jueves, noviembre 14, 2013

Sentado en el parque

Cuando llegó ya estaba sentado en el banco. De negro, con un libro entres sus manos, la cara concentrada, y una gran bolsa de deporte a su lado. No le extrañó. No iba a ser ella la única que decidiera dedicar su media hora de desayuno a leer tranquilamente en el parque. De hecho, sonrió. Escogió un banco un poco más allá entre el sol y la sombra y leyó mientras pelaba y comía sus mandarinas.
Al irse, apenas 20 minutos después, volvió a mirarlo, aún concentrado en su lectura, y volvió a sonreír.
Al día siguiente, cuando retornó con pasos seguros y lo encontró en el mismo banco tampoco le dio demasiada importancia. Ella llevaba varias semanas yendo, invariablemente a la misma hora (a la hora que podía salir de su oficina según los turnos), a ese lugar a leer. Le llamó algo la atención que estuviera en el mismo banco, misma postura, misma bolsa de deporte al lado, pero, ¡qué demonios!, los seres humanos somos animales de costumbres.
Sin embargo, cuando pasó una semana, y un fin de semana y percibió que la bolsa parecía menos voluminosa, mientras el banco empezaba a amontonar libros alrededor de este hombre, sintió curiosidad. ¿Llevaba la misma ropa? Nunca había querido mirarlo muy fijamente por no importunarle, pero ese día no pudo evitar hacerlo. La cara de él seguía concentrada en la lectura, pero parecía distinta. La barba ya estaba presente, algunas ojeras circundaban sus ojos, ¿estaba algo demacrado? No quiso pensar más.
Pero una semana después, él seguía allí. Y allí estaba la tarde que, en uno de sus paseos vespertinos, ella decidió encaminarse hacia ese parque, tranquilo, bastante céntrico y a la vez como alejado de todo. Ya no lo evitaba. Llegó a saludarle con la cabeza. Él tardó días en responder a ese saludo, apenas levantaba los ojos del libro, los libros, porque ya era evidente que los devoraba compulsivamente allí sentado.
Sin atreverse a decir palabra, pero cada vez más preocupada por cómo lo veía demacrarse día tras día, ella empezó a dejarle comida, alguna bebida, incluso un paraguas, porque un día cayeron unas absurdas gotas que sólo sirvieron para mojar los libros que empezaban a ocultar parte de su cuerpo.
En la cama, de noche, ella se imagina la figura de él, enjuta, encogida, quizás aún intentando leer. Y sólo podía darle vueltas a por qué esa terquedad en permanecer allí, no hablar con nadie, apenas mirar a nadie, ni a ella cuando le dejó algo de comida... Quizás ni siquiera la comía él.
Ya llevaba un mes viéndolo a diario. El frío había empezado a hacerle molesto quedarse sentada leyendo y, algunos días, pese a su curiosidad, iba a desayunar a un bar cercano, acompañado de sus compañeros, intentando olvidarlo a él.
Y llegó el día que hizo el 36 desde que lo vio aquella primera mañana. Y no pudo más. Se acercó sin dudas. Retiró un poco una de las montañas de libros, la que estaba más cerca de él. Se sentó a su lado y mirándolo fijamente, lo que hizo que él se girara, le dijo: ¿qué haces aquí? Él parpadeo un poco al retirar los ojos del libro, intentando enfocar su cara correctamente. Y empezó a hablar.

lunes, noviembre 11, 2013

Rozó la barandilla y sintió el frío de la noche que recorría sus dedos, su mano y subía por el brazo, en contraste con la calidez de la mano que reposaba en su hombro. Se giró levemente para asegurarse de que ese peso no era el recuerdo de un cuerpo, y la vio allí, mirando exactamente igual que él, al horizonte infinito.
¿No crees que el invierno está tardando?
Ya sabes que siempre piensas lo mismo para, en dos días, arrepentirte de que el frío cale tus huesos.
Ya, pero me gusta acurrucarme en ti.
Él no le dio importancia. Nunca se la daba. Eso habría significado un signo de debilidad.

domingo, noviembre 03, 2013

Sueños

A veces da miedo cumplir los sueños. O, a veces me parece que me da miedo cumplir mis sueños. No sabría escoger entre la opción de que sea cierto que da miedo o que parece que da miedo. Escucho a Debussy y pienso que siempre quise tocar el piano para tocar cosas como Claro de Luna. Escucho a Debussy y pienso en mi piano, en la habitación contigua, silencioso hace ya demasiados meses (¿quizás un año?). Mi libro de solfeo cerrado sobre él, mis lecciones manuscritas por mi profesora cogiendo polvo, igualmente calladas. Quedas en un clamor que retumba en mi corazón y mi cabeza. Un griterío que dice que no soy capaz, enfrentado a otro que dice que no lo intento. 
Tengo manos de pianista, dicen. Me coloco perfectamente frente al teclado, con mis dedos perfectamente alineados y absolutamente correctos... Pero quietos y sin rozar las teclas... 
Pero cuando toco, cuando recorro las octavas, aunque sean meros ejercicios repetitivos (el portato, los hombros...) soy la música. Me diluyo, desaparezco, más que cuando canto. Cuando toco el piano me disuelvo y vuelo, viajo como las notas, como la melodía, aún en mecánicas escalas repetidas una y otra vez. 
No quiero tener miedo.
Quiero tocar.
Quiero saber tocar y saber leer las partituras que tengo sobre mi piano. Supe hacerlo. Ahora sólo tengo que aprender. A dejarme ser piano. A dejarme ser música. A no soñar, porque ya sea cierto. 

martes, octubre 29, 2013

A la vejez, viruela

Soy una lectora compulsiva. Desde que sé leer. De pequeña, los libros pensados para mi edad me parecían cortos y, muchas veces, carentes de interés por sencillos. De adulta, he leído todo lo que caía en mis manos. Apenas selecciono, porque no leo con ningún otro objetivo que disfrutar la propia lectura, evadirme, a veces; vivir otras vidas. Leo lo que me llega por recomendaciones de amigos, oído al pasar, una portada o título que me llaman la atención o temáticas o autores que me gustaron en el pasado. 
He leído de todo pero nunca leí poesía. A pesar de haber tenido mi época de escribirla como cualquier adolescente hijo de vecino, salvo los poemarios impuestos por el sistema educativo, jamás me atreví a acercarme a ella. Me asustaba. Me asustaba no entender el trasfondo, me asustaba que me aburriera, simplemente pensaba que había demasiado por leer para complicarme la vida.
Hasta ahora. No sé por qué, un amigo pensó que yo podía ser carne de poesía. Y acertó. No voy a nombrar autores porque aún estoy temerosa de mi desconocimiento de este mundo nuevo que se ha abierto ante mis ojos. Sólo puedo decir que, por muy mayor que sea, me alegra haberme encontrado con estas nuevas palabras, esta forma de escribir que me atrapa por sus ritmos, sus rimas existentes o no, sus cadencias, sus tempos y temas...
Me asombro de mí misma pidiendo más, buscando, ávida, esos versos que, más vale tarde, he descubierto hablan de mí, me cuentan a mí, me llenan, vacían, sacian y hacen sonreír o reflexionar.
Debo confesar que para mí es fácil sentirme atrapada. Mi amigo me selecciona. Pero también, estas selecciones, me llevan a desear investigar, probar nuevos caminos, nuevos autores. Descubrir que hay más 'yos' esperándome en verso. Y me gusta sentirme adoptada. Ahora soy una niña caminando por sendas desconocidas, pero que sabe que, quien tiene al lado, conoce el camino. Y ya no es uno, son muchos mis amigos que me enseñan.
Y, sí, alguien dirá por ahí que, a la vejez, viruela. Pero me encanta proclamar que, por fin, soy una conversa.


lunes, octubre 21, 2013

Discusión sobre el amor y otras menudeces con mi álter ego masculino

Mi álter ego masculino declara:
Mirad al cielo. Después mirad al mar. Un reflejo. No es más que la luz del sol al reflejarse en un pez plateado. Es curioso, pero cada vez que recuerdo el mar pienso en peces plateados. ¿Dónde están los peces de colores?
Mirad la noche y observad las farolas. A su alrededor, atraídos por la luz incandescente, numerosas mariposas nocturnas vuelan a su alrededor. Es lo único que podemos ver en la ciudad. La luz oculta las estrellas. El reflejo artificial sobre sus alas oscuras es lo más parecido a estrellas fugaces en la  noche urbana.
¿Acaso no es eso el amor? ¿El reflejo esquivo de un pez perdido en un mar transparente en días de verano? O, ¿el espejismo fugaz de la luz de una farola sobre un breve vuelo circular de una polilla en las noches primaverales?
Siempre hay un pez más grande o un murciélago, dispuestos a apagar el circunstancial reflejo.

... Y yo os digo:
Mirad al cielo y luego al mar, y estaréis tan cegados por la luz que sólo veréis el reflejo y no los peces de colores que surcan cada ola, a veces a contracorriente. 
Mirad la noche y las farolas. Y quedaréis encerrados por los muros de una ciudad que no sois vosotros y que no os dejan ver lo que hay en lo más profundo. Allí donde el amor reside.
Porque el amor no son reflejos ni espejismos. El amor es lo que te permite ver la realidad de quien eres y colorea el mundo para que el dolor que otros provocan no te hiera en exceso. El amor es tu refugio a los cielos que ciegan por su claridad y a las calles apenas aclaradas por tristes farolas.
Y puede que haya peces más grandes, murciélagos o incendios y marejadas. Pero el amor seguirá latiendo.

domingo, octubre 20, 2013

Lluvia

La primera gota cayó sobre el cristal.
La segunda golpeó el suelo.
La tercera y la cuarta mojaron la ropa tendida hacía unos instantes, al sol, para secarse.
La quinta marcó el inicio de un chaparrón que no dejó seco ningún rincón de la calle.
El chaparrón, con sus infinitas gotas rebotando en todas partes, dio pasó a la tormenta.
Tormenta que arreció con el viento y salpicó los bajos de los pantalones del hombre que paseaba.
No llevaba paraguas. Dejó que el agua le calara hasta el alma.

viernes, octubre 18, 2013

Mujeres

Nunca entenderé por qué no os dais cuenta. Por qué no sois conscientes de toda la belleza que se vierte desde dentro y desborda vuestro ser hasta alcanzar a todos los que os rodean. Cómo no veis la fuerza que late inmensa en vuestro corazón.
La inteligencia no sirve de nada si las lágrimas rezuman desde lo más profundo. Y no lo entiendo. No entiendo que no os sepan querer y vosotras no os queráis lo bastante como para que el amor lo pueda todo, porque lo puede todo.
No llego a comprender que ese sentimiento de no valer, de no vivir, de no saber si se está viviendo sea mayoritariamente femenino (o eso me parece). Porque no he conocido personas más fuertes que vosotras, mujeres que me rodeáis y seguís adelante.
Y lloro con vosotras. Pero mis lágrimas son de impotencia. Dolor puro por no ser capaz de mostraros, en el reflejo de mis ojos, en mis palabras, en mis actos hacia vosotras, quienes sois, quienes verdaderamente sois, porque parece que vosotras os perdéis en imágenes irreales salidas de un imaginario colectivo que, en demasiadas ocasiones, ha restado valor a lo femenino.
Y es el sexo, y la pasión, y el trabajo y la belleza y el placer y el dolor y el duelo y la violencia.
Es todo, porque para mí que perdéis el norte, y yo lo pierdo junto a vosotras, porque no lo entiendo.
Y no me bastan los abrazos con que os intento trasmitir esa fuerza que me explota dentro y que vosotras también lleváis, pero dormida por vuestras propia lógica irracional.
Ojalá consiguiera que despertarais. Ojalá lo entendiera.

