lunes, marzo 26, 2012

Un paso y luego otro. Opciones, caminos, bifurcaciones, laberintos de pensamientos. Errante o seguro de su andar. El verde de la hierba, el olor de la primavera, las flores que enseñan sus colores al borde de la senda. La mirada, en el infinito, donde termina la vereda. Los pasos con ritmo. Una cadencia. Brisas juguetonas y nubes de algodón. Sonidos vibrantes. Aliento acompasado. Frufru de telas.
No había pensamiento en su cabeza, porque finalmente había logrado vaciarla de tanta necedad que la rodeaba. Se había decidido a marcharse, porque quedarse significaba una muerte lenta que la dejaría sin el espíritu que había reinado en su vida y había llenado el espacio.
La decisión había llegado reposada, como si siempre hubiera estado ahí, dormida y expectante. Por eso se había dejado llevar por su razonamiento. Al fin y al cabo, sólo ella podía saber lo que había pasado. La felicidad que había venido tras el sufrimiento. La angustia de un mundo que la oprimía porque no era el suyo. Las renuncias que ya no tenían sentido.
Ahora, en su cabeza, sólo quedaba aquella canción...

domingo, marzo 18, 2012

Intensa

Soy muy intensa. Apasionada. No sé cómo no serlo. No puedo ser apasionada para unas cosas y para otras no. Ni dejar de darlo todo en lo que me interesa, me gusta, me engancha. Esto podría parecer bueno. Pero no lo es siempre. Canso. Canso a las personas que me quieren y me rodean. Asusto a los que no me conocen.
Pero soy así. No quiero dejar de ser así. Quizás me consuma rápido, como las cerillas. Pero no puedo dejar de ser lo que soy.
Si quieres mi pasión, acostúmbrate a mi intensidad.

martes, marzo 06, 2012

La frustración hervía en su sangre. Haberlo tenido tan cerca para luego verse sin ello la dejaba con un picor en la punta de los dedos y una rabia interna que no sabía por dónde escapar.
No había dónde agarrarse, así que se armó de valor y usó su propio cuerpo de amarre a la dureza que la atenazaba.
Podría haber optado por usar improperios, pero esta vez decidió sacar pecho y dejarlo pasar.
Ya habría momento para la venganza.

lunes, marzo 05, 2012

Ahí estaba. Corriendo subida a unos tacones de doce centímetros, más segura que nunca, aunque dudosa de no acabar en el suelo, cual larga era, retrasándose en su carrera y quizás, perdiendo la única oportunidad que ahora veía clara.
Así que, sin apartar su principal pensamiento de su mente, miraba cuidadosamente donde ponía los pies en la irregular acera por la que corría, observada por los transeúntes que no dejaban de darse codazos y preguntarse adónde se dirigiría aquella melena al viento, aquellos tacones resonantes, aquella falda que flotaba.
Nadie se imaginaba que detrás de aquella carrera alocada estaba la mayor tranquilidad y sosiego, que habían sido alcanzados por la absoluta certeza. La RAZÓN, así, en mayúsculas, que definía una vida había sido desvelada a la corredora en estiletos.

sábado, marzo 03, 2012

Las risas resonaron en toda la sala. Eran como el cristal que brilla, deslumbra, ilumina y estalla en mil destellos de luz brindando la más absoluta belleza.
No podía evitar la sonrisa perenne ni las carcajadas, cuando quienes la rodean la quieren y la muestran, la hacen lo que es, porque ellos reflejan ese cristal exquisito.
Cristal como diamante. Con el calor del fuego que talla el cristal.

