a día conmigo. No, no tengo amigos en el trabajo).
Pero bueno. Ahora sé que si empiezo ahora lograrlo puede ser un hecho en 2012... Si convocan.
Ay, virgencita, que convoquen.

sábado, junio 25, 2011

No quiero

Llevo dos semanas estudiando para mis oposiciones de promoción interna (a ver si dejo de ser mileurista). En esas dos semanas he estudiado, en total, unas dos horas y media, y, seguramente, estoy tirando para arriba.
Podría encontrar 20.000 excusas: el calor, la infección de las encías por la extracción de las muelas y sus dolores, las migrañas intermitentes por culpa del calor, las cosas que he tenido que arreglar en casa...
Pero serían eso, excusas.
Porque ahora tengo muy clara la realidad: NO QUIERO. No quiero tener que volver a pasar la mayor parte de mi tiempo enfrente de leyes y temas que poco me servirán luego en el desempeño de mi trabajo, no quiero pasar la tensión de exámenes que no apruebo por muy bien preparada que esté, porque el estudio es importante, pero hay parte de suerte; no quiero dejar de hacer lo que ahora hago (aunque sea nada) para pasar calor y dejarme la vista con apuntes. No quiero.
Y por mucho que no quiera, en el fondo de mi corazón sé que esa es la única manera de mejorar mi situación, de abrirme puertas para salir de dónde estoy y desempeñar tareas más gratificantes o más adaptadas a mis gustos (aunque tendría que esperar al menos dos años más para esto después de aprobar).
Así que, sea como sea, queriendo o no, voy a tener que PODER pasarme horas estudiando, subrayando, haciendo test...
Dios, dame fuerzas, porque yo las perdí en alguna parte del camino.

miércoles, junio 15, 2011

Y sube mi indignación

Porque contra todo pronóstico (sentencias precedentes y ley clara) el Constitucional ha declarado legal la reducción de sueldo a los empleados públicos. Muy fuerte
Y ¿se supone que el TC es un órgano jurisdiccional independiente? Y una mierda. Y muy grande.
A tomar por culo los derechos y las garantías.
Y sus señores miembros se sentirán muy seguros ellos con sus sueldos multimillonarios, sus patrimonios y su puta madre.
Siento el lenguaje, pero es que no quepo en mí.

viernes, junio 10, 2011

Llevo días queriendo escribir sin ponerme a ello. Quizás porque no sé por dónde empezar, hacia dónde dirigir mis palabras. No sé si hablar de cómo estoy venga a romper cosas y a estar saturada de trabajo y empiezo a sentirme tan embotada y tensa que no sé cómo desfruncir el ceño. O sobre las acampadas y cómo se dirigen a sitios un poquito alejados de mí, puesto que sigo pensando que no podemos cambiarlo todo de golpe y habría que ir de objetivo pequeño a objetivo pequeño. O sobre las guerras que se crean para mantener un estatus de algunos por el que salimos a la calle para seguir siendo ignorados. O sobre cómo me agobian ciertas cosas que pasan en casa, en la familia, que no puedo evitar, pero que me desasosiegan. O acerca de lo mal que voy gestionando comportamientos aprendidos que debería cambiar y me está costando una lucha diaria. O cómo me agobia tener la sensación de que, en realidad, nunca llegaré a estar totalmente emancipada porque o no gestiono bien mis ingresos o de verdad que no me dan. O sobre cosas más alegres: que se acerca el verano, que el calor no es tan horrible, que mis sobrinas cumplieron años.
No sé, quizás en realidad sólo quiero/quería escribir para soltar todas esas cosas que me saturan y tensan, que no tienen solución y entonces, para qué preocuparse, o que la tienen y, entonces, para qué preocuparse.
O simplemente me gustaría tener tiempo para coger mi pluma nueva, llena de colores, regalo sorpresa, y dejar que la tinta corra y se lo lleve todo.
Quizás echo de menos las palabras.

domingo, mayo 29, 2011

Vergüenza política

Porque no la tienen ni saben lo que es, si no, éso es lo que deberían sentir los políticos de nuestro país que, mientras se mantuvieron casi mudos (si no mudos, prudentes como nunca) antes de las elecciones por las acampadas para pedir el cambio, después de saber que ya tienen lo que querían (el poder que asumen que pueden manejar como les dé la gana), se dedican a lanzar a quienes no tienen más remedio que obedecer para levantar a los que, PACÍFICAMENTE, les están pidiendo responsabilidad y cambio.
No pienso caer en cargar contra la policía. Los verdaderos cobardes son otros que no se dejan salpicar por su culpa.
Lo dicho, una vergüenza muy grande.

jueves, mayo 19, 2011

Orgullo patrio

Jamás pensé que esas palabras se formarían en mi mente. ¿Sentirme orgullosa de mi país? ¿Yo, que jamás he sentido ningún lugar como mi patria? Y, sin embargo, aquí me tenéis, con orgullo patrio por mi gente, por la gente que estamos en la calle, que nos hemos decidido a quejarnos de forma PACÍFICA, que nos hemos lanzado a pedir el cambio que tanta falta hacía.


