miércoles, febrero 13, 2008

Mi abrigo rojo... teja

No me puedo resistir. Después de la lata que he dado por aquí con él, de mi búsqueda infructuosa en Berlín, de vuestros ánimos para que lo encontrara... No podía dejaros con la intriga sobre mi nuevo abrigo. Sí, por fin encontré mi abrigo rojo, en este caso rojo teja. No es exactamente el color que quería, pero en cuanto lo vi en la tienda (en la calle Fuencarral de Madrid, ¿dónde si no?) supe que era para mí. Cuando me lo probé ante el espejo, mi hermana supo que era para mí, y cuando se acercó la dependienta comprendió que era el mío...


La percha es la menda, y sé que la foto no es de las mejores que se podrían haber hecho, pero me la tuvo que hacer a toda prisa Anthony porque se nos había hecho tarde. Al menos podéis apreciar que, milagrosamente, me queda entallado (eso es un sueño hecho realidad para alguien a quien todo le queda ancho). Bueno, el broche de hada es aportación mía... Como dice Anthony y G. pelín friki sí que soy...



Y por detrás, ¡me encanta el detalle! Mira que no soy nada de lazos, ni adornos innecesarios. Pero es que le da un toque ¡tan bonito! Y me gusta mucho el aire un poco retro que tiene... Lo estrené con un vestido negro casi igual al de la foto de mi Audrey y mis bailarinas y sólo les faltó a mis compis de oficina aplaudirme cuando entré esa mañana (jeje).


En fin, que sé que sólo es una prenda de vestir, pero soy rara, hay determinadas prendas que adquieren para mí un determinado significado porque me hacen sentirme de determinada manera. Es decir, a mí el vestirme no sólo me cubre el cuerpo, me viste también el ánimo...


En fin, que espero que os guste tanto como a mí...

martes, febrero 12, 2008

Seda

El primer libro que leí de Alessandro Baricco fue Océano Mar. Absolutamente consciente de que jamás podría compararme con él, la única forma que tengo de expresar lo que me hizo sentir ese libro es que parecía escrito por mí (o es el libro que yo podría escribir). Insisto, sé que no llego a su altura y me encantaría, pero sus palabras, su forma de narrarlo, su historia, inevitablemente me recordaban pensamientos propios, maneras mías de expresar ciertas cosas... Como podéis imaginar, me gustó. Mucho. Siempre que lo recuerdo me viene a la mente el olor del mar, el ruido de las olas, esa playa...

He tardado bastante, pero he vuelto a Baricco. Esta vez Seda. Para mí nada tiene que ver con Océano Mar salvo el mágico encanto que me ha atrapado entre sus páginas. Es un libro breve, de tan breve que he leído con una lentitud nada común en mí por la tristeza que me producía acabarlo.
Él mismo dijo que es más que una historia de amor, es una narración hermosa de lo que es amar, porque el final me ha sorprendido, a mí que suelo leer los destinos de los personajes mucho antes que otros lectores, a mí, que repito a veces que ya todo está dicho... Quedan las formas de decirlo y Baricco ha tenido una de las mejores.

No soy de frases, pero no he podido dejar de marcar algunas de este libro. No es que sean las más hermosas del mundo, ni las más significativas, pero a mí me han dicho algo, me han tocado el alma con la misma suavidad con la que pasé las páginas de este libro temiendo que la dulzura y calma que leía en las páginas fuera interrumpida por mi brusquedad.

'-Es un dolor extraño.
En voz baja.
-Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca.'

Porque hay veces que morimos un poco por lo que no viviremos, por lo que no sabremos a qué sabe, huele, se siente...

'Era, por lo demás, uno de esos hombres que prefieren asistir a su propia vida y consideran improcedente cualquier aspiración a vivirla.'

En este caso, la frase me golpeó directamente con la sensación de que, en demasiadas ocasiones, quizás demasiados años, he sido testigo de mi propia vida sin llegar a implicarme en ella hasta el punto de vivirla. Al menos no de la manera que hubiera sido mi elección en momentos en los que no fui capaz de librarme de tantas ataduras impuestas por mí misma como justificación a la paralización de mi propio ser, de mis sentimientos, de las ansias de vivir con las que todos llegamos al mundo.

De tal manera que, otra vez, Baricco se ha metido en mi sangre, en mi alma. Esta vez no con palabras que sintiera tan mías como si las hubiera tecleado yo, pero sí con una narración tranquila que me ha sumido en la reflexión y el disfrute, porque la lectura es, para mí, ante todo un placer y Seda lo ha sido.

jueves, febrero 07, 2008

Despedidas

Hay personas con las que no tienes que estar mucho tiempo para saber que estarán, que has conectado. Una primera charla te hace sentir ese je ne sais quoi y a la segunda sabes que podrías contarle toda tu vida (aunque no lo hagas... O sí) y que a quien tienes enfrente le pasa igual. Pueder ser del mismo sexo, del contrario, mayor o menor, pero ahí está, la persona que no es tu alma gemela, es tu hermano del alma.
A mí me ha pasado eso con pocas personas en la vida. Y ahora, una de ellas se vuelve a ir de mi lado. La verdad es que no pensé que donde lo encontré fuese a tropezarme más que con compañeros de un rato, de risas y de alguna salida. Sin embargo, tuve la suerte de hallar una buena amistad que, espero, dure muchos años.
Es una persona sincera, abierta, graciosa, muy graciosa y que se hace querer porque es sencillo, porque sabe escuchar, callar o hablar según le toque, porque se muestra desinteresado en sus propuestas e interesado en lo que pueda pasarte. Me pilló en un momento de bajón y se tragó algunas cosas que, quizás, no debiera haber escuchado. Pero siempre mostró un respeto absoluto por mi intimidad y una comprensión de amigo en mi penar de desenamorada.
Se atrevió a enseñarme a patinar (ahora me quedo sin profe). Más bien, me empujó a uno de mis deseos de juventud y me apoyó y me animó pese a mi clara descoordinación corporal. También me corrige en otros deportes, con la sana intención de hacerme mejorar.
Y comparte ideas, y me anima a que persiga el mar que añoro, y bromea sobre cómo podemos coincidir en tantas cosas, y se ofrece de ayuda hasta para cosas que ni se me ocurriría pensar.
Es un loco, como yo, un soñador con los pies más anclados en el suelo. Un valiente (quizás demasiado, ahora que se va pelín lejos me da miedo que se me vuelva a partir otro hueso con su arrojo por superarse en el patinaje, en cualquier deporte que se le ponga por delante, siempre de aventura o riesgo). Un amigo.
Se va al lugar del que no quiso salir. Más bien, no vuelve aquí porque mejora profesionalmente, y personalmente, porque estará en casa, rodeado de sus amigos de siempre. Se va y sé que echaré de menos sus rapapolvos por darle vueltas a la cabeza a lo que debería dejar de pensar, sus insistencias para que salgamos y le enseñe la Sevilla que ya no le llevaré a conocer, sus bromas acerca de todo, su cordialidad.
Le deseo mucha suerte. Sabemos que estaremos ahí, aunque sea desde lejos.

¿Por qué yo?

