martes, octubre 29, 2013

A la vejez, viruela

Soy una lectora compulsiva. Desde que sé leer. De pequeña, los libros pensados para mi edad me parecían cortos y, muchas veces, carentes de interés por sencillos. De adulta, he leído todo lo que caía en mis manos. Apenas selecciono, porque no leo con ningún otro objetivo que disfrutar la propia lectura, evadirme, a veces; vivir otras vidas. Leo lo que me llega por recomendaciones de amigos, oído al pasar, una portada o título que me llaman la atención o temáticas o autores que me gustaron en el pasado. 
He leído de todo pero nunca leí poesía. A pesar de haber tenido mi época de escribirla como cualquier adolescente hijo de vecino, salvo los poemarios impuestos por el sistema educativo, jamás me atreví a acercarme a ella. Me asustaba. Me asustaba no entender el trasfondo, me asustaba que me aburriera, simplemente pensaba que había demasiado por leer para complicarme la vida.
Hasta ahora. No sé por qué, un amigo pensó que yo podía ser carne de poesía. Y acertó. No voy a nombrar autores porque aún estoy temerosa de mi desconocimiento de este mundo nuevo que se ha abierto ante mis ojos. Sólo puedo decir que, por muy mayor que sea, me alegra haberme encontrado con estas nuevas palabras, esta forma de escribir que me atrapa por sus ritmos, sus rimas existentes o no, sus cadencias, sus tempos y temas...
Me asombro de mí misma pidiendo más, buscando, ávida, esos versos que, más vale tarde, he descubierto hablan de mí, me cuentan a mí, me llenan, vacían, sacian y hacen sonreír o reflexionar.
Debo confesar que para mí es fácil sentirme atrapada. Mi amigo me selecciona. Pero también, estas selecciones, me llevan a desear investigar, probar nuevos caminos, nuevos autores. Descubrir que hay más 'yos' esperándome en verso. Y me gusta sentirme adoptada. Ahora soy una niña caminando por sendas desconocidas, pero que sabe que, quien tiene al lado, conoce el camino. Y ya no es uno, son muchos mis amigos que me enseñan.
Y, sí, alguien dirá por ahí que, a la vejez, viruela. Pero me encanta proclamar que, por fin, soy una conversa.


lunes, octubre 21, 2013

Discusión sobre el amor y otras menudeces con mi álter ego masculino

Mi álter ego masculino declara:
Mirad al cielo. Después mirad al mar. Un reflejo. No es más que la luz del sol al reflejarse en un pez plateado. Es curioso, pero cada vez que recuerdo el mar pienso en peces plateados. ¿Dónde están los peces de colores?
Mirad la noche y observad las farolas. A su alrededor, atraídos por la luz incandescente, numerosas mariposas nocturnas vuelan a su alrededor. Es lo único que podemos ver en la ciudad. La luz oculta las estrellas. El reflejo artificial sobre sus alas oscuras es lo más parecido a estrellas fugaces en la  noche urbana.
¿Acaso no es eso el amor? ¿El reflejo esquivo de un pez perdido en un mar transparente en días de verano? O, ¿el espejismo fugaz de la luz de una farola sobre un breve vuelo circular de una polilla en las noches primaverales?
Siempre hay un pez más grande o un murciélago, dispuestos a apagar el circunstancial reflejo.

... Y yo os digo:
Mirad al cielo y luego al mar, y estaréis tan cegados por la luz que sólo veréis el reflejo y no los peces de colores que surcan cada ola, a veces a contracorriente. 
Mirad la noche y las farolas. Y quedaréis encerrados por los muros de una ciudad que no sois vosotros y que no os dejan ver lo que hay en lo más profundo. Allí donde el amor reside.
Porque el amor no son reflejos ni espejismos. El amor es lo que te permite ver la realidad de quien eres y colorea el mundo para que el dolor que otros provocan no te hiera en exceso. El amor es tu refugio a los cielos que ciegan por su claridad y a las calles apenas aclaradas por tristes farolas.
Y puede que haya peces más grandes, murciélagos o incendios y marejadas. Pero el amor seguirá latiendo.

domingo, octubre 20, 2013

Lluvia

La primera gota cayó sobre el cristal.
La segunda golpeó el suelo.
La tercera y la cuarta mojaron la ropa tendida hacía unos instantes, al sol, para secarse.
La quinta marcó el inicio de un chaparrón que no dejó seco ningún rincón de la calle.
El chaparrón, con sus infinitas gotas rebotando en todas partes, dio pasó a la tormenta.
Tormenta que arreció con el viento y salpicó los bajos de los pantalones del hombre que paseaba.
No llevaba paraguas. Dejó que el agua le calara hasta el alma.

