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sábado, septiembre 06, 2008

Escenas surrealistas de mi vida cotidiana III

Como ya sabéis, y si no os lo recuerdo, aún no he cogido vacaciones. Bueno, me tomé una semana allá por el mes de junio porque me visitó mi amigo Jesús, que ya se me ha olvidado. De manera que llevo todo el verano trabajando en la oficina y, a estas alturas, con un humor bastante mermado que poco empieza a parecerse a mi talante normal cuando tengo que atender al público (aunque aún no se me han quejado, debe ser que sigo por encima de la media del funcionariado de este país).


El caso es que el otro día estaba trabajando a saco (que dirán ZP y sus amigos que no hay crisis, pero no veáis el subidón de trabajo que he tenido yo) y moviéndome por la oficina a todo correr para que la gente no espere mucho, cuando un señor atendido por mi compañera me mira y me dice 'chiquilla, ¿qué pasa? ¿Aún por aquí?' y le contesté 'pues ya ve, trabajando'.


Entonces, llegó la respuesta más extraña que me han dado nunca: 'Hija, es que te crece el pelo, pero siempre aquí'.


Claro, al oír semejante frase miré al hombre, que rápidamente aclaró: 'vamos, que si tienes vacaciones, porque estás aquí siempre que vengo'. Pero ya estaba dicho. Miré a mi compañera y las dos empezamos a reír y reír y reír, que casi no puedo terminar de atender al chico que tenía en la mesa porque es que no lograba serenarme.


Porque pasan dos cosas: la primera es que llevo meses desesperada porque parece que no me crece el pelo y la segunda, por mi trabajo procuro no hablar de mis vacaciones, de si me las tengo que tomar o no, porque les podría sentar mal a los que atiendo, pero este señor, todo amable, se preocupaba porque aún no había descansado y me tocaba mi punto débil, mi cabellera.


La verdad es que, con la semanita que he tenido, este señor no tiene ni idea del alivio que me provocó su interés por mí. Y luego me preguntan que si no me cansa estar en atención al público.


jueves, junio 05, 2008

Algo pasa conmigo

Por fin, este año, uno de mis amigos de Melilla, mi mejor amigo, mi salvador muchas veces, viene a verme a Sevilla. No conoce la ciudad y tenemos ganas de recorrerla juntos, salir de marcha como en los viejos tiempos (aunque sea por sitios nuevos), y poder pasarnos horas hablando sin preocuparnos de facturas de teléfono.
Es genial y cuando me lo dijo me dio tal alegría que me cogí una semana de vacaciones porque, aunque mi horario es bueno, quería organizar excursiones, algún día a la playa y alguna escapada de dos días para ir a ver a amigos comunes en otras ciudades.
Vamos, que tenía una perspectiva bastante agradable de mis vacaciones. Hasta que mi profe de inglés dijo las fechas de los exámenes... Dos de ellos coinciden con mi semana de vacaciones.
No os voy a engañar, me pillé tal cabreo que hasta el profe, al final de la clase me preguntaba que qué me pasaba, que había perdido todo mi fuelle (es que soy la alegría de mi clase de inglés, aunque esté mal decirlo jejeje).
Pero decidí que eso no me iba a arruinar la visita ni las ganas de juerga. Me pondré a estudiar el fin de semana antes y sólo iré a los exámenes. Mientras mi amigo puede dormir la siesta, o dar un paseo...
Entonces, llegó Hacienda. Tenía cita para la semana pasada, pero no sé cómo tomé nota que me fui a otra oficina y me tuvieron que cambiar la cita... Para mi semana de vacaciones... Y es que no me daban otra opción, leñe. Y ni siquiera coincide con uno de los días de examen, por aquello de perder dos días nada más, no, van a ser tres.
Total, que dije, quizás debería plantearme cambiar la semana de vacaciones... Imposible, no le devuelven el dinero del billete a mi colega ni aunque lo cambie, o sea, se lo cobrarían dos veces. Además, él no puede cambiar los días, sería venir sólo un fin de semana. Así que decimos, bueno, pues nos recorremos Sevilla, que es muy grande, da igual no ir a otros sitios...
Pero es que hoy voy a la piscina y me cuentan que va a ver otra masterclas de aquafitness (para saber más pulsar aquí). Me emociono, porque me lo pasé genial el año pasado y pregunto que cuándo será... ¿A que lo adivináis? Pues sí, en esa semanita de las narices.
Que digo yo, ¿qué pasa conmigo y mis vacaciones? ¿Tenía que haberlas cogido todas en agosto, como todo el mundo? ¿Es una señal?
Eso sí, si encontráis alguna solución, se aceptan sugerencias.

