jueves, marzo 13, 2008

Mañana de primavera

El sol resbala sobre mi piel. Lentamente camina sobre mi cuerpo, del cuello se desliza hacia los homóplatos, lentamente, pidiendo permiso. Se acerca a la curva donde comienzan las nalgas y se detiene, calentando mi piel. Tú me miras. Contemplas mi cuerpo bañado por el sol, tendido en la cama con la dejadez del sueño plácido y la confianza. Me miras porque sabes que así despertaré, abriré apenas mis ojos y con el sueño aún prendido en ellos te miraré somnolienta para volver a cerrarlos.


Pero el sólo vislumbre de mi iris lo entenderás como el permiso para acercarte e inclinarte sobre mi cara. Retiras mi pelo con suavidad para dejar al descubierto la curva de mi cuello en el que depositas suavemente tus labios en un beso apenas perceptible, pero que eriza mi piel sin despertarme aún del todo.


Dejas que tu mano recorra el mismo sendero que los rayos del sol para retirar con suavidad la sábana y dibujar en mi espalda las letras que quieren decir todo lo que tu boca calla. Tus labios seguirán a tus dedos con susurros que desperecen mi alma y abran finalmente mis ojos, que te contemplarán con calma.


Mi cuerpo girará buscando al tuyo, decidirás entrar en la cama. Despertaremos juntos en la brillante mañana.

lunes, marzo 10, 2008

Back

No me siento identificada con toda la letra de esta canción. Me gusta, pero sobre todo el vídeo. Porque hay cosas que hay que enterrar así, bien enterradas y en buena compañía, creo. La verdad es que el disco de esta mujer me ha encantado en general. Un poco radicalilla sí que es en algunas de sus letras, pero es que una tiene que ser como se siente, ¿no? Espero que la disfrutéis.



Back to black

He left no time to regret
Kept his dick wet
With his same old safe bet
Me and my head high
And my tears dry
Get on without my guy
You went back to what you knew
So far removed from all that we went through
And I tread a troubled track
My odds are stacked
I'll go back to black
We only said good-bye with words
I died a hundred times
You go back to her
And I go back to.....
I go back to
I love you much
It's not enough
You love blow and I love puff
And life is like a pipe
And I'm a tiny penny rolling up the walls inside
We only said goodbye with words
I died a hundred
go back to her
And I go back to
Black, black, black, black, black, black, black,
I go back to
I go back to
We only said good-bye with words
I died a hundred times
You go back to
I go back to
We only said good-bye with words
I died a hundred
go back to her
And I go back to black

Back to black, del disco homónimo de Amy Winehouse

sábado, marzo 08, 2008

Votar

Mañana hay elecciones. Supongo que os habréis enterado, como para que no. Ni siquiera yo, siempre dispuesta y luchadora empedernida para evitar cualquier información acerca de lo que hacen los que se suponen que lo hacen por nuestro bien, he logrado abstraerme del todo de debates, discusiones, acusaciones y, según mi opinión, poquitas propuestas.
Mañana hay que votar y eso siempre me lleva a la reflexión y a dar, debo reconocerlo, alguna chapa a mis amigos y conocidos que intentan buscar cualquier excusa para no acercarse a su colegio electoral. Y es que elegí bien mis palabras 'hay que votar'.


Ya sé que participar en este juego democrático (siempre me resultó cuanto menos peculiar llamar juego a lo que decide el futuro de un país) es algo voluntario. Es un derecho y no una obligación y cada uno puede decidir insertar o no su papeleta en las urnas. Pero para mí este derecho debe ser entendido también como una obligación, hacia nosotros mismos y hacia los que vendrán después.


Lo reconozco, hace años que voto en blanco prácticamente en todas las elecciones (menos en referéndum). Por mi trabajo conocí, quizás demasiado de cerca, a la clase política, a las estructuras de los partidos, su forma de pensar y actuar, y no me gustó nada. Todas y cada una de las formaciones políticas me parecieron lo mismo, intereses, en su mayoría personales, que poco espacio dejaban para el 'bien común', supuesto objetivo de cualquiera que pueda gobernarnos.


Por supuesto encontré personas maravillosas, trabajadores natos, preocupados por hacia dónde va nuestra sociedad, qué necesitamos y qué se puede hacer para remediarlo, pero eran pocas como para convencerme de votar a un partido.


Sin embargo voto. Voy hasta mi colegio electoral y elijo mi voto en blanco, que no es un 'me da igual' ni un 'regalo mi voto al mejor postor'. Es un grito silencioso contra un sistema que no me gusta, contra unos partidos que olvidan ideales y propuestas y se centran en intentar mantenerse lo más posible a costa de quien sea y como sea.


Pero un grito sólo apenas puede ser escuchado. Por ,por primera vez desde que se abrió este blog voy, a hablar de política.


Os invito, animo, conmino a que mañana vayáis a votar. Los que tengáis una clara tendencia política, al partido que mejor os represente. No obstante, me dirijo sobre todo a aquellos que no sabéis qué hacer, que pensáis que votar no sirve para nada, que la elección será mala de todas formas o que lo que queréis es que cambien todos.


No os quedéis en casa, no os vayáis a la playa o la montaña, o hacedlo después de ir a votar. Acercaros y elegid el sobre vacío.


Porque si todos los escépticos, los que necesitan un cambio, los derrotados por una clase política que poco o nada nos representa a la gran mayoría, votamos en blanco el grito se oirá. No digo que, de repente, todas las formaciones políticas decicidieran replantearse sus principios de actuación en cuanto ostenten el poder, pero sí reflesionarían sobre una gran llamada de atención de nosotros, los que realmente formamos, construimos y hacemos mejorar nuestro país. Un porcentaje considerable de votos en blanco sería un 'que no nos gustáis, que cambiéis, que ya es hora'.


Puede que sea demasiado utópica. Puede que siga confiando demasiado en el sistema. Aún así insisto. Votad. Y si nadie os convence, votad en blanco.

Imagen de www.geocronos.files.wordpress.com

jueves, marzo 06, 2008


Convocaré brujas y hados. Recurriré a magias y pociones. Aullaré a la luna, si hace falta. Recorreré tempestades y amansaré huracanes, navegaré entre tormentas y atravesaré desiertos. Llamaré a todas las fuerzas para que caminen a mi lado. Subiré a las estrellas para robarles sus halos. Raptaré eclipses, aprenderé con magos, revisaré viejos tratados. Permaneceré insomne para robarles sus secretos a las hadas, seguiré arcoiris para atrapar enanos. Sacaré el ánimo de rincones inesperados.

Porque no dejaré que las mareas me arrastren de nuevo a los lugares a los que no quiero volver y me libraré de esas tontas escenas que inventan falsas esperanzas o grandes expectaciones, ilusos espejismos arcanos de mi propia mente que se engaña.

No recorreré caminos hacia adelante que son burlas mal preparadas para hacerme caer por los abismos de espíritus malvados. El cielo, la tierra, el mar y el fuego serán mis aliados para impedir que la naturaleza no siga su curso inesperado.

viernes, febrero 29, 2008

Despierto a medianoche

Resbalar hasta el sueño que me lleve a lugares que desconozco o quizás conozco por haberlos soñado. Dejarme caer hacia la profundidad de una mente que parece no ser la mía porque ni a mí misma me confesaría los anhelos o pesares que se me aparecen en determinadas noches, puede que no más agitadas que cualquier otra, pero distintas.
Y aparecen ante mí personas, situaciones, experiencias tenidas o deseadas vivir, utopías incomprensibles o relatos de una realidad totalmente imposible, aunque lo más recóndito de mi alma recree por considerarla capaz de convertirse en algo palpable, saboreable.

En la duermevela de las madrugadas, cuando decido reposar mi cabeza sobre la almohada, no sé si mis pensamientos son míos o de ese estado en el que podemos dejarnos flotar e inflitrarnos en terrenos pantanosos que nos permiten jugar con ideas a las que no nos acercaríamos desde la lucidez, por temor a que el mundo descubra un espíritu no del todo confesado. Todos necesitamos guardarnos esa pequeña parte de nuestro ser que será solo nuestra hasta el último aliento, porque es la esencia misma de lo que nos hace convertirnos en nosotros, guarida resguardada de ojos extraños que intenten juzgar lo que nunca comprenderían porque no conocen el núcleo mismo de nuestra existencia.