viernes, octubre 18, 2013

Mujeres

Nunca entenderé por qué no os dais cuenta. Por qué no sois conscientes de toda la belleza que se vierte desde dentro y desborda vuestro ser hasta alcanzar a todos los que os rodean. Cómo no veis la fuerza que late inmensa en vuestro corazón.
La inteligencia no sirve de nada si las lágrimas rezuman desde lo más profundo. Y no lo entiendo. No entiendo que no os sepan querer y vosotras no os queráis lo bastante como para que el amor lo pueda todo, porque lo puede todo.
No llego a comprender que ese sentimiento de no valer, de no vivir, de no saber si se está viviendo sea mayoritariamente femenino (o eso me parece). Porque no he conocido personas más fuertes que vosotras, mujeres que me rodeáis y seguís adelante.
Y lloro con vosotras. Pero mis lágrimas son de impotencia. Dolor puro por no ser capaz de mostraros, en el reflejo de mis ojos, en mis palabras, en mis actos hacia vosotras, quienes sois, quienes verdaderamente sois, porque parece que vosotras os perdéis en imágenes irreales salidas de un imaginario colectivo que, en demasiadas ocasiones, ha restado valor a lo femenino.
Y es el sexo, y la pasión, y el trabajo y la belleza y el placer y el dolor y el duelo y la violencia.
Es todo, porque para mí que perdéis el norte, y yo lo pierdo junto a vosotras, porque no lo entiendo.
Y no me bastan los abrazos con que os intento trasmitir esa fuerza que me explota dentro y que vosotras también lleváis, pero dormida por vuestras propia lógica irracional.
Ojalá consiguiera que despertarais. Ojalá lo entendiera.

miércoles, octubre 16, 2013

Por qué me llaman Bridget Jones V

Soy ciclista. Mi medio de transporte para ir a trabajar, para salir por ahí, para moverme, es la bici. También hago rutas por el campo.
Y en eso, y en el trabajo que me quedaba por hacer, venía pensando esta mañana al volver a la oficina del desayuno. Pensaba, al acercarme al carril bici 'qué bien que como soy ciclista siempre tengo cuidado al cruzar'. Pensaba, hay que mirar a los dos lados... Pensaba, y mientras pensaba miraba al semáforo que se ponía verde para mí, a un lado del carril bici y avanzaba segura para cruzar mientras giraba la cara al otr... Y ahí se quedó mi pensamiento porque me arrolló una bici. El pensamiento se quedó allí, mi brazo derecho y luego tras él, mi cuerpo, andaron un metro y algo arrastrados por el ciclista. Mi rebeca anduvo por el suelo...
Y yo, en shock, pedí disculpas...
El chico se paró a saber si me había hecho daño y ahí si atiné a contestar que claro... Pero yo seguía pensando en mi trabajo y me dirigí veloz a la oficina.
Allí mi jefe y compañeros no se creían que me hubiera pasado, me llaman ya la pupas... Eso sí, ¿y lo que se ríen conmigo y de mí? Eso, eso no tiene precio.

sábado, octubre 12, 2013

Quisiera

Sólo quisiera encontrar la forma de echarlo todo fuera.
De quitármela de encima y el corazón no estuviera encogido.
Echarlo fuera y que mis músculos se estiraran.
Sólo quisiera saber cómo echarlo todo fuera.

domingo, octubre 06, 2013

Fotografías

Es increíble cómo una imagen te puede golpear en la cara, hacerte tambalearte y llenarte de rabia. Es increíble cómo personas nos hacen tanto daño que da igual el tiempo que pase, cómo cambien, qué es lo que veas de ellos, que sabes que son ellos.
Hoy me tropecé con un pasado que creía haber superado en una exposición de fotografías. Ahí, entre otros cuantos, en una pose que casi no se le veía la cara, pero que a mi no me impidió reconocerlo, estaba el gran hijo de puta que amargó los inicios de mi carrera laboral, que me hizo víctima de moobing.
Ha sido como una hostia. Al menos no ha sido dolor. Ha sido rabia. Una rabia que me ha noqueado, que me ha dado ganas de coger la puta foto, romperla, pisotearla y vengarme en ella de todo lo que no pude hacer con mis 23 años, asustada y descolocada.
Menos mal que aún tengo amigos que me saben recordar que ya no soy aquella y que hay personas por las que no merece perder más tiempo de mi pensamiento.
Espero que esta vez, con la rabia se haya ido, por fin y definitivamente, todo.