Sinceramente, había perdido la esperanza. Desde hace mucho tiempo sentía el espíritu enrabietado porque yo sola no sabía como moverme, qué hacer. Y reiteraba la necesidad de salir a las calles, y hacía campaña para ello en casa, en el trabajo, con los amigos, con cualquiera que me preguntara. Pero no supe organizarlo.


Han sabido hacerlo por mí y me siento orgullosa. Orgullosa de que no seamos políticos, pero pidamos un cambio en la política y sobre todo en las personas que se dedican a ello.

Orgullosa de que no seamos economistas, pero intentemos plantear opciones.

Orgullosa de que hablemos, dialoguemos, escuchemos y nos respetemos estando en la calle como hay gente que piensa desde la izquierda, quienes piensan desde la derecha, apolíticos, creyentes y no creyentes, heterosexuales y homosexuales, jóvenes y mayores, trabajadores y parados...

Ahora nos queda, de todas formas, una tarea igual de dura que la de lanzarnos a la calle:

No cansarnos después de este domingo;

no dejarnos politizar, por muchos intentos que hay ahora mismo;

no parar hasta que, de verdad, se vea que algo se mueve por arriba, que es de dónde debería haber venido la responsabilidad y el cambio.

martes, febrero 01, 2011

Ayer ordené mi casa. Especialmente me centré en los libros, que no tengo muchos, pero con las últimas adquisiciones y la recuperación de algunos que tenía prestados, mi estantería era un caos.
Es curioso, ordenar mis cosas también ordena mi cabeza. Igual que limpiar. Parece que conforme le dedico tiempo a buscar espacios externos, los internos se van reubicando, colocando, no dejando huecos en blanco para los pensamientos negativos (porque mi tendencia natural es negativa, alguna pega tenía que tener).
Y redescubro pertenencias (físicas y mentales). Libros que apenas recordaba leídos, pero cuyos lomos me recuerdan lo que sentí al tenerlos entre mis manos y beberme sus palabras. O algunos adquiridos con ansias, para quedar olvidados en la estantería por la urgencia de otros que captaron más mi atención en aquel momento.
A la vez, mis pensamientos se sosiegan, mi mente se calma y se ralentizan todas esas ideas que me rondaban y que no querían alejarse de mí. Aparecen nuevas ideas, nuevos ánimos, resaltan intereses relegados...
Hacer limpieza no es sólo limpiar.

miércoles, enero 05, 2011

Cuando debería estar en la cama esperando a los Reyes Magos, no puedo despegarme del sofá porque mis dedos tienen ganas de escribir y mi cabeza no para de dar vueltas. Y me gustaría que parara. Quizás por eso mis manos se deslizan veloces por el teclado.

Aún quedan quince minutos del 5 de enero y miro atrás, a ese 2010 que ya se nos fue y despedí rodeada de amigos, pero sin la persona que quiero a mi lado.

Porque 2010 me trajo eso, a la persona con la que me gustaría compartir mi vida, pero con la que hay muchas partes de la misma que no puedo compartir. Difícil de encajar. Espero que no imposible, deseo que no inalcanzable.

Pero 2010 no sólo me trajo amor. 2010 me trajo felicidad, fortaleza y alegría, mucha alegría. Me trajo comprensión (sobre todo de mí misma, con todo lo que la necesitaba) y me brindó sosiego de espíritu y calma de pensamiento. Me enseñó a quererme para querer mejor a los demás y me mostró los caminos que creía perdidos.

Los últimos doce meses me mostraron que podía seguir queriendo y a la vez dejar los lastres de ese querer. Y me enseñaron que los sueños hay que tenerlos, aunque sea para dejarlos de lado al llegar un determinado momento.

En 365 días intenté estudiar para frustrarme por no hacerlo, aprendí a enamorarme de nuevo y a que existen personas que pueden sorprender y a las que debes dejar que te sorprendan.

Aprendí que mis amigos me quieren más de lo que nunca pensé porque me aguantaron cuando el no era mi palabra y yo mi único centro. Conseguí dejar el egocentrismo, aunque aún busco el equilibrio para no abandonarlo tanto como para volver a perderme.

Fui feliz. Muy feliz. Casi más que en toda mi vida. Y fui feliz por nada más que yo, y eso fue muy importante.