Y, a pesar de todo, me cuesta trabajo dejarme llevar, en el instante mismo en que me alejo demasiado el despertar se hace presente, muchas veces de forma abrupta, para, siquiera entre sueños, me atreva a seguir los caminos que mi propia conciencia veta.

Aún así, a veces, cuando despierto, descubro que he pisado aquellos mundos que otras veces miré con el recelo del miedo de salirme de un camino que sólo yo he trazado.

Imagen extraída de www.blogs.ya.com/miedoavolar

jueves, febrero 28, 2008

Azahar

Sevilla es mi ciudad, pero nunca la he echado de menos. Me parece normal vivir fuera de ella, apenas extraño su gente, sus calles, su algarabía y sus fiestas. Echo de menos a mi familia y amigos, pero no hasta el punto en que se me haga insorpotable la distancia. Con esto quiero decir que pocas cosas me hacen pararme a pensar en Sevilla cuando estoy fuera.




El azahar es una de ellas. Da igual donde esté, que en el momento en que huelo azahar me transporto, el alma se me hincha, el corazón se acelera y siento el hormigueo de algo que me ata a algo recorriendo los poros de mi piel. La primera nota de su aroma me incita a cerrar los ojos y la Giralda se me aparece, y recuerdo los naranjos, y la luz del crepúsculo que rebota en las casas de Triana, mientras lo contemplo desde la otra orilla del río... Y rememoro risas, paseos, confidencias, carreras, amigos, sueños, despertares...


Ahora estoy en Sevilla, pero cuando olí el azahar esta semana me vino la misma sensación. Estoy aquí, pero me sentí fuera por un instante. Al siguiente segundo esa sensación desapareció y permaneció el ansia de una primavera que llega temprano, pero que estaba echando de menos. Saboreé el gusto que me da, por una vez, estar aquí, seguir aquí. Porque tengo mis dudas sobre que esta sea mi ciudad para siempre, aunque sé que lo será eternamente.

domingo, febrero 24, 2008

Buen fin de semana

Me gustan los buenos momentos que no se planean. No creas expectativas, no intentas alcanzar una perfección que nunca llegaría, no pretendes nada, sólo vives. Me gustan esos instantes que se acercan y estás riendo, y puedes mirar a los ojos de quienes te rodean. Y no hay mucho que pensar, porque es vida y no pensamiento.


Supongo que la mala costumbre de mirar hacia atrás provocó a veces la momentánea pérdida de esta sensación de que todo está bien, de que estuvo bien y mejorará también, porque estamos en un ahora y no en un ayer ni un mañana que, con total y absoluta certeza, jamás sería lo que planeamos, diseñamos, dibujamos o nos repetimos porque nuestro propio libre albedrío siempre nos lleva por derroteros nunca exactamente iguales a los que trazamos en una mente en ocasiones demasiado inquieta para reposar tranquila, como lo puede hacer la mariposa sobre el pétalo de la flor que apenas percibe su presencia, sólo siente ese estremecimiento que nos recorre cuando sabemos que estamos bien.

No tiene que pasar nada especial, no pasó nada especial, sólo que las sonrisas son tan importantes que no consigo entender cómo se nos puede olvidar que seguimos aquí, que vivimos aquí y disfrutamos.


Contradictoriamente se unen la paz y el movimiento en el punto que mi cuerpo deja de estar y sigue estando porque es cuando más lo siento y me siento a mí misma, feliz, porque da igual que vengan recuerdos y las dudas insistan en acompañarme. No pesa porque existen estos momentos en los que las imágenes están en la mente y el recuerdo de olores, voces, músicas, movimientos... sin expectativas, sin planes, sin esperanzas vanas se resiste a dejarte, esta vez sin necesidad de atraparlas con artimañas siempre absurdas porque no se retiene nada que debe partir.


Puede resultar increíble lo verdaderamente sencilla que es la vida, como lo es el amor, aunque siempre tratemos de complicarla y complicarlo. Debe ser que los retos nos parecen más divertidos, cuando lo divertido es estar y moverse, quedarse quieto y mirar, correr bajo la lluvia y cantar mientras andas.

jueves, febrero 21, 2008

Es extraño las cosas que me pueden hacer pensar en ti. Lo que me puede llevar a la añoranza. Es curioso cómo entrar en una tienda de decoración, pasear mi mirada por los escaparates de muebles, me provoca un pinchazo tenue en el corazón. Cuando me paro a elegir velas perfumadas, contemplo la ropa de hogar que quiero tener, me fijo en un cuadro..., no puedo evitar pensar en ti (aunque suene a canción). Me golpea entonces nuestro placer por pensar qué vestiría nuestra casa, qué colores darían alegría a nuestras habitaciones. Tampoco se me va de la cabeza cómo convertimos un pequeño espacio en nuestro a base de detalles que aportamos tú y yo, divergentes en gustos, como en casi todo, pero, en ese caso, capaces de encajar estilos, acordar lo que daría calor a nuestro hogar.


Claro, y todo eso me lleva a recordar tu manía por los adornos: el autobús inglés, la moto, el duende, los marcos de foto, nuestra oveja ... A los que, al final y a pesar de lo que te dije, yo les quitaba el polvo, con lo que odio ir quitando adornitos de las estanterías. Pero la mayoría te los regalé yo, como los peluches, nuestros osos que marcaron una época cada uno. Ahora ni siquiera sé si los conservarás, los mantendrás en casa de tu madre hasta que sus nombres se te borren de la cabeza y tu sobrino los maltrate (como todos los niños maltratan a los peluches a su forma cariñosa) y, quizás, dejen de ser lo que un día fueron... Como yo espero que el corazón deje de latir entre mis manos cada vez que lo coloco sobre la cama... Cada vez lo hago menos para no pensar cómo me lo compraste mientras yo te gritaba por teléfono y mi cara cuando llegué a casa y me lo diste...


El caso es que no sé pensar en crear un hogar porque no sé cómo lo haría si no tengo tu opinión al lado. Y la cosa está en que no quiero tener tu opinión porque quiero ser yo la que decida cómo va a ser mi hogar, en esto como en el resto de cosas, en esto como en el lugar en el que decidiré vivir, el ocio que querré disfrutar, los viajes que haré.


Como todo, dejaré de recordarte. Más bien, recordarte no será un pesar, sino un recuerdo. Sólo eso. Y el tiempo dejará de hacérseme tan largo.

miércoles, febrero 20, 2008

A writing


When Chris saw the letter, she knew inmediately what was in it.

The real and plain truth was coming before her eyes: The person who she believed was her mother is a stranger. Chris was left at her door when she was a new- born baby and when Amy found her, she had decided to educate her as own daugther.

Chris was trying not to cry, but tears ran across her face uncontrollably. The day before, she had met a woman who told her that she was her mum, but she hadn't wanted to believe her. Because of this, Chris had hidden this meeting from Amy. But now, the police had confirmed her fears and she had to talk with her adoptive mother.

Fortunately, Chris had her brother with her. He was drinking near to her when her real mother was came to tell her the terrible news. Since that moment, he had been trying to convice her to ask for an explanation. Finally, he had reached his objective.

When Chris asked Amy why she hadn't told her the truth, Amy was crying, because the moment she saw Chris' look, she had understood what she wanted. She explained to Chris that she didn't want the other children laughed at her, and told her that she had always taken care not to make a difference between Chris and her brother.

After a too long conversation, the two women decided to talk to the real mother and try to discover what she wants, 20 years later.


Esta es mi última redacción para mi clase de inglés. Anthony me había dado envidia con todos sus deberes, así que me decidí a colgar esto. Más que nada porque por fin mi profesor ha visto una verdadera mejora en mis 'writing' (me defiendo hablando, pero la escritura me iba regular). Lo más gracioso es que alabó mucho la estructura y la historia, que por supuesto me inventé a partir de la primera línea... Claro, que él no sabe que me paso la vida escribiendo, aunque sea en español. Espero que os haya entretenido, al menos.

domingo, febrero 17, 2008

Déjame vivir

Porque hay veces en que somos nosotros mismos los que nos impedimos vivir tantas cosas...