martes, febrero 28, 2012

Nunca me ha importado la distancia. Es decir, al cabo de los años me he acostumbrado a dejar a mis amigos, a quienes me importan, en otras ciudades, en otros lugares lejanos. Y no me importa. El teléfono, alguna visita, los mails... suavizan esa distancia y lo cierto es que, con los amigos de verdad, da igual si te viste ayer o hace años. La sensación es la misma que cuando nos veíamos a diario: la misma confianza, el mismo cariño, la misma complicidad.
Pero hay momentos en que esa distancia se me hace años luz y no soporto el no poder abrazar, tocar y dar un beso sincero a mis amigos. Cuando los siento penar, cuando les ocurre algo en su vida que yo no aliviaría, pero que estando allí, al lado, me permitiría intentar suavizar; no puedo dejar de lamentar las vueltas de la vida, la distancia y no estar ahí, a la vuelta de la esquina.
Porque las palabras se me hacen vanas si no las acompaño del abrazo que me gustaría dar, la mirada que me gustaría compartir.
Pero no me queda otra, no me quedan más que las palabras para intentar hacerte comprender que aquí estoy, para lo que sea. Y se hace falta, allí estaré. Tenlo claro, no estás solo.

lunes, febrero 27, 2012

Los restos de la comida dibujaban un paisaje extraño y difuso sobre la mesa. Aún frente al desorden seguía sentada mirando al infinito que se esconde detrás de los objetos.
Se podría llamar sueño, si no fuera porque esos ojos abiertos y vivos, a pesar de la inercia de su propietaria, reflejaban demasiada agitación interna como para confundirse con el mundo onírico en el que la mente, aun en movimiento, reposa mientras dormimos.
Nada hacía prever si la mesa sería recogida en breve o las horas pasarían igual que la luz desdibujaría y jugaría con los objetos en ella dispuestos, abandonados a la suerte del tiempo y las moscas que, golosas, miraban desde fuera de la ventana el festín que podrían darse con las sobras.

domingo, febrero 26, 2012

Los pasos quedos resonaron en sus oídos, sacándola de su ensoñación. No sintió temor. Conocía qué preludiaba ese ritmo cadente que se acercaba y decidió abandonar por unos instantes los planes que le hacían volar hacia lejanas tierras perdidas.
En unos pocos minutos, la realidad le hizo comprender que las vueltas en su cabeza no la harían acercarse más a su sueño.

sábado, febrero 25, 2012

Sentir el viento en la cara. Pedalear, fuerte o con calma. Acelerar. Olvidarse. Olvidarte. Que la sonrisa llegue con el olvido. No hay nada. No estás. Sólo el viento en la cara. Sólo el ritmo que marcan las piernas. Sólo el corazón que marca la meta.

viernes, febrero 24, 2012

Hay mañanas que el sol se levanta más animado y el primer rayo despierta la tierra con un beso apasionado que le da calor y quita el frío incluso del más crudo invierno.
Avance de un día en el que el brillo de oro ofrece mejores caras y suaves manos que despiertan el cariño con el mínimo roce.
Preludios de una sonata que estallará en primavera, con colores vibrantes y risas descontroladas que incitan a ser feliz.
Porque sólo queda corazón para la felicidad.

martes, febrero 21, 2012

Escribir para liberarse. Para dejar la cabeza vacía y las palabras llenas. Ensuciar las hojas.
Dejé de escribir porque creía que así viviría más.
Dejé de escribir porque no quería volcar siempre pensamientos tristes.
Pero si escribir es el consuelo, dejar de hacerlo puede llegar a oprimir el pecho.
Adoro las palabras. Desde siempre.
Me acompañan, me definen, me construyen y construyen mi realidad.
Voy a volver a ellas.
Ellas nunca me dejaron.

sábado, febrero 04, 2012

Por qué me llamaron Bridget Jones IV

En mi oficina utilizamos sellos. No de esos modernos de los que tienen 'autotinta' o como se diga. Los tradicionales que, primero mojas, y luego estampas. Y, claro, algún día, el tampón se queda sin tinta y no se ve el sello.
Eso me pasó la semana pasada y fui al armario de material a coger un nuevo tampón. Pero no había. Y mi jefe, que a veces parece que paga él el material, me dijo: 'No voy a pedir uno nuevo, rellena el tuyo con los botes de tinta'.
Y allí que fui yo a mi mesa, con mi tampón, mi bote de tinta y mi buen espíritu. Y allí que estoy con el bote de tinta boca abajo y aquello que no mancha nada, ni rellena nada ni nada de nada. Hasta que me dice un compañero 'tienes que apretar un poco el principio del bote, que tiene como una almohadilla para empapar el tampón'.
Claro, y a mí se me olvida que ahora voy mucho al gimnasio. Y que las cosas con suavidad salen mejor, y que la tinta y yo juntas nunca ha sido buena idea....
Conclusión: plástico del bote destrozado, tinta azul que salta por todas partes: mi mesa, mi jersey, mi ordenador, el suelo, el reposa muñecas... Ni os cuento cómo estaban mis manos y mis uñas (ni cómo siguen ahora, días después).
Pero eso no fue lo peor. Lo único que había en mi oficina para recoger el desastre era lejía... Mis manos destrozadas por la lejía, mi mesa oliendo como la más relimpia del mundo mundial y yo colocada todo el día por el olor...
Si es que es lo que tiene volver a mi ser...