sábado, octubre 05, 2013

Imagen proyectada

Sería bonito, aunque quizás fuera más acertado decir curioso, vivir por un día viéndote con los ojos que te ven los demás. Descubriendo esas sutilezas propias que a uno mismo se le escapan y que, sin embargo, parecen claras como cristales limpios para el resto del mundo.
Quizás así podría averiguar cómo o cuándo mi cara dejó de reflejar mi alma. O si mi cara ve más allá que yo y es ese claro reflejo de mi espíritu, que yo no consigo percibir del todo. Porque no deja de asombrarme cómo, cuando peor estoy, cuando más enrabietada, triste, perdida, angustiada o sollozante me siento por dentro, más bien me ven por fuera. 
Después de casi dos meses de desesperación, quizás haya llegado a una calma que no me atrevo a creer, pero que mi cara sí cree y muestra día tras días, ganándose los cumplidos y la felicidad por mí de los que me rodean.
No me importa desprender ese algo que los demás advierten. Lo que me extraña es que yo tenga que pararme a pensarlo, por no sentirlo así, por no sentirme así.
Quizás el destino pretende que aprenda a través de las palabras ajenas, o más bien, de los ojos ajenos, que ya he llegado a ese punto de sosiego al que, en mi opinión, me debería conducir toda esta serie de calamitosas desdichas que me han tenido asustada y en tensión en las últimas semanas.
Quizás debería mirarme en otro espejo. Tus ojos.

jueves, octubre 03, 2013

Enfado ¿universal?

Hay veces en las que no puedo con mi sino. Etapas en las que no comprendo por qué me pasan ciertas cosas, aunque tengan una fácil explicación lógica, y me resisto, como pez atrapado entre las redes. Y me siento triste, y enfadada. Me enfado contra todos, contra el mundo, cuando en el fondo estoy enfadada conmigo.
Porque en el fondo es eso, enfado conmigo. Por inocente, por crédula, por naif, por irresponsable, por ¿tontalculo? Un enfado que es tan profundo que me cuesta desprenderme de él, que me lleva a acciones que no me gustan y que me hacen repetirme una y otra vez y otra y otra que, cueste lo que cueste, no puedo pagarlo con quien menos se lo merece (en este caso, cualquiera).
Y me entran ganas de gritar y de romper cosas, pero, oye, soy civilizada y ni grito ni rompo cosas (gracias unaexcusa por la idea de cantar a gritos como sustituto de un viaje a cualquier acantilado perdido a desgañitarme), pero siento mi alma como un león enjaulado en este puñado de carne, huesos y sangre que soy (a día de hoy, otra vez, más hueso que otra cosa).
Y me enfada aún más dejar que la melancolía del otoño, la revolución hormonal (consecuencia de una de esas cosas que me pasan y no comprendo por qué) y mi propia pesadumbre me hagan seguir en este círculo autodestructivo, porque sí, lo miremos por donde lo miremos, cualquier enfado, por muy metafísico que nos parezca, es agotador y poco productivo porque, como dice mi padre, gastas el doble de energía: la de enfadarte y la de desenfadarte. 
Así que intento ser calmada, y zen, y meditabunda, pero, ¿a quién quiero engañar? En mi vida he sido ninguna de esas cosas. Soy más bien, no sé, un torbellino que en demasiadas ocasiones se eleva para acabar estampado contra el suelo de la realidad, después de vivir en su propio mundo, no de ensueño, porque eso sería pedir demasiado. 
Así que aquí estoy, pensando que, quizás las palabras, esas grandes amigas que siempre fueron refugio, hagan que la rabia se vaya... O me demuestren que, efectivamente, no vale la pena la energía gastada que, por otro lado, necesito para empezar a ser más carne y menos hueso... O quizás, simple y llanamente, el teclado se haya convertido en mi nueva forma silenciosa de gritar y gritar al mundo '¡oye, que ya lo capto!'. Aunque, seamos sinceros, en realidad captar captar, capto pocas cosas. Soy más de estamparme, como ya he dicho. O de recibir las hostias del destino con puro estoicismo (cosa también falsa como estas propias palabras demuestran). 
Así que me quedan muy pocas opciones. O todas las del mundo. Pero parece que seguir enfadada no debería ser una de ellas. No me sirve de mucho. Así que, aquí va mi grito: ¡FUERAAAAAAA!

viernes, septiembre 27, 2013

¿Casualidad?