Déjame vivir
Déjame vivir.... libre
Como las palomas
Que anidan en mi ventana
Mi compañía
Cada vez que tú te vas
Cada vez que tú te vas
Déjame vivir... libre
Libre como el aire
Me enseñaste a volar
Y ahora
Me cortas las alas
Y volver a ser yo mismo
Y que tú vuelvas a ser tú
Libre
Libre como el aire
Déjame vivir... libre
Pero a mí manera
Y volver a respirar
De ese aire
Que me vuelve a la vida
Pero a mí manera.
Y volver a ser yo mismo
Que tú vuelvas a ser tú
Libre
Pero a tu manera
Y volver a ser yo mismo
Que tú vuelvas a ser tú
Libre
Libre como el aire.

sábado, febrero 16, 2008

Me he vuelto a equivocar. Esta semana de sueños agitados ha provocado otro error a cometer contigo. Y no paro. Debe ser que no aprendo a cerrar bien las puertas y tampoco sé seguir mis propios consejos. Ahora sé que no te tenía que haber llamado. Menos mal que luego no te localicé.

Porque en el fondo, aunque sea MUY en el fondo, sé que, digas lo que digas, nada va a cambiar, porque tú, que tanto me repetías que no me decías 'te quiero' porque lo demostrabas, no actuaste, no lo demostraste, porque una pareja somos dos y yo ya había tomado una decisión, según tus palabras, o así lo entiendo yo. Y, esto, ¿nunca se te ocurrió pensar que, precisamente, porque una pareja son dos tú podías haber hecho algo? Debe ser que no, que una pareja somos dos que están dentro de mí, porque si no, no se entiende.

Pero te llamé, y me volví a equivocar. Porque te volví a hacer un daño innecesario, y es que ninguno sabemos explicarnos el uno al otro, y porque el teléfono no es el mejor método para algunas cosas. De otro lado, no puedo evitar, a veces, ese regusto amargo de algo que quedó por hacer o por decir o por explicar. Porque te diría muchas cosas, pero puede que sólo sirvan para hacer daño, y te aclararía qué no debes hacer nunca para no dañar a otra persona, pero otra persona será distinta a mí y, espero que esta vez, más parecida a ti y no te ocurra otra vez lo mismo, no nos ocurra otra vez lo mismo.

Debe ser que repito problemas, y me vuelvo a emperrar en cosas por las que debería haber pasado de puntillas, una vez marqué firme mis pasos. Aunque puede que esta vez haya aprendido, haya conseguido marcar a fuego en mi piel que las imágenes de mis noches, vívidas y tan claras como las reales, no pueden ser la guía de mis palabras diurnas, porque son precisamente y nada más que imagénes provocadas por mis sentimientos, es verdad, pero también por el remolino de sucesos que me ocurren cada día, por el cansancio, el resto de preocupaciones, las palabras oídas antes de dormir...

Así que creo que no volveré a hacerlo. Que se acabó tanto juego macabro que sólo consigue hundirme un poquito más en un barro del que estoy intentando salir desde hace ya demasiado tiempo como para no darme cuenta de que no me puedo equivocar tantas veces seguidas. Prefiero ni pensar qué puedo estar haciéndote a ti.

Esta semana me acostaré relajada. Me pondré música alegre y suave que calme mi cabeza y le diga a mi cerebro que el mundo es de colores, para que mis sueños se tiñan con ellos.

Imagen obtenida en www.bocadosderealidad.files.wordpress.com

viernes, febrero 15, 2008

Soy bruja

Siempre he pensado que soy un poco rara. Que mis intentos infantiles por ser telépata podrían haber afectado a mi cerebro, que las extrañas conexiones mentales que tengo con diferentes personas podrían ser algo más que casualidades... Y esta semana lo he confirmado: soy una bruja.
Todo comenzó el pasado miércoles por la noche, cuando me acosté tardísimo y pasé una noche muy agitada. Finalmente me desperté sobre las siete de la mañana con una extraña sensación en el cuerpo, hasta que conseguí recordar mi sueño:

Un grupo de quinceañeros incontrolados entraba en mi oficina y se ponía a revolverlo todo, tirar cosas por el suelo, y, pillándome a mí dentro, me obligaban a cargar con material de arriba para abajo para llevárselo ellos.

Entre el sueñecito de las narices y que sólo dormí cinco horas, me dirigí a mi trabajo con una caraja impresionante y pensando en que cómo iba a atender al público, me tocaba porneme en información, con la cara de muerta que tenía. A la vez, reflexionaba sobre la paronoia de pensar que unos quinceañeros revolvieran mi oficina y yo intentara huir yendo a la casa de mi ex...

Y llego a la oficina, y mis compañeros me dicen '¡No toques nada. Han entrado a robar!'.

De verdad, no os podéis imaginar mi cara cuando oigo eso. Lo primero que pensé era en cómo narices se habían enterado de mi sueño para gastarme la broma, pero no, insistieron, era verdad y pude ver cajones abiertos y pantallas de ordenador por el suelo. No me lo podía creer, quizás la entrada en la oficina se produjo a la vez que soñaba con eso mismo en mi casa, tranquila por pensar que no era más que un sueño...

Claro, mis compañeros al enterarse empezaron a decirme que soñara con que aprueban las oposiciones, o con los números de la primitiva, que más quisiera yo.

En cambio, la policía (que vino cual CSI para tomar huellas, aunque sin Warrick ni Grissom) me ofreció trabajar para ellos, porque dicen que si sigo con sueños premonitorios no les vendría mal ayuda extra...

Por cierto, que los amables agentes me explicaron que tanta serie policial sí que ha hecho daño, porque ahora hasta el ladrón más pringado se pone guantes y, de las huellas, han pasado al ADN para poder pillar a los malos...

miércoles, febrero 13, 2008

Mi abrigo rojo... teja

No me puedo resistir. Después de la lata que he dado por aquí con él, de mi búsqueda infructuosa en Berlín, de vuestros ánimos para que lo encontrara... No podía dejaros con la intriga sobre mi nuevo abrigo. Sí, por fin encontré mi abrigo rojo, en este caso rojo teja. No es exactamente el color que quería, pero en cuanto lo vi en la tienda (en la calle Fuencarral de Madrid, ¿dónde si no?) supe que era para mí. Cuando me lo probé ante el espejo, mi hermana supo que era para mí, y cuando se acercó la dependienta comprendió que era el mío...


La percha es la menda, y sé que la foto no es de las mejores que se podrían haber hecho, pero me la tuvo que hacer a toda prisa Anthony porque se nos había hecho tarde. Al menos podéis apreciar que, milagrosamente, me queda entallado (eso es un sueño hecho realidad para alguien a quien todo le queda ancho). Bueno, el broche de hada es aportación mía... Como dice Anthony y G. pelín friki sí que soy...



Y por detrás, ¡me encanta el detalle! Mira que no soy nada de lazos, ni adornos innecesarios. Pero es que le da un toque ¡tan bonito! Y me gusta mucho el aire un poco retro que tiene... Lo estrené con un vestido negro casi igual al de la foto de mi Audrey y mis bailarinas y sólo les faltó a mis compis de oficina aplaudirme cuando entré esa mañana (jeje).


En fin, que sé que sólo es una prenda de vestir, pero soy rara, hay determinadas prendas que adquieren para mí un determinado significado porque me hacen sentirme de determinada manera. Es decir, a mí el vestirme no sólo me cubre el cuerpo, me viste también el ánimo...


En fin, que espero que os guste tanto como a mí...

martes, febrero 12, 2008

Seda

El primer libro que leí de Alessandro Baricco fue Océano Mar. Absolutamente consciente de que jamás podría compararme con él, la única forma que tengo de expresar lo que me hizo sentir ese libro es que parecía escrito por mí (o es el libro que yo podría escribir). Insisto, sé que no llego a su altura y me encantaría, pero sus palabras, su forma de narrarlo, su historia, inevitablemente me recordaban pensamientos propios, maneras mías de expresar ciertas cosas... Como podéis imaginar, me gustó. Mucho. Siempre que lo recuerdo me viene a la mente el olor del mar, el ruido de las olas, esa playa...

He tardado bastante, pero he vuelto a Baricco. Esta vez Seda. Para mí nada tiene que ver con Océano Mar salvo el mágico encanto que me ha atrapado entre sus páginas. Es un libro breve, de tan breve que he leído con una lentitud nada común en mí por la tristeza que me producía acabarlo.
Él mismo dijo que es más que una historia de amor, es una narración hermosa de lo que es amar, porque el final me ha sorprendido, a mí que suelo leer los destinos de los personajes mucho antes que otros lectores, a mí, que repito a veces que ya todo está dicho... Quedan las formas de decirlo y Baricco ha tenido una de las mejores.