sábado, octubre 29, 2011

La verdad es que no puedo seguir así. No puedo seguir pensando que cambiarás de idea, que qué será mejor que haga para que cambies de idea, no puedo seguir llorando de tristeza que me hunde y no me lleva a ningún lado.
No quieres estar conmigo. No puedo estar contigo. Punto. No hay más.
El dolor que siento ahora, pasará. Las cosas que echo de menos, dejarán de ser tales; los planes que sólo me salen pensando en tu compañía, cambiarán por otros; volveré a ser feliz estando sola, como lo estuve antes y, quizás, hasta me vuelva a enamorar, y se enamoren de mí y no repita los errores tan absurdos, tan dolorosos y tristes ahora, que he cometido contigo.
Pero, por favor, que se me pase la angustia, las ganas de llorar, las dudas, la necesidad de tus abrazos que no tengo.
No puedo seguir así. No voy a seguir así. Es absurdo, es doloroso, es destructivo y no me sirve de nada más que para hundirme más.
No voy a seguir así. Me niego. Tengo una vida. Tuve una vida antes de ti y la tendré después de ti. Una vida que me gusta, que es plena, que está llena de objetivos y felicidad. Esa es mi vida. Plena y feliz.

jueves, octubre 27, 2011

La vida es aprendizaje. Y yo intento aprender de esta situación. Han pasado pocos días. Me duele todo, me duele aún, me duele mucho. Y sé que vendrá más llanto. Pero quiero suavizarlo.
Soy yo la que tiene la llave para que el duelo no se prolongue hasta el sufrimiento extremo. Soy yo la que puede normalizar o intentar normalizar el hecho de que trabajemos juntos y ser adulta. Soy yo la que puede intentar sonreír más que llorar, disfrutar de cada nimia cosa buena que la vida me dé cada día.
Dios siempre me rodeó de buena gente. Ahí están mis amigos. Cuidándome, mimándome, no dejándome sola. Les quiero.
Y mis hermanas, pendientes a pesar de que su vida es ahora complicada. Les quiero.
Soy querida y quiero.
No puedo estar con quien me parece que podía ser el compañero de mi vida.
Pero puedo aprender de todos los errores. Puedo sacar lo bueno que me ha dado él y lo bueno que he descubierto yo por todo lo malo que he hecho.
Y tengo que convencerme, tengo que saber, que no lo volveré a hacer. Que no volveré a ser presa del miedo hasta el punto de perderme en el extremo contrario del que estaba huyendo.
Sé que lo haré. Esa es una de las pocas virtudes que me reconozco. Tropiezo mucho, pero casi nunca con la misma piedra.
Y ahora, que el tiempo cure mi dolor y mi alma pueda descansar.
Negar tres veces, es negar para siempre. No me quieres a tu lado. Así de simple. Y por mucho que digan, no puedo dejar de sentirme responsable de gran parte de ese sentimiento. ¿Es culparme? Teniendo en cuenta que me fui al extremo que no pensé que tuviera jamás (impositivo, controlador), pues no sé si es culparme o ser razonable.

El caso es que todo eso da igual ahora. No me quieres a tu lado y tengo que levantarme cada mañana con ese conocimiento. Y salir de la cama, venir a trabajar, a verte, ir a comer, intentar no pensar e intentar dormir.

E intentar comer.

Intentar seguir con mi vida.

Y dejar que se sequen las lágrimas. Por favor, que dejen de salir las lágrimas. Y el nudo en el estómago, la opresión en el pecho, las ganas de salir corriendo hasta el final del mundo y desaparecer allí. Para que deje de doler.