Hago musculación. Odio las pesas, las máquinas y demás parafernalia. Me aburre estar levantando peso arriba y abajo, mientras musculosos hombres (mujeres seguimos siendo menos) contemplan sus cuerpos pensando que algún día llegarán a no sé dónde exactamente. Pero tengo que hacerla. La necesito para poder mejorar en capoeira, para coger fuerza, ya que mis bracitos, de natural, casi no sostienen mi cuerpo.
Para hacer musculación antes tengo que calentar con algún ejercicio aeróbico, y como la mayoría de las máquinas para hacerlo (andadores o como se llamen, unos extraños aparatos con palancas y donde se ponen los pies como si estuvieras subiendo y otras raras cosas) me dan miedo, siempre opto por la tradicional bici estática. Soy una mujer de costumbres, así que, habitualmente, me subo a la misma bici, elijo un programa de cardio (para alcanzar un determinado número de pulsaciones) y pedaleo con saña mientras contemplo un campo de fútbol situado frente a mi gimnasio.
Normalmente, cuando llevo unos cuatro minutos al pedal alcanzo las pulsaciones requeridas, unas 150, con lo que la dureza de los pedales se suaviza y voy más cómoda. Sudo sin pasarme y mi corazón aguanta bien el tirón.
Sin embargo, el otro día, después de un mes sin pisar la bici porque iba al gimnasio después de andar media hora, creí morir en el intento. Como cada tarde, marqué el programa de cardio, me subí a la bici y comencé a pedalear con tranquilidad pensando en mis cosas. De repente, me doy cuenta de que los pedales se endurecen cada vez más y más y más y más porque se ajustan para que alcances el ritmo objetivo, y el sudor empieza a correrme por la cara, el corazón parece que se me quiere salir por la boca y mi cara comienza a tornarse roja (no la vi, pero me la imagino).
Lo estaba pasando realmente mal y cuando empiezo a pensar que debo estar enferma una señora sentada dos bicis más allá comienza a hablarme. A duras penas soy capaz de girar la cabeza para mirarla mientras mis piernas pelean con los pedales, de una dureza fuera de lo común...
'Niña, ¿tú sabes si los aparatitos esos (señala un mando en la bici entre nosotras dos) es para escuchar las teles (hay varias repartidas por toda la sala, hacia las que miran los aparatos)?' .
Y yo, medio asfixiada, pero siempre educada, con un hilo de voz aún tengo fuerzas para decirle 'creo que sí, pero nunca lo he probado'. Y sigo concentrada en las pulsaciones que marca la máquina, 90, mientras mi cuerpo parece decirme 'vas a morir'.
Y la señora se cambia de bici, y se pone a mi lado...
'Y ¿los auriculares? ¿de dónde los saco? Aquí hay una cajita como los que dan en el tren, pero esta vacía'.
Y yo, ahí, ya morada que debía estar 'uff, no sé, quizás haya que pedirlo a gerencia, o traerlos de casa', contesto, mientras mi alma quiere escaparse de mi cuerpo para poder librarse de aquel sufrimiento.
'Si es que nunca hay nadie, antes siempre había un monitor, pero ahora...'
Y la miro sin contestar, segura de que mi muerte está cerca, porque llevo cinco minutos y medio en la bici y no cambia de 90 pulsaciones. Y la miro a ella, y la veo tan pancha y se me ilumina el cerebro '¡este chisme se ha jodido!'.
Por fin, me suelto durante breves instantes de los sensores de pulsaciones y vuelvo a poner las manos.
¡174 pulsaciones! De golpe, los pedales no es que se pongan blandos, es que casi giran solos, bajo la velocidad y, poco a poco, muy poco a poco, mi corazón se va relajando, el sudor que empapa mi pelo, mi cara, mi camiseta, deja de fluir cual surtidor de agua...
Y mi ahora compañera de bici, continúa con su charla. 'Esto, ¿y no sabrás el horario de tonificación, verdad? Es que lo miré antes pero no lo recuerdo'...

lunes, febrero 04, 2008

Esperar tu tacto. Incluso sin tu presencia. Esperar tus manos retirando mi pelo, acariciando el borde de mi cara, sujetando suavemente mi cuello para acercar, lentamente, sin dejar de mirarme a los ojos, tu boca a la mía. Primero nuestros labios se rozarán, y, en cuanto se sientan, se besarán apasionadamente, y me permitirás morderte, dulcemente, y nuestras lenguas se lamerán, por dentro y por fuera.

Llegará un momento que los labios no serán suficientes, y nuestras manos recorrerán el cuerpo del otro, retirando ropa, desabrochándola, arrancándola desesperadamente en la búsqueda de la piel que recorrer. Y rodaremos sobre la cama, semidesnudos, hasta que queden al descubierto los más pequeños recovecos de nuestro cuerpo, y allí podremos detenernos en cada milímetro de piel que se erice al contacto de los labios.

Me recorrerás con tu boca, de arriba abajo, deteniéndote primero en el lóbulo de mi oreja, resbalarás hasta mi cuello para escribirme palabras que me aceleren más y seguirás hasta mi pecho, en el que te deleitarás y conseguirás hacerme gemir de placer, conocedora de que continuarás tu propio sendero.

Mi ombligo será tu descanso para coger aliento, porque no pararás al llegar a mi monte de Venus y encontrarás la forma de saborearme para llevarme al cielo. Y creeré morir y renacer, y renaceré para llevarte conmigo a un paraíso que será sólo nuestro.

Porque me tocará a mí encontrar y cumplir tus sueños...

Foto de m(n)m, extraída de www.olhares.com

Recuperar

Tengo fecha para recoger mis cosas. Podría ser ya, pero no interesa, malas fechas para ambos. Será más tarde, mucho más tarde, la excusa está en un examen. Tengo fecha para recoger mis cosas porque dices que ahora puedes enfrentarte a que nos veamos, guardaste casi todo en cajas (creo que yo no habría podido si hubiera sido al revés), sólo resta repartir baratijas, despreocuparnos de algunas cosas. Menos mal que ninguno quiere peleas, tenemos claro lo que es de cada cual, lo que puede quedarse el otro.


Tengo fecha y la he retrasado. Por un examen, sí, pero cuando me miro dentro no sé si es una mera excusa para no ir y volver, para no cerrar la puerta que ahora parecía semiabierta. Es absurdo, sé que no quiero retomar una relación que estaría condenada al fracaso, pero siento que rodearme en Sevilla de mis cd's, mis libros, mis libretas, ropa, zapatos, fotos... Es alejarme un paso más de ti, del nosotros que fuimos. Y cuesta. Todo parece tener un precio en este final que se me está haciendo largo.


Te dejo ir, pero por momentos me ato a un recuerdo que no casa totalmente con la realidad, y lo sé, y por eso al instante me suelto y sigo libre y disfruto por ser una ahora, por gobernar mi propia vida ahora más que nunca, al no tener que pensar en que alguien debe ser tan feliz como yo con mis decisiones.


Llevo meses diciendo que quiero mis cosas. Que lamento ir a buscar algo y recordar que no está aquí, si no en la que fue mi otra casa, mi única casa, mi hogar y no el de mi familia. Y surgió una sonrisa en mis labios cuando recibí tu llamada y escuché el motivo. Pero hay momentos en los que me golpea de nuevo esa puerta que se cerrará.


Y hablas de venir y quedarte aquí, en casa, en unos meses. Una visita no por mí, pero que pareces querer compartir conmigo. Y te brindo mi casa... Sin embargo, me parece que ambos sabemos que ese encuentro será un imposible en poco tiempo. Porque día tras día mi vida es más mía que nuestra, tu vida es más tuya, que nuestra, afortunadamente.


Voy a recoger mis cosas. Pero cierro desde ahora esa puerta.

domingo, febrero 03, 2008

Expiación

Ha sido la última película que he visto. Keira Knightley no es una actriz que me guste especialmente, pero los comentarios que había oído sobre la película y el trailer (sabéis que a veces son engañosos) me habían llamado la atención, hasta tal punto que, incluso, intenté verla en versión original. No pude por cuestiones de horario. Así que ayer fui a verla, doblada. Y no me defraudó.


Me senté en la sala a la espera de una historia romántica de 'amor pese a todo', y percibí un drama que te hace reflexionar sobre la ligereza con la que tomamos determinadas decisiones sin pensar que pueden afectarnos a nosotros y a otras personas de manera definitiva. La causa de tanta desgracia, de un amor jamás vivido, es la inconsciencia de una niña que se escuda en su juventud para haber mentido, cuando, como le espeta otro de los personajes, para diferenciar entre el bien y el mal no hay que tener dieciocho años.

Visualmente me pareció preciosa y, aunque en algunos momentos se ralentiza demasiado, el ritmo marcado por la música, en la que insistentemente se repite el repiqueteo de unas teclas de máquina de escribir, consigue aligerar la trama. También quiero destacar el encuentro amoroso entre Cecilia y Robbie, una de las escenas más bonitas que he visto en mucho tiempo, que sin enseñar apenas nada refleja abrumadoramente bien la pasión y el deseo, en mi opinión.
El final quizás fue excesivamente abrupto, después del detenimiento en la historia de, especialmente, dos personajes: la niña que lo provocó todo (Brione Tallis- Saoirse Ronan), y el principal perjudicado por su mentira (Robbie Turner- James McAvoy), aunque también es cierto que tras ese argumento no podría haberse explicado mejor la conclusión del drama.

Pero, después de este análisis, debo caer en la frivolidad y hablar del protagonista masculino. James McAvoy era un total desconocido para mí hasta ayer, y debo confesar que me ha gustado. No es una belleza universal, pero entre el personaje que interpretaba y esos planos de sus ojos salí del cine prendada de él. Así que me permito la pequeña licencia de dejaros aquí algunas fotos suyas para que os alegren la vista. Y si sabéis algo más de él, ya sabéis, contadlo.



sábado, febrero 02, 2008

Incomprensión


Ha tenido que pasar tiempo, ha tenido que romperse para constatar que lo que pensaba, creía, manoseaba y no quería hacer valer como cierto era la pura realidad de quiénes somos. Por mucho que pudiera prever muchas respuestas, muchas actitudes y situaciones, no dejo de asombrarme por no comprender la reacción ante una separación que podría ser diferente.