Y ahora estoy en el quinto día de 2011, un año impar. Los años impares siempre se me dieron mejor que los pares, no sé por qué. Y si esto sigue siendo así, estos próximos doce meses van a ser de los difíciles de creer porque 2010 será complicado de superar.

lunes, diciembre 13, 2010

Odio los días en los que las pesadillas se me enroscan al cuerpo y no me dejan hasta bien entrada la tarde.
Odio los días en los que el ceño se me frunce y la garganta se me cierra porque me callo muchas cosas que no puedo decir si quiero seguir sobreviviendo.
Odio los días en los que me apetece dar golpes, gritar, dar patadas, porque no puedo hacerlo (porque no se lo merecen muchos de los que me rodean).
Odio los lunes.
Odio los días nublados.
Odio los días en los que todo se junta.

jueves, noviembre 25, 2010

He hecho limpieza en casa (necesito espacio para mis apuntes, esos de la oposición que no sé si llegará a haber tal y como están las cosas) y al hacerlo me he vuelto a tropezar con un buen número de cuadernos, de diferentes tamaños, colores y formas, pero todos preciosos, que he comprado en diferentes sitios o me han regalado a lo largo de los últimos años.
Siempre que veo tantas páginas en blanco no puedo evitar imaginarlas llenas de palabras, en letra clara y bonita (cosa que no tengo), con historias que hagan reír, o llorar, o enternecerse, o, por qué no, enfadarse.
Siempre que me encuentro con esos pequeños espacios abiertos me detengo unos minutos a recorrerlos, a olerlos, a pensarlos, a proponerme llenarlos de pensamientos, pero siempre, no sé por qué, me parezco incapaz de crear algo lo suficientemente bello, o bueno, o intenso, o como quiera que sea, valedero para llenar esas páginas en blanco.
Afortunadamente, la frustración me dura cada vez menos, como cada vez menos comprendo que algo que yo misma compré para llenar permanece en mis estanterías vacío, triste de su inutilidad por no ser usado para lo que se creó.
Supongo que algún día superaré el miedo tonto de que alguien descubra lo que escribo y lo lea y me descubra a mí...
Porque sí, soy capaz de desnudarme delante de todos los que me puedan leer desde un ordenador, pero no soportaría que alguien leyera ni una sola de mis palabras manuscritas. ¿Será una cuestión de mi mala caligrafía?

lunes, noviembre 22, 2010

A pesar de todo, hay veces que se me olvida. Se me olvida la sonrisa, se me olvida la amabilidad, se me olvida que todo lo externo no importa tanto porque lo de dentro está a buen recaudo, es seguro, es claro, es calmo y es feliz.
Hay veces que tantos envites agotan y se te quitan las ganas, porque no puede ser siempre uno el que se esfuerce y porque ya no se sabe si merece la pena.
Pero siempre merece la pena. Y ya no la merece por los demás, sino para mantener protegido ese interior delicado que tanto trabajo costó recuperar y hacer brillar como nunca debió dejar de brillar.
Mejor no permitir a la marea que tome el control, porque entonces pierdo el puerto, el norte, el sur y la sonrisa, y eso sí que no es permisible porque costó recuperarla y porque nadie ni nada merece la pena de volver a estar enfadada con el mundo, aunque el mundo se merezca un buen enfado, otro buen empellón y alguna que otra sacudida a ver si espabila.
Así que recuerdo, respiro, tomo aire y vuelvo a respirar para no dejar que el enfado, la incompetencia ajena, la caradura de muchos y el mal carácter de los demás me contagien.
Soy mejor que eso.
A ver si no se me olvida.

lunes, noviembre 15, 2010

Hasta los mismísimos

La verdad es que no me gusta usar este blog de forma reivindicativa. Pero como sí que lo utilizo para desahogarme y ya estoy que no puedo más, pues nada, os toca aguantaros.
Y os preguntaréis, pero ¿qué te tiene tan indignada? Pues me tiene tan indignada el tratamiento que se está dando a los funcionarios desde diferentes frentes, la pérdida del norte de muchos y el engaño tan grande que se está tramando para, una vez más, dejar a los ciudadanos con menos garantías.
Todo esto viene a colación no ya porque nos hayan bajado el sueldo, amenacen con bajarlo aún más (eso sí, los altos cargos que cobran dos o tres mil euros más que yo-triste mileurista que dejará de serlo el año que viene- al mes, puestos a dedo y sin una tarea específica ahí seguirán), y ni siquiera porque se trata de desprestigiarnos y meternos a todos en el mismo saco.
Mi indignación ha llegado a sus cotas más altas por una medida, decretaria, que se pretende poner en marcha en Andalucía. Los lumbreras de nuestro (des)Gobierno regional han decidido (no sé si la excusa ha sido bajar los costes o qué, la verdad es que ya ni me he querido meter ahí) que lo mejor para los andaluces es que los servicios públicos ofrecidos desde organismos externos (es decir, con una cierta independencia para que me entendáis) pasen a ser atendidos por 'agencias' en las cuales se erradicarán a los funcionarios en su mayoría y se contratará a quién decida el político de turno.
Ya me parece bastante desvergüenza que tengan la desfachatez de plantear así, tal cual, que nada de exigir oposiciones limpias o preparación legislativa ni nada que no sea un currículum adaptado a las necesidades del que se contrate a quienes vayan a ocupar los puestos en la agencia.
Lo de que de verdad me duele, lo que me sobrepasa es que NADIE parece estar dándose cuenta de lo que supone que alguien sobre cuya cabeza penderá la espada del despido sea quien se encargue de garantizar los servicios públicos.
Yo comprendo que una mayoría ciudadana simplemente nos odie, pero, ¿por qué hay tan pocas voces que expliquen por qué los funcionarios somos una garantía para los ciudadanos?
Al parecer no es importante el hecho de que si a un funcionario le viene un político con unas intenciones dudosas, el funcionario, garante de la legalidad y sin riesgo de perder su trabajo o mayores represalias, defenderá el derecho del ciudadano. Mientras un contratado que debe su cargo al amigo de turno, pocas pegas prondrá a la hora de servir a su señor.
Y sí, ya sé que los temarios de oposiciones parecen absurdos en ocasiones, pero son los que nos dan las llaves para asegurar que nadie se sobrepasa en sus funciones, ni pretende dar gato por libre al ciudadano.
Eso da igual. Aquí lo importante es que los funcionarios somos unos vagos que nos merecemos la muerte por leones, independientemente de que simplemente optamos por una decisión personal que, con suerte, nos llevó a perder dos o tres años de nuestra vida para estar donde estamos.
Y sí, hay funcionarios vagos. Pero también hay trabajadores muy muy perros que ahí siguen, chupando del trabajo de los demás. Y que nadie intente refutármelo, porque antes de estar donde estoy, estuve al otro lado.