Pero no va a pasar nada de eso, como no va a pasar que te despiertes una mañana y digas, 'ups, me equivoqué'. Lo que va a pasar es que seguirá mi vida. Y aprenderé. Sabe Dios que aprenderé. No hay nada mejor que una buena ostia para aprender de una vez por todas. O esa es la única esperanza que me queda.

martes, octubre 25, 2011

Mañana voy a verte. Se acabaron las vacaciones y vuelvo a la oficina. Vuelvo a verte y no sé cómo lo voy a llevar. Y tampoco sé si querrás hablar conmigo, y yo necesito hacerlo, y cuanto antes mejor. Necesito darte tus cosas y que yo me lleve las mías porque eso será un paso más para hacerlo real, para no volverme al espejismo. Porque a veces entro en ese espejismo mentiroso de que te voy a llamar o me vas a llamar en cualquier momento y quedaremos para dar una vuelta, o para hacer algo o simplemente nos contaremos algo tonto, como que cambié las ruedas de la bici, o que ayudé a Antonio con su obra.
Con lo fácil que es entrar en algunas rutinas, salir de ellas es muy difícil, doloroso, frustrante, engañoso.
Y tu eras una rutina que me tiene aún encandilada. Pero no voy a pensar esto. Se acabó. Ya no habrá más tú y yo, yo y tú, más paseos por la ciudad que me has descubierto, mientras me descubrías tu alma. Ya no hay más, ya no hay más, ya no hay más.
Mañana te veo. Solo espero poder dormir. Necesito verte tranquila.
Otra noche que se escapa y apenas he dormido. Otra noche de dar vueltas en la cama y vueltas en la cabeza, aunque intento pararlas. No lo he conseguido con ninguna de las dos.
¿Por qué duele tanto? ¿Por qué no se me va la opresión en el pecho y el estómago, la garganta cerrada, los ojos húmedos? ¿Por qué no puedo dejar de pensar en lo feliz que podría haber sido, aunque la conclusión hubiera sido la misma, y lo triste que es darme cuenta ahora que me he impedido ser feliz?
Luché tanto por no dejar de ser yo que me fui al extremo contrario. Y ahora no sé cuánto tiempo me costará volver a mi ser en ese sentido. Cuándo dejaré de convertirme en una maniática controladora que se controla incluso a sí misma de tal manera que derrapa, y mucho.
Aún no me cabe en la cabeza cómo alguien me pudo hacer tanto daño como para llegar aquí. Cuatro años después descubro que me jodió nuestra relación y esta otra, con alguien que no tenía nada que ver contigo, pero que muchas veces aparecía en mi mente con tu mismo nombre.
Me cago en ti y en tu puta forma de ser, que me arrastró hasta años después de haberme alejado. Y tú eres la víctima.
Pero no tienes toda la culpa. Soy especialista en no creerme merecedora de felicidad ni amor. Así es. Es genial, ¿verdad? La forma en la que podemos llegar a jodernos la vida y seguir tan panchos. Hasta que nos quitan lo que queremos. Y entonces es cuando me doy cuenta de que he perdido dos cosas, a ti, al hombre al que quiero, y mi capacidad para dejarme ser feliz.
Lo bueno es que ahora la he encontrado. Pero no la voy a poder disfrutar contigo. Ni yo misma querría volver con la yo en la que me había convertido. Y digo bien, convertido. Porque he sido y soy muchas cosas, pero no en la que había derivado por unos miedos que me han atenazado más de un año.
Un miedo a estar así y una lucha por intentar evitar que doliera así. Pero, ¿sabes qué? Que duele exactamente igual que si me hubiera dejado llevar y ser feliz y no volverme loca, ni paranoica ni desconfiar hasta de mí misma.
No me estabas dejando. No me estabas relegando. No me estabas echando de tu vida.
Sin embargo, todo eso lo he comprendido cuando me has abandonado de verdad. Cuando no has podido más.
Y sé que no he tenido toda la culpa. Los dos la tuvimos por no darnos cuenta que nuestros momentos vitales eran distintos. Si fueras mayor no me habrías permitido tanto tiempo de ida de olla. Aunque también me habrías explicado mejor lo que ocurría y, quizás, habrías tenido las herramientas para mostrarme crudamente lo que veo ahora.
Y no estábamos preparados ninguno de los dos. Eso tampoco ayuda.
No lo sé, en realidad no sé más que no puedo seguir teniendo esta puta esperanza porque lo que está haciendo es dolerme más. Pero es que si no la tengo el dolor se me hace tan insoportable que no puedo ni pensar, ni razonar, ni hacer nada más que vejetar, que mirar al vacío y esperar, no sé el qué.
Necesito dormir. Necesito desconectar de mí misma. Necesito que todas estas palabras me vacíen y dejen espacio a un poquito de risa. A un poquito de poder. A un poquito de tiempo que me cure las heridas.
Por favor, abrazadme mucho. Necesito saber que todo saldrá bien.