Aunque en el fondo se trata de eso, de que sería exactamente igual. Más tarde o más temprano, porque dicen que no cambiamos, pasa que no cambiamos. O sí, pero no hacia los destinos que preferiríamos, porque cada cual debe elegir su camino y su forma y, precisamente por eso, es difícil conjugar dos pensamientos, dos rutas, dos visiones.

Pero sigo sin entender nada. De verdad. No es que no pare de darle vueltas, pero es que cuando creo que lo entiendo me vienes con algo, o descubro algo y ya soy incapaz de encajar las piezas. Porque no se trata de que mi puzzle sea diferente, más bien parece que es tu cabeza la que diverge hacia zonas desconocidas o recovecos que sólo tú llegas a entender para seguir adelante. Porque tienes que seguir adelante y eso lo puedo comprender. Lo que no comprendo son unas palabras que parecen no compenetrarse con las acciones que las siguen.

Y me da pena. No puedo evitarlo. Por mucho que mi corazón poco a poco se vaya desprendiendo de los pesares que lo ataban a ti y a un pasado que se empieza a convertir en eso, por mucho que las lágrimas comiencen a secarse poco a poco y den paso a más sonrisas, por mucho que sepa que es lo que hay y habrá. Es triste, si bien queda la esperanza de que seremos amigos... Cuando no duela.

Porque podemos hablar, y contarnos, y reírnos, y saber lo que pensamos porque estuvimos muy cerca. Sin embargo, habrá que esperar a que nos olvidemos de las caricias, de la sensación de tu cuerpo junto al mío, tus labios besándome, la mirada de desarme...

Y, tal vez, en ese tiempo ya no necesite comprenderlo. O lo haya comprendido. O dé todo igual porque habremos logrado abrirnos caminos divergentes, pero que nos harán todo lo felices que merecemos. Porque, juntos, no podemos.

viernes, febrero 01, 2008

Desayuno


Echo de menos los desayunos del fin de semana. Cuando eran compartidos y nos sentábamos tranquilamente, y tú te habías levantado antes (el resto de días siempre madrugué más) y estabas trasteando en la cocina para preparar el zumo, tostadas o habías bajado para sorprenderme con algún dulce que sabes que me encantan. Tardaste mucho en llevarme el desayuno a la cama. Cinco años. Siempre fuiste de ritmos tranquilos, especialmente cuando se trataba de mí, cuando se trataba de nosotros.


Incluso ahora has sido, estás siendo de ritmo tranquilo. Demasiado tranquilo, porque de tanto esperarte al final te perdí de vista en el camino y tuve que continuar, sigo sola por estos senderos que no sé adónde me llevan. Casi de un día para otro miro hacia delante y no percibo esa mano en la mía, esa casa que iba a ser frente al mar costase el tiempo que costase, esa compañía que serías tú para siempre... El amor es eterno mientras dura, es lo que siempre supe después de mi primera desilusión con alguien. Sin embargo, había creído, estaba convencida de que esta vez iba a durar eternamente.


Y ahora hecho de menos los desayunos, la preparación de un fin de semana que escasas veces estaba exento de planes. Alguna excursión, visita a la familia (la mía quedaba demasiado lejos), comidas o cenas con amigos, charlas interminables porque, eso sí, contigo pocas veces hubo baile. Pero no importaba, o trataba de que no importase hasta que eso también comenzó a pesar demasiado como para dejarlo de lado.


¿Era nuestra vida o era la tuya vivida por dos personas? Eso es algo que no he podido dejar de comenzar a plantearme cuando he empezado a descubrir que la mía, mi vida, está llena de muchas cosas que durante años han estado relegadas a un punto oculto de mi ser para no recordarlo demasiado, para no echarlo de menos.


Debe ser que no se puede tener todo. Y ahora me elegí a mí. Porque por mucho que intentemos huir, nunca podremos hacerlo de nosotros mismos, y porque por mucho espacio que pudiera tener dentro de nuestra pareja, en realidad dejé de tener el sitio que quería.


Espero que el sol que he ganado con la mudanza acompañe mis sábados y me permita disfrutar de mis mañanas sola, sin extrañar nada, y sin olvidarlo tampoco.
Imagen de blogdecocina.com

jueves, enero 31, 2008

Escribir

Escribo. Escribo porque me gusta. Disfruto al inventar historias, al dejar que mi pensamiento fluya en las palabras escritas, al vaciar mi mente sobre el papel y la pantalla. Escribo como catarsis, para sacar fuera todo lo que me bulle en la cabeza, lo bueno, lo malo, lo que me hace sonreír, lo que me hace sufrir.

Me pasé años sin escribir nada, sólo lo que publicaba en los diferentes periódicos en los que trabajé. Alguna carta ocasional, manuscrita, de las que verdaderamente gusta recibir, rompió también mi silencio, pero el resto fueron hojas en blanco, libretas (muchas) a la espera de las historias que podrían embellecerlas más o emborronarlas, según se mire.

Hasta que llegué aquí. Pasé de utilizar este blog como medio de comunicación con mis amigas lejanas a convertirlo en el reflejo de mis pensamientos, de mis ilusiones y desilusiones, de mis penas y alegrías. Entonces, escribir se convirtió en terapia, análisis de mi situación desde lejos, porque verlo en la web me aleja, me permite releerme más tarde, desde otras perspectivas y, sobre todo, con los comentarios, consigo ver las diferentes formas de entender una situación que viva.

Sin embargo, quizás últimamente me esté desnudando demasiado. No consigo olvidar lo que realmente debo asumir, no pretender que se diluya entre las estelas de mi mente y, por ello, todas mis palabras escritas vienen cargadas de esa sensación de que algo no es lo que debería, de que las cosas podrían haber sido de esta y de mil maneras distintas que, seguramente, me habrían llevado al mismo estado, pero que por irreales, en ocasiones, considero más halagüeñas.

Y siempre habéis sido extremadamente respetuosos, pero necesito intimidad. No puedo dejar de escribir porque necesito vaciar mi pensamiento y dejarlo fuera de mí para seguir adelante con menos peso. Y me gusta saber de vuestras miradas, de vuestras lecturas, porque así siento que esas ideas, esas reflexiones se alejan cada vez más de mí y dejan espacio para el resto. Por eso continuaré mostrando mi alma en este rincón. Pero, por eso también, habrá entradas en las que no permitiré comentarios porque no podría soportar leer más veces lo que ya sé e intento, ni conocer demasiado bien lo que mi espíritu despierta en otros.

Así que, como vosotros me respetáis a mí, creo que os merecéis el respeto de este aviso, de que no penséis que desaparezco o que no quiero escucharos. Simplemente hay momentos en los que sólo necesito el silencio.


Imagen extraída de www.thewritersworkshop.net

domingo, enero 27, 2008

Happy Ending

Esta es una de mis canciones contradictorias. Me anima mucho, me gusta, la canto siempre que oigo cualquiera de sus acordes... Sin embargo, si escuchas la letra, si la entiendes, te das cuenta de que debería ser una canción bastante triste: 'Esta es la forma en la que me dejaste, sin esperanza, sin amor, sin gloria, sin final feliz'.

Entonces me planteo por qué a mí me anima y me gusta tanto. Quizás sea precisamente esa frase, porque los finales felices siempre recuerdan a películas empalagosas, a escenas en ocasiones demasiado irreales. Y la gloria...

Yo prefiero el amor real, el que te hace feliz no en un final, si no en un día a día, en una vida compartida. En el amor que te duele y te revive, te lleva a discusiones y a reconciliaciones maravillosas, en definitiva, el amor que todos hemos sentido alguna vez.

Y no voy a negar que, en ocasiones, todos hemos creído vivir en una película y hemos soñado con esos finales felices en los que se comen perdices y el sol se pone detrás nuestra mientras suena cualquiera de las canciones que todos tenemos en la cabeza para 'nuestros momentos'.

