Como ya sabéis, y si no os lo recuerdo, aún no he cogido vacaciones. Bueno, me tomé una semana allá por el mes de junio porque me visitó mi amigo Jesús, que ya se me ha olvidado. De manera que llevo todo el verano trabajando en la oficina y, a estas alturas, con un humor bastante mermado que poco empieza a parecerse a mi talante normal cuando tengo que atender al público (aunque aún no se me han quejado, debe ser que sigo por encima de la media del funcionariado de este país).El caso es que el otro día estaba trabajando a saco (que dirán ZP y sus amigos que no hay crisis, pero no veáis el subidón de trabajo que he tenido yo) y moviéndome por la oficina a todo correr para que la gente no espere mucho, cuando un señor atendido por mi compañera me mira y me dice 'chiquilla, ¿qué pasa? ¿Aún por aquí?' y le contesté 'pues ya ve, trabajando'.
Entonces, llegó la respuesta más extraña que me han dado nunca: 'Hija, es que te crece el pelo, pero siempre aquí'.
Claro, al oír semejante frase miré al hombre, que rápidamente aclaró: 'vamos, que si tienes vacaciones, porque estás aquí siempre que vengo'. Pero ya estaba dicho. Miré a mi compañera y las dos empezamos a reír y reír y reír, que casi no puedo terminar de atender al chico que tenía en la mesa porque es que no lograba serenarme.
Porque pasan dos cosas: la primera es que llevo meses desesperada porque parece que no me crece el pelo y la segunda, por mi trabajo procuro no hablar de mis vacaciones, de si me las tengo que tomar o no, porque les podría sentar mal a los que atiendo, pero este señor, todo amable, se preocupaba porque aún no había descansado y me tocaba mi punto débil, mi cabellera.
La verdad es que, con la semanita que he tenido, este señor no tiene ni idea del alivio que me provocó su interés por mí. Y luego me preguntan que si no me cansa estar en atención al público.
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