miércoles, abril 23, 2008

Escenas surrealistas de mi vida cotidiana II

Ya sabía yo que este título iba a tener sus continuaciones, porque conociéndome a mí misma (un poquito) sé que el surrealismo me persigue allá donde voy...
Estaba ayer en la consulta de mi traumatólogo a la espera de que me atendiera para no solucionarme nada (es que no sé ni para qué me molesté en ir), cuando me llama Suntzu, porque había quedado con ella para celebrar su cumpleaños (id para su blog y felicitarla aunque sea tarde, que le hará ilu). Hablo con ella brevemente, porque está cerca de la consulta y no la encuentra, y cuelgo.
Justo en ese momento se me acerca un chavalín que estaba también esperando con su madre y todo educado me dice:
'¿Esa es la canción de Shakira?' (cuando me llama Suntzu suena Hips don't lie)
'Sí, es Shakira'
'¿Podría usted pasármela por bluetooth?' (educado sí que era, que me habló de usted y todo).
'Claro, hombre, pero tengo que ir a por mi amiga y luego te la doy, ¿vale?'
Total, que salgo a por Suntzu, la felicito, la saludo y le digo que no se asombre, que cuando entremos en la consulta le tengo que pasar una canción a un chaval. La pobre ya es que ni se asombró, porque me conoce. Y ahí me tenéis a mí, explicándole cómo se conectan ambos móviles por bluetooth, que el chaval no sabía que había que meter el código ni nada. Y la madre que viene y le dice: 'Anda, pero ya estás pidiendo cosas a la gente', o algo así...
Terminamos el traspaso y me pongo a hablar con Suntzu cuando el chiquillo vuelve a preguntarme porque dice que le sale un candado cuando quiere pasar canciones reales... Ahí poco le pude decir, porque ni idea de lo que me hablaba y tampoco era plan de ponerme a mirarle el móvil para averiguar cómo solucionar su problema...
Eso sí, cuando se fue el chico Suntzu remarcó un pequeño detalle... '¡Vaya pinta de raro que tenía!', pero es que, ¿se me acerca alguna persona normal?

viernes, noviembre 09, 2007

Sucesos paranormales

Realmente esta anécdota es una chorrada, pero es que me ha flipado un poco y es una muestra más de que tengo cara de 'venid a mí'.
Como sabéis voy y vengo del trabajo en bici, y esta tarde, al volver iba pedaleando por la acera, porque hay un tramo que no tiene carril bici, cuando empiezo a oír 'oiga, oiga' y, claro, no hago caso porque voy en bici, por esa zona no conozco a nadie y porque hay gente andando. Total que paso de todo y sigo pedaleando cuando siento una presencia a mi lado. Miro y es un chaval de unos 14 años que viene corriendo a mi altura.
Claro, como no me fío ya ni de mi madre le miré y, para mi sorpresa, veo que es él quien está gritando y que me habla a mí. Le presto más atención, porque agitaba, desesperado y casi sin aliento en su carrera, unos papeles delante mía, y va y me suelta '¿quiere entradas para el rugby?'.
Esta situación me ha hecho plantearme varias cosas: Primera, ¿qué cara tengo cuando voy en bici? Quiero decir, hoy iba bien vestida (pantalón de pinzas, rebeca media manga, vamos que no iba en vaqueros), por tanto, mi aspecto no daba imagen de gustarme el rugby, así que debe ser que pongo cara de bestia.
Segunda; si tienes unas diez personas a pie a tu alrededor ¿por qué vas corriendo detrás de la única que va en bici, y por tanto, va más deprisa, para intentar venderle algo?
Tercera, ¿están pirados los adolescentes?
Ah, y por cierto, como comprenderéis le dije que no quería entradas... Este finde toca Festival de Cine todavía...

jueves, noviembre 01, 2007

Aeropuertos y aviones

Con tanto lío de colgar las fotos de Melilla y retomar mis actividades deportivas casi se me olvida contaros mis experiencias en el aeropuerto y en los aviones al ir a ver a mis amigos. Debo confesar que, en el primer caso, al principio me puse a temblar acordándome de Ilse, porque ella tiene mucho aplomo y está muy curtida en estos lares (o eso parece), pero yo no. Bueno, vamos al lío, para que veáis que sí que tengo cara de 'hábleme usted que para eso estamos'.