Pero incluso con ese romanticismo de libro (o de Hollywood) a cuestas, sigo prefiriendo las otras formas en las que se ama y en las que se pierde el amor, las que nos tocan el alma porque somos protagonistas indiscutibles de una realidad no tan rosa, pero sí mucho más intensa.
Así que, aquí va la canción:




This is the way you left me,
I’m not pretending.
No hope, no love, no glory,
No Happy Ending.
This is the way that we love,
Like it’s forever.
Then live the rest of our life,
But not together.
Wake up in the morning, stumble on my life
Can’t get no love without sacrifice
If anything should happen,
I guess I wish you well
A little bit of heaven, but a little bit of hell
This is the hardest story that I’ve ever told
No hope, or love, or glory
Happy endings gone forever more
I feel as if I feel as if I’m wastin’
And I’m wastin’ everyday
This is the way you left me,
I’m not pretending.
No hope, no love, no glory,
No Happy Ending.
This is the way that we love,
Like it’s forever.
Then live the rest of our life,
But not together.
2 o’clock in the morning, something’s on my mind
Can’t get no rest; keep walkin’ around
If I pretend that nothin’ ever went wrong, I can get to my sleep
I can think that we just carried on
This is the hardest story that I’ve ever told
No hope, or love, or glory
Happy endings gone forever more
I feel as if I feel as if I’m wastin’
And I’m wastin’ everyday
This is the way you left me,
I’m not pretending.
No hope, no love, no glory,
No Happy Ending.
This is the way that we love,
Like it’s forever.
Then live the rest of our life,
But not together.
A Little bit of love, little bit of love
Little bit of love, little bit of love [repeat]
I feel as if I feel as if I’m wastin’
And I’m wastin’ everyday
This is the way you left me,
I’m not pretending.
No hope, no love, no glory,
No Happy Ending.
This is the way that we love,
Like it’s forever.
To live the rest of our life,
But not together
Mika, 'Happy Ending', de su disco 'Life in cartoon motion'

domingo, enero 20, 2008

Me apetecía

Me gusta mucho este disco, anima. Y me gusta el título de esta canción.




Y, como siempre, aquí va la letra por si queréis gritarla.

We stay moving around solo
Ask us where you at
We don’t know and don’t care (don’t care)
All we know is we was at home cuz you left us there
You got your boys and got gone and left us all alone
Now she in the club with a freaky dress on
Cats dont want her to keep that dress on
Tryna get enough drinks in her system
Take her to the telly and make her a victim
Patrone on the brain
Ball Player in her face
They shake the spot
She’s just another case
Easy for a good girl to go bad
And once we gone
Best believe we gone forever
Don’t be the reason
Don’t be the reason
You better learn how to treat us right
Cuz once a good girl goes bad
We die forever
He stay with the flock of them o ya
Got a girl at home but he don’t care
Won’t care
(Won't care)
All he do is keep me at home
Won’t let me go no where
He thinks because I'm at home
I won’t be gettin’ it on
And now im finding numbers
In the jacket pockets
Chicks calling the house
Non-stop
It’s getting out of control
Finally I can’t take no more
He finds a letter on the stairs
Saying this is the end
I packed my bag and left with your best friend,
Oh Easy for a good girl to go bad
And once we gone
Best believe we gone forever
Don’t be the reason
Don’t be the reason
You better learn how to treat us right
Cuz once a good girl goes bad
We gone forever
We stay moving around solo
Ask us where you at
We don’t know
And don’t care (don't care)
All we know is we was at home cuz you left us there
You got your boys and got gone and left us all alone,
Oooooh
Easy for a good girl to go bad
And once we gone
Best believe we gone forever
Don’t be the reason
Don’t be the reason
You better learn how to treat us right
Cuz once a good girl goes bad We gone forever
We gone forever
We gone forever

Dormir

Cuando entro en la cama y la encuentro fría me acuerdo de ti. De cómo me calentabas las sábanas para que no sintiera pereza de dejar la manta acogedora que me tapaba en el sofá. De cómo me abrazabas o me abrazaba a ti para sentir la piel y el calor y la cercanía y el amor. Conversaciones en mitad de una oscuridad iluminada por palabras balance del día, propuestas de futuro, sentimientos compartidos o solitarios. Los sueños eran otros, en ocasiones los mismos que cuando soy yo la que remueve el edredón hasta encontrar ese pequeño hueco que todos buscamos para guarecernos de la oscuridad y sentir que podemos cerrar los ojos tranquilos porque nada va a pasarnos.

Y nada me ocurre, salvo el suave balanceo de los sueños que me despiertan a veces con una sonrisa en los labios, porque son esos mundos que tantas veces visité y se convirtieron en reales por haberme acompañado más noches de las que llego a recordar. La ausencia no es tan palpable entonces, porque descubro que siempre se duerme solo. El sueño es nuestra parcela individual preludio, quizás, del sueño que será más largo. No dejaríamos a nadie descubrir los caminos por los que nuestra mente vaga de noche, cuando por fin tiramos todas las barreras que protegen lo más recóndito de nuestro ser frente a la hostilidad de lo externo, lo que no alcanzamos a interiorizar para convertirlo en nosotros.

Siempre soñé sola. Es quizás la certeza de esta frase lo que me hace comprender que camino ya con pies firmes sobre suelo que pensé mojado. Quizás porque no quise incorporar a nadie, quizás porque nadie supo añadirse a mis sueños, quizás porque es lo que prefiero pensar ahora, cuando entro sola en la cama y descubro que mi propio calor también es capaz de dibujar en la noche todo aquello que puede ser, será o pretendo.

domingo, enero 13, 2008

¿Sevilla no me quiere?


Por fin vuelvo de una gripe espantosa. 39 y medio de fiebre durante tres días, la cabeza a punto de explotar, los huesos doliéndome (oye y ni crecí ni nada), los mocos asfixiándome, la tos ahogándome también... Y mis cuatro últimos días de vacaciones a la mierda (o a la cama), en una convalecencia que, ¿qué es lo único que me ha permitido hacer? Pensar, con lo malo que sabéis que es para mí.


Pero esta vez no voy a volver a la misma historia, no. Os voy a plantear mis conclusiones más lúcidas, logradas a pesar de la fiebre. Y es que, veréis, he hecho un pequeño balance médico. A ver, estuve en Oviedo dos años, durante los cuales me quedé dos veces afónica, cogí una gripe (importada de Sevilla) y tuve mis habituales jaquecas de mudanza (cada vez que me mudo de ciudad el primer mes es horroroso porque, como suelen estar a diferentes alturas las ciudades a las que me traslado, las migrañas se me acentúan hasta que me adapto a las nuevas presiones atmosféricas. Suena raro, pero me pasa).

En Sevilla llevo diez meses. He sufrido dos gastroenteritis víricas, dos gripes (en las tres últimas semanas), una caída que me provocó tendinitis 'pata de ganso', las habituales migrañas de mudanza, varias épocas de afonía y he perdido unos cuatro kilos (que os parecerá poco, pero es que vuelvo a estar por debajo de los 50 y eso no es bueno).

Visto todo, las cuentas no me salen... Vamos, que creo que Sevilla intenta decirme algo y me temo que es que no me quiere... Si ya sabía que la reconociliación con mi ciudad no iba a ser tan fácil, que diez años de querer vivir en otro sitio a toda costa iban a tocar su pobre corazón que, ahora, parece clamar venganza de la más cruel: atacando mi salud.

Porque no me negaréis que tal racha de enfermedades, accidentes y demás (que no pongo las caídas sin daños exagerados, porque total...) no parece casualidad, hay una mano negra detrás...

Pues que sepáis que no me voy a dar por vencida. Que a Dios pongo por testigo que recuperaré toda mi salud, disfrutaré como una enana de mi tierra y recuperaré el peso perdido... Aunque sea lo último que haga.

lunes, enero 07, 2008

Retrospectiva

No estaba muy por la labor de hacer un balance de 2007. Mis ánimos preferían seguir anclados a este presente al que me estoy aferrando con las dos manos porque pasado y futuro se me difuminan en la mente y me dejan los pies colgando. Pero Unaexcusa me hizo cambiar de idea, al comentarme, básicamente, que aunque un suceso haya eclipsado a otros, realmente he vivido muchas cosas que merecen recordarse.


Veamos, la Nochevieja de 2006 estaba en Asturias, tras un viaje en bus de doce horas, y con una gripe que me impidió ir a celebrar el Año Nuevo con amigos. Los mocos y la tos también me impidieron tomarme las doce uvas, por primera vez en años, por lo que quizás ese fue el motivo de que mi deseo (que mi destino fuera en Asturias) no se cumpliese.


De manera que me las deseaba yo muy felices por haber aprobado la plaza con un buen número y el uno de enero me imaginaba con este trabajo estable, con un piso en propiedad (del banco, ya saben), elegido con mi pareja y con el amor rebosando por los poros...


Pero llegó febrero, y me mandaron para Sevilla. Y aquí que me vine más triste que la mar (definitivamente 2007 ha sido un gran año de lágrimas) y sin parar de moverme para poder volver a mi 'tierra querida', para estar al lado de la persona por la que dejé mi ciudad natal con la idea de que fuera para siempre. Esta vez decidí que, a pesar de la distancia, las condiciones, la putada de estar de nuevo separados tras dos años de convivencia; sería feliz mientras estuviera en Sevilla... Y resultó que empecé a serlo tanto, a sentirme tan libre, a agobiarme tanto por pensar en la que se suponía que iba a ser mi vida futura, que llegaron las dudas.


Dudas, silencios, discusiones, malos entendidos, malas explicaciones (supongo, porque aún no se me entiende), el peor verano de mi vida y la conclusión fue que se terminó. Que seis años de amor pasaron a ser un cariño que no dejo de sentir, pero que no es suficiente para aceptar compartir el resto de mi vida con una persona.