miércoles, octubre 16, 2013

Por qué me llaman Bridget Jones V

Soy ciclista. Mi medio de transporte para ir a trabajar, para salir por ahí, para moverme, es la bici. También hago rutas por el campo.
Y en eso, y en el trabajo que me quedaba por hacer, venía pensando esta mañana al volver a la oficina del desayuno. Pensaba, al acercarme al carril bici 'qué bien que como soy ciclista siempre tengo cuidado al cruzar'. Pensaba, hay que mirar a los dos lados... Pensaba, y mientras pensaba miraba al semáforo que se ponía verde para mí, a un lado del carril bici y avanzaba segura para cruzar mientras giraba la cara al otr... Y ahí se quedó mi pensamiento porque me arrolló una bici. El pensamiento se quedó allí, mi brazo derecho y luego tras él, mi cuerpo, andaron un metro y algo arrastrados por el ciclista. Mi rebeca anduvo por el suelo...
Y yo, en shock, pedí disculpas...
El chico se paró a saber si me había hecho daño y ahí si atiné a contestar que claro... Pero yo seguía pensando en mi trabajo y me dirigí veloz a la oficina.
Allí mi jefe y compañeros no se creían que me hubiera pasado, me llaman ya la pupas... Eso sí, ¿y lo que se ríen conmigo y de mí? Eso, eso no tiene precio.

sábado, octubre 12, 2013

Quisiera

Sólo quisiera encontrar la forma de echarlo todo fuera.
De quitármela de encima y el corazón no estuviera encogido.
Echarlo fuera y que mis músculos se estiraran.
Sólo quisiera saber cómo echarlo todo fuera.

domingo, octubre 06, 2013

Fotografías

Es increíble cómo una imagen te puede golpear en la cara, hacerte tambalearte y llenarte de rabia. Es increíble cómo personas nos hacen tanto daño que da igual el tiempo que pase, cómo cambien, qué es lo que veas de ellos, que sabes que son ellos.
Hoy me tropecé con un pasado que creía haber superado en una exposición de fotografías. Ahí, entre otros cuantos, en una pose que casi no se le veía la cara, pero que a mi no me impidió reconocerlo, estaba el gran hijo de puta que amargó los inicios de mi carrera laboral, que me hizo víctima de moobing.
Ha sido como una hostia. Al menos no ha sido dolor. Ha sido rabia. Una rabia que me ha noqueado, que me ha dado ganas de coger la puta foto, romperla, pisotearla y vengarme en ella de todo lo que no pude hacer con mis 23 años, asustada y descolocada.
Menos mal que aún tengo amigos que me saben recordar que ya no soy aquella y que hay personas por las que no merece perder más tiempo de mi pensamiento.
Espero que esta vez, con la rabia se haya ido, por fin y definitivamente, todo.

sábado, octubre 05, 2013

Imagen proyectada

Sería bonito, aunque quizás fuera más acertado decir curioso, vivir por un día viéndote con los ojos que te ven los demás. Descubriendo esas sutilezas propias que a uno mismo se le escapan y que, sin embargo, parecen claras como cristales limpios para el resto del mundo.
Quizás así podría averiguar cómo o cuándo mi cara dejó de reflejar mi alma. O si mi cara ve más allá que yo y es ese claro reflejo de mi espíritu, que yo no consigo percibir del todo. Porque no deja de asombrarme cómo, cuando peor estoy, cuando más enrabietada, triste, perdida, angustiada o sollozante me siento por dentro, más bien me ven por fuera. 
Después de casi dos meses de desesperación, quizás haya llegado a una calma que no me atrevo a creer, pero que mi cara sí cree y muestra día tras días, ganándose los cumplidos y la felicidad por mí de los que me rodean.
No me importa desprender ese algo que los demás advierten. Lo que me extraña es que yo tenga que pararme a pensarlo, por no sentirlo así, por no sentirme así.
Quizás el destino pretende que aprenda a través de las palabras ajenas, o más bien, de los ojos ajenos, que ya he llegado a ese punto de sosiego al que, en mi opinión, me debería conducir toda esta serie de calamitosas desdichas que me han tenido asustada y en tensión en las últimas semanas.
Quizás debería mirarme en otro espejo. Tus ojos.

jueves, octubre 03, 2013

Enfado ¿universal?

Hay veces en las que no puedo con mi sino. Etapas en las que no comprendo por qué me pasan ciertas cosas, aunque tengan una fácil explicación lógica, y me resisto, como pez atrapado entre las redes. Y me siento triste, y enfadada. Me enfado contra todos, contra el mundo, cuando en el fondo estoy enfadada conmigo.
Porque en el fondo es eso, enfado conmigo. Por inocente, por crédula, por naif, por irresponsable, por ¿tontalculo? Un enfado que es tan profundo que me cuesta desprenderme de él, que me lleva a acciones que no me gustan y que me hacen repetirme una y otra vez y otra y otra que, cueste lo que cueste, no puedo pagarlo con quien menos se lo merece (en este caso, cualquiera).
Y me entran ganas de gritar y de romper cosas, pero, oye, soy civilizada y ni grito ni rompo cosas (gracias unaexcusa por la idea de cantar a gritos como sustituto de un viaje a cualquier acantilado perdido a desgañitarme), pero siento mi alma como un león enjaulado en este puñado de carne, huesos y sangre que soy (a día de hoy, otra vez, más hueso que otra cosa).
Y me enfada aún más dejar que la melancolía del otoño, la revolución hormonal (consecuencia de una de esas cosas que me pasan y no comprendo por qué) y mi propia pesadumbre me hagan seguir en este círculo autodestructivo, porque sí, lo miremos por donde lo miremos, cualquier enfado, por muy metafísico que nos parezca, es agotador y poco productivo porque, como dice mi padre, gastas el doble de energía: la de enfadarte y la de desenfadarte. 
Así que intento ser calmada, y zen, y meditabunda, pero, ¿a quién quiero engañar? En mi vida he sido ninguna de esas cosas. Soy más bien, no sé, un torbellino que en demasiadas ocasiones se eleva para acabar estampado contra el suelo de la realidad, después de vivir en su propio mundo, no de ensueño, porque eso sería pedir demasiado. 
Así que aquí estoy, pensando que, quizás las palabras, esas grandes amigas que siempre fueron refugio, hagan que la rabia se vaya... O me demuestren que, efectivamente, no vale la pena la energía gastada que, por otro lado, necesito para empezar a ser más carne y menos hueso... O quizás, simple y llanamente, el teclado se haya convertido en mi nueva forma silenciosa de gritar y gritar al mundo '¡oye, que ya lo capto!'. Aunque, seamos sinceros, en realidad captar captar, capto pocas cosas. Soy más de estamparme, como ya he dicho. O de recibir las hostias del destino con puro estoicismo (cosa también falsa como estas propias palabras demuestran). 
Así que me quedan muy pocas opciones. O todas las del mundo. Pero parece que seguir enfadada no debería ser una de ellas. No me sirve de mucho. Así que, aquí va mi grito: ¡FUERAAAAAAA!

viernes, septiembre 27, 2013

¿Casualidad?

Hoy he sonreído, más bien he reído. Cuando le he preguntado a alguien por qué le caía yo tan bien como para hacer por mí una serie de cosas que sé que para esa persona no son tan relevantes, pero que para mí son de una bondad exquisita, sin apenas conocernos, me contestó: porque el día que te conocí te vi perdida.
Y me he reído no porque me viera perdida, si no porque reaccionó como lo hago yo. Aunque ese día no andaba tan perdida (estar así es más mi estado natural que algo pasajero), es cierto que necesitaba volver a tener fe en el ser humano y que estaba en el punto en el que sabes que tienes que empezar a tomar decisiones, pero aún no sabes cuáles serán esas medidas.
Y esta persona reaccionó exactamente igual que yo lo habría hecho en circunstancias parecidas. Brindando su mano sin importarle de qué me conocía. Y eso me ha hecho sonreír. Porque es una prueba de que no soy tan especial, ni tan rara, ni tan única (y, aunque no os lo creáis, a veces y más con mi trayectoria vital, eso reconforta) y porque demuestra que la naturaleza bondadosa que yo siempre le di al ser humano está ahí, sólo necesita ser descubierta.
Añadió 'y agradezco encontrar gente como yo'. Y eso también me hizo sonreír. Ya he escrito innumerables veces por aquí la suerte que tengo con las personas que me rodean. No sé si es casualidad, cada vez creo menos que sea eso, pero lo cierto es que, afortunadamente para mí, en mi vida voy encontrando personas que son como yo y totalmente distintas, que me acompañan, me allanan el camino y me reconfortan.
Y no puede ser casualidad que aparezcan cuando yo o ellos necesitamos encontrarnos. En ese momento en el que quieres tirar la toalla, o en el que estás pletórica y necesitas propagarlo; o cuando, simplemente, empiezas a pensar que vas a estar sola.
No puede ser casualidad, porque entonces mi vida es una concatenación de casualidades digna de estudio. Porque igual que apareció esta persona, unas semanas antes apareció otra que pensaba que era para mi reconforte y resultó que era para que nos apoyáramos la una en la otra y aprendiéramos cada una de la que tenía enfrente. 
Porque cuando creí que lo había perdido todo al perder a quien amaba, llegaron muchos que me demostraron que no había perdido nada. 
Y no puede ser que yo quiera interpretar las cosas a mi manera, porque es una realidad tangible que antes no estaban y que estas personas me llegaron cuando las necesitaba. O cuando ellos me necesitaban. 
Y entonces, más que en casualidad, empiezo a pensar en karma. En que lo que recibes das, y que puede ser verdad que lo que dicen que doy, lo entrego, aunque para mí no sea nada, porque es quien soy.
Y curiosamente, que alguien me diga que me vio perdida, y que me ha hecho pensar que quizás lo estuviera más de lo que recordaba, me ha hecho sentirme bien. Porque, una vez más, algo que me apenaba se transforma en suerte, como por arte de magia. La suerte de volver a encontrar alguien que enriquece mi vida y se incorpora al mosaico de personas que conforman mi red de supervivencia.

