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sábado, noviembre 14, 2020

Cuando él toca el piano

 Desde ese rincón, desde el que busca protegerse, de la noche, del dolor, de la sangre; observa. Contempla la oscuridad que se cierne sobre ella, hasta que la luz resquebraja tímida y con fuerza las tinieblas desde ese punto en su pecho que cree detenido desde milenios.

Sin embargo, nunca dejó de palpitar en ámbar vivo, en lava ardiente e inocua que la recorre y calma los estremecimientos del miedo ancestral que se enraíza en ella, por más que arranca una y otra y otra vez las malas hierbas.

Vibra con aquella melodía improvisada y la esperanza avanza a través de la tristeza. No pierde las lágrimas. Encuentra el arcoiris en ellas y puede seguir, así, mirando esas nubes negras sin olvidar la calma después de las múltiples tormentas que la arrasaron.

Siente el abrazo tierno y protector con las notas que tiemblan en la punta de sus dedos y necesitan salir y ser libres, sonar libres, compartirse por el aire infinito y llegar a los corazones sensibles a ellas. Hay quien no sabe escuchar y hay quien escucha aunque no quiera. 

La lágrima roza el labio entreabierto entre el sollozo y la sonrisa de comprender la compañía, la protección, a veces proveniente de ella misma, a veces de unos brazos amigos. Sigilosos se acercan para dar consuelo, ser el paraguas que refleja la luz interna.

Ahí también reside su belleza.


Para Jetro Molina. La inspiración llegó desde las yemas de sus dedos acariciando las teclas.


jueves, marzo 29, 2012

La verdad es que siento decepción. Y no he visto ni un solo medio de comunicación, es decir, no estoy mediatizada. Pero me he decepcionado. No me ha gustado el ambiente de fiesta en una manifestación que yo considero muy seria. No me ha gustado que, como siempre, se intentara impedir trabajar a quien quería hacerlo, no me ha gustado que sólo hayamos hecho cosas unas horas y ¿el resto del día?
No sé, sabía perfectamente que el miedo a los despidos tal y como está la cosa podría hacer que no hubiera un seguimiento bestial. De hecho, eso lo comprendo perfectamente. Una de las razones por las que he hecho huelga es por darle voz a quienes no podían estar. Pero aún así, no sé, me ha faltado gente. Me ha faltado algo.
Quizás sea yo, que al final sigo siendo una ilusa.

miércoles, junio 15, 2011

Y sube mi indignación

Porque contra todo pronóstico (sentencias precedentes y ley clara) el Constitucional ha declarado legal la reducción de sueldo a los empleados públicos. Muy fuerte
Y ¿se supone que el TC es un órgano jurisdiccional independiente? Y una mierda. Y muy grande.
A tomar por culo los derechos y las garantías.
Y sus señores miembros se sentirán muy seguros ellos con sus sueldos multimillonarios, sus patrimonios y su puta madre.
Siento el lenguaje, pero es que no quepo en mí.

domingo, mayo 29, 2011

Vergüenza política

Porque no la tienen ni saben lo que es, si no, éso es lo que deberían sentir los políticos de nuestro país que, mientras se mantuvieron casi mudos (si no mudos, prudentes como nunca) antes de las elecciones por las acampadas para pedir el cambio, después de saber que ya tienen lo que querían (el poder que asumen que pueden manejar como les dé la gana), se dedican a lanzar a quienes no tienen más remedio que obedecer para levantar a los que, PACÍFICAMENTE, les están pidiendo responsabilidad y cambio.
No pienso caer en cargar contra la policía. Los verdaderos cobardes son otros que no se dejan salpicar por su culpa.
Lo dicho, una vergüenza muy grande.

jueves, mayo 19, 2011

Orgullo patrio

Jamás pensé que esas palabras se formarían en mi mente. ¿Sentirme orgullosa de mi país? ¿Yo, que jamás he sentido ningún lugar como mi patria? Y, sin embargo, aquí me tenéis, con orgullo patrio por mi gente, por la gente que estamos en la calle, que nos hemos decidido a quejarnos de forma PACÍFICA, que nos hemos lanzado a pedir el cambio que tanta falta hacía.


Sinceramente, había perdido la esperanza. Desde hace mucho tiempo sentía el espíritu enrabietado porque yo sola no sabía como moverme, qué hacer. Y reiteraba la necesidad de salir a las calles, y hacía campaña para ello en casa, en el trabajo, con los amigos, con cualquiera que me preguntara. Pero no supe organizarlo.


Han sabido hacerlo por mí y me siento orgullosa. Orgullosa de que no seamos políticos, pero pidamos un cambio en la política y sobre todo en las personas que se dedican a ello.

Orgullosa de que no seamos economistas, pero intentemos plantear opciones.

Orgullosa de que hablemos, dialoguemos, escuchemos y nos respetemos estando en la calle como hay gente que piensa desde la izquierda, quienes piensan desde la derecha, apolíticos, creyentes y no creyentes, heterosexuales y homosexuales, jóvenes y mayores, trabajadores y parados...

Ahora nos queda, de todas formas, una tarea igual de dura que la de lanzarnos a la calle:

No cansarnos después de este domingo;

no dejarnos politizar, por muchos intentos que hay ahora mismo;

no parar hasta que, de verdad, se vea que algo se mueve por arriba, que es de dónde debería haber venido la responsabilidad y el cambio.