viernes, octubre 01, 2010

Y, por fin, llegó el día

Mi relación con ellos siempre ha sido un tanto tempestuosa. Comenzó por mis hermanas y luego un novio me los marcó tanto que pensé que no podría volver a ser lo mismo. Pero ellos están por encima de cualquier ruptura. Están tan en mi sangre que las veces cuando ya nada parece dejarme ver la luz, son los únicos que consiguen hacerme levantar y gritar al mundo aquí sigo.
Y llevaba catorce años queriendo verlos. Siempre algo me lo había impedido (un examen, la lejanía, la falta de dinero-ser pobre es un asco).
Pero ayer me resarcí de todo ese tiempo.
Ayer los tuve enfrente, apenas a unos metros (y eso que no pude conseguir entrada de la zona caliente) y me hicieron llorar.
Ayer estuve en el concierto de U2 y descubrí que todo el tiempo de espera mereció la pena.

Actualización: soy torpe y no pude meter el vídeo aquí. Os dejo arriba la canción que me hizo llorar...

miércoles, septiembre 08, 2010

Nuevas escenas de mi vida surrealista

Yo me muevo en bici. Es más rápido, más cómodo y más ecológico. La uso incluso para salir por la noche y, por supuesto, cuando voy a trabajar. En estos casos, la dejo en un aparcamiento para bicis que hay en la plaza enfrente de mi oficina. Una plaza bastante concurrida, por cierto, porque en ella hay un museo.
El caso es que, normalmente, yo dejaba mi bici atada con dos pitones o cadenas o como queráis llamarlo, pero hace un tiempo un compañero de trabajo me dijo 'eres una exagerada, con uno va de sobra'.
Y como yo soy razonable y ponerle los dos me aburría porque soy un poco torpe con esto de estirar cadenas enrolladas (las mías son de estas que vienen en espiral muy pequeña), pues me dije, nada, con una sola.
Lo que yo no sabía es que este hecho iba a suponer un atractivo para los amantes de lo ajeno. Pero así ha sido. Ayer, cuando fui a recoger mi bici tras terminar de trabajar, allí estaba ella, flamante, tranquila y... sin amarrar. No sé qué pasó o en qué estaría pensando el que lo hizo, pero se llevaron mi candado y dejaron la bici suelta.
Mi padre y compañeros de trabajo tienen la teoría de que alguien pilló al ladrón y optó por huir sin su verdadero botín. Pero yo estoy segura de que lo que ocurrió es que un coleccionista de cadenas de colores quiso llevarse mi pitón para su colección.
... Y sí, no insistáis, había cerrado bien el candado.

lunes, agosto 16, 2010

Realmente llega un momento en el que piensas que nunca te volverá a pasar. Pero, entonces, en el momento más inesperado, llega también la persona menos esperada y la sonrisa tonta se te cuelga de la cara y ya no hay forma de borrarla.
Un roce adquiere un significado gigantesco, una mirada llena un mundo y una palabra acaricia los oídos como si fuera la más bella canción.
Y el mundo vuelve a hacerse pequeño porque no te cabe tanta felicidad en el corazón.
Dan igual todas las cosas, porque me lanzo, me lanzo, me lanzo y sólo me dejo sentir, porque sentir amor es lo más bonito del mundo.
Y sí, me estoy enamorando como una tonta.

sábado, mayo 15, 2010

Ese liviano sentimiento llamado felicidad

A veces se nos olvida. A mí se me olvida. Olvido que hay felicidad, que soy alegre, que tengo muchas cosas buenas, que soy muchas cosas buenas, que siempre hay opciones, que tener un largo camino por delante es lo mejor que puede pasarnos, que siempre hay sol detrás de las nubes, que hay quien nos quiere, que queremos, que estamos vivos.
A veces se olvida, pero, afortunadamente, hay recuerdos muy fuertes, porque dejan de ser recuerdos y se convierten en lo que somos, en los que vivimos, en lo que tenemos.
Y esa es la felicidad. En grandes o pequeñas cosas, esa es la felicidad.
Entonces es cuando me siento como rozando con los dedos la hierba que crece al sol y al viento, la brisa marina que descoloca mi pelo, el ligero corazón y la sonrisa perenne.
Pero, lo mejor de todo indiscutiblemente, es que, de una vez por todas, he aprendido que no se me olvide.
La amnesia se llevará otras cosas...