jueves, septiembre 26, 2013

Inútiles intentos

El autoengaño es fácil. Eso dicen. Quizás soy una mala alumna. No lo consigo. Puedo deciros y decirme que no es lo que siento, pero siempre sé lo que late en el fondo. A veces duele. 
Sé cuando me ilusiono, aunque no lo diga. Sé cuando me equivoco, aunque me lance al error; sé cuando intento autoengañarme y sé cómo no lo consigo.
También pensaba que sabía que ir directamente hacia las cosas eran una forma de valentía. Pero quizás es sólo, como me dijo una amiga, una forma de chapotear en charcos fácilmente esquivables por no querer aprender. Aunque más bien me conozco demasiado como para no saber que el riesgo me vale la pena.
Las posibles futuras lágrimas bien valen lanzarse. Porque da igual hacía donde haga mi salto al vacío, lo que me mueve es esa excitación de sentir que el suelo ya no está bajo mis pies, el viento en la cara, y sentir ese resto de confianza hacia los otros que, a pesar de todo, aún late en mi corazón. 
No es que no quiera saltar el charco y evitar el barro, simplemente sé que SIEMPRE me levantaré.
No hace mucho también le explicaba a alguien, lo bueno de que el corazón se te rompa (a ella le dije te rompan, pero eso no era cierto, me lo rompí yo) en millones de pedazos hasta el punto de que te duela físicamente es que, cuando ya has tocado fondo después de escarbar y escarbar, y sales, y vuelves; SABES, verdaderamente sabes, que no habrá absolutamente nada que te deje atrapada en ese barro. 
Así que he decidido abandonar mis inútiles intentos de dejar de ser quien soy. No voy a ser kamikaze, pero tampoco voy a protegerme tanto como para renunciar a ilusionarme, intentarlo, vivirlo, disfrutarlo y, si toca, sufrirlo, con una sonrisa y algunas lágrimas.
Y habrá personas que no lo valgan, o que no me merezcan, o que no vean quien soy. Pero yo sí los veré a ellos. Y no les voy a dejar hacerme perderme, pero tampoco voy a dejar de lanzarme. Como algunos dirían, that's life. Y a mí, me gusta vivirla.

miércoles, septiembre 25, 2013

El pasado que ya no soy

Abrir una libreta nueva y encontrar una foto antigua tiene algo de magia. Al principio no sabía qué hacía ahí, una foto del año 97 en una libreta del año pasado, pero luego he caído que la busqué por mi melena... Echaba de menos mi melena.
Hace un año echaba de menos mi melena y busqué una foto. Hoy la he encontrado y he echado de menos esa mirada. Después de un arduo trabajo conseguí sentirme a gusto en mi ser y, ahora, de repente, he sentido un latigazo de añoranza por esa niña que sonreía en la foto, confiada, quizás porque no sabía todo lo que le venía encima y que me ha conformado hasta ser quien soy el día de hoy. 
No quiero ser esa niña, porque con 21 años era una niña. Esa niña a la que la presión provocaba problemas estomacales que la dejaban muerta durante días (pero que seguía trabajando igual). Esa niña que jugaba a ser adulta y no lo era, porque ni siquiera aún lo soy. 
Pero lamento haber perdido la inocencia de esa mirada que pensé que no perdería (está mermada, algo queda); haber dejado atrás esa confianza en el futuro, esa confianza sin dudas hacia la persona que me quería y me hacía la foto. Porque ahora miro de soslayo siempre, y no tengo esa fe ciega en lo que me dicen.
He sentido añoranza del no saber. 
Y me ha resultado curioso. Me siento muy a gusto en mi piel y en mi corazón. Si ahora miro atrás es para sonreír y darme cuenta de que el camino andado me ha permitido ser quien soy. Y, de repente, he extrañado aquellas partes de quien fui que me hacían confiada. Porque no sé si mi mochila me deja confiar, porque confío, pero siempre a la espera de la desilusión. Era más bonita la fe ciega.
Como todo, madurar tiene una parte fea.


sábado, septiembre 14, 2013

STOP

Y no precisamente en el nombre del amor... 
Empiezo a cansarme de estas continuas llamadas de atención del, llámemosle, Universo, para que pare. Cansada porque más que llamadas son brutales golpes que me dejan exhausta y sin entender muy bien a qué viene tanto alboroto.
No lo entiendo. En serio, ya no lo entiendo. He parado tanto, reflexionado tanto y reorganizado tanto mi vida este año (desde desaparición de las redes sociales para lograr el equilibrio hasta dejar de entrenar pasando por cosas que ya ni enumero) que, sinceramente, empiezo a pensar que todo esto es una broma pesada de algún mal karma que tuve que tener...
Porque soy una buena persona. Lo soy.Y, en serio, ¿tan acelerada es mi vida? Yo diría que no. Si me paro un poco y miro alrededor quienes hacen verdaderos malabarismos y machacan sus cuerpos y mentes son quienes tienen hijos y no paran de trabajar, y criarlos, y cuidarse, e intentan mantener las amistades, y vida y...
Y yo no hago mucho más que sobrevivir. Bien, pero sobrevivir. 
Así que, quizás el universo, karma, o lo que quiera que sea, más que pararme a hostias debería remitirme un mail, carta, mensaje en botella o discurso de desconocido (porque los conocidos ya sé qué piensan y me dejan igual de perdida o encontrada) que sea claramente comprensible para mi pobre mente mortal, que, o bien ya ha perdido todas las neuronas con el tinte, o es que intento ver señales donde no las hay y, simple y tristemente, esto es lo que llaman vida. 
Porque si aún me queda por aprender algo, sinceramente, no lo pillo. Así que, energías del mundo, en serio, quizás sería más fácil si me mandáis un whatsapp y, por un tiempo, sois vosotras las que me dejáis a mí tranquilita. 

miércoles, septiembre 11, 2013

Redecidir

No sé si es ya la cuarta o quinta vez que tomo la decisión. Que lo siento muy dentro, lo reflexiono y decido. Me doy cuenta de que tener a mi lado personas que no saben apreciarme, que no me ven, en realidad, sólo me trae daño, máxime cuando esas personas verdaderamente me han hecho daño, aunque fuese involuntario.
Y ya, cansada de tanta decisión y redecisión, no sé casi si expresarlo o mejor dejarlo en un recóndito lugar de mi mente para ver si, de forma definitiva, se convierte en realidad, o, más bien, saco la fuerza de voluntad suficiente como para mantenerme al margen. O firme. Alejada.
Porque no valió borrarte, así que lo intenté volviendo a tenerte en mi vida, pero entonces volviste a hacerme daño, pero, sobre todo, me enfadaste. Y me abriste los ojos. Tú mismo. Así que, quizás, está vez sí sea la definitiva. El punto en el que deje de imaginar presentes que no existen ni existirán, porque ni siquiera yo los quiero. Porque no es lo que quiero. Así de simple.
Absurdo cómo personas que no están tan dentro se quedan más enganchadas que las que de verdad fueron amor. Más fuerte que una enredadera. Creo que ha llegado el momento de la poda.

lunes, agosto 12, 2013

La calma agitada



Cuando el corazón empezaba a desbocarse, sólo la fuerza indómita del mar parecía calmar sus ansias de acabar con todo y con todos. Sentarse en la arena, sentirla en los pies, aún en el frío invierno, en las manos, oler el mar, notar el mar, su humedad.
Y, sin embargo, aún necesitaba unos instantes, a veces incluso horas, para dejar de intentar atarse a la tierra, de agarrar con fuerza la arena entre sus manos para sentir que se escapaba entre sus dedos, herida por la rabia o la frustración o las ansias de tener lo que pudiera parecer imposible. 
Pero, tarde o temprano, llegaba la calma. La respiración dejaba de ser entrecortada. El pecho paraba en las agitadas subidas y bajadas. Los ojos, entrecerrados, se iban abriendo al mundo. El pensamiento dejaba de amarrarse al círculo imparable de la sin razón y se centraba en el oleaje que, fuerte o calmado, mostraba el movimiento que es la vida. 
Recordaba entonces aquellos momentos de la infancia cuando el mar era su enemigo, porque la arrastraba, atrapaba entre sus fauces y la devolvía asustada y atragantada a la orilla. Pero también sentía la calma inmensa y la quietud de verse en el centro de la ola, donde estaba el aire que le permitía respirar debajo del agua y le hacía sentir tan eterna como el océano que la rodeaba.
Así mismo, podía sentir la mano en el hombro, rozando la cadera. La mano que le daba confianza, fuerza. El amor que la arropaba, incluso lejos del mar. Y no lo echaba de menos. Sabía que volvería. Porque amar era todo lo que quedaba.

martes, mayo 14, 2013

La vida tiene mil vueltas y yo a veces creo que estoy en un no parar. Sensaciones de no haber madurado o de no saber tomar decisiones de adulto. Sentirse vieja y niña a la vez, no soportar que me digan cómo tengo que vivir o qué tengo que hacer; los chantajes psicológicos o el intento de uso de la presión del grupo... Me siguen quemando igual, pero luego me paro y me siento pequeñita pequeñita.
Siempre pensé que cuando creciera (esa expresión que parece no acabar nunca) me sentiría adulta. Pero crezco y crezco, o, más exactamente, envejezco y envejezco (no en el sentido de las arrugas si no, más global, en el del pasar del tiempo) y cuando me paro y me miro veo a la misma niña de siempre. Más segura, es cierto, pero la niña. Por mucho que me digan, mi vida me parece un juego de casitas, en el que no tengo la mía (que no tendría que ser una propiedad).
Incluso ahora, cuando me he decidido y tengo la grandísima suerte de poder optar por un hogar en el sitio que quiero, siento que sigue siendo un juego. Que el dinero que invertiré y que se irá como agua entre las manos, no será de una vida real y adulta. Que seguiré siendo la niña que sueña con una libertad que en realidad ya tiene.
A veces pienso que no soy capaz de encontrar mi lugar en el mundo aunque esté en él. 
Y no es que siempre quiera (personas, viajes, sueños, trabajos, ocupaciones). No es que sea infeliz. Ni siquiera es que me sienta sola.
Es la insistente sensación de que todo esto es una prueba, y de que la realidad vendrá en un momento en el que yo ya estaré muerta y no podré hacer nada.
Lo más extraño es mantener esta sensación aun cuando soy feliz y sé que soy feliz. Podía sobrellevarla cuando estaba insatisfecha y triste, pero ahora, ahora no sé cómo gestionarla. Porque me asalta la duda de que, quizás, la verdad es que esta es la prueba, que mi vida es el expermiento y que, al final, será otra la que VIVA.

sábado, enero 05, 2013

Yo sé que mis amigos están a mi lado. Sé que me quieren y me aprecian. Sin embargo, hay momentos en que verdaderamente soy consciente de lo pendientes que están de mí, de cómo me aprecian hasta niveles que me dejan asombrada. Porque me llegan paquetes de libros, monederos en forma de corazón, entradas de teatro, mantas polares con mensajes que me hacen reír... Y el año sin Reyes Magos se convierte en el año repleto de magos, amigos, que me sorprenden y me dicen, con estos detalles que están ahí, escuchando, cercanos, cariñosos y con verdadero amor. 
Entonces, el valor puramente material de lo que me regalan se multiplica al infinito porque no dejan de sorprenderme y sobre todo, me hacen sentirme muy muy muy muy querida. 
Y da igual si el regalo me llega u otro se adelanta. El amor está ahí y me alcanza, me llena, me empapa de felicidad. 
Yo no creo hacer nada para merecer este aprecio y amor sincero y desinteresado. Sólo soy yo. No hay más. Y por eso más me emociona lo que hacen, los detalles, las atenciones. Y no me bastan las palabras para dar las gracias.
En serio, tengo mucha suerte.
De verdad, gracias.