Hoy he sonreído, más bien he reído. Cuando le he preguntado a alguien por qué le caía yo tan bien como para hacer por mí una serie de cosas que sé que para esa persona no son tan relevantes, pero que para mí son de una bondad exquisita, sin apenas conocernos, me contestó: porque el día que te conocí te vi perdida.
Y me he reído no porque me viera perdida, si no porque reaccionó como lo hago yo. Aunque ese día no andaba tan perdida (estar así es más mi estado natural que algo pasajero), es cierto que necesitaba volver a tener fe en el ser humano y que estaba en el punto en el que sabes que tienes que empezar a tomar decisiones, pero aún no sabes cuáles serán esas medidas.
Y esta persona reaccionó exactamente igual que yo lo habría hecho en circunstancias parecidas. Brindando su mano sin importarle de qué me conocía. Y eso me ha hecho sonreír. Porque es una prueba de que no soy tan especial, ni tan rara, ni tan única (y, aunque no os lo creáis, a veces y más con mi trayectoria vital, eso reconforta) y porque demuestra que la naturaleza bondadosa que yo siempre le di al ser humano está ahí, sólo necesita ser descubierta.
Añadió 'y agradezco encontrar gente como yo'. Y eso también me hizo sonreír. Ya he escrito innumerables veces por aquí la suerte que tengo con las personas que me rodean. No sé si es casualidad, cada vez creo menos que sea eso, pero lo cierto es que, afortunadamente para mí, en mi vida voy encontrando personas que son como yo y totalmente distintas, que me acompañan, me allanan el camino y me reconfortan.
Y no puede ser casualidad que aparezcan cuando yo o ellos necesitamos encontrarnos. En ese momento en el que quieres tirar la toalla, o en el que estás pletórica y necesitas propagarlo; o cuando, simplemente, empiezas a pensar que vas a estar sola.
No puede ser casualidad, porque entonces mi vida es una concatenación de casualidades digna de estudio. Porque igual que apareció esta persona, unas semanas antes apareció otra que pensaba que era para mi reconforte y resultó que era para que nos apoyáramos la una en la otra y aprendiéramos cada una de la que tenía enfrente. 
Porque cuando creí que lo había perdido todo al perder a quien amaba, llegaron muchos que me demostraron que no había perdido nada. 
Y no puede ser que yo quiera interpretar las cosas a mi manera, porque es una realidad tangible que antes no estaban y que estas personas me llegaron cuando las necesitaba. O cuando ellos me necesitaban. 
Y entonces, más que en casualidad, empiezo a pensar en karma. En que lo que recibes das, y que puede ser verdad que lo que dicen que doy, lo entrego, aunque para mí no sea nada, porque es quien soy.
Y curiosamente, que alguien me diga que me vio perdida, y que me ha hecho pensar que quizás lo estuviera más de lo que recordaba, me ha hecho sentirme bien. Porque, una vez más, algo que me apenaba se transforma en suerte, como por arte de magia. La suerte de volver a encontrar alguien que enriquece mi vida y se incorpora al mosaico de personas que conforman mi red de supervivencia.

jueves, septiembre 26, 2013

Inútiles intentos

El autoengaño es fácil. Eso dicen. Quizás soy una mala alumna. No lo consigo. Puedo deciros y decirme que no es lo que siento, pero siempre sé lo que late en el fondo. A veces duele. 
Sé cuando me ilusiono, aunque no lo diga. Sé cuando me equivoco, aunque me lance al error; sé cuando intento autoengañarme y sé cómo no lo consigo.
También pensaba que sabía que ir directamente hacia las cosas eran una forma de valentía. Pero quizás es sólo, como me dijo una amiga, una forma de chapotear en charcos fácilmente esquivables por no querer aprender. Aunque más bien me conozco demasiado como para no saber que el riesgo me vale la pena.
Las posibles futuras lágrimas bien valen lanzarse. Porque da igual hacía donde haga mi salto al vacío, lo que me mueve es esa excitación de sentir que el suelo ya no está bajo mis pies, el viento en la cara, y sentir ese resto de confianza hacia los otros que, a pesar de todo, aún late en mi corazón. 
No es que no quiera saltar el charco y evitar el barro, simplemente sé que SIEMPRE me levantaré.
No hace mucho también le explicaba a alguien, lo bueno de que el corazón se te rompa (a ella le dije te rompan, pero eso no era cierto, me lo rompí yo) en millones de pedazos hasta el punto de que te duela físicamente es que, cuando ya has tocado fondo después de escarbar y escarbar, y sales, y vuelves; SABES, verdaderamente sabes, que no habrá absolutamente nada que te deje atrapada en ese barro. 
Así que he decidido abandonar mis inútiles intentos de dejar de ser quien soy. No voy a ser kamikaze, pero tampoco voy a protegerme tanto como para renunciar a ilusionarme, intentarlo, vivirlo, disfrutarlo y, si toca, sufrirlo, con una sonrisa y algunas lágrimas.
Y habrá personas que no lo valgan, o que no me merezcan, o que no vean quien soy. Pero yo sí los veré a ellos. Y no les voy a dejar hacerme perderme, pero tampoco voy a dejar de lanzarme. Como algunos dirían, that's life. Y a mí, me gusta vivirla.