domingo, mayo 02, 2010

Por qué me llamaron Bridget Jones III

Desde diciembre que pude retomar mis actividades deportivas acudo a clase de aquafitness al menos tres veces por semana. Como hay mucha demanda y sólo hay 22 plazas siempre voy un poco antes para apuntarme y, en tanto empieza la clase, me gusta mirar a los niños pequeños aprender a nadar en la misma piscina poco profunda en la que, después yo, recibiré mis clases de aquafitness.
Me encanta ver cómo esos niños tienen mucho menos miedo al agua que yo, disfrutan, se divierten y, también, les tengo un poco de envidia... Entre otras cosas porque a ellos les dejan usar una especie de colchonetas rectangulares semirígidas y a nosotros no. He pedido varias veces a los monitores que me dejaran subirme a ellas al terminar la clase infantil y siempre se habían negado. Pero como soy como soy, sólo estaba esperando mi momento, que llegó el viernes pasado.
Como siempre estaba mirando cómo acababan las clases sus niños y de repente vi que uno de ellos salía de la piscina tambaleante y me dirigí a recogerlo, porque han pintado el suelo de la piscina y ahora resbala de miedo. Le ayudé a subirse a estas colchonetas, colocadas tres de ellas seguidas, y vi cómo caminaba por ellas con paso seguro hasta llegar al final y tirarse a la piscina... Y me dio mucha envidia.
Era ya tarde así que el monitor cogió al niño, que no llega a los dos años y se fue con él a secarlo y llevarlo con sus padres... Y entonces vi mi oportunidad, con casi todos los monitores distraídos con los niños, un amigo animándome desde la piscina grande y mi poca cabeza, puse un pie sobre las tres colchonetas para ver si aguantaban mi peso... Un poco tarde. Uno de los monitores más jóvenes que me vio, salió corriendo y, para mi sorpresa, en lugar de decirme algo corrió él sobre las tres colchonetas y se lanzó con una pirueta a la piscina.
Su actitud, aparte de asombrarme, me resultó una provocación obvia y, con los meses de deseo empujándome, me quité rápidamente las chanclas y comencé a andar por las colchonetas... Que resultaron no ser tan estables como yo pensaba. Aquello empezó a llenarse de agua y tambalearse peligrosamente y pensando en la poca profundidad de la piscina (1,20 metros) lo que me había parecido una idea genial no me lo pareció tanto, y fue ralentizando mi paso, cada vez más insegura, hasta que me paré completamente.
En esos momentos ya no era sólo el monitor que me había precedido el que me estaba mirando. Como este chico se había puesto a gritarme (tiene un torrente de voz que parece que usa megáfono cada vez que habla) que qué estaba haciendo, que yo sabía que eso no estaba permitido, etcétera, ya estaba casi toda la piscina mirándome para ver qué estaba pasando.
Y ahí me tenéis a mí, haciendo equilibrios cual surfista, escuchando al monitor diciéndome que si me caía de espaldas y me daba de nuca contra el borde (peligrosamente cerca, pero no lo suficiente como para tener confianza en dar marcha atrás) el gimnasio no se haría responsable y pensando, durante el minuto más largo de mi vida, cómo salir de ese embrollo.
Obviamente, la alfombra de tres colchonetas a esas alturas se había converitido en dos colchonetas flotando a la deriva y sobre la que yo estaba permanecía entre enganchada en el borde y soltada... Y no pude aguantar más. Con cierto miedo, pero ya sin dudas, pegué un salto hacia delante y caí sobre mis pies (afortunadamente me dio la cabeza como para encogerme) en el agua... Sin gorro, sin gafas...
Cuando salí sólo vi a otra de las monitoras entre divertida y asustada, y el monitor que seguía gritándome que no llevaba gorro, que incumplía las normas de la piscina y que venía hacía mí... Que ya corría a por mis zapatillas abandonadas al borde de la piscina, para tirárselas a la cabeza... E incumplir una norma más de la piscina...
Lo mejor de todo es que aún no me han prohibido la entrada en las clases de aquafitness... Y que he descubierto la forma de volver a subirme a las colchonetas sin que me pase lo mismo de nuevo...

miércoles, abril 07, 2010

Nueva York como en casa


Quien me lo iba a decir a mí. Jamás habría imaginado que una de las ciudades más grandes del mundo, que más respeto me inspiraban (una es cobardica desde la cuna) me haya hecho sentirme como en casa mucho más que algunas de las ciudades en las que viví.