lunes, diciembre 31, 2012

Se termina otro año. Y, la verdad, pensaba hacer un balance más bien negativo de este 2012 que terminará en pocas horas. Pero eso fue antes de pararme un momento a reflexionar. Vale, este año bisiesto no ha sido demasiado bueno para mi familia. Vale, mi salud se ha visto algo mermada en el último trimestre (como siempre nada grave, pero sí engorroso) y, vale, la Navidad vino con una triste noticia para una amiga que me tocó de cerca.
Sin embargo, miro hacia atrás y no puedo dejar de ver 2012 como un gran año para mí. 2012 ha sido el año que me dio la oportunidad de empezar de cero y reconstruirme más fuerte y más confiada. 2012 ha sido el año en el que he conseguido sentirme bien conmigo misma y crecer mucho. Y, sobre todo, este año que termina en breve, ha sido el año en el que han llegado a mi vida personas que la han cambiado a mejor, sin olvidarme de quienes llevan unos cuantos años dándome su apoyo, su alegría y su comprensión.
Pero hoy, por ser momento de balance, quiero centrarme en esas personas que han inundado mi vida llenándola de cosas buenas.
La primera, por orden y por peso, fue Yolanda. Si bien hace unos días le dediqué una entrada con tono triste, de nuevo quiero resaltar lo importante que ha sido ella para mí este año. Y no sólo por ella misma, si no también por las personas que me ha traído.
Porque la segunda persona es Antonio. Compañero de funky, desde el primer día me dio toda su amistad, cariño y bondad. Antonio es de las personas más dulces, sinceras e increíblemente empáticas que conozco. Y siempre nos recuerda a los demás que hay que ponerse en el lugar del otro. 
Gus ya era conocido, pero en 2012 se ha convertido en mi pilar, mi hermano, mi compañero, mi confesor, consejero... Todo. Yo creo que sólo nos faltó hacernos novios, pero lo prefiero de amigo, porque así sé que estará a mi lado siempre, así de egoísta soy con él. Realmente hace un año que nos conocemos y me parece toda una vida buena.
Luego está todo el Yoly's group. A todos y cada uno de ellos les debo grandes momentos de risas, aventuras y disfrute. Pero no puedo evitar destacar a alguno. Mi Davy, mi querido Davy. Sosegado, reflexivo, atento, amigo, siempre amigo. Y Mayte, a veces burbujilla como yo, siempre positiva, aun cuando su alma a veces llore. Amaranta ha sido confesora y amiga. Compañera de gimnasio, salidas, risas y lágrimas. Su peso en oro me vale, y a veces se le olvida.
Asun me vino por el trabajo. Y me llenó con su fuerza y su alegría. No conozco a nadie más capaz de mirarle a la cara a la vida y sonreirle y decirle que es bella, aunque reconozca sus momentos feos. Asun son unos ojos que brillan, una mano que sustenta. 
Jorge, aunque haya decidido dejarlo a un lado de mi vida, en su momento me aportó seguridad. Me dio confianza en mí, me hizo sentir guapa y deseable en un momento en el que me sentía de todo, menos guapa o deseable o segura. Y me hizo reir cuando tanta lágrima casi había ahogado mi risa. Y eso no voy a quitárselo. E incluso el daño que me ha hecho me ha servido para seguir creciendo.
Entonces, gracias a Davy y su manía de hablarlo todo, llegó Pedro. Pedro me trajo la esperanza de que se puede encontrar a alguien, de repente, que te haga sentir en dos frases como si lo conocieras de toda la vida. Me devolvió mi amor por los libros y las palabras, me hizo comprender que sólo yo podía cumplir o no mis sueños. Queriendo o sin querer me dio amor, amistad, esperanza y ganas de intentarlo todo, cuando yo pensaba que no me quedaban fuerzas para nada y que había sueños incumplibles (pues no es así, a la prueba que es mi piano me remito).
Junto a él, mis libreros, Mayte, Quico; mi club de lectura y su gente, especialmente Lourdes, con ese cariño...
Fran, de mi familia funkera, se reveló como mi alma gemela en muchos aspectos. Me aporta lucidez, cariño, mimos y fuerza, porque él es fuerte, aunque ahora haya momentos en los que se haya sentido pequeñito. Pues no, es grande y encontrará a alguien grande como él, estoy segura.
Y sí, mi familia funkera está ahí con Maca, y Juanillo, y Rider y Belén, y todos, nuevas incorporaciones o quienes me vieron bailar por primera vez hace ya más de un año.
Mi curso de profesora también me trajo buena gente. Todos ellos me brindaron risas, amistad, momentos inolvidables, más ganas de crecer, de aprender con y de ellos: Cristina, Antonio, David, Dani, Juan, Auxi, Emmanuel, Victor, Inma, Maricruz.
Así que, mirando a 2012 me encuentro con quienes son mis amigos de hace años y a los que quiero con locura, y a todos esos que son ya mis amigos, y que parecen haber pertenecido a mi vida o yo a las suyas siempre, porque están. Siempre.
Por eso, venga lo que venga en 2013, yo tomaré las uvas con una sonrisa en la boca y el corazón grande, cargado de todo el amor que me brindan todas y cada una de las personas que forman parte de mi vida. Soy afortunada. 2013 sólo podrá traer más felicidad.


viernes, diciembre 28, 2012

Me cuesta aceptar cumplidos. No llevo bien el pensar que alguien me quiere, me aprecia, simplemente porque soy quien soy. Aunque yo los haga, me cuesta creer en la sinceridad de los gestos de buena voluntad desinteresados. Y sin embargo, siempre, siempre, tengo a mi alrededor personas que me demuestran continuamente que la bondad existe, que somos buenos por naturaleza.
Xosé llegó a mi vida por este blog. No recuerdo ya cómo fue que dio con En busca... Pero un día empezó a hacerme comentarios. Creó su blog, nos seguimos mutuamente y, un buen día, las palabras blogueras se transformaron en mails, comentarios de face, y largas conversaciones, siempre con un teclado por delante. 
En los creo que ya más de cinco años que nos conocemos no nos hemos visto nunca, pero hemos compartido buenos y malos momentos el uno del otro.
Y siempre me ha sorprendido. Su bondad, su dulzura, su disposición.
Xosé es un currante, trabaja por él y por un mundo mejor. Pendiente de su mujer, pendiente de sus amigos. Sin haber probado uno de sus platos sé que es un buen cocinero. Que es positivo. Que quiere sinceramente. 
Hoy he recibido un gran regalo de él. Bueno, dos. Uno es puramente material: unos libros que han llegado por correo y que aunque fueron pensados en parte como regalo retrasado por mi cumpleaños, para mí (que no tendré regalos en casa este año), han sido mis presentes navideños. El otro, el que me ha hecho llorar de felicidad, han sido sus palabras. Tanto la dedicatoria del libro que él ha traducido (La cocina de Alice B. Toklas, de Black List, desde aquí lo recomiendo); como lo que me ha escrito en su postal navideña me ha llegado al corazón. Y sí, Galicia y Andalucía están al lado. Y sí, hay quien te conoce sin haberte mirado nunca a los ojos.
Jamás creí en que internet pudiera crear verdadera amistad. Pues Xosé (y mi Anita asturiana; y mi Regi...), son la prueba. De que la gente buena está a tu lado y lejos. Pero está. Así que, gracias Xosé, por devolverme mi fe en la bondad humana. Gracias por ser tú.

martes, diciembre 25, 2012

Hay personas que te llegan y no sólo se dan a sí  mismas. Aparecen y se quedan. Y te incluyen en su vida y te hacen sentir amor y te ofrecen infinitas posibilidades y te dan una nueva familia y te enseñan y te animan y te dan felicidad.
Yolanda es una de esas personas. Llegó a mi vida porque decidí que quería intentar bailar. Y de repente, cuando yo estaba tocando fondo, pasó de ser mi profesora a convertirse en mi amiga. Una amiga que me incluyó en su grupo, en ese Yoly's group que es una familia, me integró en el funky, aunque yo tuviera que dejar de bailar, me ofreció una mano y un hombro y un corazón y un alma. 
Me dio amor y me dio pertenencia, a mí, siempre desarraigada, siempre sin 'ese lugar en el mundo'. Me dio fuerza, me enseñó a comer y eso me dio las energías que necesitaba para continuar. Me escuchó y me dio consejos y apoyos; me anima, me consuela y me enseña, día a día. 
Y en estos días que nos ha necesitado, siento que apenas he podido devolverle una pequeña parte de todo lo que he recibido de ella. Me gustaría que sintiera mi abrazo fuerte en estos momentos de tristeza. Que de verdad supiera que estoy aquí, para siempre, para lo que sea. Que nunca estará sola, porque eso sí se lo hemos demostrado sus dos familias: funkeros foreva y el yoly's. 
Porque incluso ahora, en estas tristes circunstancias, Yolanda ha vuelto a enseñarme. Me ha mostrado lo que es amor, cuando todos, da igual si estaban en Sevilla o fuera, han querido mostrarle su cariño, han querido estar a su lado. 
Y yo solo soy una pequeña parte, y apenas puedo ofrecer más de lo que ya he mostrado. Y, sin embargo, aún me parece poco. Porque ella es grande y se merece todo.
Así que sólo me quedan las palabras, que se me quedan también cortas, pero con las que quiero repetirle, una vez más, que es grande, que se merece todo el amor que tenga en su vida, porque siempre será simplemente un reflejo de lo que nos ofrece; que no está sola, que estaremos a su lado y que, pase lo que pase, si llegaran a flaquearle las fuerzas (cosa que dudo que ocurra), aquí tiene un bastón donde apoyarse, una mano que la levante y un corazón para darle aún más coraje.

domingo, noviembre 18, 2012

Estoy nerviosa. Me gustaría decir que no siento nada, que estoy normal. Pero, acostumbrada a cambios, eso da igual porque siempre se me acerca el desasosiego. Yo lo pedí, yo lo quiero. Pero también sé que no siempre lo que he querido ha sido lo que después me ha hecho más feliz.
De manera que, aunque sé que estaré bien, estoy nerviosa.
Y no sólo es el traslado.
Para variar se me juntan cosas.
No pasa nada. Pero estoy nerviosa. De repente he sentido el encogimiento de estómago y he sido más consciente de que sí, tengo temores y dudas.
Pasará, espero que al segundo día. Pero mientras, me queda una semana de organizar y pensar. Mejor no hacerlo.

lunes, noviembre 05, 2012

La paciencia nunca fue una de mis virtudes. Ni la calma. Más bien me precipito, me emociono, me embalo y luego, de repente, me doy cuenta de que tengo que frenar en seco, o me frenan en seco (normalmente esto ocurre más a menudo).
No lo puedo evitar. Como no puedo evitar mostrarme como soy, sentir rápidamente, lanzarme sin pensar, después de haberlo pensado mucho.
Todo ello conlleva sus riesgos, peligros que me suelen dejar el corazón dolorido, la cabeza inundada y pensamientos de estupidez. Riesgos que duelen.
Y, sin embargo, no lo puedo evitar.
Muchas veces pienso que no se trata de no poderlo evitar, si no de no querer hacerlo. Y, quizás, en la mayoría de las ocasiones, sea así. Pero es que creo que la vida está para vivirla y sentirla, en placer y en dolor. 
A pesar de todo, da rabia. Me doy rabia yo. Por equivocarme en mi entendimiento de las personas. Por dudar de forma continuada. Por dejarme llevar, pero no dejarme llevar.
Porque aun sin saber dónde me llevará un camino, puedo dar cinco pasos convencida de su destino, y otros cinco pensando que es el contrario. Porque me dejo llevar, pero me da miedo y husmeo, olfateo el aire como un perrillo temeroso de que la mano que le es tendida para darle de comer esconda un palo. 
Me gustaría ser de esas personas despreocupadas. Pero no lo soy. 
Al menos, voy aprendiendo a fluir, aunque a veces, como esta noche, inevitablemente me pare a pensar y duela un poco, sin saber todavía qué.