El caso es que estaba yo el día doce de octubre en el aeropuerto de Málaga con tres horas por delante para que saliera mi vuelo a Melilla (es difícil coordinar trenes y vuelos, sobre todo si los de Renfe te dicen que no te fíes del tren siguiente, que como se estropee no llegas...). Normalmente, cuando tengo tanto tiempo en los aeropuertos miro las tiendas, llamo a amigos y familiares y leo algo, pero ese día tenía una hora y media de sueño encima, así que las tiendas las miré de aquella manera, sólo hablé con dos amigos (¿dónde estaba el resto?) y mi madre e intenté leer. Un consejo, si sólo habéis dormido una hora no cojáis como único libro uno en inglés. Efectivamente, a la tercera palabra estaba dando cabezadas en el sillón del aeropuerto y, como no me gusta dormirme en sitios públicos, que no me fío ni de mi padre y los ladrones también van en avión, me puse en pie, me lavé la cara y cambié de asiento. Subí la música del mp3 a toda caña para despertarme e intenté concentrarme en mis zapatos para no dormirme, pero no pude evitar un bostezo de esos que hacen historia.


A eso que levanto la cabeza y me veo un señor de unos 50 años que me ha pillado con toda mi boca abierta: vergüenza, gesto con la cabeza de disculpas y rápida mirada hacia otro lado. A los segundos me vuelvo para ver si se ha ido y lo pillo comprando dos helados. 'No se le ocurrirá', me digo, 'su esposa estará por aquí', y, por si acaso, vuelvo a girar la cara... Pero, no, claro, el otro helado era para mí, of course, pobre niña dormida y desamparada... Vamos, que el tío llega y me planta en la mano unos de estos helados con galleta y, aunque intento rechazarlo, el buen hombre insiste 'it's a gift', y claro, como se iba a deshacer tuve que aceptarlo.


(Aclaración previa: mi inglés es pésimo-sí, Anthony, aunque esté en quinto lo reconozco-, sólo he estudiado dos cursos, pero tengo buen oído, imaginación y que ya no me para nadie).


Obviamente le dí las gracias en inglés y, claro, el señor se tomó el brazo por la mano y se sentó a mi lado para saber quién era. Me preguntó de dónde era, y al contestarle que española alabó mi inglés (!!!), porque nadie lo habla (que es lo que tenía que haber hecho yo). Como vio que le contestaba, siguió preguntando, siempre en inglés, claro, que a dónde iba, que si vivía en Málaga, que si patatín, que si patatán... Y ese era el momento en que yo temía que me hiciera la pregunta clave, la que le hicieron a Ilse y que me comprometía a algo más que tomar un helado...


Pero no, no le di oportunidad. Si el tomó mi brazo yo decidí coger su pierna y me puse a preguntarle también que quién era y que a qué se dedicaba... Para qué, porque el buen hombre no quería ligar conmigo, lo que quería era venderme su empresa: la producción de energía eléctrica a través del hidrógeno, energías renovables y del coche para dar luz a las casas, las oficinas, las tiendas... Imagináos todo eso explicado por un alemán a una española en inglés, que me dio el señor hasta dibujos explicativos, que podéis ver aquí.


La verdad es que no daba crédito, pero reconozco que me salió la vena periodística y venga a preguntarle si ya tenía toda la tecnología necesaria para llevar a cabo sus proyectos, que qué opinaban las eléctricas ('they want kill me', me decía el colega), y que estaba muy bien para el futuro del planeta... Total, tres cuartos de horas hablando con el hombre que se fue corriendo para no perder el avión, me dio su mail del trabajo y el personal y se disculpó y todo, ¡él, que me había regalado un helado por verme bostezar!.


Y lo mismo a vosotros esta historia os parece de lo más normal, pero es que, cuando ya estaba recuperándome del surrealismo de este encuentro, a la vuelta del puente, me siento en el avión y el de al lado (otro hombre de unos cuarenta y algo años, ¡qué les daré!), se pone a decirme que si lloverá en Málaga, que si se moverá el avión y, no sé cómo, acaba pidiéndome el mail para enviarme no sé qué, que me permitirá tener en mi ordenador una ventanita que me dice el tiempo cada vez que esté conectada a internet (que, por cierto, no me ha enviado). Me contó su vida sin que preguntara, me explicó pormenores de su trabajo y de que lo mismo lo despedían o se iba él de la empresa...Y también se ofreció a llevarme en taxi a la estación de trenes, pero de eso pasé, ¿eh? , que ya eran demasiadas confianzas...