No soy de frases, pero no he podido dejar de marcar algunas de este libro. No es que sean las más hermosas del mundo, ni las más significativas, pero a mí me han dicho algo, me han tocado el alma con la misma suavidad con la que pasé las páginas de este libro temiendo que la dulzura y calma que leía en las páginas fuera interrumpida por mi brusquedad.

'-Es un dolor extraño.
En voz baja.
-Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca.'

Porque hay veces que morimos un poco por lo que no viviremos, por lo que no sabremos a qué sabe, huele, se siente...

'Era, por lo demás, uno de esos hombres que prefieren asistir a su propia vida y consideran improcedente cualquier aspiración a vivirla.'

En este caso, la frase me golpeó directamente con la sensación de que, en demasiadas ocasiones, quizás demasiados años, he sido testigo de mi propia vida sin llegar a implicarme en ella hasta el punto de vivirla. Al menos no de la manera que hubiera sido mi elección en momentos en los que no fui capaz de librarme de tantas ataduras impuestas por mí misma como justificación a la paralización de mi propio ser, de mis sentimientos, de las ansias de vivir con las que todos llegamos al mundo.

De tal manera que, otra vez, Baricco se ha metido en mi sangre, en mi alma. Esta vez no con palabras que sintiera tan mías como si las hubiera tecleado yo, pero sí con una narración tranquila que me ha sumido en la reflexión y el disfrute, porque la lectura es, para mí, ante todo un placer y Seda lo ha sido.

jueves, febrero 07, 2008

Despedidas

Hay personas con las que no tienes que estar mucho tiempo para saber que estarán, que has conectado. Una primera charla te hace sentir ese je ne sais quoi y a la segunda sabes que podrías contarle toda tu vida (aunque no lo hagas... O sí) y que a quien tienes enfrente le pasa igual. Pueder ser del mismo sexo, del contrario, mayor o menor, pero ahí está, la persona que no es tu alma gemela, es tu hermano del alma.
A mí me ha pasado eso con pocas personas en la vida. Y ahora, una de ellas se vuelve a ir de mi lado. La verdad es que no pensé que donde lo encontré fuese a tropezarme más que con compañeros de un rato, de risas y de alguna salida. Sin embargo, tuve la suerte de hallar una buena amistad que, espero, dure muchos años.
Es una persona sincera, abierta, graciosa, muy graciosa y que se hace querer porque es sencillo, porque sabe escuchar, callar o hablar según le toque, porque se muestra desinteresado en sus propuestas e interesado en lo que pueda pasarte. Me pilló en un momento de bajón y se tragó algunas cosas que, quizás, no debiera haber escuchado. Pero siempre mostró un respeto absoluto por mi intimidad y una comprensión de amigo en mi penar de desenamorada.
Se atrevió a enseñarme a patinar (ahora me quedo sin profe). Más bien, me empujó a uno de mis deseos de juventud y me apoyó y me animó pese a mi clara descoordinación corporal. También me corrige en otros deportes, con la sana intención de hacerme mejorar.
Y comparte ideas, y me anima a que persiga el mar que añoro, y bromea sobre cómo podemos coincidir en tantas cosas, y se ofrece de ayuda hasta para cosas que ni se me ocurriría pensar.
Es un loco, como yo, un soñador con los pies más anclados en el suelo. Un valiente (quizás demasiado, ahora que se va pelín lejos me da miedo que se me vuelva a partir otro hueso con su arrojo por superarse en el patinaje, en cualquier deporte que se le ponga por delante, siempre de aventura o riesgo). Un amigo.
Se va al lugar del que no quiso salir. Más bien, no vuelve aquí porque mejora profesionalmente, y personalmente, porque estará en casa, rodeado de sus amigos de siempre. Se va y sé que echaré de menos sus rapapolvos por darle vueltas a la cabeza a lo que debería dejar de pensar, sus insistencias para que salgamos y le enseñe la Sevilla que ya no le llevaré a conocer, sus bromas acerca de todo, su cordialidad.
Le deseo mucha suerte. Sabemos que estaremos ahí, aunque sea desde lejos.

¿Por qué yo?

Hago musculación. Odio las pesas, las máquinas y demás parafernalia. Me aburre estar levantando peso arriba y abajo, mientras musculosos hombres (mujeres seguimos siendo menos) contemplan sus cuerpos pensando que algún día llegarán a no sé dónde exactamente. Pero tengo que hacerla. La necesito para poder mejorar en capoeira, para coger fuerza, ya que mis bracitos, de natural, casi no sostienen mi cuerpo.
Para hacer musculación antes tengo que calentar con algún ejercicio aeróbico, y como la mayoría de las máquinas para hacerlo (andadores o como se llamen, unos extraños aparatos con palancas y donde se ponen los pies como si estuvieras subiendo y otras raras cosas) me dan miedo, siempre opto por la tradicional bici estática. Soy una mujer de costumbres, así que, habitualmente, me subo a la misma bici, elijo un programa de cardio (para alcanzar un determinado número de pulsaciones) y pedaleo con saña mientras contemplo un campo de fútbol situado frente a mi gimnasio.
Normalmente, cuando llevo unos cuatro minutos al pedal alcanzo las pulsaciones requeridas, unas 150, con lo que la dureza de los pedales se suaviza y voy más cómoda. Sudo sin pasarme y mi corazón aguanta bien el tirón.
Sin embargo, el otro día, después de un mes sin pisar la bici porque iba al gimnasio después de andar media hora, creí morir en el intento. Como cada tarde, marqué el programa de cardio, me subí a la bici y comencé a pedalear con tranquilidad pensando en mis cosas. De repente, me doy cuenta de que los pedales se endurecen cada vez más y más y más y más porque se ajustan para que alcances el ritmo objetivo, y el sudor empieza a correrme por la cara, el corazón parece que se me quiere salir por la boca y mi cara comienza a tornarse roja (no la vi, pero me la imagino).
Lo estaba pasando realmente mal y cuando empiezo a pensar que debo estar enferma una señora sentada dos bicis más allá comienza a hablarme. A duras penas soy capaz de girar la cabeza para mirarla mientras mis piernas pelean con los pedales, de una dureza fuera de lo común...
'Niña, ¿tú sabes si los aparatitos esos (señala un mando en la bici entre nosotras dos) es para escuchar las teles (hay varias repartidas por toda la sala, hacia las que miran los aparatos)?' .
Y yo, medio asfixiada, pero siempre educada, con un hilo de voz aún tengo fuerzas para decirle 'creo que sí, pero nunca lo he probado'. Y sigo concentrada en las pulsaciones que marca la máquina, 90, mientras mi cuerpo parece decirme 'vas a morir'.
Y la señora se cambia de bici, y se pone a mi lado...
'Y ¿los auriculares? ¿de dónde los saco? Aquí hay una cajita como los que dan en el tren, pero esta vacía'.
Y yo, ahí, ya morada que debía estar 'uff, no sé, quizás haya que pedirlo a gerencia, o traerlos de casa', contesto, mientras mi alma quiere escaparse de mi cuerpo para poder librarse de aquel sufrimiento.
'Si es que nunca hay nadie, antes siempre había un monitor, pero ahora...'
Y la miro sin contestar, segura de que mi muerte está cerca, porque llevo cinco minutos y medio en la bici y no cambia de 90 pulsaciones. Y la miro a ella, y la veo tan pancha y se me ilumina el cerebro '¡este chisme se ha jodido!'.
Por fin, me suelto durante breves instantes de los sensores de pulsaciones y vuelvo a poner las manos.
¡174 pulsaciones! De golpe, los pedales no es que se pongan blandos, es que casi giran solos, bajo la velocidad y, poco a poco, muy poco a poco, mi corazón se va relajando, el sudor que empapa mi pelo, mi cara, mi camiseta, deja de fluir cual surtidor de agua...
Y mi ahora compañera de bici, continúa con su charla. 'Esto, ¿y no sabrás el horario de tonificación, verdad? Es que lo miré antes pero no lo recuerdo'...

lunes, febrero 04, 2008

Esperar tu tacto. Incluso sin tu presencia. Esperar tus manos retirando mi pelo, acariciando el borde de mi cara, sujetando suavemente mi cuello para acercar, lentamente, sin dejar de mirarme a los ojos, tu boca a la mía. Primero nuestros labios se rozarán, y, en cuanto se sientan, se besarán apasionadamente, y me permitirás morderte, dulcemente, y nuestras lenguas se lamerán, por dentro y por fuera.