Y todo esto en una cabeza, la mía, como siempre llena de contradicciones. Porque he sido y soy muy feliz y muy triste a la vez; me siento querida y abandonada; segura y perdida; decidida y con la insoportable duda de hacia dónde me dirijo...


Mientras tanto, me reencontré con amigos, disfruté de viajes continuamente aplazados, descubrí que a veces, felizmente, me desbordo, hice cosas que jamás pensé que haría sin ningún remordimiento, conocí a personas maravillosas (a ver si se quedan por algún tiempo), aprendí capoeira (poquita, lo sé), me quité lastres que sólo yo me había impuesto y descubrí que la edad no es un impedimento para vivir la vida, que me puedo cuidar mucho y bien y que es estupendo ser como soy.


Y está claro que la tristeza sigue rondando mis ojos, y las dudas. Pero también sé que, en un tiempo, veré 2007 como un año tremendamente positivo sin ningún asomo de duda. Porque, en todo, lo he vivido apasionadamente, que es como me gusta.

domingo, enero 06, 2008

Berlín

Pasear por Berlín me ha provocado sentimientos encontrados. Mi primera impresión fue agridulce, porque la iluminación escasa (respetuosa con el medio ambiente, me encanta) en una ciudad desconocida a las once y media de la noche sin un alma por la calle a quien preguntar siempre da algo de intranquilidad... Tonta, porque me sentí luego relajada y segura. El calor del hotel me hizo replantearme mi primera impresión, y salí a la mañana siguiente con el ánimo elevado y los pies flotando por la felicidad de estar allí.


Pero parecía que Berlín se me iba a resistir, la Puerta de Brandenburgo fue una desilusión ¡Qué pequeña! Y con tanto preparativo para la Nochevieja desluciéndola un poco, fue como cuando vi a la Cibeles la primera vez (lo sé no son comparables, pero el sentimiento sí), que me quedé más planchada... Pero sabía que la ciudad no me podía defraudar, bastaba con dejarse llevar por ella...





Pasear por los alrededores de la Puerta de Brandenburgo es descubrir la solemne majestuosidad del monumento al Holocausto, representación, en mi opinión, bastante fiel del absurdo de un exterminio por motivos equivocados (cualquier matanza siempre es equivocada) y recuerdo perenne de que no deberíamos estar permitiendo que se repitiera.



Y también es conocer el Reichstag (sede del Bundestag o parlamento alemán), con la cúpula de cristal diseñada por Norman Foster y a la que no subí para disfrutar de las vistas de Berlín a mis pies por culpa de mi horroroso vértigo y la cola, que era enorme. Pero no me hizo falta subir, el edificio en sí, y su ampliación megamoderna al otro lado del río, con sus cristaleras, su actualidad radical, ya me cautivaron, como lo hizo el paseo hasta la residencia de la señora Merkel, y es que un parque berlinés (Tiergarten es la leche) es para mí sinónimo de bosque, o casi.





Así que, la desilusión de la puerta de Brandenburgo fue borrada de mi cara por una sonrisa de 'esto es increíble' que continuó mientras andaba entre las diferentes embajadas, me acercaba a la Postdamer Platz y empezaba a percibir la vida de una ciudad, aparentemente callada y casi solitaria (¡qué poquita gente por la calle!), pero realmente vibrante y cautivadora.









Ver la puerta de Brandenburgo tiró uno de mis mitos, pero de forma negativa. Sin embargo, escuchar el alemán me derribó otra concepción errónea, porque el idioma no me pareció tan duro escuchado detenidamente. Complicado sí, pero no tan seco como siempre me pareció.




Y ¿qué decir de la isla de los museos? No entré en todos, me saturo demasiado rápido ante las obras de arte, pero hice caso a Moony y no me resistí a contemplar cara a cara a Nefertiti, que parece que te va a hablar en cualquier momento, y de belleza cautivadora.






El Museo de Pérgamo también me dejó sin aliento, y un simple paseo entre esos majestuosos edificios me hicieron pensar en otras épocas, en otras formas de pensar, en el continuo intento del hombre por permanecer, ser recordado, atrapar todo lo que pueda ser riqueza (ahora no parece estilarse, pero antes la cultura era un valor en alza, saquear culturalmente una nación era dejarle sin su pasado, sin su historia, sin su propia identidad).






















La Alexander Platz me dio frío, mucho frío... Pero es que todo es de grandes dimensiones, porque la Columna de la Victoria, Siegessäule (a la que tampoco subí, este miedo a las alturas me tiene frita), ahí, tan inmensa en mitad de la nada que no es la nada, es la ciudad, pero que destaca... No tengo palabras para describirlo...





Por supuesto no pude irme sin la 'original' foto junto a un trozo de muro, en este caso el cercano al Check Point Charlie, antiguo límite entre la zona americana y la soviética. Lo han reconstruido y no sé si realmente eso le ha hecho perder su encanto, porque ahí estábamos todos los turistas como tontos intentando sacar una foto sin que saliera otro turista... Creo que un poco lo logré.


Me faltaron por visitar algunas de vuestras recomendaciones, los palacios, por ejemplo, pero creo que he vivido bastante Berlín, por los paseos, las visitas a museos, las salidas nocturnas, las comidas (sí probé el mangolassi: de rechupete)... Vamos, un viaje para recordar.

sábado, enero 05, 2008

Frohes neues Jahr!

O como diríamos por aquí ¡feliz Año Nuevo! Mi viaje a Berlín ha sido genial, estupendo, maravilloso, justo lo que necesitaba. Es curioso como algo puede provocarte algunas cosquillas en el estómago y, en un plis plas, darte cuenta de que has encontrado gente de la que podrás ser amiga para toda la vida. Las dudas sobre si se puede reír más de cuarenta y ocho horas seguidas son despejadas y entras al Año Nuevo no sólo con el pie derecho, sino de cabeza y con el completo convencimiento de que será un gran año...




Lo que os decía, que me fui a Berlín con un cierto temor porque no conocía a todo el mundo que iba, y allí descubrí que los amigos de mis amigos son encantadores, que los alemanes no son tan siesos como los había imaginado y que me encanta aunar costumbres de despedida y bienvenida del año.
Porque este 31 de diciembre no sólo he seguido las tradiciones españolas para entrar a 2008 con buen pie, también las alemanas, así que, ¿cómo podrían estropearse los próximos doce meses?
Comenzó la noche con una cena de Nochevieja extraña, en un kebab, y continuó (¿cómo se puede comer tanto?) en casa de un amigo de un amigo (ya sabéis, las mejores fiestas). Allí probé el dulce típico de Año Nuevo alemán, que es como un donuts relleno de mermelada de cereza, pero mucho más ligero (y tanto, que pensé que no podría con el primero y acabé comiéndome dos).
Cerca de las doce de la noche todos callamos y nos sentamos para ver un viejo clásico. Supongo que este corto será para ellos como es para nosotros '¡Qué bello es vivir!', sólo que en un tono de risa que, a pesar de saber los diálogos de memoria, no pararon de oírse las carcajadas...




Después de las risas tocó subir a la azotea, nosotros, los españoles, a tomar nuestras doce uvas al son de mis gritos (es lo que tiene no tener canal internacional); los alemanes a tirar cohetes, fuegos artificiales y petardos como si de profesionales falleros se tratasen. Y es que están locos estos germanos, que diría Obelix, porque celebran el Año Nuevo lanzando fuegos artificiales desde sus ventanas, azoteas, calles y patios en un no parar durante al menos 20 minutos, entre abrazo y abrazo y trago de cava, cerveza, whisky, vodka o lo que se tercie. Así que, después de engullir nuestras doce uvas nos unimos a la fraternidad, a los abrazos, las risas y las miradas alucinadas de tanto juego de color en el cielo... Claro que, al no ser profesionales hay sus accidentes, porque a Anthony casi le deja sin cabeza un cohete que no explotó y cayó a la azotea a plomo...





Al bajar toca seguir otra tradición: bleigießen. Se trata de fundir al fuego de una vela una figurita de plomo (en mi caso unas flores) y lanzarla al agua fría. La figura que se forma es un augurio para 2008. En mi caso, el alien extraño que se formó, visto en sombras, que es lo que se hace, supuso, según Al. el avance de que este año visitaré París... Y yo no lo llevé la contraria, oye, que aún no conozco la capital francesa...