domingo, octubre 28, 2012

Pequeñas ilusiones se enroscan en la piel del tosco sátiro. Siempre huyendo de la belleza, aunque parezca siempre buscarla, y, de repente, se ve embebido por ella. Y, pese a su ceño y su empeño, la sonrisa le ilumina la ruda cara que siempre ha pretendido esconder deseos, sueños y temores.
Un resquicio de verdad y esperanza apenas se vislumbra en sus ojos, pero es lo suficiente como para que el lujurioso ser tiemble, espera que imperceptiblemente, ante el temor de ser descubierto. Porque su corazón es blando. Su corazón quiere, late, sufre, desea...
Y se mueve. Se mueve para evitar el contacto de esa otra piel que, cándidamente, lo ha tocado simplemente para decirle que está cerca. Sin intenciones. Sin los dobles juegos a los que él está acostumbrado. Y eso le desconcierta. Y eso le da esperanza. Y le asusta.
Pero, a la vez, se siente tan atraído que se paraliza. Sólo es capaz de alejarse el milímetro necesario para no sentir el roce. Sin embargo, nota la presencia, el otro corazón que palpita suave, en calma, sin la agitación que a él lo tiene de forma atormentada clavado sin escape, porque no es capaz de huir. 
La figura fuerte se convierte en su interior en un pequeño animal asustado. Intenta ocultarlo. Se yergue, intenta ser firme. Y tiembla. Porque sabe que esta vez atravesarán su dura piel y la rendición será su condena.

martes, julio 10, 2012

Por mucho que me emperre a veces en lo contrario, sólo puedo sentirme feliz y afortunada. Solitaria como soy por naturaleza (o por imposición), me doy cuenta ahora de que, de sola y soledad, nada. Siempre he tenido la suerte de tener quien me quisiera, pero nunca hasta ahora me había sentido tan arropada ni mi amor se ha multiplicado tanto. Siempre han dicho que no se tienen más amigos que los que podrías contar con una mano. Y siempre he dado por válida esta premisa. Hasta ahora. Porque ahora me siento rodeada de personas a las que quiero, que me gusta tener a mi lado, con las que comparto alegrías y penas, pero sobre todo buenos momentos.
Con total sinceridad me entrego y recibo. Y por extraño, o triste, que parezca, por primera vez me siento segura en esta entrega y en lo que se me ofrece. Desconfiada también por naturaleza, prevenida siempre a recibir daño, como un perro abandonado que se rebela incluso contra quien intente acogerle; ahora me dejo querer y quiero. Sin más condiciones que las de ser libres. Sin más premisas.
Es bonito saber que los amigos están ahí. Es bonito querer y saberse querida.

lunes, junio 18, 2012

Cuando el cansancio pesaba sobre sus párpados, sus dedos se volvían veloces sobre el teclado. Su cerebro, por una vez, vencía sus propias trabas y se dejaba mostrar convertido en palabras a veces hiladas, a veces inconexas, que mostraban significados tan dispares como la mente que las producía.

No lograba vencer el sueño a tantas ansias por salir como el espíritu tenía. Aunque los ojos sí se cerraban, sí parpadeaban cada vez de forma más pesada, mientras existía una lucidez distinta, otro despertar, dentro del duermevela.

Nunca leía lo que sus manos escribían en esos momentos de intimidad profunda. Se atrevía a lanzarlo al mundo, pero jamás lo leía. No porque tuviera miedo de descubrirse a sí misma. Sino por el temor a dejar que los demás la encontraran. A censurarse de nuevo. Así que se dejaba llevar y dejaba que sus letras volasen libres. Quien las entendiera, que lo hiciese; quien se viera reflejado, que lo fuera; quien simplemente leyera, libre era.

lunes, junio 04, 2012

El placer de cocinar

Nunca he sido capaz de hacer bien nada manual: las actividades de la antigua 'Plástica' del colegio eran un suplicio que marcaban mi nota más baja; no sé hacer punto, ni coser, ni hacer ganchillo y ni siquiera fui capaz de terminar un cuadrito de punto de cruz que empecé con 9 años y que sólo requería poner los hilos del color del dibujo que venían en la plantilla, ya agujereada para hacerlo más fácil.

Pero, entonces, me hice adulta y descubrí la cocina. No me gusta comer. Sin embargo, cuando, por las circunstancias de la vida (vivir sola) tuve que empezar a cocinar, descubrí que sí hay una tarea que requiere destreza manual y que soy capaz de hacer: transformar ingredientes en comida. 

Me encanta buscar la receta o pedirla y apuntarla. Buscar los ingredientes, lavarlos, cortarlos con mimo, porque 'Como agua para chocolate' me marcó de por vida, cocinarlos primero por separado e ir añadiendo el resto de ingredientes, creando una amalgama de sabores. Oler lo que corto, retocar la receta (soy incapaz de seguir una receta al pie de la letra, salvo, quizás, las de una de mis hermanas); experimentar con las especias o con las combinaciones de sabores, texturas, ingredientes...

Me relaja todo el proceso. Hasta el de ir a hacer la compra. Me gusta pensar en que no sólo seré yo la que disfrutaré la comida. De hecho, cuando cocino suelo perder parte de mi apetito, no así las ganas de ver a alguien saboreando lo que he cocinado. O no verlo, pero saber que alguien podrá decir si le gusta.

Soy extremadamente perfeccionista y sé que mi cocina podría mejorar. Pero ahora me quedo con el placer de verme entre cuchillos, sartenes, cacerolas y fogones. Estar atenta, tener la paciencia de cocinar durante tres horas un arroz con leche; o mimar mis albóndigas; o probar a hacer un pisto con nuevos ingredientes. O casi inventar recetas.

martes, mayo 29, 2012

No me gusta cuando la melancolía se posa sobre mi alma y me oprime el corazón.

Preferiría que no volvieran viejos fantasmas que convierten mi soledad buscada en una soledad repleta, en la que me es difícil moverme.

Me cuesta salir de esos estados en los que la compañía no existe porque mi mente está demasiado ocupada en no estar y buscar lo que parecía haber encontrado.

No puedo explicar la sensación de vacío, porque realmente lo que hace es llenarme, saturarme, impedirme pensar con claridad y convertir cada tarea en un mundo, porque no parece haber forma de salir del círculo.

Porque es eso, ciclos que vuelven y van y, al menos, ya no me amargan ni entristecen. Sólo me dejan como la flor mustia en el calor del mediodía, el árbol que pierde las hojas y dobla las ramas para taparse, la marea que parece que no va a volver nunca porque baja y baja (aunque sea para subir en otro sitio).

Y mis raíces tiran de mí hacia dentro, porque necesito parar, tomar aliento, respirar y elegir de nuevo la dirección, porque me gusta seguir sola, pero extraño el cariño.

Se juntan las ansias y los anhelos con la realidad y todo parece confuso, aunque los ojos lo vean nítido. Y sólo me apetece dejarme llevar, pero por nadie más que por mí misma y mis pensamientos, aún a riesgo de volver a perderme en mi interior.

Me gusta saber que conozco el camino. Al menos así, el ciclo parecerá más corto.

jueves, mayo 24, 2012

El color se convirtió en luz y desapareció entre lo pliegues de su falda. Ahora el único brillo que iluminaba la habitación provenía de su sonrisa, que ocultaba la tristeza de los ojos, felizmente. Porque no quería confesar que el penar le pesaba en el alma y no podía desprenderse de esa sensación de vacío e incomprensión, porque no lo entendía.

Mantuvo su atención en la conversación, a pesar de que su pensamiento una y otra vez intentaba alejarse y volar. Pero no podía olvidarse de que ahora las lágrimas que tocaba enjugar eran de otra persona. Cogió la mano y la mantuvo suavemente acariciada para ofrecer el apoyo que ahora se le requería.

Y, poco a poco, su luz se fue haciendo más brillante y comenzó a convertir en arco iris multicolor las lágrimas que tocaban a su fin, porque con aquella luz, la oscuridad, incluso de espíritu, huía con el rabo entre las piernas para no volver en mucho mucho tiempo.

Tres horas después, en la soledad que siempre le acompañaba, reflexionó sobre la ligereza e insustancia que podría tener una vida si sólo se derramaban lágrimas por los motivos equivocados. Lo difícil era encontrar el motivo correcto, pensó. E, inmediatamente, dejó de llorar. No iba a ser ella la que llenase los vacíos con la salada agua que los ojos derramaban. No iba a ser ella la que penase por cuestiones irrelevantes, sobre todo cuando la luz le devolvía, una y otra vez, a ese punto inicial en donde la ilusión se mantenía viva y no se dejaba avasallar por la rutina diaria.

Y el alma dejó de pesar tanto. 

Aunque aún le quedaban tormentas por capear.

jueves, mayo 17, 2012

La pesca del salmón en Yemén

La historia de un sueño, de una locura, de la fe, del amor, de embarcarse en los imposibles. No termina mal, porque si no no sería una película, pero es que hay veces que necesito la esperanza por encima de todo.
Cumplir anhelos. Seguir adelante pese a la sorna y todo acompañado con unos diálogos cuidados, a veces irónicos, a veces directos. 
Quizás éste ha sido el momento para ver esta película. La esperanza y la fe. Seguir adelante. Ahora que me he decidido por no frenarme a mí misma, por intentarlo, al menos, por iniciar el camino, aunque se bifurque más adelante. 
Y la fotografía, la música me han traído la paz. Destila paz que se me ha transmitido más allá de la pantalla. Para reflexionar sin pesar, dejarse llevar, y, a la vez, ir a contracorriente, como el salmón. Porque sólo tengo que seguir mi camino, no el de nadie más.

sábado, mayo 12, 2012

Siento los dedos y la mente inquietos. Con ganas de escribir, pero sin encontrar las palabras. Parezco saber lo que quiero soltar, pero entonces, dudo, y no sé si es eso lo que quiero que el texto haga visible o simplemente son pensamientos sin hilos que corren por mi cabeza y me sobresaltan.
No sé si es la sensación de que me equivoco, o de no entender algunas cosas y frustrarme por no entenderlas.
O es las ganas de llorar que parece que no me abandonan, porque las lágrimas suben rápidas a mis ojos, a veces sólo con una nota de una canción, con ver de refilón un nombre, o simplemente, porque sí.
Se puede estar feliz y triste a la vez. Más que tristeza es un pesar, una sensación de volver a fallar, aunque no sea yo.
No se puede esperar todo, pero lo espero. 
No se puede soñar, pero sueño y con el sueño vuelo, y en el sueño, me elevo.
Se puede todo, porque se quiere. Pero sigo sin tener claro que lo que escribo es lo que quiero decir. Puede que sí. Tal vez, no. 
Pero no desespero.

lunes, mayo 07, 2012

Encajar en mi sitio

Durante toda mi vida me he sentido fuera de lugar la mayor parte del tiempo. Ni en mi propia familia me sentía integrada. Es inherente a mí sentir, en un momento u otro, qué hago en un sitio, dónde está mi lugar entre las personas que me rodean.

Mi desarraigo no me ha ayudado. Si no te sientes de ningún lugar, difícilmente puedes pensarte colocada dentro de este puzzle que es el mundo. Si no tienes vínculos con los sitios, no puedes sentirte parte de las personas que los habitan.

Al volver a Sevilla por ¿cuarta vez? en ocho años, los sentimientos de no pertenencia, de necesidad de escape me hicieron difícil sentirme integrada en la ciudad.
Poco a poco las personas, mis amigos, una vez más, me enlazaron a un lugar, me hicieron sentirme pasito a pasito como en casa.