Llegará un momento que los labios no serán suficientes, y nuestras manos recorrerán el cuerpo del otro, retirando ropa, desabrochándola, arrancándola desesperadamente en la búsqueda de la piel que recorrer. Y rodaremos sobre la cama, semidesnudos, hasta que queden al descubierto los más pequeños recovecos de nuestro cuerpo, y allí podremos detenernos en cada milímetro de piel que se erice al contacto de los labios.

Me recorrerás con tu boca, de arriba abajo, deteniéndote primero en el lóbulo de mi oreja, resbalarás hasta mi cuello para escribirme palabras que me aceleren más y seguirás hasta mi pecho, en el que te deleitarás y conseguirás hacerme gemir de placer, conocedora de que continuarás tu propio sendero.

Mi ombligo será tu descanso para coger aliento, porque no pararás al llegar a mi monte de Venus y encontrarás la forma de saborearme para llevarme al cielo. Y creeré morir y renacer, y renaceré para llevarte conmigo a un paraíso que será sólo nuestro.

Porque me tocará a mí encontrar y cumplir tus sueños...

Foto de m(n)m, extraída de www.olhares.com

Recuperar

Tengo fecha para recoger mis cosas. Podría ser ya, pero no interesa, malas fechas para ambos. Será más tarde, mucho más tarde, la excusa está en un examen. Tengo fecha para recoger mis cosas porque dices que ahora puedes enfrentarte a que nos veamos, guardaste casi todo en cajas (creo que yo no habría podido si hubiera sido al revés), sólo resta repartir baratijas, despreocuparnos de algunas cosas. Menos mal que ninguno quiere peleas, tenemos claro lo que es de cada cual, lo que puede quedarse el otro.


Tengo fecha y la he retrasado. Por un examen, sí, pero cuando me miro dentro no sé si es una mera excusa para no ir y volver, para no cerrar la puerta que ahora parecía semiabierta. Es absurdo, sé que no quiero retomar una relación que estaría condenada al fracaso, pero siento que rodearme en Sevilla de mis cd's, mis libros, mis libretas, ropa, zapatos, fotos... Es alejarme un paso más de ti, del nosotros que fuimos. Y cuesta. Todo parece tener un precio en este final que se me está haciendo largo.


Te dejo ir, pero por momentos me ato a un recuerdo que no casa totalmente con la realidad, y lo sé, y por eso al instante me suelto y sigo libre y disfruto por ser una ahora, por gobernar mi propia vida ahora más que nunca, al no tener que pensar en que alguien debe ser tan feliz como yo con mis decisiones.


Llevo meses diciendo que quiero mis cosas. Que lamento ir a buscar algo y recordar que no está aquí, si no en la que fue mi otra casa, mi única casa, mi hogar y no el de mi familia. Y surgió una sonrisa en mis labios cuando recibí tu llamada y escuché el motivo. Pero hay momentos en los que me golpea de nuevo esa puerta que se cerrará.


Y hablas de venir y quedarte aquí, en casa, en unos meses. Una visita no por mí, pero que pareces querer compartir conmigo. Y te brindo mi casa... Sin embargo, me parece que ambos sabemos que ese encuentro será un imposible en poco tiempo. Porque día tras día mi vida es más mía que nuestra, tu vida es más tuya, que nuestra, afortunadamente.


Voy a recoger mis cosas. Pero cierro desde ahora esa puerta.

domingo, febrero 03, 2008

Expiación

Ha sido la última película que he visto. Keira Knightley no es una actriz que me guste especialmente, pero los comentarios que había oído sobre la película y el trailer (sabéis que a veces son engañosos) me habían llamado la atención, hasta tal punto que, incluso, intenté verla en versión original. No pude por cuestiones de horario. Así que ayer fui a verla, doblada. Y no me defraudó.


Me senté en la sala a la espera de una historia romántica de 'amor pese a todo', y percibí un drama que te hace reflexionar sobre la ligereza con la que tomamos determinadas decisiones sin pensar que pueden afectarnos a nosotros y a otras personas de manera definitiva. La causa de tanta desgracia, de un amor jamás vivido, es la inconsciencia de una niña que se escuda en su juventud para haber mentido, cuando, como le espeta otro de los personajes, para diferenciar entre el bien y el mal no hay que tener dieciocho años.

Visualmente me pareció preciosa y, aunque en algunos momentos se ralentiza demasiado, el ritmo marcado por la música, en la que insistentemente se repite el repiqueteo de unas teclas de máquina de escribir, consigue aligerar la trama. También quiero destacar el encuentro amoroso entre Cecilia y Robbie, una de las escenas más bonitas que he visto en mucho tiempo, que sin enseñar apenas nada refleja abrumadoramente bien la pasión y el deseo, en mi opinión.
El final quizás fue excesivamente abrupto, después del detenimiento en la historia de, especialmente, dos personajes: la niña que lo provocó todo (Brione Tallis- Saoirse Ronan), y el principal perjudicado por su mentira (Robbie Turner- James McAvoy), aunque también es cierto que tras ese argumento no podría haberse explicado mejor la conclusión del drama.

Pero, después de este análisis, debo caer en la frivolidad y hablar del protagonista masculino. James McAvoy era un total desconocido para mí hasta ayer, y debo confesar que me ha gustado. No es una belleza universal, pero entre el personaje que interpretaba y esos planos de sus ojos salí del cine prendada de él. Así que me permito la pequeña licencia de dejaros aquí algunas fotos suyas para que os alegren la vista. Y si sabéis algo más de él, ya sabéis, contadlo.



sábado, febrero 02, 2008

Incomprensión


Ha tenido que pasar tiempo, ha tenido que romperse para constatar que lo que pensaba, creía, manoseaba y no quería hacer valer como cierto era la pura realidad de quiénes somos. Por mucho que pudiera prever muchas respuestas, muchas actitudes y situaciones, no dejo de asombrarme por no comprender la reacción ante una separación que podría ser diferente.

Aunque en el fondo se trata de eso, de que sería exactamente igual. Más tarde o más temprano, porque dicen que no cambiamos, pasa que no cambiamos. O sí, pero no hacia los destinos que preferiríamos, porque cada cual debe elegir su camino y su forma y, precisamente por eso, es difícil conjugar dos pensamientos, dos rutas, dos visiones.

Pero sigo sin entender nada. De verdad. No es que no pare de darle vueltas, pero es que cuando creo que lo entiendo me vienes con algo, o descubro algo y ya soy incapaz de encajar las piezas. Porque no se trata de que mi puzzle sea diferente, más bien parece que es tu cabeza la que diverge hacia zonas desconocidas o recovecos que sólo tú llegas a entender para seguir adelante. Porque tienes que seguir adelante y eso lo puedo comprender. Lo que no comprendo son unas palabras que parecen no compenetrarse con las acciones que las siguen.

Y me da pena. No puedo evitarlo. Por mucho que mi corazón poco a poco se vaya desprendiendo de los pesares que lo ataban a ti y a un pasado que se empieza a convertir en eso, por mucho que las lágrimas comiencen a secarse poco a poco y den paso a más sonrisas, por mucho que sepa que es lo que hay y habrá. Es triste, si bien queda la esperanza de que seremos amigos... Cuando no duela.

Porque podemos hablar, y contarnos, y reírnos, y saber lo que pensamos porque estuvimos muy cerca. Sin embargo, habrá que esperar a que nos olvidemos de las caricias, de la sensación de tu cuerpo junto al mío, tus labios besándome, la mirada de desarme...

Y, tal vez, en ese tiempo ya no necesite comprenderlo. O lo haya comprendido. O dé todo igual porque habremos logrado abrirnos caminos divergentes, pero que nos harán todo lo felices que merecemos. Porque, juntos, no podemos.

viernes, febrero 01, 2008

Desayuno


Echo de menos los desayunos del fin de semana. Cuando eran compartidos y nos sentábamos tranquilamente, y tú te habías levantado antes (el resto de días siempre madrugué más) y estabas trasteando en la cocina para preparar el zumo, tostadas o habías bajado para sorprenderme con algún dulce que sabes que me encantan. Tardaste mucho en llevarme el desayuno a la cama. Cinco años. Siempre fuiste de ritmos tranquilos, especialmente cuando se trataba de mí, cuando se trataba de nosotros.