A pesar de todo lo que habíamos comido y bebido (soy abstemia pero me harté de agua y zumo je je) aún había ganas de marcha, y nos fuimos a uno de los sitios más cool en los que he estado. Los berlineses, que lo aprovechan todo, han recuperado una zona industrial en decadencia para convertirla en una zona de marcha con las discotecas más in del momento. Con un frío que pelaba nos tuvieron esperando, pero mereció la pena ver a los alemanes botando con ritmos españoles, porque sí, pusieron música de Manu Chao (ya sé que es internacional, pero canta en español), Lucrecia (quién me lo iba a decir) y alguno más que, cómo comprenderéis, no recuerdo.


En fin, que volvimos al hotel embriagados de Berlín, de su marcha y contentos de haber entrado a 2008 con tan buen pie.

Prometo actualizar con más fotos de esa noche, es que hicieron más mis compañeros de viaje y me las tienen que enviar...

miércoles, diciembre 26, 2007

Podría ser Navidad

Y sueño despierto ante las maravillas del mundo. Nadie parece verlas y mi sonrisa es observada con cautela, temor, dudas, rencor, tal vez, por no comprender el origen. Y mis ojos logran encontrar a otros que miran y descubren que hay belleza, que detrás de todo, sigue la belleza que parecen querer ocultarse en sí mismos para no ser vulnerables a la dulzura del otro, que también se oculta para huir del propio miedo, cuando lo que hacen es adentrarse en él hasta lo más profundo y perder su esencia.

Sin embargo, el perfume del amor lo embarga todo hasta llenar los pulmones, si bien parece que son unos cuantos los que deciden darse por enterados. Afortunadamente, allí están para zarandear al resto del mundo con un salto al infinito que logrará arrancar las sonrisas del más aguerrido actor del desengaño, porque nadie puede resistirse a la mano tendida sinceramente, a la mirada que abraza sin decir palabra, a la frase sincera que solo quiere querer.


Entonces el sol brilla más alto, la luna engaña a las sombras y las estrellas dejan continuos mensajes cifrados que ahora son entendidos por todos, porque por fin todos miran al cielo para descubrir que son pequeños, pero grandes porque en cada uno de ellos está la posiblidad de cambiar lo que no es del agrado de quienes saben que no están en un valle de lágrimas, sino en un camino serpenteante en el que recoger los gajos de felicidad, mientras la reparten a manos llenas, porque lo que no se comparte no se recibe, porque no hay egoísmo que dé alegría.


Podría ser Navidad, pero no lo es, porque dos semanas no bastan para que el mundo dé una vuelta completa, pero con dos segundos es suficiente para arrancar la pereza del espíritu y llevar el alma hasta donde quieras.

domingo, diciembre 23, 2007

Queridos Reyes Magos


Todos los años escribo mi carta a los Reyes Magos. Lo dejé un tiempo, pero luego lo retomé hace seis años, como un juego de pareja, como una forma de retomar la ilusión de la infancia. Normalmente está cargada de deseos propios, pero este año, como ya no está cerca la persona para quien la escribía, y me he dado cuenta, además, de que está comenzando a haber demasiadas etiquetas 'yo' en este blog, he decidido cambiar mi forma de escribir esa misiva.

Esta vez no será manuscrita, será mecanografiada, y no será para pedir las cosas que quiero para mí, sino que voy a intentar agradeceros todas vuestras visitas con mi regalo para vosotros: un deseo para el próximo año. Mi primera intención era personalizar en cada uno, pero me temo que sois ya muchos (soy afortunada de poder leer a tantas personas que escriben tan bien).

Así que lo que les voy a pedir a los Reyes Magos es que cada uno de vosotros encuentre aquello que está buscando, conserve lo que le dé ahora la felicidad, descubra la riqueza que tiene al lado, se sienta amado y pueda vivir cada momento intensamente, porque es así como se debe vivir la vida.
Un enorme beso para cada uno y ¡FELIZ NAVIDAD!

jueves, diciembre 20, 2007

Berlín


Ya puse por aquí que estoy haciendo un montón de esas cosas que nunca hice. Patinar fue una de ellas, pero otra, creo que bastante más interesante, es que esta Nochevieja me voy a Berlín. ¿Qué hay de novedoso en esto? Que nunca pasé esa fecha fuera de España ni lejos de familia o amigos, que me voy con un grupo de gente bastante numeroso del que sólo conozco a una persona (gracias Anthony por la propuesta), y que es la primera vez que voy a Berlín.



Y ahí es donde quería llegar. Me había propuesto buscar visitas, lugares dónde comer, beber y divertirme antes de hacer el viaje, pero se acerca la fecha de mi partida (el 29 de diciembre) y como soy un desastre lo más que sé es que hablan alemán allí y que hay que ver la puerta de Branderburgo... Total, que me he dicho, aquí todos mis comentaristas habituales y alguno nuevo son unas gentes viajadas y conocedoras del mundo, así que, seguro, pueden darme alguna indicación de valor para que mi viaje sea aún más especial de lo que está siendo (y eso que aún sigo aquí).

De manera que os pido que si alguno fue a Berlín y me puede decir algo que me ayude a disfrutar aún más de mi estancia, pues eso, que me deje un comentario que yo agradeceré mucho.

¡Dios! ¡Aún no me creo que vaya!

lunes, diciembre 17, 2007

Me gustaría saber muchos por qué, escucharlos, leerlos, percibirlos, entenderlos, manosearlos hasta gastarlos por haberlos asumido completamente, hasta que no me importaran.
Me gustaría que ya no tuvieran ninguna importancia, que no hubieran aparecido en mi mente desvelando mis noches en preguntas sin respuesta, círculos viciosos, divagaciones sobre qué te movió, cuando seguramente ni siquiera tú sabes qué te movió, porque realmente te quedaste quieto.
Y los otros, el resto de porqués se rebelan y saltan a la palestra cuando aparecen los nuevos que te rodean. Y ya no puedo dormir, porque se apretujan lágrimas, risas, recuerdos incompletos porque preferí olvidar, personas que vinieron y fueron, las que quedaron sin estar, las que están sin quedarse cerca; situaciones repetidas una y mil veces para intentar borrar la verdadera, razones que no aparecerán nunca porque, seguramente, no hay motivos que entender, solo hechos pasados que valdría más olvidar, como debería olvidar tu presencia, o ¿debería decir ausencia?

sábado, diciembre 15, 2007

Mis ojos no te miran porque yo no miro al suelo

Frase lapidaria donde las haya y que me ha cambiado la vida. Bueno, exagero, pero creo que es una gran expresión. Así que, con mi agradecimiento a Pasaelmocho, que me la brindó gracias a su impagable Plumas y hits, aquí os dejo de donde sale tan memorable sentencia. Y hay que decirla con garbo.


Para los que queráis corearla:

No,

No mires a tu alrededor

Ni busques en tu corazón

Excusas baratas, tú

No tienes perdón

No trates de recuperar

Historias que me hagan llorar

Mis lágrimas son de hielo

Ya no miro atrás

Ahora

Mi cabeza bien alta va

Mis pies sólo quieren caminar

Mi cuerpo me pide guerra

La pienso encontrar

Ahora no me quiero rendir

Tus ojos no me hacen sentir

La puerta la tengo abierta

Y voy a salir

Miénteme o engáñame

Porque mi vida sólo cambia

Si me cambias los recuerdos

ahora lárgate, despídete

Porque mis sueños te han borrado

tú lo sientes, lo presiento

Y piérdete, olvídame

Es que mis ojos no te miran

Porque yo no miro al suelo

Esfúmate: tu nombre se borró

Escápate: no tienes solución

Sí, ahora tengo yo el control

Se te acabó la diversión

Perdiste tu tiempo, ya

Me siento mejor

Recoge tu desilusión,

Tus trapos y tu falsa moral

La suerte cambió de dueño

Llegó tu final

Miénteme o engáñame

Porque mi vida sólo cambia

Si me cambias los recuerdos

ahora lárgate, despídete

Porque mis sueños te han borrado

Y tú lo sientes, lo presiento

Y piérdete, olvídame

Es que mis ojos no te miran

Porque yo no miro al suelo

Esfúmate: tu nombre se borró

Escápate: no tienes solución

La verdad es que nunca he sido mucho de Marta Sánchez (sí de Alaska), pero es que esta canción no sólo tiene esa frase, tiene otras muchas, no sé si por el momento que vivo o porque todas nos encontramos situaciones así a lo largo de nuestra vida. En cualquier caso, espero que la disfrutéis tanto como yo.