Pero aún había momentos en los que me creía ajena, descolocada, fuera de sitio.

Y me pasaron muchas cosas. Y fui feliz y también sufrí mucho. Sufrí tanto como para plantearme quién era yo y cómo podía dejarme de tal forma hasta transformarme en alguien en quién no me reconocí. Sufrí hasta que me dolió el alma y se me rompió en millones de pedazos el corazón.

Y fue lo mejor que me podía haber pasado.
Mi corazón roto me hizo levantarme de nuevo y mirar alrededor.

Y encontré que a mis amigos y compañeros, que me sostuvieron en esas semanas de locura, se habían unido otros, ahora ya mis amigos, ahora mi familia.

Y encajo. Por primera vez en mi vida soy la pieza que le faltaba a mi puzzle para sentirme parte de algo. De vosotros. TODOS vosotros, los que me acompañastéis desde el principio de mi caída y resurgir; y quienes habéis llegado para tenderme esa mano y hacerme sentir parte del todo.

Y ENCAJO.

Y, de repente, ser parte de algo me hace saberme alguien, y sentirme querida por tantos me hace comprender que todo el amor que siempre di y quise dar y sigo dando da unos frutos inesperados.
Porque ENCAJO. Y ahora sé que mi sitio, está a vuestro lado.

sábado, mayo 05, 2012

La Marilyn que hay en mí

Voluptuosa y sensual, carnal, sexy, extrovertida para esconder la timidez, insegura, icónica.
El rubio trae algo más que pelo claro.
La imagen proyectada varía.
La seguridad ¿ayuda?
Las ganas de cambio.
La vuelta de la energía.
Las ganas de vivir, vivir, vivir hasta el tope, porque siempre ha sido así.
Las noches que activan el cerebro.
El cuerpo que siente, vibra, quiere, pide, da, acaricia, abraza.
La sonrisa perenne, que puede con la tristeza.
Las lágrimas de alegría.
La risa contagiosa que tira al suelo.
Gustar.
Que guste.
Curvas inexistentes que están ahí.
Gesticulación.
Expresividad.
Miradas.
Decisiones.
Y por un compendio de circunstancias y pensamientos, Audrey cede el paso a Marilyn, sin abandonar del todo la escena.

sábado, abril 21, 2012

Odio comer, pero adoro cocinar. Me dan miedo las alturas, pero sueño muchas veces que vuelo. La monotonía, rutina, la estabilidad me matan, pero escogí un trabajo prácticamente inamovible. Hablo sin parar, pero sé escuchar. Tengo mucho genio, pero soy dulce. Soy asocial, pero muy sociable. Estoy desarraigada, pero las personas me atan a los lugares.

No sé por qué muchos piensan que sólo puedes ser una cosa. Quizás porque siempre estuve llena de contradicciones me siento en casa con quienes están en un torbellino de movimiento o son diversos dentro de sí mismos.

martes, abril 17, 2012

Se acabó. Terminé. La felicidad arrambló con todo y ya no necesito seguir regulando mi serotonina de forma artificial. Después de cinco meses duros, de dudas, de no saber si podría volver a no necesitar tomar nada (porque sí, la duda llega), de trabajo conmigo misma, de pelearme y de ganarme, soy libre.

Soy perfectamente consciente de que hay personas que necesitan estar toda su vida en tratamiento. Y no me parece mal.

Pero yo lo empecé por cosas tan externas a mí que me negaba a que pudieran conmigo. Acepté la ayuda, pero ahora me toca a mí tomar totalmente las riendas. Puedo. Lo hago. Lo haré.

lunes, abril 09, 2012

La suave brisa levantaba el polvo de la arena. El desierto, aún en la quietud del día calmo, palpitaba, tenía vida propia y cambiaba, siempre cambiaba.

Ella había dejado sus huellas tras sí al salir del oasis, a la espera de que permanecieran inmutables, como sabía que no ocurriría con su memoria. Pero en el desierto nada permanece demasiado tiempo mas que él mismo. De manera que, a los pocos segundos de haber marcado su pie, la tierra borraba la huella en dunas que se movían, susurraban los tesoros escondidos entre sus recovecos, con una riqueza que sólo unos pocos saben apreciar.

Poco le importó al comprobar, tras girarse una última vez hacía lo que dejaba atrás, que sus pasos habían desaparecido. Al fin y al cabo era lo que deseaba. Desaparecer de la faz de la tierra para todos aquellos que la conocían y para todo aquello que conocía. Olvidarse en sí misma como nunca se había atrevido hacer y encontrar lo que hacía que su corazón vibrase.

Seguía caminando. Respiraba y contemplaba la luna que iluminaba con una luz blanquecina y viva cada rastro de vida del desierto. Sentía los pequeños lagartos, las plantas que buscaban su hueco en cada mínimo resquicio de agua que podían hallar, las aves rapaces sobrevolando las arenas para encontrar alimento...

Pero, sobre todo, se sentía. Sentía sus pies, los granos de arena que se adherían a ellos; sentía la brisa, acariciando su piel y revolviendo la ligera tela de su vestido. Y sentía, se sabía ella misma. Empezaba a reconocer cada milímetro de su ser y de su mente que habían sido relegados. Despertaba en ella su vida real, su pensamiento libre, tantos años desplazado a un rincón recóndito para poder plegarse a una vida sedentaria que nunca fue la suya.

Y así, por última vez, la vieron los guardianes del desierto. Alejándose con paso tranquilo hacia la inmensidad del desierto, a donde siempre había pertenecido.

lunes, abril 02, 2012

Hay momentos y momentos. Instantes en los que el silencio suena más que el mayor de los estruendos. Donde la lluvia parece caer hacia arriba. Cuando el viento sopla quieto. El corazón late deprisa y suena despacio.
Se palpa crecer la piel y estirarse y desenredarse para alcanzar al otro.
Te escudas en sentimientos para no llegar a la acción. Y la acción es sentimiento.
Segundos en los que los sabores se mezclan y desconciertan. Quieres oler y apenas olfateas. Caes, para quedar erecta.
En un círculo sin fin, acelerado, loco, desenfrenado y agotador, para caer a los pies de ti misma.

domingo, abril 01, 2012

La sensación de pasar las manos por las páginas de un libro que vas a empezar sólo podría comprenderla quien siente lo mismo. El sentimiento que provocan las primeras palabras que empiezas a leer podría compararse con las mariposas del enamoramiento.
Para mí cada libro es un mundo. No sólo una historia, un mundo en el que perderse, reencontrarse, buscarse o reinventarse. Un lugar en el que olvidarse para no ser encontrada, o un camino para salir hacia donde no sabías que querías dirigirte.
Da igual que pase temporadas de apenas leer o que lea de forma convulsiva o compulsiva.
Las palabras siempre me esperan, las palabras siempre están ahí como refugio.
Como leí hace poco: "Cansado de no entender la soledad que le rodeaba, se refugia en la lectura como si fuese el hogar que nunca tuvo". Pero con una pequeña diferencia. Para mí los libros siempre fueron mi hogar, siempre lo tuve.

jueves, marzo 29, 2012

La verdad es que siento decepción. Y no he visto ni un solo medio de comunicación, es decir, no estoy mediatizada. Pero me he decepcionado. No me ha gustado el ambiente de fiesta en una manifestación que yo considero muy seria. No me ha gustado que, como siempre, se intentara impedir trabajar a quien quería hacerlo, no me ha gustado que sólo hayamos hecho cosas unas horas y ¿el resto del día?
No sé, sabía perfectamente que el miedo a los despidos tal y como está la cosa podría hacer que no hubiera un seguimiento bestial. De hecho, eso lo comprendo perfectamente. Una de las razones por las que he hecho huelga es por darle voz a quienes no podían estar. Pero aún así, no sé, me ha faltado gente. Me ha faltado algo.
Quizás sea yo, que al final sigo siendo una ilusa.

lunes, marzo 26, 2012

Un paso y luego otro. Opciones, caminos, bifurcaciones, laberintos de pensamientos. Errante o seguro de su andar. El verde de la hierba, el olor de la primavera, las flores que enseñan sus colores al borde de la senda. La mirada, en el infinito, donde termina la vereda. Los pasos con ritmo. Una cadencia. Brisas juguetonas y nubes de algodón. Sonidos vibrantes. Aliento acompasado. Frufru de telas.
No había pensamiento en su cabeza, porque finalmente había logrado vaciarla de tanta necedad que la rodeaba. Se había decidido a marcharse, porque quedarse significaba una muerte lenta que la dejaría sin el espíritu que había reinado en su vida y había llenado el espacio.
La decisión había llegado reposada, como si siempre hubiera estado ahí, dormida y expectante. Por eso se había dejado llevar por su razonamiento. Al fin y al cabo, sólo ella podía saber lo que había pasado. La felicidad que había venido tras el sufrimiento. La angustia de un mundo que la oprimía porque no era el suyo. Las renuncias que ya no tenían sentido.
Ahora, en su cabeza, sólo quedaba aquella canción...

domingo, marzo 18, 2012

Intensa

Soy muy intensa. Apasionada. No sé cómo no serlo. No puedo ser apasionada para unas cosas y para otras no. Ni dejar de darlo todo en lo que me interesa, me gusta, me engancha. Esto podría parecer bueno. Pero no lo es siempre. Canso. Canso a las personas que me quieren y me rodean. Asusto a los que no me conocen.
Pero soy así. No quiero dejar de ser así. Quizás me consuma rápido, como las cerillas. Pero no puedo dejar de ser lo que soy.
Si quieres mi pasión, acostúmbrate a mi intensidad.

martes, marzo 06, 2012

La frustración hervía en su sangre. Haberlo tenido tan cerca para luego verse sin ello la dejaba con un picor en la punta de los dedos y una rabia interna que no sabía por dónde escapar.
No había dónde agarrarse, así que se armó de valor y usó su propio cuerpo de amarre a la dureza que la atenazaba.
Podría haber optado por usar improperios, pero esta vez decidió sacar pecho y dejarlo pasar.
Ya habría momento para la venganza.

lunes, marzo 05, 2012

Ahí estaba. Corriendo subida a unos tacones de doce centímetros, más segura que nunca, aunque dudosa de no acabar en el suelo, cual larga era, retrasándose en su carrera y quizás, perdiendo la única oportunidad que ahora veía clara.
Así que, sin apartar su principal pensamiento de su mente, miraba cuidadosamente donde ponía los pies en la irregular acera por la que corría, observada por los transeúntes que no dejaban de darse codazos y preguntarse adónde se dirigiría aquella melena al viento, aquellos tacones resonantes, aquella falda que flotaba.
Nadie se imaginaba que detrás de aquella carrera alocada estaba la mayor tranquilidad y sosiego, que habían sido alcanzados por la absoluta certeza. La RAZÓN, así, en mayúsculas, que definía una vida había sido desvelada a la corredora en estiletos.

sábado, marzo 03, 2012

Las risas resonaron en toda la sala. Eran como el cristal que brilla, deslumbra, ilumina y estalla en mil destellos de luz brindando la más absoluta belleza.
No podía evitar la sonrisa perenne ni las carcajadas, cuando quienes la rodean la quieren y la muestran, la hacen lo que es, porque ellos reflejan ese cristal exquisito.
Cristal como diamante. Con el calor del fuego que talla el cristal.