miércoles, septiembre 25, 2013

El pasado que ya no soy

Abrir una libreta nueva y encontrar una foto antigua tiene algo de magia. Al principio no sabía qué hacía ahí, una foto del año 97 en una libreta del año pasado, pero luego he caído que la busqué por mi melena... Echaba de menos mi melena.
Hace un año echaba de menos mi melena y busqué una foto. Hoy la he encontrado y he echado de menos esa mirada. Después de un arduo trabajo conseguí sentirme a gusto en mi ser y, ahora, de repente, he sentido un latigazo de añoranza por esa niña que sonreía en la foto, confiada, quizás porque no sabía todo lo que le venía encima y que me ha conformado hasta ser quien soy el día de hoy. 
No quiero ser esa niña, porque con 21 años era una niña. Esa niña a la que la presión provocaba problemas estomacales que la dejaban muerta durante días (pero que seguía trabajando igual). Esa niña que jugaba a ser adulta y no lo era, porque ni siquiera aún lo soy. 
Pero lamento haber perdido la inocencia de esa mirada que pensé que no perdería (está mermada, algo queda); haber dejado atrás esa confianza en el futuro, esa confianza sin dudas hacia la persona que me quería y me hacía la foto. Porque ahora miro de soslayo siempre, y no tengo esa fe ciega en lo que me dicen.
He sentido añoranza del no saber. 
Y me ha resultado curioso. Me siento muy a gusto en mi piel y en mi corazón. Si ahora miro atrás es para sonreír y darme cuenta de que el camino andado me ha permitido ser quien soy. Y, de repente, he extrañado aquellas partes de quien fui que me hacían confiada. Porque no sé si mi mochila me deja confiar, porque confío, pero siempre a la espera de la desilusión. Era más bonita la fe ciega.
Como todo, madurar tiene una parte fea.


sábado, septiembre 14, 2013

STOP

Y no precisamente en el nombre del amor... 
Empiezo a cansarme de estas continuas llamadas de atención del, llámemosle, Universo, para que pare. Cansada porque más que llamadas son brutales golpes que me dejan exhausta y sin entender muy bien a qué viene tanto alboroto.
No lo entiendo. En serio, ya no lo entiendo. He parado tanto, reflexionado tanto y reorganizado tanto mi vida este año (desde desaparición de las redes sociales para lograr el equilibrio hasta dejar de entrenar pasando por cosas que ya ni enumero) que, sinceramente, empiezo a pensar que todo esto es una broma pesada de algún mal karma que tuve que tener...
Porque soy una buena persona. Lo soy.Y, en serio, ¿tan acelerada es mi vida? Yo diría que no. Si me paro un poco y miro alrededor quienes hacen verdaderos malabarismos y machacan sus cuerpos y mentes son quienes tienen hijos y no paran de trabajar, y criarlos, y cuidarse, e intentan mantener las amistades, y vida y...
Y yo no hago mucho más que sobrevivir. Bien, pero sobrevivir. 
Así que, quizás el universo, karma, o lo que quiera que sea, más que pararme a hostias debería remitirme un mail, carta, mensaje en botella o discurso de desconocido (porque los conocidos ya sé qué piensan y me dejan igual de perdida o encontrada) que sea claramente comprensible para mi pobre mente mortal, que, o bien ya ha perdido todas las neuronas con el tinte, o es que intento ver señales donde no las hay y, simple y tristemente, esto es lo que llaman vida. 
Porque si aún me queda por aprender algo, sinceramente, no lo pillo. Así que, energías del mundo, en serio, quizás sería más fácil si me mandáis un whatsapp y, por un tiempo, sois vosotras las que me dejáis a mí tranquilita. 

miércoles, septiembre 11, 2013

Redecidir

No sé si es ya la cuarta o quinta vez que tomo la decisión. Que lo siento muy dentro, lo reflexiono y decido. Me doy cuenta de que tener a mi lado personas que no saben apreciarme, que no me ven, en realidad, sólo me trae daño, máxime cuando esas personas verdaderamente me han hecho daño, aunque fuese involuntario.
Y ya, cansada de tanta decisión y redecisión, no sé casi si expresarlo o mejor dejarlo en un recóndito lugar de mi mente para ver si, de forma definitiva, se convierte en realidad, o, más bien, saco la fuerza de voluntad suficiente como para mantenerme al margen. O firme. Alejada.
Porque no valió borrarte, así que lo intenté volviendo a tenerte en mi vida, pero entonces volviste a hacerme daño, pero, sobre todo, me enfadaste. Y me abriste los ojos. Tú mismo. Así que, quizás, está vez sí sea la definitiva. El punto en el que deje de imaginar presentes que no existen ni existirán, porque ni siquiera yo los quiero. Porque no es lo que quiero. Así de simple.
Absurdo cómo personas que no están tan dentro se quedan más enganchadas que las que de verdad fueron amor. Más fuerte que una enredadera. Creo que ha llegado el momento de la poda.