La esperanza es lo último que se pierde. La esperanza es verde. No, es naranja, roja, amarilla, lila, rotunda, multicolor porque puede inundarlo todo, iluminarlo todo, secar las lágrimas, levantar los ánimos, provocar sonrisas, recobrar miradas, alzar mundos, acabar palabras inacabadas.
Da igual lo profundo que sea el agujero, la poca luz que se vea al final del túnel, en el corazón siempre queda el minúsculo resquicio que se llama esperanza, raíz imposible de arrancar que da fuerzas en la flaqueza y recuerda que la vida está para vivirla y hay que continuar porque siempre podrá venir algo peor, pero también algo mejor que devuelva a nuestros días el brillo de cualquier tiempo pasado que ahora nos parece mejor, pero que, en su momento, pudo ser tan gris como cualquier foto envejecida por el paso del tiempo al estar olvidada en algún rincón oscuro en el que castigamos los malos sabores que pretendemos erradicar de nuestros recuerdos.
No hay pena sin esperanza porque hay que sobrevivir, pero también porque está en nosotros la capacidad absoluta de reponernos y saber vivir los malos tragos y llegar a convertirlos en buenos o, al menos, transformarlos con el color de la esperanza para alcanzar unas metas mucho más halagüeñas, como es la felicidad que todos buscamos.
Y porque la felicidad está en las pequeñas cosas, la esperanza no necesita más que ese minúsculo espacio para germinar y crecer, poco a poco, desde el corazón hasta extenderse por todo el cuerpo y atacar el alma que se siente decaer. Cuando llega al espíritu es ya imposible desprenderse de ella. Deja de ser esperanza para ser realidad, porque vivimos lo que nos hizo mirar más allá de lo que provocó la despesperanza o la tristeza, miramos a la luz que creíamos perdida.

Suntzu me pidió que escribiera de la esperanza, pero más que escribirla puedo sentirla, porque siempre la he tenido, porque siempre me he apoyado en ella.

Cosas por hacer

Éste se está convirtiendo en el año de hacer muchas cosas por primera vez, o de convertir en realidad todos los proyectos que siempre fui retrasando en mi vida. No es que tenga una lista, ni siquiera un propósito claro de acabar con las tareas pendientes, pero el caso es que pasan los días y veo con felicidad como supero retos o cumplo sueños tantas veces relegados.




Esta semana le ha tocado el turno a los patines. Desde pequeña quise patinar. Soñaba con esos patines blancos de bota y cuatro ruedas que tenían muchas de mis compis de colegio y que jamás logré. De hecho, la única vez que salí a patinar de niña llevaba unos cacharros antiguos de metal que hacían más ruido que deslizarse y con los cuales me caí (a pesar de su poca rodadura) como diez veces de culo, suficientes para decir 'nunca mais'.

Pero gracias a mi hermana pequeña (que ha cedido sus patines gustosamente) y un amigo que ha insistido hasta lograr sacarme a la pista (después de decirle yo '¿patinas?, me tienes que enseñar' hace semanas, pero luego, como siempre, no decir ni mú), el pasado jueves decubrí que hay otro deporte más que me gusta (debo reconocer que ésto ha asustado a más de uno que conozco).

¡Como me mola patinar! ¡Cómo disfruto dando vueltas tontas! ¡Que me encanta la sensación de comprobar que voy controlando los patines, que me puedo emocionar y acelerar un poco más y mirar al frente! ¡Cómo me he reído!

En tres horitas pasé de ir 'madre que me la pego, yo mejor no me deslizo, apoyo los patines' a '¿y si pruebo a dar la vuelta hacia el otro lado?; ¡uy, voy a mirar para el frente que estos vienen muy acelerados y mis pies no me avisan de que se acerquen!'. Es ¡tan divertido!

Sólo me caí dos veces, una porque descontrolé un poco y posé mi culo en el suelo con cierto estruendo (mis huesos, que suenan mucho y no tengo tanta amortiguación desde que adelgacé) y la segunda porque mi amigo insistió en que me tirara para quitarme el miedo (que es verdad, que no duele, que no pasa nada si te caes).

Así que tengo tarea nueva: encontrar un día entre semana para dedicarle al patinaje y no dejarlo, porque, como dice mi amigo (un sol, dijo asombrarse de mi rápida adaptación a patinar), en un mes quiero unos patines de los buenos y empiezo a probar ¡¡con las volteretas!!!!

A este paso, voy a tener que buscarme nuevos sueños y retos, porque no pienso volver a aplazarlos.
P.D.: Gracias a mis compis de desayuno que aguantan mis subidones y mis paranoias cada vez que descubro otra cosa que me hace disfrutar. Son muy pacientes y lo mismo hasta se animan a venir conmigo.

lunes, diciembre 10, 2007

Cadáver exquisito

Primero pongo el último párrafo que me ha dejado Suntzu:

"De todas formas" pensó, "tampoco es para tanto".Mira tú por dónde, en una vuelta de tuerca inesperada el asqueroso brebaje había hecho el trabajo sucio por él. Pero antes de lo previsto.No había tenido tiempo de rematar su plan.Una sonrisa burlona asomó a sus labios. "La pesada de S. y sus planes de boda. Hay cada loca suelta por ahí...". Ahora estaba libre de nuevo. Libre...y a la caza de una nueva presa.

Ahora añado mi aportación, sólo incluyo el último párrafo de lo que he escrito, el resto lo colgaré cuando continúe quién sea:

Pero Sir Robert no quiso seguir pensando en kefir ni en bodas, sino que salió rápidamente de la habitación en la que reposaba el cadáver y dirigió sus pasos hacia la casa del Principal, donde la hija de este mandamás sin escrúpulos le esperaba ilusionada como una colegiala y pensando que se encontraba enamorada de un gran astronauta que le llevaría a su luna particular.

viernes, diciembre 07, 2007

Maravillosa criatura

No sé por qué esta canción me llega al corazón, me revuelve por dentro y me da esperanzas, o no. No sé, el caso es que me encanta y quería compartirla. Espero que la disfrutéis tanto como yo.



Y aquí va la letra:
Molti mari e fiumi
attraverserò,
dentro la tua terra
mi ritroverai.
Turbini e tempeste
io cavalcherò ,
volerò tra i fulmini
per averti.
Meravigliosa creatura,
sei sola al mondo,
meravigliosa paura
di averti accanto,
occhi di sole
bruciano in mezzo al cuore
amo la vita meravigliosa.
Luce dei miei occhi,
brilla su di me,
voglio mille lune
per accarezzarti.
Pendo dai tuoi sogni,
veglio su di te.
Non svegliarti, non svegliarti ancora.

Meravigliosa creatura,
sei sola al mondo,
meravigliosa paura
di averti accanto.
Occhi di sole,
mi tremano le parole,
amo la vita meravigliosa.

Meravigliosa creatura,
un bacio lento,
meravigliosa paura
di averti accanto.
All’improvviso
tu scendi nel paradiso.
muoio d'amore meraviglioso

jueves, diciembre 06, 2007

Espejismos


Siempre veo espejismos, nunca entiendo la realidad que me rodea, o la entiendo de otra manera. Camino con pasos seguros por terrenos pantanosos ignorando las tierras movedizas porque no sé de su existencia, ya que mis ojos parecen cegados por las luces que sólo yo consigo ver en un mundo más gris que rojo, más oscuro que naranja, más cerrado que espacio infinito.

Malinterpreto sola o acompañada, aunque la soledad es una buena opción para vivir en un lugar que es sólo mío y en el que pocos entran, porque serían incapaces de encontrar el camino hacia la lucidez extraña que marca mis pautas y señala las rutas retorcidas que son rectas en semejante entorno de maravillas que no son más que imágenes difuminadas de una existencia real por estar en el mundo, irreal por imposible si no fuera porque la estoy viviendo a cada segundo, a cada latido de mi corazón, últimamente demasiado disparado como para pretender aplacar sus ansias de saltar dentro de mi pecho para dejar de marcarme los momentos que debía, al convertirse en una continua alarma.

Sueños hechos realidad que son, en realidad, oníricos momentos vividos con los ojos cerrados, porque abrirlos habría supuesto romper la magia que me llevó a creer en lo que no es cierto, porque sé que no creo, sólo intuyo espacios en blanco que relleno con lo poco que me queda después de haber emborronado cientos de páginas que cuentan muy poco de lo que en realidad soy, y podría llegar a ser la estrella que ilumine mis noches, salvo por el pequeño detalle de que es la luna la que rige los vaivenes del estadio onírico en el que parezco encontrarme cuando froto mis ojos y no encuentro la explicación que estoy buscando, porque las palabras de otros murieron en sus bocas antes siquiera de que llegasen a pensar que debían pronunciarlas.

Explicaciones innecesarias que todos buscamos una y otra vez, quedándonos con las ganas de agarrar la mano tendida hacia otro lugar para apartarla del camino y llevarla al reservado en el que queremos revisar cada centímetro de alma para ver si logramos comprender lo que se nos ha sido negado, ocultado o callado por los motivos que no entenderemos, aunque rebusquemos en los lugares equivocados.

martes, diciembre 04, 2007

Supongo que algún día dejaré de llorar. Bueno, lo sé. Sin embargo, no hago más que encontrar retazos de ti que llevan las lágrimas a mis ojos de manera incontrolable y en los sitios más insospechados. Me gustaría que fueran las hormonas, pero sé que ninguna regla dura tanto, sé que es lo que toca porque, como me dicen por ahí, me ha llegado el luto y hay que pasarlo.