Incluso ahora has sido, estás siendo de ritmo tranquilo. Demasiado tranquilo, porque de tanto esperarte al final te perdí de vista en el camino y tuve que continuar, sigo sola por estos senderos que no sé adónde me llevan. Casi de un día para otro miro hacia delante y no percibo esa mano en la mía, esa casa que iba a ser frente al mar costase el tiempo que costase, esa compañía que serías tú para siempre... El amor es eterno mientras dura, es lo que siempre supe después de mi primera desilusión con alguien. Sin embargo, había creído, estaba convencida de que esta vez iba a durar eternamente.


Y ahora hecho de menos los desayunos, la preparación de un fin de semana que escasas veces estaba exento de planes. Alguna excursión, visita a la familia (la mía quedaba demasiado lejos), comidas o cenas con amigos, charlas interminables porque, eso sí, contigo pocas veces hubo baile. Pero no importaba, o trataba de que no importase hasta que eso también comenzó a pesar demasiado como para dejarlo de lado.


¿Era nuestra vida o era la tuya vivida por dos personas? Eso es algo que no he podido dejar de comenzar a plantearme cuando he empezado a descubrir que la mía, mi vida, está llena de muchas cosas que durante años han estado relegadas a un punto oculto de mi ser para no recordarlo demasiado, para no echarlo de menos.


Debe ser que no se puede tener todo. Y ahora me elegí a mí. Porque por mucho que intentemos huir, nunca podremos hacerlo de nosotros mismos, y porque por mucho espacio que pudiera tener dentro de nuestra pareja, en realidad dejé de tener el sitio que quería.


Espero que el sol que he ganado con la mudanza acompañe mis sábados y me permita disfrutar de mis mañanas sola, sin extrañar nada, y sin olvidarlo tampoco.
Imagen de blogdecocina.com

jueves, enero 31, 2008

Escribir

Escribo. Escribo porque me gusta. Disfruto al inventar historias, al dejar que mi pensamiento fluya en las palabras escritas, al vaciar mi mente sobre el papel y la pantalla. Escribo como catarsis, para sacar fuera todo lo que me bulle en la cabeza, lo bueno, lo malo, lo que me hace sonreír, lo que me hace sufrir.

Me pasé años sin escribir nada, sólo lo que publicaba en los diferentes periódicos en los que trabajé. Alguna carta ocasional, manuscrita, de las que verdaderamente gusta recibir, rompió también mi silencio, pero el resto fueron hojas en blanco, libretas (muchas) a la espera de las historias que podrían embellecerlas más o emborronarlas, según se mire.

Hasta que llegué aquí. Pasé de utilizar este blog como medio de comunicación con mis amigas lejanas a convertirlo en el reflejo de mis pensamientos, de mis ilusiones y desilusiones, de mis penas y alegrías. Entonces, escribir se convirtió en terapia, análisis de mi situación desde lejos, porque verlo en la web me aleja, me permite releerme más tarde, desde otras perspectivas y, sobre todo, con los comentarios, consigo ver las diferentes formas de entender una situación que viva.

Sin embargo, quizás últimamente me esté desnudando demasiado. No consigo olvidar lo que realmente debo asumir, no pretender que se diluya entre las estelas de mi mente y, por ello, todas mis palabras escritas vienen cargadas de esa sensación de que algo no es lo que debería, de que las cosas podrían haber sido de esta y de mil maneras distintas que, seguramente, me habrían llevado al mismo estado, pero que por irreales, en ocasiones, considero más halagüeñas.

Y siempre habéis sido extremadamente respetuosos, pero necesito intimidad. No puedo dejar de escribir porque necesito vaciar mi pensamiento y dejarlo fuera de mí para seguir adelante con menos peso. Y me gusta saber de vuestras miradas, de vuestras lecturas, porque así siento que esas ideas, esas reflexiones se alejan cada vez más de mí y dejan espacio para el resto. Por eso continuaré mostrando mi alma en este rincón. Pero, por eso también, habrá entradas en las que no permitiré comentarios porque no podría soportar leer más veces lo que ya sé e intento, ni conocer demasiado bien lo que mi espíritu despierta en otros.

Así que, como vosotros me respetáis a mí, creo que os merecéis el respeto de este aviso, de que no penséis que desaparezco o que no quiero escucharos. Simplemente hay momentos en los que sólo necesito el silencio.


Imagen extraída de www.thewritersworkshop.net

domingo, enero 27, 2008

Happy Ending

Esta es una de mis canciones contradictorias. Me anima mucho, me gusta, la canto siempre que oigo cualquiera de sus acordes... Sin embargo, si escuchas la letra, si la entiendes, te das cuenta de que debería ser una canción bastante triste: 'Esta es la forma en la que me dejaste, sin esperanza, sin amor, sin gloria, sin final feliz'.

Entonces me planteo por qué a mí me anima y me gusta tanto. Quizás sea precisamente esa frase, porque los finales felices siempre recuerdan a películas empalagosas, a escenas en ocasiones demasiado irreales. Y la gloria...

Yo prefiero el amor real, el que te hace feliz no en un final, si no en un día a día, en una vida compartida. En el amor que te duele y te revive, te lleva a discusiones y a reconciliaciones maravillosas, en definitiva, el amor que todos hemos sentido alguna vez.

Y no voy a negar que, en ocasiones, todos hemos creído vivir en una película y hemos soñado con esos finales felices en los que se comen perdices y el sol se pone detrás nuestra mientras suena cualquiera de las canciones que todos tenemos en la cabeza para 'nuestros momentos'.

Pero incluso con ese romanticismo de libro (o de Hollywood) a cuestas, sigo prefiriendo las otras formas en las que se ama y en las que se pierde el amor, las que nos tocan el alma porque somos protagonistas indiscutibles de una realidad no tan rosa, pero sí mucho más intensa.
Así que, aquí va la canción:




This is the way you left me,
I’m not pretending.
No hope, no love, no glory,
No Happy Ending.
This is the way that we love,
Like it’s forever.
Then live the rest of our life,
But not together.
Wake up in the morning, stumble on my life
Can’t get no love without sacrifice
If anything should happen,
I guess I wish you well
A little bit of heaven, but a little bit of hell
This is the hardest story that I’ve ever told
No hope, or love, or glory
Happy endings gone forever more
I feel as if I feel as if I’m wastin’
And I’m wastin’ everyday
This is the way you left me,
I’m not pretending.
No hope, no love, no glory,
No Happy Ending.
This is the way that we love,
Like it’s forever.
Then live the rest of our life,
But not together.
2 o’clock in the morning, something’s on my mind
Can’t get no rest; keep walkin’ around
If I pretend that nothin’ ever went wrong, I can get to my sleep
I can think that we just carried on
This is the hardest story that I’ve ever told
No hope, or love, or glory
Happy endings gone forever more
I feel as if I feel as if I’m wastin’
And I’m wastin’ everyday
This is the way you left me,
I’m not pretending.
No hope, no love, no glory,
No Happy Ending.
This is the way that we love,
Like it’s forever.
Then live the rest of our life,
But not together.
A Little bit of love, little bit of love
Little bit of love, little bit of love [repeat]
I feel as if I feel as if I’m wastin’
And I’m wastin’ everyday
This is the way you left me,
I’m not pretending.
No hope, no love, no glory,
No Happy Ending.
This is the way that we love,
Like it’s forever.
To live the rest of our life,
But not together
Mika, 'Happy Ending', de su disco 'Life in cartoon motion'

domingo, enero 20, 2008

Me apetecía

Me gusta mucho este disco, anima. Y me gusta el título de esta canción.




Y, como siempre, aquí va la letra por si queréis gritarla.