martes, febrero 28, 2012

Nunca me ha importado la distancia. Es decir, al cabo de los años me he acostumbrado a dejar a mis amigos, a quienes me importan, en otras ciudades, en otros lugares lejanos. Y no me importa. El teléfono, alguna visita, los mails... suavizan esa distancia y lo cierto es que, con los amigos de verdad, da igual si te viste ayer o hace años. La sensación es la misma que cuando nos veíamos a diario: la misma confianza, el mismo cariño, la misma complicidad.
Pero hay momentos en que esa distancia se me hace años luz y no soporto el no poder abrazar, tocar y dar un beso sincero a mis amigos. Cuando los siento penar, cuando les ocurre algo en su vida que yo no aliviaría, pero que estando allí, al lado, me permitiría intentar suavizar; no puedo dejar de lamentar las vueltas de la vida, la distancia y no estar ahí, a la vuelta de la esquina.
Porque las palabras se me hacen vanas si no las acompaño del abrazo que me gustaría dar, la mirada que me gustaría compartir.
Pero no me queda otra, no me quedan más que las palabras para intentar hacerte comprender que aquí estoy, para lo que sea. Y se hace falta, allí estaré. Tenlo claro, no estás solo.

lunes, febrero 27, 2012

Los restos de la comida dibujaban un paisaje extraño y difuso sobre la mesa. Aún frente al desorden seguía sentada mirando al infinito que se esconde detrás de los objetos.
Se podría llamar sueño, si no fuera porque esos ojos abiertos y vivos, a pesar de la inercia de su propietaria, reflejaban demasiada agitación interna como para confundirse con el mundo onírico en el que la mente, aun en movimiento, reposa mientras dormimos.
Nada hacía prever si la mesa sería recogida en breve o las horas pasarían igual que la luz desdibujaría y jugaría con los objetos en ella dispuestos, abandonados a la suerte del tiempo y las moscas que, golosas, miraban desde fuera de la ventana el festín que podrían darse con las sobras.

domingo, febrero 26, 2012

Los pasos quedos resonaron en sus oídos, sacándola de su ensoñación. No sintió temor. Conocía qué preludiaba ese ritmo cadente que se acercaba y decidió abandonar por unos instantes los planes que le hacían volar hacia lejanas tierras perdidas.
En unos pocos minutos, la realidad le hizo comprender que las vueltas en su cabeza no la harían acercarse más a su sueño.

sábado, febrero 25, 2012

Sentir el viento en la cara. Pedalear, fuerte o con calma. Acelerar. Olvidarse. Olvidarte. Que la sonrisa llegue con el olvido. No hay nada. No estás. Sólo el viento en la cara. Sólo el ritmo que marcan las piernas. Sólo el corazón que marca la meta.

viernes, febrero 24, 2012

Hay mañanas que el sol se levanta más animado y el primer rayo despierta la tierra con un beso apasionado que le da calor y quita el frío incluso del más crudo invierno.
Avance de un día en el que el brillo de oro ofrece mejores caras y suaves manos que despiertan el cariño con el mínimo roce.
Preludios de una sonata que estallará en primavera, con colores vibrantes y risas descontroladas que incitan a ser feliz.
Porque sólo queda corazón para la felicidad.

martes, febrero 21, 2012

Escribir para liberarse. Para dejar la cabeza vacía y las palabras llenas. Ensuciar las hojas.
Dejé de escribir porque creía que así viviría más.
Dejé de escribir porque no quería volcar siempre pensamientos tristes.
Pero si escribir es el consuelo, dejar de hacerlo puede llegar a oprimir el pecho.
Adoro las palabras. Desde siempre.
Me acompañan, me definen, me construyen y construyen mi realidad.
Voy a volver a ellas.
Ellas nunca me dejaron.

sábado, febrero 04, 2012

Por qué me llamaron Bridget Jones IV

En mi oficina utilizamos sellos. No de esos modernos de los que tienen 'autotinta' o como se diga. Los tradicionales que, primero mojas, y luego estampas. Y, claro, algún día, el tampón se queda sin tinta y no se ve el sello.
Eso me pasó la semana pasada y fui al armario de material a coger un nuevo tampón. Pero no había. Y mi jefe, que a veces parece que paga él el material, me dijo: 'No voy a pedir uno nuevo, rellena el tuyo con los botes de tinta'.
Y allí que fui yo a mi mesa, con mi tampón, mi bote de tinta y mi buen espíritu. Y allí que estoy con el bote de tinta boca abajo y aquello que no mancha nada, ni rellena nada ni nada de nada. Hasta que me dice un compañero 'tienes que apretar un poco el principio del bote, que tiene como una almohadilla para empapar el tampón'.
Claro, y a mí se me olvida que ahora voy mucho al gimnasio. Y que las cosas con suavidad salen mejor, y que la tinta y yo juntas nunca ha sido buena idea....
Conclusión: plástico del bote destrozado, tinta azul que salta por todas partes: mi mesa, mi jersey, mi ordenador, el suelo, el reposa muñecas... Ni os cuento cómo estaban mis manos y mis uñas (ni cómo siguen ahora, días después).
Pero eso no fue lo peor. Lo único que había en mi oficina para recoger el desastre era lejía... Mis manos destrozadas por la lejía, mi mesa oliendo como la más relimpia del mundo mundial y yo colocada todo el día por el olor...
Si es que es lo que tiene volver a mi ser...

sábado, octubre 29, 2011

La verdad es que no puedo seguir así. No puedo seguir pensando que cambiarás de idea, que qué será mejor que haga para que cambies de idea, no puedo seguir llorando de tristeza que me hunde y no me lleva a ningún lado.
No quieres estar conmigo. No puedo estar contigo. Punto. No hay más.
El dolor que siento ahora, pasará. Las cosas que echo de menos, dejarán de ser tales; los planes que sólo me salen pensando en tu compañía, cambiarán por otros; volveré a ser feliz estando sola, como lo estuve antes y, quizás, hasta me vuelva a enamorar, y se enamoren de mí y no repita los errores tan absurdos, tan dolorosos y tristes ahora, que he cometido contigo.
Pero, por favor, que se me pase la angustia, las ganas de llorar, las dudas, la necesidad de tus abrazos que no tengo.
No puedo seguir así. No voy a seguir así. Es absurdo, es doloroso, es destructivo y no me sirve de nada más que para hundirme más.
No voy a seguir así. Me niego. Tengo una vida. Tuve una vida antes de ti y la tendré después de ti. Una vida que me gusta, que es plena, que está llena de objetivos y felicidad. Esa es mi vida. Plena y feliz.

jueves, octubre 27, 2011

La vida es aprendizaje. Y yo intento aprender de esta situación. Han pasado pocos días. Me duele todo, me duele aún, me duele mucho. Y sé que vendrá más llanto. Pero quiero suavizarlo.
Soy yo la que tiene la llave para que el duelo no se prolongue hasta el sufrimiento extremo. Soy yo la que puede normalizar o intentar normalizar el hecho de que trabajemos juntos y ser adulta. Soy yo la que puede intentar sonreír más que llorar, disfrutar de cada nimia cosa buena que la vida me dé cada día.
Dios siempre me rodeó de buena gente. Ahí están mis amigos. Cuidándome, mimándome, no dejándome sola. Les quiero.
Y mis hermanas, pendientes a pesar de que su vida es ahora complicada. Les quiero.
Soy querida y quiero.
No puedo estar con quien me parece que podía ser el compañero de mi vida.
Pero puedo aprender de todos los errores. Puedo sacar lo bueno que me ha dado él y lo bueno que he descubierto yo por todo lo malo que he hecho.
Y tengo que convencerme, tengo que saber, que no lo volveré a hacer. Que no volveré a ser presa del miedo hasta el punto de perderme en el extremo contrario del que estaba huyendo.
Sé que lo haré. Esa es una de las pocas virtudes que me reconozco. Tropiezo mucho, pero casi nunca con la misma piedra.
Y ahora, que el tiempo cure mi dolor y mi alma pueda descansar.
Negar tres veces, es negar para siempre. No me quieres a tu lado. Así de simple. Y por mucho que digan, no puedo dejar de sentirme responsable de gran parte de ese sentimiento. ¿Es culparme? Teniendo en cuenta que me fui al extremo que no pensé que tuviera jamás (impositivo, controlador), pues no sé si es culparme o ser razonable.

El caso es que todo eso da igual ahora. No me quieres a tu lado y tengo que levantarme cada mañana con ese conocimiento. Y salir de la cama, venir a trabajar, a verte, ir a comer, intentar no pensar e intentar dormir.

E intentar comer.

Intentar seguir con mi vida.

Y dejar que se sequen las lágrimas. Por favor, que dejen de salir las lágrimas. Y el nudo en el estómago, la opresión en el pecho, las ganas de salir corriendo hasta el final del mundo y desaparecer allí. Para que deje de doler.

Pero no va a pasar nada de eso, como no va a pasar que te despiertes una mañana y digas, 'ups, me equivoqué'. Lo que va a pasar es que seguirá mi vida. Y aprenderé. Sabe Dios que aprenderé. No hay nada mejor que una buena ostia para aprender de una vez por todas. O esa es la única esperanza que me queda.

martes, octubre 25, 2011

Mañana voy a verte. Se acabaron las vacaciones y vuelvo a la oficina. Vuelvo a verte y no sé cómo lo voy a llevar. Y tampoco sé si querrás hablar conmigo, y yo necesito hacerlo, y cuanto antes mejor. Necesito darte tus cosas y que yo me lleve las mías porque eso será un paso más para hacerlo real, para no volverme al espejismo. Porque a veces entro en ese espejismo mentiroso de que te voy a llamar o me vas a llamar en cualquier momento y quedaremos para dar una vuelta, o para hacer algo o simplemente nos contaremos algo tonto, como que cambié las ruedas de la bici, o que ayudé a Antonio con su obra.
Con lo fácil que es entrar en algunas rutinas, salir de ellas es muy difícil, doloroso, frustrante, engañoso.
Y tu eras una rutina que me tiene aún encandilada. Pero no voy a pensar esto. Se acabó. Ya no habrá más tú y yo, yo y tú, más paseos por la ciudad que me has descubierto, mientras me descubrías tu alma. Ya no hay más, ya no hay más, ya no hay más.
Mañana te veo. Solo espero poder dormir. Necesito verte tranquila.
Otra noche que se escapa y apenas he dormido. Otra noche de dar vueltas en la cama y vueltas en la cabeza, aunque intento pararlas. No lo he conseguido con ninguna de las dos.
¿Por qué duele tanto? ¿Por qué no se me va la opresión en el pecho y el estómago, la garganta cerrada, los ojos húmedos? ¿Por qué no puedo dejar de pensar en lo feliz que podría haber sido, aunque la conclusión hubiera sido la misma, y lo triste que es darme cuenta ahora que me he impedido ser feliz?
Luché tanto por no dejar de ser yo que me fui al extremo contrario. Y ahora no sé cuánto tiempo me costará volver a mi ser en ese sentido. Cuándo dejaré de convertirme en una maniática controladora que se controla incluso a sí misma de tal manera que derrapa, y mucho.
Aún no me cabe en la cabeza cómo alguien me pudo hacer tanto daño como para llegar aquí. Cuatro años después descubro que me jodió nuestra relación y esta otra, con alguien que no tenía nada que ver contigo, pero que muchas veces aparecía en mi mente con tu mismo nombre.
Me cago en ti y en tu puta forma de ser, que me arrastró hasta años después de haberme alejado. Y tú eres la víctima.
Pero no tienes toda la culpa. Soy especialista en no creerme merecedora de felicidad ni amor. Así es. Es genial, ¿verdad? La forma en la que podemos llegar a jodernos la vida y seguir tan panchos. Hasta que nos quitan lo que queremos. Y entonces es cuando me doy cuenta de que he perdido dos cosas, a ti, al hombre al que quiero, y mi capacidad para dejarme ser feliz.
Lo bueno es que ahora la he encontrado. Pero no la voy a poder disfrutar contigo. Ni yo misma querría volver con la yo en la que me había convertido. Y digo bien, convertido. Porque he sido y soy muchas cosas, pero no en la que había derivado por unos miedos que me han atenazado más de un año.
Un miedo a estar así y una lucha por intentar evitar que doliera así. Pero, ¿sabes qué? Que duele exactamente igual que si me hubiera dejado llevar y ser feliz y no volverme loca, ni paranoica ni desconfiar hasta de mí misma.
No me estabas dejando. No me estabas relegando. No me estabas echando de tu vida.
Sin embargo, todo eso lo he comprendido cuando me has abandonado de verdad. Cuando no has podido más.
Y sé que no he tenido toda la culpa. Los dos la tuvimos por no darnos cuenta que nuestros momentos vitales eran distintos. Si fueras mayor no me habrías permitido tanto tiempo de ida de olla. Aunque también me habrías explicado mejor lo que ocurría y, quizás, habrías tenido las herramientas para mostrarme crudamente lo que veo ahora.
Y no estábamos preparados ninguno de los dos. Eso tampoco ayuda.
No lo sé, en realidad no sé más que no puedo seguir teniendo esta puta esperanza porque lo que está haciendo es dolerme más. Pero es que si no la tengo el dolor se me hace tan insoportable que no puedo ni pensar, ni razonar, ni hacer nada más que vejetar, que mirar al vacío y esperar, no sé el qué.
Necesito dormir. Necesito desconectar de mí misma. Necesito que todas estas palabras me vacíen y dejen espacio a un poquito de risa. A un poquito de poder. A un poquito de tiempo que me cure las heridas.
Por favor, abrazadme mucho. Necesito saber que todo saldrá bien.