Pues sí, resulta que mi paso por Nueva York me ha dejado una liviana alegría en el alma porque desde el primer momento en que puse mis pies sobre sus calles sentí la ciudad mía. Mientras mis compañeras de viaje se asombraban de la majestuosidad e inmensidad de la city, yo, aún repitiéndome 'qué fuerte estar aquí', sólo decía que era tan normal pasear por allí, que yo pertenecía a esas calles.


Y no os creáis, no se trataba de un déjà vu porque NYC haya salido en tantas películas. De hecho, apenas reconocí calles de las que había visto en el cine, en la tele... Más bien ha sido un sentimiento anclado en mi corazón extrañamente que, incluso, se ha visto reflejado en mi comportamiento.


Más de uno y más de dos (foráneos y neoyorquinos) me han preguntado en los ocho días que he pasado allí si mi residencia estaba en Nueva York 'porque se te ve tan suelta, tan observadora de lo que te rodea con total naturalidad'. Y yo respondía que no, que nada más lejos, que simplemente me sentía cómoda, segura, confortable... En una ciudad que creí que me alienaría y me haría sentirme pequeñita pequeñita.


Y no sé si querría vivir allí, porque me sigue pareciendo inmensa. Pero sí sé que me pertenece y yo le pertenezco a ella.


Quizás ese sea uno de sus encantos... Que te acoge sin importar de dónde vengas.

domingo, marzo 21, 2010

Por qué me llamaron Bridget Jones II

Yo trabajo en una oficina con atención al público. La gente que viene a verme está en un momento no del todo bueno de su vida, así que siempre intento mantener la seriedad, la comprensión y una sonrisa en la cara para intentar hacer a la gente sentirse cómoda. Pero, sobre todo, intento ser profesional... O lo intentaba, hasta que llegó un compañero mucho más joven a la oficina. Es un chico muy agradable, muy gracioso y que siempre le saca punta a todo. Yo siempre le decía que soltar las cosas que suelta al final le iba a acarrear consecuencias en nuestra oficina, sin imaginarme que me las acarrearía a mí.
Hace unos días, justo en el momento en el que se sentaba una persona en mi mesa, le contesté a este compañero una pregunta de una forma que podría dar lugar a dobles interpretaciones. Nada más hablar pensé en su respuesta y en que no se cortaba un pelo, así que lo miré rauda en plan de 'no vayas a decir lo que creo que vas a decir'... Y no lo dijo. Pero al ver su cara de extrañeza por mi mirada se repitió en mi cabeza, como un eco muy cinematográfico, la frase que yo pensé que iba a decir... Y empecé a reírme.
Al ver a la persona sentada en mi mesa intenté serenarme y desearle buenos días, pero otro compañero me dijo '¿de qué te ríes?' y, curiosamente, su pregunta me hizo reír más fuerte, a carcajadas, con convulsiones y con un volumen superior al ruido general de la oficina... Intenté serenarme de nuevo, pero al volver a dirigirme al usuario que tenía enfrente, su cara, entre divertida y extrañada, me hace reír más... Y empiezan a caer las lágrimas de mis ojos.
Ya llevo unos cinco minutos riendo y sin poder pedirle la documentación a la persona, así que, desesperada, le pido disculpas aún riéndome y me voy al baño. Me echo agua en la cara, me la seco, intento respirar serenamente, me vuelvo a mojar la cara, me siento a reírme porque ya me duelen las costillas, me levanto, respiro, vuelvo a mojarme la cara y me digo 'vale, ya está'.
Salgo del baño me dirijo a mi mesa serena, veo a la persona que me espera, veo a mi compañero que no me contestó lo que esperaba y... más carcajadas.
Aún así, con lágrimas en los ojos, llorosa y con dolor de costillas me siento y tengo la moral de pedirle la documentación que necesitaba al que me estaba esperando. Me voy serenando y el chico me dice 'menos mal que yo soy de los que me tomo a bien mi situación, que si no...' y, claro, me vuelve a entrar la risa. Ya no puedo más, estoy tirada sobre el teclado pero consigo hacer mi trabajo.
Me sereno, le pregunto su estado civil (es necesario) y me dice 'te diga lo que te diga te va a hacer gracia, ¿verdad?', así que, unos quince minutos después, yo sigo riendo, y ya hay cachondeo generalizado en la oficina, sobre todo porque los compañeros sentados más lejos al principio pensaron que estaba llorando y se me habían acercado para ver qué me pasaba...
Al final conseguí serenarme, y, más roja que un tomate maduro, pedir disculpas al chico y darle toda la información que necesitaba... Para al segundo de haberse levantado seguir riendo...
... Y lo peor de todo es que, ni en ese momento ni ahora, recuerdo cuál fue la pregunta que lo provocó todo...