lunes, octubre 24, 2011

Me gustaría que ya hubiera pasado el tiempo. Que ya lo tuviera asumido, no doliera y siguiera con mi vida. Pero aún me queda tiempo. Me queda perder toda la esperanza, porque aunque sepa que no hay, me cuesta perderla, siempre me cuesta perderla (y una de las cosas por las que me dejaste es porque no soy positiva, ironías de la vida).
Me gustaría que ya no saltaran las lágrimas a mis ojos en momentos que me pillan totalmente por sorpresa. Me gustaría que ya te recordase con el cariño con el que se recuerdan las cosas que son buenas y ya están atrás.
Me gustaría saber que podré verte y no se me partirá el corazón, que seguiré hablándote y no dolerá, pero aún me queda tiempo. Y voy a tener que seguir hablándote y tú a mí, porque trabajamos juntos.
Me gustaría tener completamente claro que ya acabó y no va a volver. No sentir en ese pequeño rincón de mi corazón que 'podría, podría, podría', porque todo el resto de mi ser está gritando NOOOOOOOO, pero esa pequeña pieza está ganando por goleada.
Me gustaría haber aprendido antes. Pero soy de mollera dura. Y hay pasados que pesan demasiado, me cago en ellos.
Y me gustaría, de verdad que me gustaría, saber que alguna vez saldrá bien. Del todo. Que tendré una seguridad certera. Que me volveré a dejar llevar y que no cometeré los mismos errores.
Pero ahora sólo puedo esperar. Esperar e intentar no llorar, porque duele demasiado.

miércoles, octubre 19, 2011

Estoy cansada. Da igual que intente protegerme, que no lo haga, que sea yo, que no lo sea, que luche o que me deje llevar. La conclusión al final es la misma. Que duele. Mucho. Y que sé que pasará, porque siempre ha pasado, y luego sigo con mi vida, y no está mal estar sola, y que todo tiene un principio y un final y que no pasa nada.
Pero sí pasa y sólo puedo pensar joder joder joder joder joder joder
¿Nunca voy a aprender? o ¿acertar? O las dos cosas.
Y estoy cansada, y dolida y no sé si debo perder la esperanza o conservarla, porque en realidad ya no está en mi mano, y porque la he cagado yo, y esta vez es así y no hay más vueltas. Y sí, y vale y no me machaco y ¡joder!
En fin, la vida sigue, ¿no? Siempre sigue.

domingo, octubre 16, 2011

Al final estudié. No tanto como hubiera debido, como se han visto en los resultados. O hay una hecatombe y todos los que se presentaron estudiaron menos, o este año, por tercero consecutivo, me quedo con las ganas.
Como quiero ser positiva, diré que, al menos, he notado mi estudio: mucho mejor resultado que el año pasado y más tranquilidad al responder.
Pero, sinceramente, empiezo a cansarme. Aún me queda aprobar esta promoción, esperar dos años y aprobar otra más para poder tener un sueldo decente y poder salir de mi organismo, que me tiene frita (por muchas razones, algunas de ellas relacionadas con quienes conviven en mi oficina día a día conmigo. No, no tengo amigos en el trabajo).
Pero bueno. Ahora sé que si empiezo ahora lograrlo puede ser un hecho en 2012... Si convocan.
Ay, virgencita, que convoquen.