lunes, octubre 24, 2011

Me gustaría que ya hubiera pasado el tiempo. Que ya lo tuviera asumido, no doliera y siguiera con mi vida. Pero aún me queda tiempo. Me queda perder toda la esperanza, porque aunque sepa que no hay, me cuesta perderla, siempre me cuesta perderla (y una de las cosas por las que me dejaste es porque no soy positiva, ironías de la vida).
Me gustaría que ya no saltaran las lágrimas a mis ojos en momentos que me pillan totalmente por sorpresa. Me gustaría que ya te recordase con el cariño con el que se recuerdan las cosas que son buenas y ya están atrás.
Me gustaría saber que podré verte y no se me partirá el corazón, que seguiré hablándote y no dolerá, pero aún me queda tiempo. Y voy a tener que seguir hablándote y tú a mí, porque trabajamos juntos.
Me gustaría tener completamente claro que ya acabó y no va a volver. No sentir en ese pequeño rincón de mi corazón que 'podría, podría, podría', porque todo el resto de mi ser está gritando NOOOOOOOO, pero esa pequeña pieza está ganando por goleada.
Me gustaría haber aprendido antes. Pero soy de mollera dura. Y hay pasados que pesan demasiado, me cago en ellos.
Y me gustaría, de verdad que me gustaría, saber que alguna vez saldrá bien. Del todo. Que tendré una seguridad certera. Que me volveré a dejar llevar y que no cometeré los mismos errores.
Pero ahora sólo puedo esperar. Esperar e intentar no llorar, porque duele demasiado.

miércoles, octubre 19, 2011

Estoy cansada. Da igual que intente protegerme, que no lo haga, que sea yo, que no lo sea, que luche o que me deje llevar. La conclusión al final es la misma. Que duele. Mucho. Y que sé que pasará, porque siempre ha pasado, y luego sigo con mi vida, y no está mal estar sola, y que todo tiene un principio y un final y que no pasa nada.
Pero sí pasa y sólo puedo pensar joder joder joder joder joder joder
¿Nunca voy a aprender? o ¿acertar? O las dos cosas.
Y estoy cansada, y dolida y no sé si debo perder la esperanza o conservarla, porque en realidad ya no está en mi mano, y porque la he cagado yo, y esta vez es así y no hay más vueltas. Y sí, y vale y no me machaco y ¡joder!
En fin, la vida sigue, ¿no? Siempre sigue.

domingo, octubre 16, 2011

Al final estudié. No tanto como hubiera debido, como se han visto en los resultados. O hay una hecatombe y todos los que se presentaron estudiaron menos, o este año, por tercero consecutivo, me quedo con las ganas.
Como quiero ser positiva, diré que, al menos, he notado mi estudio: mucho mejor resultado que el año pasado y más tranquilidad al responder.
Pero, sinceramente, empiezo a cansarme. Aún me queda aprobar esta promoción, esperar dos años y aprobar otra más para poder tener un sueldo decente y poder salir de mi organismo, que me tiene frita (por muchas razones, algunas de ellas relacionadas con quienes conviven en mi oficina día a día conmigo. No, no tengo amigos en el trabajo).
Pero bueno. Ahora sé que si empiezo ahora lograrlo puede ser un hecho en 2012... Si convocan.
Ay, virgencita, que convoquen.

sábado, junio 25, 2011

No quiero

Llevo dos semanas estudiando para mis oposiciones de promoción interna (a ver si dejo de ser mileurista). En esas dos semanas he estudiado, en total, unas dos horas y media, y, seguramente, estoy tirando para arriba.
Podría encontrar 20.000 excusas: el calor, la infección de las encías por la extracción de las muelas y sus dolores, las migrañas intermitentes por culpa del calor, las cosas que he tenido que arreglar en casa...
Pero serían eso, excusas.
Porque ahora tengo muy clara la realidad: NO QUIERO. No quiero tener que volver a pasar la mayor parte de mi tiempo enfrente de leyes y temas que poco me servirán luego en el desempeño de mi trabajo, no quiero pasar la tensión de exámenes que no apruebo por muy bien preparada que esté, porque el estudio es importante, pero hay parte de suerte; no quiero dejar de hacer lo que ahora hago (aunque sea nada) para pasar calor y dejarme la vista con apuntes. No quiero.
Y por mucho que no quiera, en el fondo de mi corazón sé que esa es la única manera de mejorar mi situación, de abrirme puertas para salir de dónde estoy y desempeñar tareas más gratificantes o más adaptadas a mis gustos (aunque tendría que esperar al menos dos años más para esto después de aprobar).
Así que, sea como sea, queriendo o no, voy a tener que PODER pasarme horas estudiando, subrayando, haciendo test...
Dios, dame fuerzas, porque yo las perdí en alguna parte del camino.

miércoles, junio 15, 2011

Y sube mi indignación

Porque contra todo pronóstico (sentencias precedentes y ley clara) el Constitucional ha declarado legal la reducción de sueldo a los empleados públicos. Muy fuerte
Y ¿se supone que el TC es un órgano jurisdiccional independiente? Y una mierda. Y muy grande.
A tomar por culo los derechos y las garantías.
Y sus señores miembros se sentirán muy seguros ellos con sus sueldos multimillonarios, sus patrimonios y su puta madre.
Siento el lenguaje, pero es que no quepo en mí.

viernes, junio 10, 2011

Llevo días queriendo escribir sin ponerme a ello. Quizás porque no sé por dónde empezar, hacia dónde dirigir mis palabras. No sé si hablar de cómo estoy venga a romper cosas y a estar saturada de trabajo y empiezo a sentirme tan embotada y tensa que no sé cómo desfruncir el ceño. O sobre las acampadas y cómo se dirigen a sitios un poquito alejados de mí, puesto que sigo pensando que no podemos cambiarlo todo de golpe y habría que ir de objetivo pequeño a objetivo pequeño. O sobre las guerras que se crean para mantener un estatus de algunos por el que salimos a la calle para seguir siendo ignorados. O sobre cómo me agobian ciertas cosas que pasan en casa, en la familia, que no puedo evitar, pero que me desasosiegan. O acerca de lo mal que voy gestionando comportamientos aprendidos que debería cambiar y me está costando una lucha diaria. O cómo me agobia tener la sensación de que, en realidad, nunca llegaré a estar totalmente emancipada porque o no gestiono bien mis ingresos o de verdad que no me dan. O sobre cosas más alegres: que se acerca el verano, que el calor no es tan horrible, que mis sobrinas cumplieron años.
No sé, quizás en realidad sólo quiero/quería escribir para soltar todas esas cosas que me saturan y tensan, que no tienen solución y entonces, para qué preocuparse, o que la tienen y, entonces, para qué preocuparse.
O simplemente me gustaría tener tiempo para coger mi pluma nueva, llena de colores, regalo sorpresa, y dejar que la tinta corra y se lo lleve todo.
Quizás echo de menos las palabras.

domingo, mayo 29, 2011

Vergüenza política

Porque no la tienen ni saben lo que es, si no, éso es lo que deberían sentir los políticos de nuestro país que, mientras se mantuvieron casi mudos (si no mudos, prudentes como nunca) antes de las elecciones por las acampadas para pedir el cambio, después de saber que ya tienen lo que querían (el poder que asumen que pueden manejar como les dé la gana), se dedican a lanzar a quienes no tienen más remedio que obedecer para levantar a los que, PACÍFICAMENTE, les están pidiendo responsabilidad y cambio.
No pienso caer en cargar contra la policía. Los verdaderos cobardes son otros que no se dejan salpicar por su culpa.
Lo dicho, una vergüenza muy grande.

jueves, mayo 19, 2011

Orgullo patrio

Jamás pensé que esas palabras se formarían en mi mente. ¿Sentirme orgullosa de mi país? ¿Yo, que jamás he sentido ningún lugar como mi patria? Y, sin embargo, aquí me tenéis, con orgullo patrio por mi gente, por la gente que estamos en la calle, que nos hemos decidido a quejarnos de forma PACÍFICA, que nos hemos lanzado a pedir el cambio que tanta falta hacía.


Sinceramente, había perdido la esperanza. Desde hace mucho tiempo sentía el espíritu enrabietado porque yo sola no sabía como moverme, qué hacer. Y reiteraba la necesidad de salir a las calles, y hacía campaña para ello en casa, en el trabajo, con los amigos, con cualquiera que me preguntara. Pero no supe organizarlo.


Han sabido hacerlo por mí y me siento orgullosa. Orgullosa de que no seamos políticos, pero pidamos un cambio en la política y sobre todo en las personas que se dedican a ello.

Orgullosa de que no seamos economistas, pero intentemos plantear opciones.

Orgullosa de que hablemos, dialoguemos, escuchemos y nos respetemos estando en la calle como hay gente que piensa desde la izquierda, quienes piensan desde la derecha, apolíticos, creyentes y no creyentes, heterosexuales y homosexuales, jóvenes y mayores, trabajadores y parados...

Ahora nos queda, de todas formas, una tarea igual de dura que la de lanzarnos a la calle:

No cansarnos después de este domingo;

no dejarnos politizar, por muchos intentos que hay ahora mismo;

no parar hasta que, de verdad, se vea que algo se mueve por arriba, que es de dónde debería haber venido la responsabilidad y el cambio.