lunes, marzo 08, 2010

Ahora que estoy en fase de hacer sólo lo que me apetece, que no dejo que nadie decida por mí, es maravilloso saber en cada momento con quien me gustaría compartirlo, y tener con quien poder hacerlo. Que surja un deseo en mi interior y, casi inmediatamente, venga a mi mente esa persona que será quien me dé el sosiego, las risas, el hombro, el abrazo o lo que toque en el momento, o todo junto a la vez.
Cada vez me doy más cuenta de lo afortunada que soy porque, junto a los lugares que me despiertan la sonrisa, se hace más y más habitual hallar la felicidad en las personas que son mis amigos. No es que antes mis amigos me amargaran la existencia, simplemente es que ahora, cuando soy yo más que nunca, cuando no dejo que los demás escojan por mí, quienes van quedando me hacen sentirme feliz simplemente porque son ellos, porque están, aunque no sea a mi lado en este preciso momento.
Porque hoy me levanté feliz y no había más motivo que un día con amigas que hacía tiempo que no veía y una tarde relajada con un amigo y la perspectiva de otra tarde entre amigas, las que quería alrededor en ese momento, que, por supuesto, no me defraudaron y me hicieron sentirme como en casa, porque mi casa son las personas.
Y habrá quien me llame simple, pero si la simplicidad significa esta felicidad sosegada, aquí me quedo.

domingo, enero 24, 2010

Calma


Y por fin llegó a mi espíritu. La calma, el sosiego, la paz, la tranquilidad. Pocas veces me he sentido tan dueña de mi vida y esa posesión de mi destino es la que me lleva a acompasar mi respiración a un paso tranquilo. Podrá cambiar todo o permanecer inmutable en mis decisiones, pero ya no importa tanto, porque lo que importa es que soy yo, por y para mí, la que ha escogido y está escogiendo. Dan ya igual las miradas ajenas, los deseos externos y la sonrisa salta a mis labios porque es cierto.


Para alguien como yo, siempre en movimiento, lucha, dicotomía..., ser consciente repentinamente (aunque el proceso haya llevado meses) de que ya estoy aquí, quieta pero aún en busca (la inquietud que nunca pare) es un verdaderamente nuevo sentimiento... Terriblemente agradable. Me escucho a mí misma y no me reconozco, aunque también sé que soy más yo que nunca. Como pasar las páginas de un libro nuevo que se te hace increíblemente conocido porque las palabras son tú. Pues ahora, las ideas son yo, los anhelos son yo, las decisiones son yo.




Ahora siento en mi interior la marea calmada del mar que moja la orilla con una caricia cuando las tempestades se han alejado definitivamente... Y no digo que no vendrán otras. Pero la próxima vez ya sabré que estoy en puerto seguro... El mío.

lunes, diciembre 28, 2009

...




... La puerta abierta para echar a correr contra el viento

domingo, noviembre 29, 2009

Lo que me hacéis sentir

Andaba buscando unas cosas por el blog, y, claro eso tiene de malo que al final me pongo a releer porque así recuerdo el pasado, supero situaciones, sonrío con cosas que me pusieron triste e, incluso, a veces encuentro inspiración... Que es lo que me ha pasado esta vez.
Releyendo un texto que tiene ya dos añitos (me parece increíble), he visto que más o menos cumplí vuestras peticiones, menos una, para que escribiera sobre lo que me provocáis los que me visitáis y dejáis aquí vuestros comentarios.
Bien sabéis que hace tiempo que tengo esto medio abandonado (aunque parece que los nuevos vientos me están volviendo a pedir palabras), pero siempre habéis seguido ahí e, incluso en estos momentos de silencio, siempre habéis aportado vuestro granito de arena a esas entradas que eran más imágenes que pensamientos...
Y luego tengo cientos de vuestras visitas y aportaciones para poder tener claro qué me hacéis sentir.
Primero, sorpresa. Jamás pensé que algo que no son más que mis pensamientos, mi vida, mis paranoias e historias pudiera provocar interés en alguién. Interés sincero de personas que no me conocían, y lo digo en pasado porque tengo el convencimiento de que la mayoría de vosotros sabe ahora más o menos quién soy. A pesar de que sólo tengáis parte del cuadro.
Lo segundo, emoción. Me emocionáis hasta hacerme reir o llorar, hasta conseguir que reflexione, que pueda alejarme y valorar todos los puntos de vista para tomar decisiones. Y me encanta que me hagáis sentir, porque eso fue lo que me dijo que seguía viva en momentos tan dolorosos que casi dudé de ello.
La alegría es otro de los sentimientos que me habéis provocado. Aquí os juntáis personas a las que conozco personalmente, y otros que no. Amigos de años y nuevos amigos, extraños y quienes dejan de serlo. Y me hacéis sentir que no estoy sola. Quiero decir, tengo tendencia a sentirme desvinculada del mundo, a parte, por ser distinta. Pues no, no soy tan distinta y, ¿sabéis?, eso alegra.
Pero, sobre todo, me hacéis pensar que merece la pena. Que hay gente buena, sincera, que hace cosas por ayudar a los demás, desde sus pequeños mundos, que son grandes. Y no lo digo por el apoyo que me hayáis podido dar a mí con vuestras palabras, sino por muchas de vuestras historias, por la forma en la que se os puede percibir.
Así que, sí, lo confieso, empecé escribiendo este blog para mí y, ahora, al cabo de muchos años, la mayoría de lo que escribo es por vosotros. Porque me gusta poder arrancaros a veces una sonrisa, porque es agradable saber que vosotros también llegastéis a sentir lo que yo pueda sentir (especialmente cuando son cosas buenas), porque por primera vez me atreví de verdad a desnudar en palabras lo que soy y descubrí que se recibió con respeto.
En definitiva, todos vosotros me hacéis sentir felicidad. Podéis estar orgullosos de ello.