lunes, agosto 12, 2013

La calma agitada



Cuando el corazón empezaba a desbocarse, sólo la fuerza indómita del mar parecía calmar sus ansias de acabar con todo y con todos. Sentarse en la arena, sentirla en los pies, aún en el frío invierno, en las manos, oler el mar, notar el mar, su humedad.
Y, sin embargo, aún necesitaba unos instantes, a veces incluso horas, para dejar de intentar atarse a la tierra, de agarrar con fuerza la arena entre sus manos para sentir que se escapaba entre sus dedos, herida por la rabia o la frustración o las ansias de tener lo que pudiera parecer imposible. 
Pero, tarde o temprano, llegaba la calma. La respiración dejaba de ser entrecortada. El pecho paraba en las agitadas subidas y bajadas. Los ojos, entrecerrados, se iban abriendo al mundo. El pensamiento dejaba de amarrarse al círculo imparable de la sin razón y se centraba en el oleaje que, fuerte o calmado, mostraba el movimiento que es la vida. 
Recordaba entonces aquellos momentos de la infancia cuando el mar era su enemigo, porque la arrastraba, atrapaba entre sus fauces y la devolvía asustada y atragantada a la orilla. Pero también sentía la calma inmensa y la quietud de verse en el centro de la ola, donde estaba el aire que le permitía respirar debajo del agua y le hacía sentir tan eterna como el océano que la rodeaba.
Así mismo, podía sentir la mano en el hombro, rozando la cadera. La mano que le daba confianza, fuerza. El amor que la arropaba, incluso lejos del mar. Y no lo echaba de menos. Sabía que volvería. Porque amar era todo lo que quedaba.

martes, mayo 14, 2013

La vida tiene mil vueltas y yo a veces creo que estoy en un no parar. Sensaciones de no haber madurado o de no saber tomar decisiones de adulto. Sentirse vieja y niña a la vez, no soportar que me digan cómo tengo que vivir o qué tengo que hacer; los chantajes psicológicos o el intento de uso de la presión del grupo... Me siguen quemando igual, pero luego me paro y me siento pequeñita pequeñita.
Siempre pensé que cuando creciera (esa expresión que parece no acabar nunca) me sentiría adulta. Pero crezco y crezco, o, más exactamente, envejezco y envejezco (no en el sentido de las arrugas si no, más global, en el del pasar del tiempo) y cuando me paro y me miro veo a la misma niña de siempre. Más segura, es cierto, pero la niña. Por mucho que me digan, mi vida me parece un juego de casitas, en el que no tengo la mía (que no tendría que ser una propiedad).
Incluso ahora, cuando me he decidido y tengo la grandísima suerte de poder optar por un hogar en el sitio que quiero, siento que sigue siendo un juego. Que el dinero que invertiré y que se irá como agua entre las manos, no será de una vida real y adulta. Que seguiré siendo la niña que sueña con una libertad que en realidad ya tiene.
A veces pienso que no soy capaz de encontrar mi lugar en el mundo aunque esté en él. 
Y no es que siempre quiera (personas, viajes, sueños, trabajos, ocupaciones). No es que sea infeliz. Ni siquiera es que me sienta sola.
Es la insistente sensación de que todo esto es una prueba, y de que la realidad vendrá en un momento en el que yo ya estaré muerta y no podré hacer nada.
Lo más extraño es mantener esta sensación aun cuando soy feliz y sé que soy feliz. Podía sobrellevarla cuando estaba insatisfecha y triste, pero ahora, ahora no sé cómo gestionarla. Porque me asalta la duda de que, quizás, la verdad es que esta es la prueba, que mi vida es el expermiento y que, al final, será otra la que VIVA.

sábado, enero 05, 2013

Yo sé que mis amigos están a mi lado. Sé que me quieren y me aprecian. Sin embargo, hay momentos en que verdaderamente soy consciente de lo pendientes que están de mí, de cómo me aprecian hasta niveles que me dejan asombrada. Porque me llegan paquetes de libros, monederos en forma de corazón, entradas de teatro, mantas polares con mensajes que me hacen reír... Y el año sin Reyes Magos se convierte en el año repleto de magos, amigos, que me sorprenden y me dicen, con estos detalles que están ahí, escuchando, cercanos, cariñosos y con verdadero amor. 
Entonces, el valor puramente material de lo que me regalan se multiplica al infinito porque no dejan de sorprenderme y sobre todo, me hacen sentirme muy muy muy muy querida. 
Y da igual si el regalo me llega u otro se adelanta. El amor está ahí y me alcanza, me llena, me empapa de felicidad. 
Yo no creo hacer nada para merecer este aprecio y amor sincero y desinteresado. Sólo soy yo. No hay más. Y por eso más me emociona lo que hacen, los detalles, las atenciones. Y no me bastan las palabras para dar las gracias.
En serio, tengo mucha suerte.
De verdad, gracias.