No sé qué ha sido más difícil, pero está claro que mi situación no lo está siendo, porque nunca me ha gustado ser la mala (que me da igual lo que digan muchos, que lo soy, lo sé, lo asumo), porque no soy mala y todo lo que hago es por intentar que ninguno sufra, que las cosas sean fáciles.

Y olvido fechas por no recordarlas, y evito mensajes por no hacernos más daño, y dejo a un lado el teléfono para que las voces no se quiebren.

Sigo, continuo, levanto la cabeza, me visto de sonrisas y aparco los pensamientos que me golpean porque sigues ahí y tendré que hacer más pequeño mi espacio hasta que sea capaz de no temblar sólo por ver tu nombre.

Y dudo de todo, sabiendo que no dudo, que estoy firme en mis convicciones (Alaska me ha enseñado mucho), pero que duele, duele, duele, duele y el corazón se encoge dentro del pecho, y las noches se vuelven a hacer largas, y los días pasan eternos, y la desesperanza acampa a sus anchas, aunque cada vez le dejo menor espacio porque amar es demasiado grande como para que se acabe en una persona.

Si el amor tiene fecha de caducidad, deberían ponérsela también al desamor, al menos así tendría el consuelo de un día concreto en el que me despertaré y sabré que pasará el día y no pasará nada, que leeré tus palabras y ya no serán afiladas, que pensaré en lo que sea y no vendrán las lágrimas.

Foto de Joana Miranda, extraída de http://www.olhares/.com

lunes, diciembre 03, 2007

Gracias Sagutxo

Desde esta tarde estreno nuevo diseño, más limpio, más claro, más naranja en algunos aspectos y con títulos más grandes, como alguno pedía por ahí. Todo ello por obra y gracia de las manos, la mente y la gran generosidad de Sagutxo, a la que he robado parte de su tiempo de descanso para que convierta mi espacio en algo más límpido.
Así que, muchas gracias Sagutxo, por haber embellecido mi pequeño hogar internauta y por aguantar, encima, mis exigencias. Ahora sólo queda seguir llenando de palabras la claridad que ahora tiene este blog.
Y a los demás, ¡que lo disfrutéis tanto como yo!

domingo, diciembre 02, 2007

Añoranzas


Te echo de menos. Aunque haya sido yo la que ha decidido salir de tu vida, aunque sepa que es lo que tenía que hacer. Te extraño. Extraño tus miradas de enamorado, que se habían perdido en los primeros días de estos años y que añoraba antes de dejarte atrás, de dejarme marchar.

Echo de menos tus caricias. Esas en las que cogías mis manos, jugabas con mi pelo, me hablabas sin palabras... Me pregunto por tus sonrisas, las que contestaban a las mías o las que me arrancaban de mi abatimiento, las que dejaste de prodigarme porque nuestra vida se convirtió en recriminaciones, porque tampoco yo sonreía.

Añoro tus palabras, las que me hacían reír, las que me hacían pensar, las que me acompañaban en mis dudas, las que daban consejos sin darlos. Extraño nuestros silencios, los que decían tantas cosas, los que nos hacían sonreír porque estábamos al lado.

Echo de menos todo tú, porque marcaste mi camino, porque tiré de tus pasos, porque caminamos juntos y construimos algo.

Pero no extraño las diferencias, ni las discusiones, ni las desilusiones por esperar algo que nunca tendría, que no llegaría jamás porque nunca te has dado cuenta, porque no supe explicarlo, porque lo expliqué y no supiste verlo.

Te añoro y sé que dejaré de hacerlo, porque engrandeciste mi corazón, pero también lo dañaste como solo quien ama puede ser dañado.

Pero ahora te extraño, y el nudo que ata mi garganta sube como lágrimas hasta mis ojos y me gustaría que este tiempo acabara, porque dura demasiado para permitir que mi alma pueda reconciliarse con todo lo que de ti amo y seguir el camino en el que algún día podamos encontrarnos sin recriminarme lo que ahora hago.

Rien de rien

Non!

Rien de rien...

Non !

Je ne regrette rien

Ni le bien

Qu’on m’a fait,

Ni le mal,

Tout ça m’est bien égal!

Non!

Rien de rien...

Non !

C’est payé,

Balayé,

Oublié,

Je me fous du passé !

Avec me souvenirs

J’ai allumé le feu,

Mes chagrins, mes plaisirs,

Je n’ai plus besoin d’eux !

Balayé les amours,

Avec leurs trémolos,

Balayés pour toujours

Je repars à zéro...

Non!

Rien de rien...

Non !

Je ne regrette rien

Ni le bien

Qu’on m’a fait,

Ni le mal,

Tout ça m’est bien égal !

Non!

Rien de rien...

Non !

Je ne regrette rien

Car ma vie,

Car mes joies,

Aujourd’hui,

Ça commence avec toi !

Simplemente me apetecía...

sábado, diciembre 01, 2007

Costumbres

Es curioso cómo nos acostumbramos a las cosas y no nos gustan que cambien. Nos fastidia que cierren nuestra cafetería habitual, que trasladen nuestro kiosco, que reorganicen las tiendas y supermercados a los que acudimos normalmente... Y si se trata de personas, peor todavía.
Últimamente se están yendo de mi vida, o alejando algo, bastantes personas. Algunas muy cercanas, a las que me está costando mucho decir adios.
Otras, son conocidos, pero con los que he conectado, que se han hecho parte de algunas de mis rutinas. A estos los echaré mucho de menos, aunque ellos no se den cuenta o no lo entiendan, porque nuestros contactos hayan sido esporádicos. Pero son personas que han hecho por mí algo muy importante, y no se han dado cuenta. Sólo por estar ahí y ser como son han contribuido bastante a mi reconciliación con mi ciudad, con mi pasado, para hacer posible y más fácil mi presente.
La gran mayoría de ellos se han ido porque han encontrado algo mejor, para su vida personal, profesional o ambas, y me alegro muchísimo por ellos, pero eso no resta que sienta algo de pesar en mi corazón, porque sé que, aunque se queden cerca, no será lo mismo.
Además, a ellos se unirán pronto otros, no por su partida, si no por mi traslado. Y sé que algunos quedarán y seguiré viéndolos, pero el resto se perderá entre aquellos que un tiempo vi a diario...
No me gustan las despedidas y no me acostumbro nunca a que personas que aprecio desaparezcan de mi vida. Sé que cada uno debe tomar su camino, pero me resisto a convertir a personas en meras paradas de descanso, ojeadas al interior de la casa cerrada.
Sé que no puedo hacer nada, pero lo intento todo, a veces funciona, a veces consigues seguir la pista y que te la sigan a ti. Porque no me gusta poner fecha de caducidad a las amistades, porque amigos de verdad hay muy pocos, pero hay muchos que podrían llegar a serlo si nos diéramos mutuamente la oportunidad. Pero es duro arriesgar cuando sabes que te marchas.
Supongo que es la vida. Pero no por eso va a dejar de fastidiar. Supongo que no me acostumbraré nunca. Y, que no lo haga, será una buena noticia.

La nueva Dorothy


Llevaba años queriendo unas botas de estas que parecen de boxeador, pero nunca las compré. Sobre todo me frenaba porque intento que mi estilo vuelva a ser un poco menos informal. Pero, como dice Suntzu (gracias por animarme), estas son mis botas de Dorothy, que combinan mi lado 'macarrita' con mi lado glamouroso.


Y me gustó esa idea. De hecho, nada más me las ponga pienso chocar mis talones, porque, con suerte, caigo en el camino de baldosas amarillas y puedo pedirle al mago de Oz mis deseos. O me puede llevar a mi hogar, que como ahora mismo no tengo muy claro donde está, sería una gran ayuda.


A mi león cobarde, mi espantapájaros asustado y mi hombre de hojalata ya los tengo, afortunadamente desde hace tiempo. Así que me queda matar a la bruja mala (¿del oeste?) y seguir el camino de baldosas amarillas, con sus subidas y bajadas, sus puentes y sus recovecos peligrosos.

Soportaré huracanes y cantaré todo el tiempo, sin importar que miren los cuervos, ni los ratones, porque sola o acompañada tendré mis zapatos mágicos que me evitarán caer en los pozos negros que el mago quiera ponerme en el camino para no descubrir su secreto.

Y, al final, sólo tendré que volver a chocar los tacones de mis zapatos para salir volando y despertar de un sueño que no es más bonito que mi realidad, pero sí más coloreado...