martes, noviembre 24, 2009

Solidaridad

En un mundo en el que parece que sólo existe el individuo es agradable encontrarse con gente que mira más allá de su nariz y que intenta cambiar las cosas a mejor.
Por eso hoy aquí os dejo el enlace de Lights of Hope. Aunque tenga un nombre inglés es un proyecto muy español que ha puesto en marcha un amigo con otros más. Se trata de una asociación de ayuda al desarrollo recién nacida que pretende realizar proyectos educativos, principalmente, en la India.
Hay muchas formas de colaborar con ellos, que podéis ver en la propia web. Y si la dais a conocer entre vuestro círculo sería genial porque os aseguro que todos sus esfuerzos van encaminados a sacar adelante a los niños, jóvenes y adultos de los slums indios.
A ver si conseguimos mantener las sonrisas que podéis ver aquí.

miércoles, noviembre 18, 2009

Por qué me llamaron Bridget Jones I

Piscina de aquagim. Mi gimnasio. Nueve y cuarto de la noche, 22 personas metidas en el agua pegando botes y la monitora manda: 'coged dos palitos flotantes y pisadlos con un pie. Levantad el pie doblando la rodilla y volved a pisar hacia abajo los palitos hasta que lleguen al suelo'.
Arwen que coge los palitos, se los pone debajo del pie derecho, lo levanta y empuja de nuevo hacia abajo... Con todo su cuerpo... Y medio cuerpo sale del agua mientras los malditos palitos siguen a la misma altura...
Tres intentos más tarde, la monitora se acerca entre curiosa y riente: 'tienes que empujar con más fuerza de la pierna'.
Arwen que resopla, pero vuelve a intentarlo. Medio cuerpo vuelve a salir del agua, que parece que va a pegar un salto hacia la otra piscina que se encuentra a metro y medio... Esta vez los palitos se mueven... Hacia un lado, salen disparados del agua con fuerza directamente proporcional a mis intentos de que toquen el suelo y casi caen en la cara de una compañera de aquagym...
A la compañera no le hace mucha gracia, pero yo empiezo a reírme a carcajadas, que resuenan por toda la piscina más que la música de la clase...
Al final la monitora me aconseja que haga el ejercicio con un solo palito, mientras la compañera agredida afirma tajantemente con la cabeza y las otras 20 personas metidas en la piscina me miran con cara de pensar que estoy muy muy mal...

Y aún hay quien se extraña de que mis amigas decidieran llamarme hace tiempo Bridget Jones...

lunes, noviembre 02, 2009

Comunicarse

Para ser una persona a la que le gusta hablar, escuchar y comunicarse, a veces se me olvida que existen otros puntos de vista, que hay más explicaciones que las que yo imagino, creo o pienso, que no siempre las cosas son como yo las veo.
Claro, que también está quien te lo pone difícil, quien prefiere el silencio a la sinceridad o a intentar que el otro te comprenda, quien decide alejarse antes que seguir al pie del cañón para comprenderse.
Todo esto viene a colación de esta decepción y la evolución de la situación. Ya en la actualización puse que mi amigo y yo habíamos hablado y algo había mejorado la cosa, pero no ha sido hasta esta semana (casi un mes después de que acabáramos distanciados y yo dolida, muy dolida), que no he conseguido entender qué pasaba.
Y me he sentido mal. Me he sentido mal porque soy tremenda, porque cuando me hacen daño reacciono agresivamente, a veces demasiado, y pierdo mi capacidad de ponerme en lugar del otro. No voy a flagelarme, soy suficientemente mayorcita como para saber que si nos duele, nadie es capaz de pensar fríamente e intentar comprender al de enfrente, pero tampoco quiero dejarme llevar por mí y mis tremendismos hasta olvidar que conozco al otro, dudar de que conozco al otro.
Porque la cuestión es que yo hice daño. De forma inocente y nada premeditada, pero hice daño al provocar unos pensamientos difíciles para cualquiera e hice sentirse solo a otra persona.
Y si yo tuve derecho de enfadarme, dolerme y sentirme abandonada, mi amigo tenía el derecho a sentirse dolido y querer alejarse, y no fui capaz de verlo porque sólo vi una huída en un momento en el que yo lo necesitaba...
Con todo esto espero haber aprendido la lección, pero, por si acaso, quería dejar constancia por escrito, para que no se me olvide. Para recordar siempre que los que me quieren también se ven afectados si yo estoy mal, a veces mucho más de lo que yo pudiera creer.
Y está claro que nuestra relación ha cambiado después de esta ¿crisis? Pero creo y espero que sea a mejor. Al menos nos conocemos un poquito más el uno al otro.