lunes, diciembre 31, 2012

Se termina otro año. Y, la verdad, pensaba hacer un balance más bien negativo de este 2012 que terminará en pocas horas. Pero eso fue antes de pararme un momento a reflexionar. Vale, este año bisiesto no ha sido demasiado bueno para mi familia. Vale, mi salud se ha visto algo mermada en el último trimestre (como siempre nada grave, pero sí engorroso) y, vale, la Navidad vino con una triste noticia para una amiga que me tocó de cerca.
Sin embargo, miro hacia atrás y no puedo dejar de ver 2012 como un gran año para mí. 2012 ha sido el año que me dio la oportunidad de empezar de cero y reconstruirme más fuerte y más confiada. 2012 ha sido el año en el que he conseguido sentirme bien conmigo misma y crecer mucho. Y, sobre todo, este año que termina en breve, ha sido el año en el que han llegado a mi vida personas que la han cambiado a mejor, sin olvidarme de quienes llevan unos cuantos años dándome su apoyo, su alegría y su comprensión.
Pero hoy, por ser momento de balance, quiero centrarme en esas personas que han inundado mi vida llenándola de cosas buenas.
La primera, por orden y por peso, fue Yolanda. Si bien hace unos días le dediqué una entrada con tono triste, de nuevo quiero resaltar lo importante que ha sido ella para mí este año. Y no sólo por ella misma, si no también por las personas que me ha traído.
Porque la segunda persona es Antonio. Compañero de funky, desde el primer día me dio toda su amistad, cariño y bondad. Antonio es de las personas más dulces, sinceras e increíblemente empáticas que conozco. Y siempre nos recuerda a los demás que hay que ponerse en el lugar del otro. 
Gus ya era conocido, pero en 2012 se ha convertido en mi pilar, mi hermano, mi compañero, mi confesor, consejero... Todo. Yo creo que sólo nos faltó hacernos novios, pero lo prefiero de amigo, porque así sé que estará a mi lado siempre, así de egoísta soy con él. Realmente hace un año que nos conocemos y me parece toda una vida buena.
Luego está todo el Yoly's group. A todos y cada uno de ellos les debo grandes momentos de risas, aventuras y disfrute. Pero no puedo evitar destacar a alguno. Mi Davy, mi querido Davy. Sosegado, reflexivo, atento, amigo, siempre amigo. Y Mayte, a veces burbujilla como yo, siempre positiva, aun cuando su alma a veces llore. Amaranta ha sido confesora y amiga. Compañera de gimnasio, salidas, risas y lágrimas. Su peso en oro me vale, y a veces se le olvida.
Asun me vino por el trabajo. Y me llenó con su fuerza y su alegría. No conozco a nadie más capaz de mirarle a la cara a la vida y sonreirle y decirle que es bella, aunque reconozca sus momentos feos. Asun son unos ojos que brillan, una mano que sustenta. 
Jorge, aunque haya decidido dejarlo a un lado de mi vida, en su momento me aportó seguridad. Me dio confianza en mí, me hizo sentir guapa y deseable en un momento en el que me sentía de todo, menos guapa o deseable o segura. Y me hizo reir cuando tanta lágrima casi había ahogado mi risa. Y eso no voy a quitárselo. E incluso el daño que me ha hecho me ha servido para seguir creciendo.
Entonces, gracias a Davy y su manía de hablarlo todo, llegó Pedro. Pedro me trajo la esperanza de que se puede encontrar a alguien, de repente, que te haga sentir en dos frases como si lo conocieras de toda la vida. Me devolvió mi amor por los libros y las palabras, me hizo comprender que sólo yo podía cumplir o no mis sueños. Queriendo o sin querer me dio amor, amistad, esperanza y ganas de intentarlo todo, cuando yo pensaba que no me quedaban fuerzas para nada y que había sueños incumplibles (pues no es así, a la prueba que es mi piano me remito).
Junto a él, mis libreros, Mayte, Quico; mi club de lectura y su gente, especialmente Lourdes, con ese cariño...
Fran, de mi familia funkera, se reveló como mi alma gemela en muchos aspectos. Me aporta lucidez, cariño, mimos y fuerza, porque él es fuerte, aunque ahora haya momentos en los que se haya sentido pequeñito. Pues no, es grande y encontrará a alguien grande como él, estoy segura.
Y sí, mi familia funkera está ahí con Maca, y Juanillo, y Rider y Belén, y todos, nuevas incorporaciones o quienes me vieron bailar por primera vez hace ya más de un año.
Mi curso de profesora también me trajo buena gente. Todos ellos me brindaron risas, amistad, momentos inolvidables, más ganas de crecer, de aprender con y de ellos: Cristina, Antonio, David, Dani, Juan, Auxi, Emmanuel, Victor, Inma, Maricruz.
Así que, mirando a 2012 me encuentro con quienes son mis amigos de hace años y a los que quiero con locura, y a todos esos que son ya mis amigos, y que parecen haber pertenecido a mi vida o yo a las suyas siempre, porque están. Siempre.
Por eso, venga lo que venga en 2013, yo tomaré las uvas con una sonrisa en la boca y el corazón grande, cargado de todo el amor que me brindan todas y cada una de las personas que forman parte de mi vida. Soy afortunada. 2013 sólo podrá traer más felicidad.