We stay moving around solo
Ask us where you at
We don’t know and don’t care (don’t care)
All we know is we was at home cuz you left us there
You got your boys and got gone and left us all alone
Now she in the club with a freaky dress on
Cats dont want her to keep that dress on
Tryna get enough drinks in her system
Take her to the telly and make her a victim
Patrone on the brain
Ball Player in her face
They shake the spot
She’s just another case
Easy for a good girl to go bad
And once we gone
Best believe we gone forever
Don’t be the reason
Don’t be the reason
You better learn how to treat us right
Cuz once a good girl goes bad
We die forever
He stay with the flock of them o ya
Got a girl at home but he don’t care
Won’t care
(Won't care)
All he do is keep me at home
Won’t let me go no where
He thinks because I'm at home
I won’t be gettin’ it on
And now im finding numbers
In the jacket pockets
Chicks calling the house
Non-stop
It’s getting out of control
Finally I can’t take no more
He finds a letter on the stairs
Saying this is the end
I packed my bag and left with your best friend,
Oh Easy for a good girl to go bad
And once we gone
Best believe we gone forever
Don’t be the reason
Don’t be the reason
You better learn how to treat us right
Cuz once a good girl goes bad
We gone forever
We stay moving around solo
Ask us where you at
We don’t know
And don’t care (don't care)
All we know is we was at home cuz you left us there
You got your boys and got gone and left us all alone,
Oooooh
Easy for a good girl to go bad
And once we gone
Best believe we gone forever
Don’t be the reason
Don’t be the reason
You better learn how to treat us right
Cuz once a good girl goes bad We gone forever
We gone forever
We gone forever

Dormir

Cuando entro en la cama y la encuentro fría me acuerdo de ti. De cómo me calentabas las sábanas para que no sintiera pereza de dejar la manta acogedora que me tapaba en el sofá. De cómo me abrazabas o me abrazaba a ti para sentir la piel y el calor y la cercanía y el amor. Conversaciones en mitad de una oscuridad iluminada por palabras balance del día, propuestas de futuro, sentimientos compartidos o solitarios. Los sueños eran otros, en ocasiones los mismos que cuando soy yo la que remueve el edredón hasta encontrar ese pequeño hueco que todos buscamos para guarecernos de la oscuridad y sentir que podemos cerrar los ojos tranquilos porque nada va a pasarnos.

Y nada me ocurre, salvo el suave balanceo de los sueños que me despiertan a veces con una sonrisa en los labios, porque son esos mundos que tantas veces visité y se convirtieron en reales por haberme acompañado más noches de las que llego a recordar. La ausencia no es tan palpable entonces, porque descubro que siempre se duerme solo. El sueño es nuestra parcela individual preludio, quizás, del sueño que será más largo. No dejaríamos a nadie descubrir los caminos por los que nuestra mente vaga de noche, cuando por fin tiramos todas las barreras que protegen lo más recóndito de nuestro ser frente a la hostilidad de lo externo, lo que no alcanzamos a interiorizar para convertirlo en nosotros.

Siempre soñé sola. Es quizás la certeza de esta frase lo que me hace comprender que camino ya con pies firmes sobre suelo que pensé mojado. Quizás porque no quise incorporar a nadie, quizás porque nadie supo añadirse a mis sueños, quizás porque es lo que prefiero pensar ahora, cuando entro sola en la cama y descubro que mi propio calor también es capaz de dibujar en la noche todo aquello que puede ser, será o pretendo.

domingo, enero 13, 2008

¿Sevilla no me quiere?


Por fin vuelvo de una gripe espantosa. 39 y medio de fiebre durante tres días, la cabeza a punto de explotar, los huesos doliéndome (oye y ni crecí ni nada), los mocos asfixiándome, la tos ahogándome también... Y mis cuatro últimos días de vacaciones a la mierda (o a la cama), en una convalecencia que, ¿qué es lo único que me ha permitido hacer? Pensar, con lo malo que sabéis que es para mí.


Pero esta vez no voy a volver a la misma historia, no. Os voy a plantear mis conclusiones más lúcidas, logradas a pesar de la fiebre. Y es que, veréis, he hecho un pequeño balance médico. A ver, estuve en Oviedo dos años, durante los cuales me quedé dos veces afónica, cogí una gripe (importada de Sevilla) y tuve mis habituales jaquecas de mudanza (cada vez que me mudo de ciudad el primer mes es horroroso porque, como suelen estar a diferentes alturas las ciudades a las que me traslado, las migrañas se me acentúan hasta que me adapto a las nuevas presiones atmosféricas. Suena raro, pero me pasa).

En Sevilla llevo diez meses. He sufrido dos gastroenteritis víricas, dos gripes (en las tres últimas semanas), una caída que me provocó tendinitis 'pata de ganso', las habituales migrañas de mudanza, varias épocas de afonía y he perdido unos cuatro kilos (que os parecerá poco, pero es que vuelvo a estar por debajo de los 50 y eso no es bueno).

Visto todo, las cuentas no me salen... Vamos, que creo que Sevilla intenta decirme algo y me temo que es que no me quiere... Si ya sabía que la reconociliación con mi ciudad no iba a ser tan fácil, que diez años de querer vivir en otro sitio a toda costa iban a tocar su pobre corazón que, ahora, parece clamar venganza de la más cruel: atacando mi salud.

Porque no me negaréis que tal racha de enfermedades, accidentes y demás (que no pongo las caídas sin daños exagerados, porque total...) no parece casualidad, hay una mano negra detrás...

Pues que sepáis que no me voy a dar por vencida. Que a Dios pongo por testigo que recuperaré toda mi salud, disfrutaré como una enana de mi tierra y recuperaré el peso perdido... Aunque sea lo último que haga.

lunes, enero 07, 2008

Retrospectiva

No estaba muy por la labor de hacer un balance de 2007. Mis ánimos preferían seguir anclados a este presente al que me estoy aferrando con las dos manos porque pasado y futuro se me difuminan en la mente y me dejan los pies colgando. Pero Unaexcusa me hizo cambiar de idea, al comentarme, básicamente, que aunque un suceso haya eclipsado a otros, realmente he vivido muchas cosas que merecen recordarse.


Veamos, la Nochevieja de 2006 estaba en Asturias, tras un viaje en bus de doce horas, y con una gripe que me impidió ir a celebrar el Año Nuevo con amigos. Los mocos y la tos también me impidieron tomarme las doce uvas, por primera vez en años, por lo que quizás ese fue el motivo de que mi deseo (que mi destino fuera en Asturias) no se cumpliese.


De manera que me las deseaba yo muy felices por haber aprobado la plaza con un buen número y el uno de enero me imaginaba con este trabajo estable, con un piso en propiedad (del banco, ya saben), elegido con mi pareja y con el amor rebosando por los poros...


Pero llegó febrero, y me mandaron para Sevilla. Y aquí que me vine más triste que la mar (definitivamente 2007 ha sido un gran año de lágrimas) y sin parar de moverme para poder volver a mi 'tierra querida', para estar al lado de la persona por la que dejé mi ciudad natal con la idea de que fuera para siempre. Esta vez decidí que, a pesar de la distancia, las condiciones, la putada de estar de nuevo separados tras dos años de convivencia; sería feliz mientras estuviera en Sevilla... Y resultó que empecé a serlo tanto, a sentirme tan libre, a agobiarme tanto por pensar en la que se suponía que iba a ser mi vida futura, que llegaron las dudas.


Dudas, silencios, discusiones, malos entendidos, malas explicaciones (supongo, porque aún no se me entiende), el peor verano de mi vida y la conclusión fue que se terminó. Que seis años de amor pasaron a ser un cariño que no dejo de sentir, pero que no es suficiente para aceptar compartir el resto de mi vida con una persona.


Y todo esto en una cabeza, la mía, como siempre llena de contradicciones. Porque he sido y soy muy feliz y muy triste a la vez; me siento querida y abandonada; segura y perdida; decidida y con la insoportable duda de hacia dónde me dirijo...


Mientras tanto, me reencontré con amigos, disfruté de viajes continuamente aplazados, descubrí que a veces, felizmente, me desbordo, hice cosas que jamás pensé que haría sin ningún remordimiento, conocí a personas maravillosas (a ver si se quedan por algún tiempo), aprendí capoeira (poquita, lo sé), me quité lastres que sólo yo me había impuesto y descubrí que la edad no es un impedimento para vivir la vida, que me puedo cuidar mucho y bien y que es estupendo ser como soy.


Y está claro que la tristeza sigue rondando mis ojos, y las dudas. Pero también sé que, en un tiempo, veré 2007 como un año tremendamente positivo sin ningún asomo de duda. Porque, en todo, lo he vivido apasionadamente, que es como me gusta.

domingo, enero 06, 2008

Berlín

Pasear por Berlín me ha provocado sentimientos encontrados. Mi primera impresión fue agridulce, porque la iluminación escasa (respetuosa con el medio ambiente, me encanta) en una ciudad desconocida a las once y media de la noche sin un alma por la calle a quien preguntar siempre da algo de intranquilidad... Tonta, porque me sentí luego relajada y segura. El calor del hotel me hizo replantearme mi primera impresión, y salí a la mañana siguiente con el ánimo elevado y los pies flotando por la felicidad de estar allí.


Pero parecía que Berlín se me iba a resistir, la Puerta de Brandenburgo fue una desilusión ¡Qué pequeña! Y con tanto preparativo para la Nochevieja desluciéndola un poco, fue como cuando vi a la Cibeles la primera vez (lo sé no son comparables, pero el sentimiento sí), que me quedé más planchada... Pero sabía que la ciudad no me podía defraudar, bastaba con dejarse llevar por ella...





Pasear por los alrededores de la Puerta de Brandenburgo es descubrir la solemne majestuosidad del monumento al Holocausto, representación, en mi opinión, bastante fiel del absurdo de un exterminio por motivos equivocados (cualquier matanza siempre es equivocada) y recuerdo perenne de que no deberíamos estar permitiendo que se repitiera.



Y también es conocer el Reichstag (sede del Bundestag o parlamento alemán), con la cúpula de cristal diseñada por Norman Foster y a la que no subí para disfrutar de las vistas de Berlín a mis pies por culpa de mi horroroso vértigo y la cola, que era enorme. Pero no me hizo falta subir, el edificio en sí, y su ampliación megamoderna al otro lado del río, con sus cristaleras, su actualidad radical, ya me cautivaron, como lo hizo el paseo hasta la residencia de la señora Merkel, y es que un parque berlinés (Tiergarten es la leche) es para mí sinónimo de bosque, o casi.





Así que, la desilusión de la puerta de Brandenburgo fue borrada de mi cara por una sonrisa de 'esto es increíble' que continuó mientras andaba entre las diferentes embajadas, me acercaba a la Postdamer Platz y empezaba a percibir la vida de una ciudad, aparentemente callada y casi solitaria (¡qué poquita gente por la calle!), pero realmente vibrante y cautivadora.









Ver la puerta de Brandenburgo tiró uno de mis mitos, pero de forma negativa. Sin embargo, escuchar el alemán me derribó otra concepción errónea, porque el idioma no me pareció tan duro escuchado detenidamente. Complicado sí, pero no tan seco como siempre me pareció.




Y ¿qué decir de la isla de los museos? No entré en todos, me saturo demasiado rápido ante las obras de arte, pero hice caso a Moony y no me resistí a contemplar cara a cara a Nefertiti, que parece que te va a hablar en cualquier momento, y de belleza cautivadora.






El Museo de Pérgamo también me dejó sin aliento, y un simple paseo entre esos majestuosos edificios me hicieron pensar en otras épocas, en otras formas de pensar, en el continuo intento del hombre por permanecer, ser recordado, atrapar todo lo que pueda ser riqueza (ahora no parece estilarse, pero antes la cultura era un valor en alza, saquear culturalmente una nación era dejarle sin su pasado, sin su historia, sin su propia identidad).






















La Alexander Platz me dio frío, mucho frío... Pero es que todo es de grandes dimensiones, porque la Columna de la Victoria, Siegessäule (a la que tampoco subí, este miedo a las alturas me tiene frita), ahí, tan inmensa en mitad de la nada que no es la nada, es la ciudad, pero que destaca... No tengo palabras para describirlo...





Por supuesto no pude irme sin la 'original' foto junto a un trozo de muro, en este caso el cercano al Check Point Charlie, antiguo límite entre la zona americana y la soviética. Lo han reconstruido y no sé si realmente eso le ha hecho perder su encanto, porque ahí estábamos todos los turistas como tontos intentando sacar una foto sin que saliera otro turista... Creo que un poco lo logré.


Me faltaron por visitar algunas de vuestras recomendaciones, los palacios, por ejemplo, pero creo que he vivido bastante Berlín, por los paseos, las visitas a museos, las salidas nocturnas, las comidas (sí probé el mangolassi: de rechupete)... Vamos, un viaje para recordar.

sábado, enero 05, 2008

Frohes neues Jahr!

O como diríamos por aquí ¡feliz Año Nuevo! Mi viaje a Berlín ha sido genial, estupendo, maravilloso, justo lo que necesitaba. Es curioso como algo puede provocarte algunas cosquillas en el estómago y, en un plis plas, darte cuenta de que has encontrado gente de la que podrás ser amiga para toda la vida. Las dudas sobre si se puede reír más de cuarenta y ocho horas seguidas son despejadas y entras al Año Nuevo no sólo con el pie derecho, sino de cabeza y con el completo convencimiento de que será un gran año...




Lo que os decía, que me fui a Berlín con un cierto temor porque no conocía a todo el mundo que iba, y allí descubrí que los amigos de mis amigos son encantadores, que los alemanes no son tan siesos como los había imaginado y que me encanta aunar costumbres de despedida y bienvenida del año.
Porque este 31 de diciembre no sólo he seguido las tradiciones españolas para entrar a 2008 con buen pie, también las alemanas, así que, ¿cómo podrían estropearse los próximos doce meses?
Comenzó la noche con una cena de Nochevieja extraña, en un kebab, y continuó (¿cómo se puede comer tanto?) en casa de un amigo de un amigo (ya sabéis, las mejores fiestas). Allí probé el dulce típico de Año Nuevo alemán, que es como un donuts relleno de mermelada de cereza, pero mucho más ligero (y tanto, que pensé que no podría con el primero y acabé comiéndome dos).
Cerca de las doce de la noche todos callamos y nos sentamos para ver un viejo clásico. Supongo que este corto será para ellos como es para nosotros '¡Qué bello es vivir!', sólo que en un tono de risa que, a pesar de saber los diálogos de memoria, no pararon de oírse las carcajadas...




Después de las risas tocó subir a la azotea, nosotros, los españoles, a tomar nuestras doce uvas al son de mis gritos (es lo que tiene no tener canal internacional); los alemanes a tirar cohetes, fuegos artificiales y petardos como si de profesionales falleros se tratasen. Y es que están locos estos germanos, que diría Obelix, porque celebran el Año Nuevo lanzando fuegos artificiales desde sus ventanas, azoteas, calles y patios en un no parar durante al menos 20 minutos, entre abrazo y abrazo y trago de cava, cerveza, whisky, vodka o lo que se tercie. Así que, después de engullir nuestras doce uvas nos unimos a la fraternidad, a los abrazos, las risas y las miradas alucinadas de tanto juego de color en el cielo... Claro que, al no ser profesionales hay sus accidentes, porque a Anthony casi le deja sin cabeza un cohete que no explotó y cayó a la azotea a plomo...





Al bajar toca seguir otra tradición: bleigießen. Se trata de fundir al fuego de una vela una figurita de plomo (en mi caso unas flores) y lanzarla al agua fría. La figura que se forma es un augurio para 2008. En mi caso, el alien extraño que se formó, visto en sombras, que es lo que se hace, supuso, según Al. el avance de que este año visitaré París... Y yo no lo llevé la contraria, oye, que aún no conozco la capital francesa...



A pesar de todo lo que habíamos comido y bebido (soy abstemia pero me harté de agua y zumo je je) aún había ganas de marcha, y nos fuimos a uno de los sitios más cool en los que he estado. Los berlineses, que lo aprovechan todo, han recuperado una zona industrial en decadencia para convertirla en una zona de marcha con las discotecas más in del momento. Con un frío que pelaba nos tuvieron esperando, pero mereció la pena ver a los alemanes botando con ritmos españoles, porque sí, pusieron música de Manu Chao (ya sé que es internacional, pero canta en español), Lucrecia (quién me lo iba a decir) y alguno más que, cómo comprenderéis, no recuerdo.


En fin, que volvimos al hotel embriagados de Berlín, de su marcha y contentos de haber entrado a 2008 con tan buen pie.

Prometo actualizar con más fotos de esa noche, es que hicieron más mis compañeros de viaje y me las tienen que enviar...