viernes, diciembre 28, 2012

Me cuesta aceptar cumplidos. No llevo bien el pensar que alguien me quiere, me aprecia, simplemente porque soy quien soy. Aunque yo los haga, me cuesta creer en la sinceridad de los gestos de buena voluntad desinteresados. Y sin embargo, siempre, siempre, tengo a mi alrededor personas que me demuestran continuamente que la bondad existe, que somos buenos por naturaleza.
Xosé llegó a mi vida por este blog. No recuerdo ya cómo fue que dio con En busca... Pero un día empezó a hacerme comentarios. Creó su blog, nos seguimos mutuamente y, un buen día, las palabras blogueras se transformaron en mails, comentarios de face, y largas conversaciones, siempre con un teclado por delante. 
En los creo que ya más de cinco años que nos conocemos no nos hemos visto nunca, pero hemos compartido buenos y malos momentos el uno del otro.
Y siempre me ha sorprendido. Su bondad, su dulzura, su disposición.
Xosé es un currante, trabaja por él y por un mundo mejor. Pendiente de su mujer, pendiente de sus amigos. Sin haber probado uno de sus platos sé que es un buen cocinero. Que es positivo. Que quiere sinceramente. 
Hoy he recibido un gran regalo de él. Bueno, dos. Uno es puramente material: unos libros que han llegado por correo y que aunque fueron pensados en parte como regalo retrasado por mi cumpleaños, para mí (que no tendré regalos en casa este año), han sido mis presentes navideños. El otro, el que me ha hecho llorar de felicidad, han sido sus palabras. Tanto la dedicatoria del libro que él ha traducido (La cocina de Alice B. Toklas, de Black List, desde aquí lo recomiendo); como lo que me ha escrito en su postal navideña me ha llegado al corazón. Y sí, Galicia y Andalucía están al lado. Y sí, hay quien te conoce sin haberte mirado nunca a los ojos.
Jamás creí en que internet pudiera crear verdadera amistad. Pues Xosé (y mi Anita asturiana; y mi Regi...), son la prueba. De que la gente buena está a tu lado y lejos. Pero está. Así que, gracias Xosé, por devolverme mi fe en la bondad humana. Gracias por ser tú.

martes, diciembre 25, 2012

Hay personas que te llegan y no sólo se dan a sí  mismas. Aparecen y se quedan. Y te incluyen en su vida y te hacen sentir amor y te ofrecen infinitas posibilidades y te dan una nueva familia y te enseñan y te animan y te dan felicidad.
Yolanda es una de esas personas. Llegó a mi vida porque decidí que quería intentar bailar. Y de repente, cuando yo estaba tocando fondo, pasó de ser mi profesora a convertirse en mi amiga. Una amiga que me incluyó en su grupo, en ese Yoly's group que es una familia, me integró en el funky, aunque yo tuviera que dejar de bailar, me ofreció una mano y un hombro y un corazón y un alma. 
Me dio amor y me dio pertenencia, a mí, siempre desarraigada, siempre sin 'ese lugar en el mundo'. Me dio fuerza, me enseñó a comer y eso me dio las energías que necesitaba para continuar. Me escuchó y me dio consejos y apoyos; me anima, me consuela y me enseña, día a día. 
Y en estos días que nos ha necesitado, siento que apenas he podido devolverle una pequeña parte de todo lo que he recibido de ella. Me gustaría que sintiera mi abrazo fuerte en estos momentos de tristeza. Que de verdad supiera que estoy aquí, para siempre, para lo que sea. Que nunca estará sola, porque eso sí se lo hemos demostrado sus dos familias: funkeros foreva y el yoly's. 
Porque incluso ahora, en estas tristes circunstancias, Yolanda ha vuelto a enseñarme. Me ha mostrado lo que es amor, cuando todos, da igual si estaban en Sevilla o fuera, han querido mostrarle su cariño, han querido estar a su lado. 
Y yo solo soy una pequeña parte, y apenas puedo ofrecer más de lo que ya he mostrado. Y, sin embargo, aún me parece poco. Porque ella es grande y se merece todo.
Así que sólo me quedan las palabras, que se me quedan también cortas, pero con las que quiero repetirle, una vez más, que es grande, que se merece todo el amor que tenga en su vida, porque siempre será simplemente un reflejo de lo que nos ofrece; que no está sola, que estaremos a su lado y que, pase lo que pase, si llegaran a flaquearle las fuerzas (cosa que dudo que ocurra), aquí tiene un bastón donde apoyarse, una mano que la levante y un corazón para darle aún más coraje.